Historia y presencia de los padres jesuitas en Segovia

Segovia conserva una huella profunda de la Compañía de Jesús: desde la fundación del Colegio de San Felipe y Santiago en 1557 hasta el impacto cultural, educativo y patrimonial que los jesuitas dejaron en la ciudad y su provincia. A partir de documentos, tradiciones locales y estudios recientes, puede trazarse la red de financiación, mecenazgo y actividades que sostuvieron la presencia de los padres jesuitas en Segovia y explican por qué su legado sigue siendo relevante en ámbitos tan diversos como la educación, la cultura y el patrimonio documental y artístico.

Contexto histórico y raíces religiosas en torno a San Frutos

San Frutos nació en Segovia en el año 642, dentro de la última etapa visigoda, y en un tiempo en el que los reinos cristianos se hundían en la inestabilidad, lo que provocaría, años más tarde, la decisión del Califato de los Omeyas de avanzar y empezar la conquista de la Península Ibérica en el año 711 d.C. A su muerte, en el 715, el cuerpo de San Frutos fue enterrado por sus dos hermanos en lo alto de la hoz del Duratón.

El entorno del actual Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, que abarca varios municipios, está plagado de numerosas referencias al santo y hermanos. De los primeros años viviendo en cuevas naturales, San Frutos y sus hermanos, que se convertirían también en santos, construyeron una ermita para cada uno en este paisaje emblemático surcado por el Duratón. En la actualidad, se conserva la ermita dedicada a San Frutos que data del siglo XII y construida sobre la visigótica, fundada por el santo a finales del siglo VII.

Ermita de San Frutos y Hoces del río Duratón

Milagros, tradición y devoción local

En esta zona fue donde transcurrieron la mayoría de los hechos y de los cuatro milagros que se le atribuyen. Ante el asedio de los musulmanes en la zona del Duratón, los cristianos huyeron en busca de la protección del San Frutos junto a su ermita. Ante la cercanía, y según escriben los relatos, el santo hizo una raya con el báculo que portaba y una gran grieta se abrió ante los soldados sarracenos, que asustados, huyeron dejando en la zona un ambiente de misticismo y respeto. En la hendidura abierta, más conocida como cuchillada de San Frutos, se construyó un puente de piedra en 1757 que permite cruzarla.

Otro de los milagros por los que se le recuerda se relaciona con su ahínco en la conversión de mahometanos y la defensa de Cristo como el Dios verdadero. Ya siendo anciano, San Frutos encontró a un sarraceno, que blasfemando, negó la Eucaristía y la presencia del cuerpo de Cristo afirmando que ni incluso un animal se comería la hostia consagrada. En este relato, San Frutos afirmó que ningún animal se atrevería a llegar al Señor. Colocó el pan consagrado con comida para un burro y el animal se arrodilló ante la hostia ocultada entre la comida.

Post mortem de San Frutos se le atribuye un último milagro, en el año 1225, conocido con el sobrenombre de La despeñada. En este caso, salvó la vida de una mujer a manos de su esposo, que bajo sospecha de infidelidad, le arrojó desde lo alto de la hoz, ladera abajo. En agradecimiento, la mujer donó todos sus bienes, y en la actualidad se puede ver una inscripción en el sillar situado en la puerta sur de la ermita.

Reliquias, tradiciones y presencia en la vida religiosa segoviana

Años más tarde, Valentín y Engracia, se trasladaron a la ermita de San Zoilo, dentro del término del pueblo segoviano de Caballar. El dominio del Islam en los territorios hispanos estaba prácticamente implantado, y los hermanos del santo fueron martirizados por los invasores que arrojaron sus cabezas a una fuente al no conseguir que renegasen de su fe. Como marca la tradición, y con el reconocimiento del martirio por parte del Papa Sixto IV a través de una bula, en la Fuente Santa se hacen las Mojadas de los Santos, cuando se dan periodos de extrema sequía y se implora la ansiada lluvia, siempre bajo licencia del obispo.

Los cuerpos de San Frutos y de los santos Valentín y Engracia fueron trasladados tres siglos y medio más tarde a la antigua catedral de Segovia, construida junto al Alcázar. Las cráneos de Valentín y Engracia se conservan en un relicario en la iglesia de Caballar. En toda la provincia de Segovia son muchas las referencias, tradiciones y edificaciones dedicadas a San Frutos. La puerta principal de la Catedral de Segovia la preside una imagen del patrón de Segovia, hecha por Felipe de Aragón en 1611.

Fundación y actividades del Colegio de la Compañía de Jesús en Segovia

Segovia fue lugar importante, tanto en la vida de San Ignacio de Loyola como en la historia posterior de la primera Compañía de Jesús. En 1557 los jesuitas abrieron un colegio bajo la advocación de San Felipe y Santiago, que llegó a tener estudios de Gramática, Teología y fue Seminario Trilingüe de la Provincia de Castilla.

Paralelamente y buscando financiación para el mantenimiento del colegio se estableció una red de benefactores y de actividades agropecuarias llamadas genéricamente labores de granjerías. La autora Cristina García Oviedo aborda el tema de la financiación de una institución educativa de la ciudad de Segovia, como era el caso del Colegio de la Compañía de Jesús, que fue posible gracias a los devotos de la ciudad. Se aleja, y mucho, del mito de riqueza que persigue a los jesuitas.

Mecenazgo, benefactores y redes de apoyo

A pesar de la escasez de datos, se deben rescatar del olvido nombres como los de don Fadrique de Portugal, sobrino del rey don Manuel I “El Afortunado”, obispo de Segovia entre 1508 y 1511 y posteriormente Virrey de Cataluña; Calixto de Sà y los segovianos Lope de Cáceres y Diego de Cáceres, que hablan de la estrecha conexión que hubo con los jesuitas en el momento de la fundación del colegio de Segovia. Otros segovianos apoyaron el primer asentamiento de la Compañía en Segovia: Juan de Cuéllar, mercader en Amberes, o diversos miembros de la Casa Ducal de Alburquerque.

La autora ha compaginado la investigación en Roma, Madrid y Segovia con su formación, el trabajo, oposiciones y su vida personal y familiar. García Oviedo ahonda para ello en los documentos históricos recuperados en el Archivo Romano de la Compañía de Jesús de Roma, entre otros fondos consultados.

Fachada de la iglesia de la Compañía de Jesús en la plaza del Seminario

Patrimonio cultural, educativo y documental jesuita en Segovia

El rico patrimonio que a día de hoy custodian diversas bibliotecas, entre ellas la Biblioteca Pública de Segovia, proceden en gran parte de los fondos de la librería del Colegio de la Compañía de Segovia, que en el momento del extrañamiento de la orden por orden de Carlos III (1767) dispersaron un total de doce cajones repletos de libros. El enorme legado jesuítico es fácilmente reconocible en archivos y en bibliotecas de diversas partes del mundo.

Tal vez, el más importante fue el ámbito de la educación donde la impresionante red de colegios dedicados a la formación de la juventud favorecía la transformación y el progreso de la sociedad. De manera parecida, tampoco se puede entender la historia de la Academia de Artillería de Segovia sin los jesuitas y sus enseñanzas de las matemáticas y de otras ciencias.

Arte, espiritualidad y patrimonio visual

En la fachada principal de la iglesia de la Compañía de Jesús, construida en la segunda mitad del siglo XVII en estilo barroco contramanierista, se puede apreciar el emblema del rey Carlos III, quien expulsó a los jesuitas de España en 1767 e hizo labrar su escudo de armas en la fachada de todas las iglesias pertenecientes a esta orden religiosa; desde entonces, es la sede del Seminario Conciliar de Segovia.

El interior del complejo esconde un espectacular retablo obra de José Vallejo Vivanco. La obra colectiva Jesuitas. Impacto cultural de la Compañía de Jesús en la Monarquía Hispana (1540-1767) recopila la enorme diversidad de acciones que desarrollaron los jesuitas, desde el patrimonio documental hasta la cultura visual, y presenta una puesta en valor de la herencia cultural que los jesuitas realizaron durante ese periodo histórico.

Expulsión, dispersión de bienes y memoria reciente

En 1767 Carlos III decidió expulsar a los jesuitas de todos los territorios hispanos. Desde entonces, los edificios jesuíticos de Segovia cambiaron de uso: la iglesia de la Compañía pasó a ser sede del Seminario Conciliar y los bienes documentales y bibliográficos fueron dispersados. La obra que se presenta consta de cuarenta capítulos en los que intervienen 43 especialistas de 26 instituciones académicas, y abre un camino para profundizar en el conocimiento y puesta en valor del patrimonio cultural de la Compañía de Jesús.

Investigación y recuperación del pasado jesuítico en Segovia

La publicación 'Mecenazgo de la Compañía de Jesús en Segovia. Red de financiación del Colegio San Felipe y Santiago en la Ciudad y Diócesis de Segovia' de Cristina García Oviedo, editada por la Diputación, rescata las redes de financiación del colegio y plantea la recuperación de una parte de la historia de muchos pueblos. «Son 292 páginas llenas de amor a Segovia y a sus pueblos, porque eso es lo que soy; es lo que he vivido en mi familia y en mi entorno», apunta la autora.

SEGOVIA: CIUDAD DE REYES | HISTORIA

Legado vivo en la ciudad

Desde su nacimiento y a través de sus personas e instituciones, la Compañía de Jesús no pasaba inadvertida en los diferentes escenarios en los que se asentaba. Producía un impacto que se evidenciaba en numerosos ámbitos de la sociedad y la cultura: arte, ciencia, pedagogía, filosofía y espiritualidad. Científicos, profesores universitarios e investigadores tienen ahora la responsabilidad de convertirse en correa de transmisión de esta sólida herencia jesuítica para hacer accesible su conocimiento al conjunto de la sociedad.

Convocados por el Aula de Cultura Hontanar y otras instituciones, los estudios y presentaciones sobre el tema reavivan el interés por el pasado jesuítico de Segovia e invitan a redescubrir edificios, tradiciones y colecciones dispersas que siguen explicando la historia cultural de la ciudad.

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