En el Credo decimos que la Iglesia es católica y apostólica. Es católica porque es universal: tiene la misión de anunciar la Buena Noticia del amor de Dios hasta los confines del mundo, enseñando todo lo necesario para la salvación. Y es apostólica porque es misionera: como los apóstoles y en continuidad con ellos, ha sido enviada a preparar la venida del Señor, acompañando su palabra con los signos de la ternura y del poder de Dios.
Las cuatro notas en el Credo: una, santa, católica y apostólica
Según el Primer Concilio de Constantinopla (año 381), la Iglesia - tal como la fundó - tiene cuatro características, esenciales y exclusivas. Están ellas en el Credo, o “credo romano” como lo llaman algunos despectivamente. De su artículo: “Creo en la Santa Iglesia Católica”, nace la calificación de la verdadera Iglesia: Una, Santa, Católica y Apostólica. Estos cuatro atributos, inseparablemente unidos entre sí, indican rasgos esenciales de la Iglesia y de su misión.
La Iglesia es una
La Iglesia es una debido a su origen: "El modelo y principio supremo de este misterio es la unidad de un solo Dios Padre e Hijo en el Espíritu Santo, en la Trinidad de personas". La Iglesia es una debido a su Fundador: "Pues el mismo Hijo encarnado, Príncipe de la paz, por su cruz reconcilió a todos los hombres con Dios... restituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo".
"El Espíritu Santo que habita en los creyentes y llena y gobierna a toda la Iglesia, realiza esa admirable comunión de fieles y une a todos en Cristo tan íntimamente que es el Principio de la unidad de la Iglesia". Por tanto, pertenece a la esencia misma de la Iglesia ser una.
La unidad de la Iglesia peregrina está asegurada por vínculos visibles de comunión: - la profesión de una misma fe recibida de los apóstoles; - la celebración común del culto divino, sobre todo de los sacramentos; - la sucesión apostólica por el sacramento del orden, que conserva la concordia fraterna de la familia de Dios.
"La única Iglesia de Cristo..., Nuestro Salvador, después de su resurrección, la entregó a Pedro para que la pastoreara. Le encargó a él y a los demás apóstoles que la extendieran y la gobernaran... Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en ['subsistit in'] la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él".
Desde el ministerio de Pedro el obispo de Roma tomó el primado sobre los otros obispos. ¿Qué quiere decir el primado? Que los otros obispos tienen que estar en comunión con el Obispo de Roma, al que con el tiempo se comenzó a llamar “Papa”. Jesús, después de la triple negación de Pedro, le confirmó su ministerio diciéndole tres veces “apacienta a mi rebaño”, para afirmarle en su misión.
Heridas y camino hacia la unidad
De hecho, "en esta una y única Iglesia de Dios, aparecieron ya desde los primeros tiempos algunas escisiones que el apóstol reprueba severamente como condenables; y en siglos posteriores surgieron disensiones más amplias y comunidades no pequeñas se separaron de la comunión plena con la Iglesia católica y, a veces, no sin culpa de los hombres de ambas partes". Tales rupturas que lesionan la unidad del Cuerpo de Cristo (se distingue la herejía, la apostasía y el cisma) no se producen sin el pecado de los hombres.
Los que nacen hoy en las comunidades surgidas de tales rupturas "y son instruidos en la fe de Cristo, no pueden ser acusados del pecado de la separación y la Iglesia católica los abraza con respeto y amor fraternos... justificados por la fe en el bautismo, se han incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia católica como hermanos en el Señor".
Aquella unidad "que Cristo concedió desde el principio a la Iglesia... creemos que subsiste indefectible en la Iglesia católica y esperamos que crezca hasta la consumación de los tiempos". El deseo de volver a encontrar la unidad de todos los cristianos es un don de Cristo y un llamamiento del Espíritu Santo.
Para responder adecuadamente a este llamamiento se exige: una renovación permanente de la Iglesia en una fidelidad mayor a su vocación; la conversión del corazón para "llevar una vida más pura, según el Evangelio"; la oración en común, porque "esta conversión del corazón y santidad de vida, junto con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos, deben considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico, y pueden llamarse con razón ecumenismo espiritual"; el fraterno conocimiento recíproco; la formación ecuménica de los fieles y especialmente de los sacerdotes; el diálogo entre los teólogos y los encuentros entre los cristianos de diferentes Iglesias y comunidades; la colaboración entre cristianos en los diferentes campos de servicio a los hombres.
La Iglesia es santa
"La fe confiesa que la Iglesia... no puede dejar de ser santa. En efecto, Cristo, el Hijo de Dios, a quien con el Padre y con el Espíritu se proclama 'el solo santo', amó a su Iglesia como a su esposa. Él se entregó por ella para santificarla, la unió a sí mismo como su propio cuerpo y la llenó del don del Espíritu Santo para gloria de Dios". La Iglesia es, pues, "el Pueblo santo de Dios", y sus miembros son llamados "santos".
La Iglesia, unida a Cristo, está santificada por Él; por Él y con Él, ella también ha sido hecha santificadora. Todas las obras de la Iglesia se esfuerzan en conseguir "la santificación de los hombres en Cristo y la glorificación de Dios". En la Iglesia es en donde está depositada "la plenitud total de los medios de salvación".
"La Iglesia, en efecto, ya en la tierra se caracteriza por una verdadera santidad, aunque todavía imperfecta". En sus miembros, la santidad perfecta está todavía por alcanzar: "Todos los cristianos, de cualquier estado o condición, están llamados cada uno por su propio camino, a la perfección de la santidad, cuyo modelo es el mismo Padre".
"Mientras que Cristo, santo, inocente, sin mancha, no conoció el pecado, sino que vino solamente a expiar los pecados del pueblo, la Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación y busca sin cesar la conversión y la renovación". Todos los miembros de la Iglesia, incluso sus ministros, deben reconocerse pecadores.
Al canonizar a ciertos fieles, es decir, al proclamar solemnemente que esos fieles han practicado heroicamente las virtudes y han vivido en la fidelidad a la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder del Espíritu de santidad, que está en ella, y sostiene la esperanza de los fieles proponiendo a los santos como modelos e intercesores.
La Iglesia es católica
La palabra "católica" significa "universal" en el sentido de "según la totalidad" o "según la integridad". La Iglesia es católica en un doble sentido: Es católica porque Cristo está presente en ella. "Allí donde está Cristo Jesús, está la Iglesia Católica". En ella subsiste la plenitud del Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza, lo que implica que ella recibe de Él "la plenitud de los medios de salvación" que Él ha querido: confesión de fe recta y completa, vida sacramental íntegra y ministerio ordenado en la sucesión apostólica.
Es católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano: Todos los hombres están invitados al Pueblo de Dios. Por eso este pueblo, uno y único, ha de extenderse por todo el mundo a través de todos los siglos. Este carácter de universalidad, que distingue al pueblo de Dios, es un don del mismo Señor.
Cada una de las Iglesias particulares es "católica". "Esta Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las legítimas comunidades locales de fieles, unidas a sus pastores. Estas, en el Nuevo Testamento, reciben el nombre de Iglesias... En ellas se reúnen los fieles por el anuncio del Evangelio de Cristo y se celebra el misterio de la Cena del Señor... En estas comunidades, aunque muchas veces sean pequeñas y pobres o vivan dispersas, está presente Cristo, quien con su poder constituye a la Iglesia una, santa, católica y apostólica".

La Iglesia es apostólica y romana
La nota "apostólica" tiene dos características: es misionera, porque de los apóstoles recibió el mandato de Nuestro Señor de enseñar a todo el mundo; y es apostólica porque está fundada sobre la sucesión de los apóstoles, es decir, sobre quienes el Señor envió (apóstol: “enviado”) que son los obispos, que enseñan, santifican y dirigen a la Iglesia que les ha sido confiada.
Al decir Jesús: “Estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”, supone que los Apóstoles tendrían que tener sucesores. A los primeros Doce, testigos escogidos de la Resurrección y cimientos de la Iglesia, les mandó predicar por todo el mundo: “predicad a todas las gentes”, “id al mundo entero”, “os envío yo”, “quien a vosotros escucha, a mí me escucha”, e hizo de Pedro la piedra fundamental de su Iglesia, “apacienta mis ovejas”.
Porque el Papa está en Roma. Decía San Ambrosio: “Donde esté Pedro, allí está la Iglesia de Cristo”. Le fue confiada una misión, más que a cualquier persona individualmente, quedando vinculada al ministerio petrino (de San Pedro Papa y sus sucesores), como brújula de la verdad para la salvación de todos. La única fundada por Cristo Dios.
¿En qué consiste ese “primado” de Pedro y sus sucesores? «El Romano Pontífice, cabeza del colegio episcopal, goza de esta infalibilidad en virtud de su ministerio cuando, como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos, proclama por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral» (CIC 891). El Papa es infalible, es decir que tiene la potestad de “no equivocarse” en un ámbito muy definido y acotado.
Para que una enseñanza suya sea considerada infalible tienen que darse varias condiciones: Tiene que hablar como “pastor y maestro de todos los cristianos”; tiene que ser en cuestiones de fe y moral (o costumbres); tiene que haber una declaración formal de que la enseñanza es “irreformable”, es decir, definitiva. La última definición ex-cathedra de un papa fue en 1950, el dogma de la Asunción de Nuestra Señora en cuerpo y alma a los Cielos, proclamado por el papa Pío XII.
El llamado “magisterio ordinario”, es decir, el resto de las enseñanzas de los Papas y los obispos en comunión con el papa, no son infalibles en ese sentido estricto, aunque sí se debe prestar “religiosa sumisión”. «Esta religiosa sumisión de la voluntad y del entendimiento, de modo particular se debe al magisterio auténtico del Romano Pontífice, aun cuando no hable ex cathedra; de tal manera que se reconozca con reverencia su magisterio supremo y con sinceridad se adhiera al parecer expresado por él según la mente y voluntad que haya manifestado él mismo» (LG, 25).
Iglesia, UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA - ⛪ La FE Sencilla De La Gente - Padre Arturo Cornejo ✔️
Ritos y diversidad en la unidad
¿Sabías que la Iglesia Católica está constituida por 24 ritos diferentes? La Iglesia católica romana es la más conocida, porque depende jurídicamente del Papa y está distribuida en todo el mundo. Pero existen 23 ritos orientales, que dependen de sus patriarcas (o eparcas, o metropolitas, o arzobispos) para su ordenamiento litúrgico y territorial, pero que en lo dogmático obedecen al Papa, que las guía a todas en la caridad.
Las iglesias “particulares”, es decir, territoriales, son plenamente católicas por su comunión con la Iglesia de Roma que, como dice san Ignacio de Antioquía, preside “en la caridad” a las otras. La gran riqueza de esta diversidad no se opone a la unidad de la Iglesia.
Implicaciones para la vida cristiana
Como miembros de la Iglesia, también nosotros participamos de su misión: somos responsables de la salvación de todos los hombres, y, por tanto, no podemos permanecer indiferentes o ajenos a la suerte de nuestros hermanos; además, el Espíritu Santo también actúa en nosotros para que no nos cerremos en posiciones unilaterales y procuremos siempre el entendimiento, la armonía, la “sinfonía” en la vida cristiana.
La Iglesia es SANTA porque Dios santísimo es su autor. A sus miembros los eligió “para que sean santos”. No es SANTA por la “santidad” de sus integrantes. Llegarán a ser santos, por la acción de la gracia, para cumplir los Mandamientos y practicar las virtudes en grado heroico. La Iglesia es SANTA para llevar a los hombres camino a la santificación.
Es católica porque es universal y apostólica porque recibió de los apóstoles y sus sucesores una misión, la de enseñar a todas las naciones lo que Jesús les enseñó, y nos confirma en la fe mediante un Pastor infalible. Jesucristo fundó una sola Iglesia: Santa, porque Dios altísimo es su autor. Católica, por su universalidad. Apostólica, por ser constituida sobre el fundamento de los apóstoles.