Presencia real de Jesucristo en la Eucaristía: explicación teológica

Cuando Jesús instituyó la eucaristía tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió, lo dio a sus discípulos diciendo: «Tomad, comed; esto es mi cuerpo» (Mt 26, 26). En esta frase hay que destacar el realismo que identifica el sujeto «esto» con el predicado «mi cuerpo». Si tenemos en cuenta que Jesús no era un loco ni un iluso, sino que era y es el Hijo de Dios, no queda más remedio que concluir en la verdadera y real presencia de Jesús en el pan y en el vino consagrados.

La doctrina de la Presencia Real afirma que, en la Sagrada Eucaristía, Jesús está literal y totalmente presente -cuerpo y sangre, alma y divinidad- bajo las apariencias del pan y el vino. La Biblia lo declara sin rodeos (cf. 1 Co 10, 16-17; 11, 23-29; y, sobre todo, Juan 6, 32-71). Para comprobar que esto no era nada simbólico sino algo real, lo mejor no es dar nuestra opinión, sino dejar que la Biblia hable por sí misma y nos muestre cuál fue la reacción de las personas que estaban alrededor de Jesús cuando dijo esas palabras.

Fundamento bíblico y patrístico

«Yo soy el pan de la vida... El Pan que yo les daré ES MI CARNE». Esas son las palabras de Jesús en todas las Biblias del mundo: el Pan que yo les daré ES MI CARNE. Para eso, la reacción de los judíos y de muchos de sus discípulos fue de incredulidad: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» y «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?». Era normal, porque al oír las palabras de Jesús las entendieron literalmente como las oyeron.

San Ignacio de Antioquía afirmó que algunos se abstienen de la Eucaristía y de la oración «porque no confiesan que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo». San Ireneo sostuvo que «no hay alma que pueda procurarse en absoluto la salvación, a no ser que crea mientras está en la carne», subrayando así la importancia sacramental de la carne de Cristo. El Apóstol Pablo, al advertir sobre la comunión indignamente recibida, dice: «Cualquiera que coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, es culpable del cuerpo y de la sangre del Señor» (1 Co 11, 27), lo que refuerza la comprensión real y seria del misterio eucarístico.

Tres explicaciones históricas de la presencia real

  1. Explicación simbólica (antigua):

    Es la más antigua y domina hasta el siglo X. Se basa en el pensamiento simbólico de Platón; por eso, los Padres cuando hablan de la eucaristía se refieren a ella como símbolo, imagen, figura, semejanza, etc. Pero ellos entienden el símbolo en sentido realista, como medio en el cual y por el cual se nos hace presente y asequible una realidad que pertenece al orden sobrenatural de la salvación.

  2. Explicación aristotélica (escolástica):

    Se introduce en los siglos XI-XII por los escolásticos. Según ella, en las cosas hay que distinguir, por una parte, la substancia y por otra los accidentes. La substancia es el fondo y el fundamento de la realidad, mientras que los accidentes son la apariencia, lo que se percibe por los sentidos. Por eso, en virtud de la consagración se cambia la substancia del pan y del vino en la substancia del cuerpo y la sangre de Cristo, permaneciendo los mismos accidentes, como si el pan siguiera siendo pan y el vino siguiera siendo vino. Esta doctrina, explicada por Santo Tomás, fue recogida por Trento.

  3. Explicación fenomenológica / transfinalización:

    Se afirma que en realidad no sabemos ni podemos saber nada sobre este tema si nos limitamos a categorías meramente físicas. Lo importante en las cosas no es lo que cada cosa es en sí, sino lo que es para nosotros. Estos autores no hablan de transubstanciación sino que prefieren la expresión transfinalización (cambio de finalidad). La fenomenología de la presencia ha sido comúnmente aceptada por los teólogos que pretenden reinterpretar a Trento.

Combinación de explicaciones: hacia una comprensión más completa

La explicación más completa es la tercera porque no niega la segunda y porque se aplican categorías que el hombre de hoy entiende («para nosotros»). La tercera explicación debe ser enriquecida con la segunda porque las cosas tienen una realidad en sí mismas, independiente de lo que nosotros decimos. Para tratar de explicar la presencia real eucarística hay que partir de la presencia previa de Cristo en la misma comunidad reunida.

La eucaristía parte de una presencia real y tiene la finalidad de hacer que esa presencia sea más densa. Cristo se encuentra realmente presente en la hostia como presencia ofrecida que debe ser aceptada por el fiel. Sólo en la aceptación de esta presencia ofrecida, la presencia se convierte en recíproca, en presencia personal propiamente dicha. Para algunos autores la transignificación no es un modo de completar la transubstanciación, sino una forma nueva de expresar una misma realidad; para otros tiene el peligro de volatizar en la conciencia de los fieles la fe tradicional.

Esquema comparativo: símbolo, transubstanciación y transfinalización

Transubstanciación: definición y alcance

El Concilio de Trento afirma que en el santísimo sacramento de la Eucaristía están «contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero». «Esta presencia se denomina `real’... porque es substancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente» (Pablo VI).

«Cristo se hace presente en este Sacramento por la conversión de toda la substancia del pan en su cuerpo, y de toda la substancia del vino en su sangre […]. Realizada la transubstanciación, las especies de pan y de vino adquieren sin duda un nuevo significado y un nuevo fin, puesto que ya no son el pan ordinario y la ordinaria bebida, sino el signo de una cosa sagrada.»

Aspectos filosófico-teológicos

Según la explicación aristotélica, la substancia es la realidad fundamental de la cosa, lo que la cosa es en sí; los accidentes son las apariencias que pueden cambiar sin afectar la substancia. Tras la consagración, las apariencias externas permanecen idénticas, pero la substancia ha sido cambiada por obra de la palabra de Cristo y la acción del Espíritu Santo. No es el hombre quien hace que las cosas ofrecidas se conviertan en Cuerpo y Sangre de Cristo, sino Cristo mismo que fue crucificado por nosotros; el sacerdote pronuncia estas palabras, pero su eficacia y su gracia provienen de Dios.

Múltiple presencia de Cristo y ecumenismo

El Catecismo expresa que Cristo está presente de múltiples maneras en su Iglesia: en su Palabra, en la oración de su Iglesia, «allí donde dos o tres estén reunidos en mi nombre», en los pobres, los enfermos, los presos, en los sacramentos de los que él es autor, en el sacrificio de la misa y en la persona del ministro (CEC 1373). No obstante, «está presente... muy especialmente en las especies eucarísticas» (CEC 1374).

Otro factor que ha contribuido en la nueva interpretación del dogma es el redescubrimiento de que la presencia real de Cristo no debe limitarse únicamente a la presencia en la eucaristía. Esta múltiple presencia no se reduce al ámbito litúrgico, sino que se extiende más allá del templo: Cristo está realmente presente en su Iglesia orante, en la comunidad reunida, en el hermano necesitado de nuestra ayuda, en nuestros corazones, en la Palabra de Dios anunciada y proclamada por su Iglesia, etc.

Reserva eucarística y culto

Un punto delicado en el diálogo ecuménico es el sentido y culto de la «reserva eucarística». Hay que reconocer que la adoración eucarística es un enriquecimiento de la tradición occidental pero también que su desarrollo ha surgido en el mismo momento en que quedaban marginados y oscurecidos valores muy fundamentales de la eucaristía como el sentido de la asamblea, la acción de gracias y la comunión.

La Sagrada Congregación de los Sacramentos definió la jerarquía de fines de la reserva eucarística en 1949, lo que sirvió al Concilio Vaticano II y lo que debe permitir el acercamiento de las iglesias en el terreno ecuménico. El Sagrario estaba primeramente destinado a guardar dignamente la Eucaristía para que pudiera ser llevada a los enfermos y ausentes fuera de la misa. Por la profundización de la fe en la presencia real de Cristo en su Eucaristía, la Iglesia tomó conciencia del sentido de la adoración silenciosa del Señor presente bajo las especies eucarísticas.

Escatología y sentido originario de la transubstanciación

El acontecimiento eucarístico tiene como punto de arranque el misterio de la creación, en su doble vertiente de don y de tarea. El pan y el vino son un resumen cósmico-cultural de gran expresividad en la actividad simbólica del hombre. El oculto cristocentrismo de toda la creación emerge y se hace patente en la eucaristía. El pan y el vino han sido elevados, por Cristo, al modo supremo de relación.

Así pues, la nueva creación, la transformación escatológica de todas las cosas, se anticipa en la eucaristía. La conversión de los dones eucarísticos constituye ya, en primicias, la transfiguración última de todas las cosas en Cristo. Por eso, el sentido originario de lo que hemos llamado transubstanciación tendríamos que buscarlo en la escatología: en esa nueva creación tendrá lugar la verdadera transubstanciación del universo, de la realidad entera, de la que es anticipo la transubstanciación eucarística.

Representación simbólica: nueva creación y eucaristía

Adoración y vida cristiana

En la liturgia de la misa expresamos nuestra fe en la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de vino, entre otras maneras, arrodillándonos o inclinándonos profundamente en señal de adoración al Señor. La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento del amor. La devoción a la Eucaristía fuera de la misa -oración ante el Sagrario, exposiciones en la Custodia, procesiones, Horas santas, visitas al Santísimo- ha ido creciendo en la historia de la Iglesia.

La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. La Eucaristía sigue siendo un gran misterio, a la mente humana al límite extremo de su capacidad: admiración y estupor deben acompañar la fe que confiesa que Cristo, todo entero, Dios y hombre, está presente de manera sacramental bajo las especies eucarísticas del pan y del vino.

Tabla: comparativo de enfoques teológicos

  • Simbólica (Padres antiguos) - Símbolo realista: hace presente lo sobrenatural mediante figura e imagen.
  • Aristotélica (Escolástica, Trento) - Transubstanciación: cambio de substancia manteniendo accidentes.
  • Fenomenológica / Transfinalización - Cambio en la finalidad y en la relación para nosotros; debe complementarse con reconocimiento de la realidad en sí.

¿Qué es la Eucaristía en la Iglesia Católica? Explicación fácil para entender este sacramento

Al combinar perspectivas, la teología contemporánea busca expresar la verdad de siempre: Cristo se hace presente en la Eucaristía por la eficacia de su Palabra y la acción del Espíritu Santo, y esta presencia es «verdadera, real y substancial»; a la vez, la Iglesia interpela a la conciencia moderna con categorías comprensibles que subrayen la relación personal y comunitaria que hace plenamente efectiva esa presencia.

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