Antes de estudiar de lo que es la unción, estudiaremos lo que no es la unción. No es hablar suave.
Definición bíblica y orígenes históricos
La unción en el sentido bíblico consistía en la práctica de un sacerdote o profeta de derramar aceite sobre un hombre u objeto con el fin de consagrarlo para el servicio de Dios en una tarea especial. En el Antiguo Testamento, la palabra “unción” significaba la acción de derramar aceite especial sobre la cabeza de alguien para consagrarlo como rey o sacerdote y presentarlo en servicio a Dios (Éx 28:41; 29:7; 1 S 10:1). El aceite usado para ungir era denominado “aceite de la santa unción” (Éx 30:25). La cita anterior revela que tanto la acción de ungir como la fabricación y uso del aceite de la santa unción era un tema serio que quedaba limitado al contexto religioso y, por lo tanto, el pueblo no debía tomarlo a la ligera.
Así la Biblia en el Antiguo Testamento registra la unción de objetos del tabernáculo, la unción de sacerdotes, la unción de reyes y la unción de profetas. La unción del altar, los utensilios, el Tabernáculo, los sacerdotes y de los reyes eran un símbolo de dedicación y también implica “santificar” (Éx 40:9-11; Lv 8:10-12). Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, la palabra “unción” también se usaba en la vida cotidiana, como en el aseo personal, para los enfermos como remedio, y para honras funerarias o previas a la muerte, como dos mujeres en diferente momento ungieron a Jesús antes de su muerte (p. ej., Mt 6:17; Stg 5:14; Mr 14:8).

Unción como símbolo y realidad espiritual
En la época de la Biblia, un sello era una garantía. El sello del Espíritu Santo sucede en el momento de la salvación, es una promesa o garantía del futuro del cristiano, de la herencia eterna con Jesucristo, pero también es una garantía que él o ella es un hijo de Dios. En el Antiguo Testamento el Espíritu Santo no moraba de forma permanente en su pueblo como vemos que sucede en el Nuevo Testamento a través de la salvación de Cristo en el creyente.
La unción sólo es producida por el Espíritu Santo. El ungüento es el Espíritu Santo, la unción es el mover del Espíritu Santo, y la enseñanza es el entendimiento de nuestra mente en cuanto a este mover. La unción en el seno cristiano a menudo se entiende como gracia y comunicación especial del Espíritu Santo, que excita y mueve al alma a la virtud y perfección.
Relación entre presencia, gloria y unción
Hay una diferencia entre presencia, gloria y unción. La presencia es la persona (rostro), la gloria es lo que emana de esa persona y la unción es el poder resultante de la relación con esa persona.
La unción en Cristo y en el Nuevo Testamento
El término hebreo Mesías y el griego Cristo se traduce “ungido”, y significa que Dios Hijo fue elegido para venir en forma humana con un propósito particular. Cristo fue ungido con el Espíritu Santo para sanar. El que es supremamente el ungido es Jesús mismo. Su título, Mesías, se deriva de la palabra hebrea para ungido, y significa “el ungido”. “Cristo” es el mismo título en griego, derivado de la palabra para ungido. Las Escrituras muestran a Jesucristo como el cumplimiento de una forma total y final de los tres puestos para los que se ungía: como profeta, sacerdote y rey.
Con Jesús se hicieron realidad todas las esperanzas de los profetas. Jesús mismo es la Palabra de Dios, Él no es un profeta humano que habla la Palabra de Dios. Jesús en su rol y función como sacerdote no está sujeto a la muerte como los sacerdotes del Antiguo Testamento, sino que permanece sacerdote para siempre y siempre vive para interceder por su pueblo.
¿Se puede transmitir la unción?
Algunas personas piensan que un sacerdote o profeta ungía a alguien para comisionarlo para el liderazgo, para transferir autoridad, y por ello poder, a aquel siendo ungido. A veces se señala que un sacerdote o profeta ungía a alguien para comisionarlo para el liderazgo, para transferir autoridad, y por ello poder, a aquel siendo ungido. Pero es importante notar que el que llevaba a cabo el ungimiento no tenía el control de ese poder -el ungimiento no era el equivalente a un rey muriendo pasando su gobierno a su sucesor. Más bien, la persona que ungía al rey, al sacerdote o al profeta, estaba apartándolo de una forma pública para confirmar que Dios había llamado verdaderamente a esa persona para una responsabilidad de liderazgo en particular.
Puede que algunos se sorprendan de aprender que la unción no conlleva una transferencia tangible de poder como si el ungimiento fuera como enchufar una televisión a un enchufe eléctrico. El poder del Espíritu no es un bien para ser comprado, negociado, cambiado o acceder a él como una forma física de poder. Más aún, no hay tal cosa como recibir una porción simple, doble o triple del Espíritu pensado que recibirle es como servirse una porción extra de comida en un plato. La Biblia nunca muestra a Jesús o a cualquiera de sus discípulos enseñando que podemos recibir tal “porción extra”.
En Hechos 2, Lucas nos dice lo que sucedió en el día de Pentecostés siguiente a la ascensión de Jesús. En esa narración no se hace referencia a personas recibiendo una “porción” del Espíritu Santo. Ni Lucas nos dice que hubiese una transferencia de poder de una persona a otra. Al contrario, señala que Dios audible y visible apartó a aquellos que estaban allí por medio del derramamiento del Espíritu. La palabra ungir no se usa siquiera en esa narración, aunque podemos verla legítimamente así, ya que la unción llegó directamente de Dios.
Caso de Elías y Eliseo
La petición de Eliseo fue hecha de acuerdo a la terminología legal de Deuteronomio 21:17, que especifica que el primogénito recibía pî šnayim (“una doble porción”) de su patrimonio. Así que Eliseo no estaba pidiendo una doble porción de la unción de Elías, sino una doble porción de su espíritu, refiriéndose a ser doblemente heredero del puesto y los dones de Elías. Este es un caso de leer lo que no se dice realmente en las Escrituras por una interpretación excesivamente literal.
Cómo se activa la unción: palabra, fe, obediencia y asociación
Por revelación de la palabra: Te preguntaras que tiene que ver la palabra con el unción del Espíritu Santo. El detalle descansa en que la palabra revelada es un detonante en el mundo espiritual. Cuando Dios revela una palabra, algo en el mundo espiritual explota y genera un cambio sobre las personas. La palabra que se da con revelación funciona como un activador de la unción del Espíritu, ya que el mismo Espíritu es quien la está revelando, por lo tanto, el que da la palabra, es el mismo que libera la unción.
Yo pudiera ponerte las manos sin decir nada, y nada sucede. Pero en el momento que libero la palabra revelada con mi boca, algo se activa en el mundo espiritual que termina tocándote y desatando el poder sobrenatural de Dios en tu vida. Por eso, el centurión le dijo a Jesús, que no era necesario ir a su casa para sanar a su criado, que sólo era necesario liberar la palabra y su criado sanaría. Por eso tenemos que aprender a capturar la palabra con la fe que tuvo el centurión.
Por asociación con gente que la tiene: La Biblia dice: el qué anda son sabios, sabios será. ¿Qué pasa si yo ando con gente ungida? Por medio de la obediencia a la asignación: Jesús, Dios hecho hombre, necesitaba la unción del Espíritu Santo, pero el Espíritu Santo no viene sobre Él sino hasta cuando desciende al jordán. Dios usa a los profetas para introducirnos en nuestra asignación en un tiempo determinado.
La enseñanza de la unción y su efecto en la vida del creyente
III. En 1 Juan 2:27 se dice: “Así como la unción misma os enseña todas las cosas”. En la enseñanza de la unción, no está solamente el aspecto de la enseñanza, sino también el aspecto de la unción; no está solamente la enseñanza del Espíritu Santo, sino también el mover del Espíritu Santo. La enseñanza de la unción viene de la unción y es el resultado natural de que nosotros seamos ungidos.
Cuando la unción se mueve en nosotros, por un lado, nos unge con Dios, y por otro, nos revela la intención de Dios. Ya que el ungüento es el Espíritu Santo y es Dios mismo, cuando este ungüento nos unge, nos unge con los componentes de Dios. Sin embargo, ya que esta unción es el mover del Espíritu Santo, indudablemente causa que tengamos sentimientos internos. Una vez que tenemos el sentir de la unción dentro de nosotros, nuestra mente es capaz de comprender alguna parte de la mente de Dios en este sentir de la unción.
La enseñanza de la unción incluye tres puntos: el ungüento, la unción y la enseñanza. El ungüento es el Espíritu Santo, la unción es el mover del Espíritu Santo, y la enseñanza es el entendimiento de nuestra mente en cuanto a este mover. El propósito principal es tener a Dios mismo, y conocer Su intención viene luego. Cada vez que experimentamos la unción en nosotros, primeramente ganamos más de Dios mismo, más de los componentes de Dios; esto entonces produce un resultado: que conozcamos lo que Dios quiere que hagamos.
La enseñanza de la unción no solamente nos muestra qué hacer o qué no hacer, sino que nos unge impartiéndonos el elemento de Dios mientras nos enseña. Aunque continuamos desobedeciendo, nos unge incesantemente hasta que obedezcamos. El asunto es que somos muy desobedientes. Si obedeciéramos la enseñanza de la unción aunque fuera sólo veinte de cada cien veces, seríamos los mejores cristianos.
LA UNCIÓN - PASTOR JUAN CARLOS HARRIGAN
La unción y la preparación personal
La predicación efectiva debe combinar la preparación y el estudio con la obra del Espíritu Santo. La confianza del Apóstol Pablo no radicaba en su agudo intelecto o en su habilidad para hablar, sino en el reconocimiento de que el Espíritu Santo lo ayudaba y lo guiaba. El Apóstol Pablo no negaba la importancia del estudio y la preparación para predicar; él tuvo una instrucción profunda de las Escrituras. No use la aseveración de Pablo como una excusa para no estudiar o prepararse.
Si sabemos que el poder de Dios es suyo, no nuestro, podemos evitar que el orgullo se apodere de nosotros y esto nos motiva a mantener un contacto diario con Dios, nuestra fuente de poder. Nuestra responsabilidad es dejar que la gente vea a Dios por medio nuestro. ¿Quiere usted experimentar en su vida el poder del Señor? Si deseas que en tu vida la unción de Dios se manifieste debes tener Fe en que Él obrará.
Analogías prácticas: el aceite y sus propiedades
En la antigüedad el fuego (combustión) era producido por lámparas llenas de aceite. La raíz del fuego era el aceite. EL fuego se utilizaba para alumbrar, consumir, cocinar, quemar, purificar, etc. Pero sin aceite no había fuego. De la misma manera un creyente que carece del fuego de Dios, es porque le falta la unción del Espíritu Santo. En la antigüedad la palabra aceite era sinónimo de la palabra óleo, del latín “oleum”, de donde se compone la palabra “petróleo”, el cual se le denomina el oro negro.
El aceite en lo natural tiene muchísimas propiedades, beneficios y usos para el ser humano. Primero, el aceite se usaba y se usa desde la antigüedad para la combustión. Segundo, el aceite tiene propiedades curativas. En lo natural, el aceite de oliva extra virgen sirve para proteger el corazón, es antiflamatorio, reduce el colesterol malo, sirve para la depresión, la piel, obesidad, cabello, la presión arterial, etc. Por eso en Lucas 4:18 está escrito que Cristo fue ungido con el Espíritu Santo para sanar.
Si en lo natural un aceite produce tantas propiedades curativas para el cuerpo humano, cuánto más el aceite y la unción del cielo producirá sanidad en tu vida y no sólo de enfermedades del cuerpo, sino las del alma y la del espíritu.
Uso correcto del término y precauciones
Lamentablemente, la palabra unción se usa incorrectamente con frecuencia. Por un lado se usa mal para referirse a experiencias subjetivas como sentimientos “injustificados y sin control”. Esta forma incorrecta de pensar concluye que el Espíritu Santo no está presente hasta que se imponen las manos en una persona, o que una persona no puede tener el Espíritu Santo habitando en ella hasta que alguna acción se lleva a cabo, además de creer en el Hijo. Estas conclusiones son un triste error: ¡Dios no se fragmenta a sí mismo!
En las Escrituras, la palabra unción se usa típicamente para referirse a una forma de confirmar una obra especial que Dios está haciendo en o por medio de una persona en particular. Las personas se ungen para sanidad, en preparación para el enterramiento, y cuando son consagradas (comisionadas) como un rey, un sacerdote o un profeta. Algunas cristianos tienen el hábito de usar frases con sonido extraño como: “El Señor me habló”, “mi lengua de oración”, “Dios me dio una palabra de conocimiento”, “el Señor ha puesto una carga en mi corazón”, y “Dios me ha dado la unción”. No estoy diciendo que tales frases sean erradas, ni es mi intención burlarme de ellas, pero quiero señalar que su uso tiende a menoscabar la comunicación bíblica precisa.
Responsabilidad del creyente y llamado a la obediencia
Como sacerdotes cuando estamos unidos con Cristo como miembros de su cuerpo, se nos da la responsabilidad de llevar a otros a su presencia también, nos unimos en su tarea de reconciliar a Dios con el hombre. Somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
El verdadero andar y la verdadera obra espiritual de un cristiano debe ser el resultado de tal unción, una unción que no sólo nos dé alguna enseñanza, sino que también añada algún elemento viviente en nosotros. Sólo la enseñanza que resulta de la unción es de valor. Cuando obedecemos al Señor, no sólo estamos obedeciendo una enseñanza exteriormente, sino que estamos obedeciendo la unción internamente.