Al comenzar esta reflexión viene a mi mente la memoria de un hecho notorio en mi vida: la expedición de mi carnet de identidad. Mi estatura era casi la actual. Lo mismo ocurre con la Compañía de las Hijas de la Caridad y la Congregación de la Misión. La identidad, lo que nos define en la Iglesia como vicencianos, se ha ido perfilando con el paso del tiempo y el vivir vocacional en el servicio y evangelización de los Pobres.
Origen y proceso de configuración del espíritu vicenciano
El objetivo que me propongo con esta reflexión es daros a conocer el proceso de configuración del espíritu de la Compañía de las Hijas de la Caridad. En los comienzos de la Compañía de las Hijas de la Caridad todo es carismático; no existen documentos escritos. Hay necesidades urgentes de los Pobres y se necesitan manos para servir. Surgen personas vocacionadas con capacidad de entrega y disponibilidad que se dedican al servicio con gozo y entusiasmo.
En el caso de la Congregación de la Misión es todo muy distinto: un legado económico de la Señora de Gondi, un documento jurídico y cuatro Sacerdotes que lo firman. También afirmará san Vicente que la Providencia de Dios hizo posible todo. Caminando al paso de la Providencia irá surgiendo la necesidad de clarificar el «Espíritu» que debe animar a las Hermanas en su servicio a los Pobres. En los orígenes no existe conciencia alguna de que la Compañía pueda llegar a tener un «Espíritu» que la defina y la identifique.
El proceso de sintonía, percepción, conversión, discernimiento y respuesta no es fácil ni rápido. Se perfila en la década de 1633-1643 y de 1643 a 1653 se configura totalmente. En los orígenes todo es disponibilidad para el servicio de los Pobres. Da la impresión de que el Espíritu las conduce sin resistencias de ningún tipo… El ideal está claro: continuar la misión de Jesucristo servidor y evangelizador de los pobres.
El papel del Espíritu Santo y la experiencia fundacional
En el Baptisterio de la Basílica de Letrán leemos: «El Espíritu engendra dando vida nueva». Recuerdo esta frase al inicio de la reflexión porque resume la enseñanza de Jesús sobre el Espíritu en el Evangelio de Juan y la experiencia de las primeras Comunidades cristianas, el sentir del Magisterio de la Iglesia (Evangelii Nuntiandi) y la experiencia espiritual de nuestros Fundadores y de la Compañía. San Vicente y Sta. Luisa: todos conocemos cómo irrumpe el Espíritu con fuerza de conversión y creadora a la vez, en la vida de san Vicente a sus 36 años y cómo la luz de Pentecostés abre caminos nuevos en la vida de santa Luisa, cuando camina entre luces y sombras a los 32 años.
San Vicente pide que las Hermanas vean a Dios en los Pobres: «Hijas mías sabed que, cuando dejéis la oración y la santa Misa por el servicio a los Pobres, no perderéis nada, ya que servir a los pobres es ir a Dios; y tenéis que ver a Dios en sus personas». Esta mirada de Fe implica acogida, ternura, preferencia, discreción, respeto, valentía prudente y creatividad para proporcionar lo necesario para su salvación y promoción integral.

Características esenciales del espíritu vicenciano
- Seguimiento de Cristo evangelizador de los pobres: El espíritu vicenciano brota del descubrimiento que san Vicente hizo de Cristo como centro de su vida y de su actividad y del pobre como lugar del encuentro con Cristo. «Dar a conocer a Dios a los pobres, anunciarles a Jesucristo, decirles que está cerca el reino de los cielos y que ese reino es para los pobres». El espíritu de s. Vicente es profundamente misionero y evangélico.
- Preferencia por los pobres: La convicción de san Vicente es firme: los pobres son nuestros amos y señores porque en ellos se hace presente Jesucristo. «Al servir a los pobres servís a Jesucristo. Hijas mías, qué verdad es eso». Esta identificación obliga a servirlos con respeto y devoción.
- Humildad, sencillez y caridad: Vivir el espíritu vicenciano supone practicar estas virtudes como fundamento de la acción: «El espíritu propio de la Compañía… la práctica de la humildad, la sencillez y caridad». Todo lo que se haga con estas virtudes se convertirá en trigo o en oro, según los símiles usados por san Vicente.
- Confianza en la Providencia: Docilidad a la Providencia es una actitud distintiva: «Siento una devoción especial en ir siguiendo paso a paso a la adorable Providencia de Dios». La enseñanza de san Vicente sobre la providencia se basa en dos piedras angulares: profunda confianza en Dios como Padre amoroso y la práctica de medios que Dios pone a nuestro alcance.
- Oración y contemplación en la acción: «Dadme un hombre de oración y será capaz de todo». La unión entre acción y contemplación es esencial: ser contemplativos en la acción y apóstoles en la oración.
- Caridad afectiva y efectiva: El amor vicenciano es afectivo y efectivo: atención corporal y espiritual a la persona, promoción humana, lucha contra las estructuras injustas y acompañamiento que conduzca a la conversión y la dignidad integral.
- Disponibilidad y creatividad en la proximidad: En la proximidad acogen con calidez y ternura; la creatividad, la flexibilidad y la audacia son necesarias para abrir nuevas vías y responder a situaciones cambiantes. Disponibilidad vinculada a discernimiento y misión.
- Calidad humana y competencia profesional: Apuestan por la calidad humana, la competencia profesional y técnica y el compromiso con los más débiles; la eficacia debe ir acompañada de la ternura de Dios.
Valores que definen el actuar vicenciano
La visión vicenciana se sintetiza en dos claves: una visión de esperanza, crítica y optimista del mundo que genera expectativas positivas partiendo del potencial de las personas; y una visión desde los valores del Evangelio que acepta a las personas y las enriquece desde la formación espiritual.
- Dignidad de la persona: Reconocen el valor de la persona en todas las dimensiones de su ser y ven a los que sufren como hijos de Dios.
- Solidaridad recíproca: En la proximidad estimulan que incluso quien nada tiene pueda compartir; la solidaridad se hace circular y recíproca.
- Compromiso social: Trabajan en el plano social para cambiar las estructuras injustas que engendran pobreza, desde la acción hasta la denuncia.
- Educación integral: Como Escuela Vicenciana se comprometen con una enseñanza de calidad y atención preferencial por los más necesitados, formando para la libertad, la justicia y la solidaridad.
- Comunión y vida comunitaria: La Iglesia reconoce que el carisma crea comunidades: «Démonos a Dios», «haz de ellas, Señor, tus instrumentos». La fidelidad al espíritu propio se convierte en fuente de felicidad para quienes sirven.
Modelos y testigos del espíritu vicenciano
San Vicente propone modelos de vida para conformar el espíritu de la Compañía: Margarita Naseau es la personificación de la humildad, sencillez y caridad; santa Genoveva se propone como modelo de buenas aldeanas; muchas Hermanas ofrecieron testimonio vivo de las tres virtudes. Estas figuras fueron ejemplos prácticos propuestos por los Fundadores en tiempos de crisis para recuperar la cohesión comunitaria y la fidelidad al espíritu.
Actualización y campos de aplicación hoy
El espíritu vicenciano se actualiza en muchas formas contemporáneas: voluntariado, pastoral educativa, proyectos de innovación pedagógica, misión ad gentes, movimientos de la Familia Vicenciana. La propuesta educativa vicenciana concreta valores en la acción diaria: atender la diversidad, emplear metodologías abiertas, cuidar la convivencia como clima de trabajo y sencillez, y garantizar gratuidad y no discriminación.
Síntesis de los pilares del espíritu vicenciano
- Cristo Evangelizador de los Pobres como centro.
- Preferencia y respeto por los pobres: ver a Dios en sus personas.
- Humildad, sencillez y caridad práctica.
- Confianza en la Providencia y docilidad al Espíritu.
- Oración que alimenta la acción: contemplativos en la acción.
- Compromiso por la promoción humana y la transformación social.
- Vida comunitaria y fidelidad al carisma transmisible.
Tabla: características y manifestaciones prácticas
A continuación una tabla simplificada que relaciona la característica con su manifestación práctica en la vida vicenciana:
Características - Manifestaciones prácticas
- Preferencia por los pobres - Atención directa, servicios de salud, educación, acogida.
- Humildad y sencillez - Trato cercano, uso moderado de recursos, ausencia de presunción.
- Confianza en la Providencia - Decisiones con prudencia, oración y apertura a la guía de Dios.
- Oración y contemplación - Ritmo de vida que incluye oración personal y comunitaria.
- Caridad efectiva - Programas de promoción humana, denuncia de estructuras injustas.
- Disponibilidad creativa - Proyectos innovadores, experimentación y flexibilidad.
Palabras finales sobre identidad vicenciana
La identidad vicenciana se ha ido perfilando a lo largo del tiempo y en la convivencia con los pobres; es un espíritu que configura la vida personal y comunitaria desde la experiencia de Cristo en los pobres, sostenida por la oración, la confianza en la Providencia y la práctica de humildad, sencillez y caridad. Vivir el espíritu vicenciano es asumir una manera de ver a las personas, un modo de actuar y una vocación que transforma tanto al que sirve como a quien es servido.
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