San Alejo (también San Alessio) es una de las figuras más singulares del santoral cristiano: no fue un mártir ni un predicador famoso, sino un joven que renunció a su fortuna la misma noche de su boda y desapareció durante años. Su leyenda ha cruzado siglos y fronteras porque combina algo muy humano con algo casi imposible de creer.
Orígenes de la leyenda y tradición siríaca
La leyenda griega, que es anterior al siglo IX y es la base de todas las versiones posteriores, hace de Alejo el hijo de un romano destacado llamado Eufemiano. La mayoría de los estudiosos consideran que su origen es siríaco, aunque hay opiniones que proponen un posible origen griego. Esta leyenda ha adoptado, en el curso del tiempo, diversas formas y matices.
La versión más difundida y temprana relata que la noche de su boda abandonó en secreto la casa de su padre y viajó a Edesa, en el Oriente sirio, donde, durante diecisiete años, llevó una vida de piedad ascética. Al aumentar la fama de su santidad, dejó Edesa y volvió a Roma, donde, durante diecisiete años, moró como un mendigo bajo las escaleras del palacio de su padre, sin que su padre o su mujer lo supieran.
En la noche misma de la boda ocurrió el giro que define toda su historia: convenció a su esposa para no consumar el matrimonio y partió en secreto rumbo a Oriente. Ese gesto, más que cualquier milagro posterior, es lo que ha hecho de él un personaje tan recordado en el santoral.
Variantes textuales y desarrollo de la tradición
El relato más antiguo de su vida se remonta al texto griego conservado por Marciano (siglo VI) bajo el título bios kai politeía tou anthrópou tou theou allexéou “Vida y obra del hombre de Dios”. El de Marciano refiere llanamente que “un joven” (anónimo) a punto de contraer matrimonio desiste a la boda y abandona su casa paterna en Roma y se traslada a vivir a Edesa en penitencia.
En el año 584 hay un texto con una leyenda similar, pero aumentada, escrita en siríaco (no en griego) en la cual al santo se le da el nombre de san Riscia. En el siglo VII Edesa fue conquistada por los persas; y esto pudiera explicar el porqué la leyenda se fusionó con otra leyenda bizantina de la vida de un joven que vivía en Constantinopla llamado Juan Cabilita. Así la leyenda de san Alejo quedó adornada con más detalles que dieron emotividad al relato.
Siguen después más añadidos en arameo (siríaco) a la leyenda -un tanto exagerados-: como hacer resucitar al joven y hacerlo volver a su casa; o que el joven, al ser descubierto por el sacristán quien resaltaba sus virtudes por la devoción que le profesaba, decide huir para que no lo reconozcan, primero a Tarso -a la iglesia de san Pablo-, para luego, regresar a Roma -a la casa de sus padres, pero sin decir que era su hijo-, viviendo debajo de unas escaleras de la casa como ayudante en las obras de caridad que sus padres realizaban para los pobres, enfermos y necesitados.
La historia en Roma y el hallazgo postrero
San Alejo llegó hasta la ciudad de Edesa, en la actual Turquía, donde vivió durante años como mendigo, alimentándose de las limosnas que le daban en la puerta de una iglesia. Diecisiete años después volvió a Roma. Fue a casa de su padre a pedir limosna, pero nadie lo conoció. Acogido como mendicante, vivió durante 17 años más en su casa, sin ser reconocido, rezando y enseñando el catecismo a los niños.
Sabiendo que iba a morir, escribió su historia, explicando por qué renunció a la boda, el viaje a Edesa y su vida posterior. Tras su muerte, fijada en el año 417 según algunas tradiciones, se encontró un documento en su cuerpo, en el que revelaba su identidad. Cuando murió, solo su padre logró abrirle la mano para sacar la carta, según narra la leyenda. Fue leyendo aquellas líneas cuando Eufemiano descubrió, demasiado tarde, que el mendigo de la escalera era su propio hijo desaparecido años atrás.
Difusión del culto y presencia en Occidente
Su culto se desarrolló en Siria y se extendió por el Imperio bizantino hacia el siglo IX. Al parecer, San Alejo era un personaje totalmente desconocido en Occidente antes de finales del siglo X. Desde antes del siglo VIII, existía en la colina del Aventino de Roma una iglesia dedicada a San Bonifacio. En 972, el papa Benedicto VII cedió esta iglesia, casi abandonada, al metropolitano griego exiliado Sergio de Damasco. Sergio erigió junto a la iglesia un monasterio para monjes griegos y latinos, que pronto se hizo famoso por la vida austera de sus habitantes. Evidentemente, fueron Sergio y sus monjes quienes llevaron a Roma la veneración de San Alejo.
La devoción a San Alejo no nació en España ni en Roma, sino mucho más lejos. El traslado de la veneración a Roma se vio facilitado por la creencia de que el santo era natural de Roma y había fallecido allí. Su culto se extendió y la historia inspiró el poema francés medieval Vie de Saint Alexis, traducido a varias lenguas europeas.
Presencia en el arte, la literatura y el santoral
Su renuncia y su anonimato han sido temas recurrentes en el arte sacro medieval: vitrales, frescos y hasta una ópera del siglo XVII, Sant'Alessio, con libreto del futuro papa Clemente IX, mantienen viva su figura fuera de los templos. El poema consta de 125 estrofas de cinco versos y fue traducido en diversas lenguas europeas durante la Edad Media.
Su historia inspiró pinturas, óperas y poemas medievales durante mil años. Su historia ha sido contada en el poema del siglo XI Vie de Saint Alexis, traducido en diversas lenguas europeas durante la Edad Media. El poema francés medieval Vie de Saint Alexis se convirtió en paradigma literario y difundió la leyenda por Occidente.
La Basílica de los Santos Bonifacio y Alessio en el Aventino
Desde antes del siglo VIII, existía en la colina del Aventino de Roma una iglesia dedicada a San Bonifacio. La basílica de San Bonifacio de Tarso y San Alessio fue fundada entre los siglos tercero y cuarto, y fue sucesivamente restaurada en 1216 por el Papa Honorio III; en 1582; en la década de 1750 por Tommaso De Marchis; y entre 1852 y 1860 por el Somaschi. La construcción de la Basílica de los Santos Bonifacio y Alessio fue inicialmente dedicada a san Bonifacio, un mártir cristiano, que llegó a la conversión después de una vida de comodidad y disolución.
En 986, esta iglesia también fue dedicada a san Alessio, quien, según una leyenda del siglo V, era un joven patricio romano que huyó a Oriente porque le habían impuesto un matrimonio forzado. La fachada de principios del siglo XVI, es obra de De Marchis. A la derecha se encuentra el campanario del siglo XIII de cinco órdenes con ventanas de doble parteluz.
El aspecto actual de la basílica se debe a las principales obras iniciadas antes del año jubilar de 1750, según un proyecto de Giovanni Battista Nolli (1707-1756), y luego reformado por Tommaso de Marchis (1693-1759). Se accede a la basílica a través de un pórtico medieval de cuatro lados. La iglesia conserva un campanario de estilo románico.
El interior tiene tres naves divididas por pilares, decoradas con pilastras estriadas y capiteles corintios. En la fachada interior se apoya la escalera de madera bajo la cual habría vivido San Alessio, ahora conservada en una gran vitrina sostenida por unos ángeles y querubines. Desde el presbiterio se accede a la cripta románica que alberga las reliquias de santo Tomás Becket, arzobispo de Canterbury y gran amigo del rey Enrique II de Inglaterra.
En el lado sur de la nave se encuentra el monumento funerario Eleonora Boncompagni Borghese de 1693, obra de Contini Giovan Batista; y en el brazo sur del crucero se halla la Capilla de Carlos IV de España, con un icono de la Asunción de la Virgen, que data del siglo XII, y se cree que fue traído desde el Oriente por San Alejo.

Restauraciones y elementos destacados
- Fundación: entre los siglos III y IV, con columnas originales supervivientes en el ábside.
- Restauraciones principales: 1216 por Honorio III; 1582; década de 1750 por Tommaso De Marchis; 1852-1860 por la congregación de los Somaschi.
- Campanario románico del siglo XIII con cinco órdenes y ventanas de doble parteluz.
- Cripta románica con reliquias de Tomás Becket.
Fechas litúrgicas y veneración contemporánea
Su fiesta se celebra el 17 de julio, aunque en el rito griego se conmemora el 17 de marzo. La Iglesia Ortodoxa Oriental venera a San Alejo el 17 de marzo. Aunque la Iglesia católica sigue reconociendo a San Alejo como santo, su fiesta fue eliminada del Calendario romano general en 1969 por el carácter legendario de su biografía. No obstante, muchas parroquias y calendarios populares en España siguen recordándolo cada 17 de julio.
La reliquia de su cabeza se venera en el monasterio de Santa Laura, en el Peloponeso griego. Cinco emperadores bizantinos, cuatro emperadores de Trebisonda y numerosas otras personalidades de Europa del Este y Rusia han llevado su nombre.
Significado espiritual y cultural
Que la Iglesia lo suprimiera del calendario oficial en 1969 no ha frenado su devoción popular, y eso dice mucho sobre el tipo de figura que es San Alejo. No se le venera por datos verificables, sino por lo que representa: la renuncia voluntaria a una vida cómoda a cambio de una existencia de humildad radical.
En una época marcada por la exposición constante y la necesidad de reconocimiento, la historia de San Alejo resulta casi provocadora: un joven que eligió el anonimato absoluto incluso frente a su propia familia. No busca la fama del sacrificio, sino la discreción total. Los expertos en historia de la religiosidad popular coinciden en que este tipo de relatos sobreviven precisamente porque tocan una fibra que sigue vigente.
SAN ALEJO - Santo del día 17 de julio, 2026. Resumen en 5 minutos. Leyenda de San Alejo
Tabla: Cronología resumida
Resumen de hitos principales relacionados con la leyenda y la basílica.
- Siglos III-IV - Fundación primitiva de la iglesia en el Aventino.
- 417 (tradición) - Muerte de San Alejo según algunas versiones.
- 584 - Texto siríaco ampliado con nombre San Riscia.
- IX-X - Difusión del culto por el Imperio bizantino; llegada a Occidente tardía.
- 972 - Cesión de la iglesia en el Aventino a Sergio de Damasco; promoción del culto.
- 1216, 1582, 1750s, 1852-1860 - Grandes restauraciones de la basílica.
- 1969 - Supresión de su fiesta del Calendario romano general.
San Alejo protagoniza el santoral de hoy con una de las historias más insólitas del cristianismo antiguo. Nadie en su propia casa lo reconoció durante casi dos décadas, y esa es precisamente la parte de la historia que más sorprende a quien la escucha por primera vez.