Historia, funciones y seguridad del Archivo Apostólico Vaticano

Audioguía en el bolsillo, itinerario en el navegador. Los Archivos Apostólicos Vaticanos -anteriormente conocidos como Archivos Secretos Vaticanos- se encuentran entre los repositorios de historia religiosa, política y cultural más significativos del mundo. Ubicado dentro de los confines soberanos de la Ciudad del Vaticano, este inmenso complejo archivístico comprende más de 85 kilómetros de estanterías y millones de documentos, incluyendo bulas papales, correspondencia diplomática, registros judiciales y cartas personales de papas y líderes mundiales.

Orígenes y evolución histórica

Los Archivos Apostólicos Vaticanos remontan sus inicios a los primeros siglos del papado. El término "secreto" originalmente significaba "privado" o "reservado", y se refería a los registros administrativos del papa. A medida que la burocracia de la Iglesia crecía, la necesidad de un archivo centralizado y organizado se hizo evidente. La reorganización del Papa Sixto V en 1587 marcó un punto de inflexión, estableciendo los modernos Archivos Apostólicos Vaticanos dentro del Palacio Apostólico. Este movimiento centralizó documentos previamente dispersos y sentó las bases para la preservación y consulta sistemática (Archivio Apostolico Vaticano).

La pérdida y recuperación de documentos durante períodos turbulentos -como el saqueo del Vaticano en 1404 y la ocupación francesa- moldearon aún más la institución (Historia.va). Napoleón ordenó en 1810 su traslado a París, y solo regresaron a Roma tras la caída del emperador. El origen de la institución se remonta a 1612, cuando Pablo V estableció el archivo particular del pontífice. Centralizaba en un mismo espacio documentos hasta entonces repartidos en distintos lugares, como la Secretaría de Estado o el castillo de Sant’Angelo.

La fundación oficial del Archivo Secreto Vaticano data de 1612, año de su fundación por parte del papa Paulo V Borghese. La historia oficiosa, empero, comienza antes. Archivum Secretum significa privado, de exclusiva pertenencia del Pontífice. El término “Secreto”, que ha acompañado al Archivo Vaticano durante cuatro siglos, hasta 2019, era en realidad un testimonio de la época histórica en la que nació el archivo, el siglo XVII, una época en la que no se consideraba público, al servicio de los ciudadanos o de la historia, sino instrumentum regni, archivo del príncipe, arsenal de l'autorité, de ahí “secreto” con el significado de separado/reservado.

Del secretum al Archivo Apostólico Vaticano

Las siglas para referir al Archivo Secreto del Vaticano conocidas en el medio académico deberán ahora variar debido al cambio de nombre de este trascendental repositorio documental. Archivo Apostólico Vaticano es la nueva designación que recibe la institución a cargo del Papa Francisco. El pontífice explicó, en un motu proprio dado a conocer el 28 de octubre de 2019, que la decisión del nuevo nombre tiene como objetivo desvincular el halo de secretismo que podía acarrear el nombre tradicional. Se debe recordar que la asociación actual al término "secreto" no coincide con la etimológica. Hace cuatro centurias, cuando el latín era la lengua franca, refería a una cercanía con una autoridad, en este caso el Papa.

Contenido y tesoros documentales

La masa de documentos conservados incluye bulas papales, correspondencia diplomática, registros judiciales y cartas personales de papas y líderes mundiales. Cartapacios, libros de familias nobles romanas, registros papales, actas de tribunales eclesiásticos, correspondencia diplomática. Millones de datos y fechas, nombres, hechos. Historias de papas y de ejércitos, de descubrimientos geográficos que cambiaron el rumbo de la historia, vívidos testimonios de católicos devotos y de peligrosos herejes.

Entre los documentos más célebres se cuentan la orden de disolución de los templarios en 1308, las actas del proceso contra los caballeros de la Orden del Temple celebradas entre 1308 y 1310, la solicitud de anulación de Enrique VIII respecto a su esposa Catalina de Aragón, notas del juicio contra Galileo y cartas de personajes como María, reina de Escocia, o Miguel Ángel. Avanzamos por orden no cronológico: monseñor Pagano despliega ante sí dos pergaminos valiosísimos. El primero, inventariado como «Inocencio III convoca la Cruzada» es de 1198; el otro es la bula por la cual, el 2 de mayo de 1312, Clemente V transfería los bienes de la Orden de los Templarios a los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, la actual Orden de Malta.

Mapa esquemático del Archivo Apostólico Vaticano mostrando la distribución de depósitos y salas

Organización, personal y labores diarias

«En su interior hay 85 kilómetros lineales de estanterías», explica Antonio del Brocco, joven colaborador del Archivo a quien el prefecto, monseñor Sergio Pagano, ha encomendado la misión de guiarnos. A las siete de la mañana el Archivo está en plena actividad. Se devuelven a los depósitos decenas de tomos prestados para su consulta el día anterior y se reordenan; todos los encargados van de punta en blanco, e incluso el prefecto y el viceprefecto, el padre Marcel Chappin, un jesuita holandés, están ya en sus despachos.

Los chicos empiezan desde abajo, trabajan duro y en un ambiente de camaradería. Y aprenden a hacer de todo. «A menudo trabajo también de ayudante en la sala de consultas, el puesto con el que sueño», prosigue Antonio. Sus colegas y él, todos titulados en archivística por la Escuela Vaticana perteneciente al propio Archivo, tienen la misión de atender las solicitudes de documentos de los estudiosos. Anotan la signatura en un formulario y se adentran en el búnker o en los demás espacios del edificio donde se conservan los documentos originales.

Giuseppe Lo Bianco, por poner un ejemplo, está ordenando los despachos enviados por la nunciatura de Varsovia entre los años 1921 y 1939. Su gabinete, situado en la segunda planta «noble» del Archivo, uno de los más antiguos del edificio, consta de un sencillo escritorio rodeado de armarios de madera del siglo XVII, cada uno rotulado con su etiqueta identificativa: «España», «Portugal», «Malta», «Lucerna», «Polonia»… Contienen la correspondencia entre la Santa Sede y sus nuncios.

Restauración y conservación

Alessandro Rubechini y Maurizio Vinelli son dos expertos restauradores. Uno manipula con delicadeza el extremo de un enorme rollo de pergamino mientras el otro acerca una lámpara de luz ultravioleta que hace resaltar la tinta desvaída por el tiempo y perdida tras mohos seculares. El objetivo principal de los restauradores era poner coto a las bacterias que estaban creando una pátina violácea en la superficie de los pergaminos. Pero los técnicos también aprovecharon la ocasión para verificar el estado de los parches aplicados en los puntos donde había agujeros.

El rollo, por lo tanto, está sometido a una vigilancia especial. Detrás de una puerta se abre el gran laboratorio de Luca Becchetti, especialista en sigilografía, la ciencia de los sellos. Trabaja en completa soledad, sin colegas ni colaboradores. Sobre dos mesas el erudito ha extendido decenas de sellos de cera, de plomo y de papel para estudiarlos y compararlos. Meticuloso, retira minúsculas impurezas de los yelmos, gualdrapas y caballos grabados en los sellos.

Uno de los lugares más protegidos del Archivo es la cámara acorazada subterránea que custodia los sellos de oro remitidos al Vaticano por soberanos de toda Europa. «Son unos ejemplares únicos, todos ellos repujados», prosigue el restaurador, mientras extrae de un estuche un pergamino del 1 de octubre de 1555 del que pende el emblema del rey de España Felipe II.

Acceso, consultas y digitalización

Los Archivos Apostólicos Vaticanos están abiertos exclusivamente a académicos cualificados -historiadores, académicos y estudiantes de posgrado- que puedan demostrar un propósito académico serio. El acceso al público general no está permitido. Los Archivos no ofrecen visitas turísticas, recorridos públicos ni exposiciones generales. R: No, el acceso está restringido a académicos acreditados.

Los Archivos exigen como único requisito de acceso un título universitario y una carta de presentación de una universidad u otra institución cultural, independientemente de las creencias políticas o religiosas o del origen étnico. La tarjeta de acceso es totalmente gratuita. Los Archivos Apostólicos Vaticanos son un testimonio monumental de siglos de historia religiosa, política y cultural. Aunque el acceso público directo está restringido, la influencia de los archivos se siente en todo el mundo a través de la investigación académica, exposiciones curadas y la digitalización en curso.

El Vaticano ha priorizado la digitalización para preservar documentos frágiles y ampliar el acceso académico. La Plataforma Digital de la Biblioteca Vaticana alberga miles de manuscritos digitalizados y materiales de archivo, con contenido nuevo añadido regularmente. Las asociaciones internacionales con instituciones como las Bibliotecas de la Universidad de Stanford y la Fundación Andrew W. Mellon mejoran el alcance y la calidad de estas iniciativas digitales.

Cuando hablamos de digitalización de documentos originales, en papel o pergamino, nos referimos siempre a dos fines distintos. La digitalización tiene, ante todo, una función fundamental en la salvaguarda y conservación. El mayor daño que se puede causar a los documentos proviene de la consulta material por parte de los investigadores. Por lo tanto, digitalizar el documento significa, en realidad, salvarlo del uso, preservarlo. Es una batalla sin fin. Es una carrera contra el tiempo...

Horarios, visitas y solicitudes

  • R: De lunes a viernes, típicamente de 8:00 AM a 12:00 PM para admisión, con horarios de investigación que continúan hasta la tarde.
  • R: No hay entradas generales ni visitas disponibles.
  • Para consejos de aplicación, actualizaciones sobre exposiciones y recorridos curados por la Ciudad del Vaticano, descargue la aplicación Audiala y siga los canales oficiales del Vaticano.

La Escuela Vaticana y la formación de archiveros

«Fue el papa León XIII quien abrió el Archivo Secreto a los investigadores en 1881 -cuenta Carboni-, y tres años después fundó la Escuela Vaticana de Paleografía, Diplomática y Archivística. En un principio atraía predominantemente personal eclesiástico, pero en la actualidad los estudiantes son en su gran mayoría seglares.»

En la asignatura anual de iniciación a la archivística se matriculan todos los años 72 alumnos divididos en dos clases. Casi todos son mujeres. Para acceder se exige una licenciatura en cualquier disciplina y una carta de presentación de un docente universitario o de un prelado. El aula en la que se imparten las clases cuenta con puestos informáticos en los cuales los alumnos comienzan a familiarizarse con los documentos antiguos.

Hoy, por tanto, no sólo forma paleógrafos y diplomáticos, sino también archiveros, tanto historiadores tradicionales, que echan mano de los papeles polvorientos y confusos del pasado, como archiveros informáticos, los que reorganizan y reorganizarán los archivos de hoy y de mañana, nativos digitales. Cada año, por tanto, unos 40 estudiantes, en su mayoría laicos de todo el mundo, se embarcan en este extenuante y difícil, pero apasionante viaje de perfeccionamiento.

Seguridad y protección del patrimonio

El «búnker», como lo llaman quienes trabajan en él, es un cubo de hormigón armado destinado a proteger tesoros de incalculable valor. El búnker es un cubo de hormigón armado destinado a proteger tesoros de incalculable valor. Millones de documentos en el Vaticano están resguardados en salas climatizadas que contienen los pergaminos más valiosos.

El objetivo principal de los restauradores era poner coto a las bacterias que estaban creando una pátina violácea en la superficie de los pergaminos. Los más delicados son los sellos de cera virgen, porque tienden a deshidratarse y desmenuzarse. Los de plomo, conservados durante años en estuches de madera o en cartones, sufren otro proceso de degradación llamado carbonatación, que conduce a su lenta desintegración.

El Archivo proporciona, por tanto, no sólo «la seguridad y la conservación permanente y científicamente ordenada del propio patrimonio histórico-archivístico», sino también «su valorización». La cámara acorazada subterránea custodia sellos, pergaminos y ejemplares únicos bajo estrictas medidas de vigilancia y condiciones ambientales controladas.

Impacto cultural, mitos y expectativas

Las leyendas urbanas imaginan que en el archivo histórico del Vaticano se ocultan infinidad de secretos, de pistas sobre el Santo Grial a pruebas del Arca de Alianza. La realidad en ocasiones es apasionante, pero otras muchas veces es prosaica. Si lo que se espera son misterios estilo El código Da Vinci o Indiana Jones, acabará usted defraudado. Los historiadores, de todas formas, sueñan con hallar ese papel inédito que cambie nuestra comprensión del pasado.

La apertura de los documentos del pontificado de Pío XII ofrece ahora la oportunidad de estudiar más a fondo una figura polémica por su actuación durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora están de enhorabuena, porque la Santa Sede ha desclasificado la documentación relativa al pontificado de Pío XII, con lo que será posible estudiar más a fondo una figura polémica por su actuación durante la Segunda Guerra Mundial.

Datos clave

  • Extensión de estanterías: casi 85 kilómetros lineales.
  • Fondos documentales: más de 600 fondos y series archivísticas.
  • Investigadores anuales: alrededor de 1.200 estudiosos de sesenta países.
  • Acceso: exclusivamente para académicos cualificados con carta de presentación.

Los Archivos Apostólicos Vaticanos son un testimonio monumental de siglos de historia religiosa, política y cultural, y siguen siendo fuente indispensable para la investigación histórica mundial.

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