El sexto mandamiento, "No cometerás adulterio", se refiere a la globalidad de la sexualidad humana y a la manera de vivirla conforme al plan de Dios. Para comprender su alcance es necesario situarlo en el contexto de la creación, la vocación a la castidad, la educación moral y las diversas situaciones de vida (soltería, matrimonio, celibato), así como en la condena de las conductas que desordenan la sexualidad.
1. Hombre y mujer los creó: fundamento antropológico
La llamada de Dios al hombre y a la mujer a «crecer y multiplicarse» ha de leerse siempre desde la perspectiva de la creación «a imagen y semejanza» de la Trinidad. «Dios es amor» y su amor es fecundo; de esta fecundidad ha querido que participe la criatura humana, asociando la generación de cada nueva persona a un específico acto de amor entre un hombre y una mujer. Por esto, «el sexo no es una realidad vergonzosa, sino una dádiva divina que se ordena limpiamente a la vida, al amor, a la fecundidad».
La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro. Cada uno de los dos sexos es, con una dignidad igual, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios.
El pecado original rompió la armonía del hombre consigo mismo y con los demás; esta fractura ha tenido una repercusión particular en la capacidad de la persona de vivir racionalmente la sexualidad. La necesidad de purificación y maduración que exige la sexualidad en estas condiciones no supone su rechazo, sino la necesidad de sanearla para que alcance su verdadera grandeza.

2. La vocación a la castidad
El Catecismo habla de vocación a la castidad porque esta virtud es condición y parte esencial de la vocación al amor, al don de sí, con el que Dios llama a cada persona. La castidad hace posible el amor en la corporeidad y a través de ella. Significa la integración lograda de la sexualidad en la persona y, por ello, la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual.
La virtud de la castidad forma parte de la virtud cardinal de la templanza y comporta un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La castidad no es simplemente un remedio contra el desorden que el pecado origina: es una afirmación gozosa que permite amar a Dios y, a través de Él, a los demás con todo el corazón, el alma, la mente y las fuerzas.
La castidad como don y tarea
- La castidad es una virtud moral y también un don de Dios, una gracia y fruto del trabajo espiritual.
- El dominio de sí es una obra que dura toda la vida; la castidad tiene leyes de crecimiento y pasa por grados marcados por la imperfección y, a menudo, por el pecado.
- En el estado actual, el hombre no puede vivir plenamente la ley moral natural sin la ayuda de la gracia.
3. Educación a la castidad: qué implica
La educación a la castidad es mucho más que la mera información fisiológica o la llamada «educación sexual» reducida a biología y métodos anticonceptivos. La verdadera educación a la castidad ayuda a reflexionar sobre los valores personales y morales que intervienen en el nacimiento de la vida humana y en la maduración personal.
Entre los medios indicados para cultivar la castidad están la oración, la frecuencia de los sacramentos, la mortificación mediante pequeños sacrificios, el trabajo y evitar el ocio desordenado, el cuidado del pudor en el vestir y las miradas, y desechar lecturas y espectáculos inconvenientes. Los padres son los primeros y principales educadores en esta tarea.

4. Manifestaciones de la castidad según el estado de vida
La castidad se vive de modo diferente según la vocación recibida. Todas las personas -casadas, solteras, religiosas y ordenadas- deben cultivar la virtud de la castidad.
- En los novios: vivir la castidad en la continencia como descubrimiento del mutuo respeto y aprendizaje de la fidelidad.
- En los esposos: castidad conyugal que integra la dimensión unitiva y procreativa del acto marital; la unión sexual se realiza de modo plenamente humano cuando es parte integral del amor con el que los esposos se comprometen hasta la muerte.
- En el celibato apostólico: la continencia no excluye la afectividad; el celibato es una donación que capacita para un servicio particular a la Iglesia.
5. El acto conyugal: unidad y procreación
La grandeza del acto por el que el hombre y la mujer cooperan libremente con la acción creadora de Dios exige unas estrictas condiciones morales por la capacidad de generar una nueva vida humana. A diferencia de la dimensión procreativa, que se actualiza de modo humano en el acto conyugal, la dimensión unitiva y afectiva puede manifestarse también en muchos otros modos; no obstante, el uso natural de la sexualidad está reservado al matrimonio.
6. Pecados y faltas contra la castidad
A la castidad se opone la lujuria: un deseo o goce desordenado del placer venéreo. Dado que la sexualidad ocupa una dimensión central en la vida humana, los pecados contra la castidad son graves por su materia y, por tanto, pueden hacer perder la herencia del Reino de Dios.
Entre las ofensas más señaladas están:
- Masturbación: excitación voluntaria de los órganos genitales para obtener placer venéreo; el Magisterio la califica como acto intrínseca y gravemente desordenado.
- Fornicación: unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio.
- Adulterio: infidelidad conyugal cuando al menos uno de los dos está casado.
- Pornografía y prostitución: desnaturalizan la finalidad del acto sexual y atentan gravemente a la dignidad de las personas.
- Violación e incesto: agresiones que lesionan la justicia, la caridad, la libertad y la integridad física y moral; son actos intrínsecamente malos.
- Actos homosexuales: la Tradición y la enseñanza magisterial sostienen que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados; sin perjuicio de acoger con respeto y compasión a las personas con tendencias homosexuales, éstas están llamadas a la castidad.
Consecuencias del desorden sexual
El vicio de la lujuria puede producir ceguera de la mente, debilitación de la voluntad, apego a los bienes terrenos y, en última instancia, alejamiento de Dios. Además existen consecuencias sociales: la pornografía, la prostitución y la promoción cultural de la banalización sexual dañan la dignidad personal y la convivencia.

7. Orientaciones prácticas para la lucha por la pureza
- Retirar la ocasión de pecado cuando sea posible; si no, evitar participar y mostrar indiferencia.
- Evitar lecturas y espectáculos inmorales; moderar el uso del cine y la televisión y seleccionar lo que se ve.
- Ser sinceros en dirección espiritual y confesión frecuente; la confesión y la comunión purifican y fortalecen.
- Mortificación y pequeños sacrificios: prácticas habituales de los santos para afirmar la voluntad.
- Cultivar la amistad sana y el ideal de servicio y entrega; la castidad se desarrolla en la amistad y en la vida comunitaria.
8. Temas éticos actuales
La Iglesia sostiene que ciertas técnicas y prácticas que separan artificialmente los significados unitivo y procreativo del acto conyugal (anticoncepción, esterilización, fecundación in vitro, etc.) vulneran la ley moral. Cualquier intervención técnica que sustituya el acto conyugal se considera ética y antropológicamente problemática por cuando disocia elementos inseparables de la sexualidad humana: amor y vida.
Asimismo, la difusión masiva de material pornográfico por Internet plantea desafíos morales y pastorales nuevos, que requieren protección de los menores y políticas públicas que defiendan la dignidad humana.
9. La dimensión redentora: castidad como camino de donación
La caridad es la forma de todas las virtudes; bajo su influencia la castidad aparece como escuela de donación de la persona. La castidad conduce a ser testigo de la fidelidad y la ternura de Dios y es promesa de inmortalidad: quien practica la castidad mantiene la integridad de las fuerzas de vida y de amor depositadas en él.
La castidad nos recompone; nos devuelve a la unidad que habíamos perdido dispersándonos. Con la ayuda de la gracia y el esfuerzo humano, cada bautizado puede aspirar a la perfección cristiana propia de su estado de vida.
15 6o Mand. La castidad. Pecados contra este mand.
Tabla resumen: formas de vivir la sexualidad según la vocación
Estado de vida
- Soltero/noviazgo: Continencia, preparación para el matrimonio, aprendizaje del respeto y la amistad.
- Casados: Castidad conyugal que integra unidad y procreación en el acto conyugal.
- Celibato religioso: Continencia y donación a Dios y al servicio de la comunidad.
El sexto mandamiento conserva toda su validez y actualidad. Su observancia protege la dignidad personal, la familia y el tejido social; su incumplimiento tiene consecuencias individuales y colectivas profundas. La castidad, lejos de ser una negación de la sexualidad, es la mejor preparación para el amor auténtico y la fecundidad humana cuando corresponde.
tags: #sexto #mandamiento #del #decalogo