En la vida de la Iglesia existe un ministerio delicado y poco comprendido: el del exorcismo. El término exorcista se entiende aquí como el sacerdote al cual se le ha confiado por parte del Ordinario del lugar, normalmente el Obispo diocesano, el ministerio de exorcista, como se establece en el Código de Derecho Canónico (CIC). Conviene recordar que el ministerio del exorcismo se administra siempre en nombre y en representación de la Iglesia y que el exorcista actúa como ministro de Cristo (el único que tiene, en sí mismo, autoridad sobre todos los demonios) y de la Iglesia.
El exorcista, con su servicio eclesial, «se hace cercano», «venda las heridas» causadas por la acción extraordinaria del demonio, derramando sobre ellas el aceite del consuelo y el vino de la esperanza, se carga en su propia oración con su aflicción, caminando al lado de los familiares y amigos del que sufre; lo conduce «a una posada» (Lc 10,34), imagen de la Iglesia de Cristo, y se ocupa de él pagando con sus propias oraciones la liberación implorada. En la presentación del Rito de los exorcismos editada por la Conferencia Episcopal Italiana, se recuerda que «el fiel que pide el exorcismo es un miembro de la comunidad, uno de esos miembros que la comunidad debe amar con un amor preferencial: cuando está en poder del Maligno, de hecho, es el más pobre de los pobres, necesitado de ayuda, de comprensión, de consuelo. El Ministerio del exorcista, por tanto, no es sólo un ministerio de liberación, sino también un ministerio de consolación».

Funciones principales del exorcista
- Discernimiento: El exorcista debe realizar un discernimiento serio y riguroso, siguiendo criterios tradicionales y los Praenotanda del Rito de los Exorcismos, y valerse del parecer de exorcistas de consolidada experiencia.
- Actuar en nombre de la Iglesia: El ministerio se ejerce siempre en nombre y representación de la Iglesia; cuando no está presente un grupo de fieles, el exorcista ha de recordar que en su persona y en la del fiel atormentado por el Maligno está presente la Iglesia.
- Acompañamiento y consuelo: Además de buscar la liberación, el exorcista «vende las heridas», ofrece consuelo y esperanza, acompañando al fiel y a su familia en el sufrimiento.
- Colaboración interdisciplinaria: El exorcista no puede excluir la ayuda de las ciencias psicológicas y psiquiátricas; en algunos casos la consulta a personas expertas en medicina y psiquiatría es necesaria para comprender el origen de males no necesariamente preternaturales.
- Formación y trabajo en equipo: El ministerio suele ejercerse en equipo y requiere formación específica y acompañamiento por exorcistas experimentados para aprender el oficio y perder el miedo.
- Respeto por la autoridad canónica: Solo actúa quien ha recibido el mandato episcopal; se reprueba la actitud de quienes, careciendo de formación y de mandato, emprenden caminos arbitrarios de liberación.
Discernimiento riguroso y colaboración con la ciencia
El Ministerio del exorcismo, como todo sacramental, está al servicio del hombre. No se puede, por tanto, excluir a priori la ayuda de las ciencias psicológicas y psiquiátricas, así como de otras disciplinas positivas, que en algunos casos pueden ayudar a comprender el origen de males no necesariamente de origen preternatural. La ansia de querer a toda costa identificar una acción demoníaca extraordinaria como la causa desencadenante de una situación de sufrimiento, habiendo omitido un previo discernimiento serio, además de ser inútil, puede generar daños.
Prohibiciones y prácticas censuradas
Se censuran procedimientos supersticiosos o criterios ajenos a la fe católica: pedir fotos o ropa para reconocer posibles maleficios, tocar determinados puntos del cuerpo para «diagnosticar la presencia de entidades malignas», sugerir un uso impropio de la res sacrae (agua, sal, aceite bendecido, etc.) o colaborar con «sensitivos» y prácticas de origen esotérico o New Age. Es inaceptable que sacerdotes o agentes de pastoral deriven a los fieles que sufren hacia personas sin mandato e instrucción para el Ministerio del exorcismo.
Práctica pastoral: prudencia y caridad
Se reprueba la actitud de algunos sacerdotes, consagrados y laicos que, careciendo de formación adecuada y de mandato episcopal, en lugar de remitir los casos de posible acción extraordinaria del maligno a quien ha recibido un peculiar y expreso mandato del Obispo diocesano, emprenden caminos arbitrarios de liberación, no autorizados por la competente autoridad eclesiástica. Es deplorable que algunos, en lugar de proclamar el Evangelio de Jesucristo que libera al hombre de la esclavitud del mal y del pecado, centren su atención exclusivamente en la presencia y la obra del demonio.
El exorcista debe conducir a los fieles atormentados a recibir la paz que viene de Cristo. Para ello, él es el primero que debe estar habitado por esta paz, rechazando toda forma de miedo y educando a los que acompaña con su Ministerio a combatirlo. Porque el miedo, cualquiera que sea la razón que lo provoque, cuando se cultiva, conduce al debilitamiento de la fe y a la pérdida de la confianza en Dios.
Curso: “Discernimiento y Exorcismo”
Formación y respuesta a la demanda contemporánea
En los últimos años ha aumentado el número de quienes, dudando o convencidos de ser víctimas de una acción extraordinaria del demonio, van en busca de exorcistas. La experiencia muestra que solo un porcentaje de los que acuden sufren realmente ataques del demonio; el resto son problemas psiquiátricos o situaciones complejas que requieren intervención interdisciplinaria. El Papa Francisco advirtió contra el error de negar que haya un problema espiritual por el hecho de que exista una afección psiquiátrica o psicológica: muchas veces ambas van juntas y al sacerdote le corresponde discernir.
Por ello se requiere formación académica e interdisciplinar: cursos y encuentros desarrollados por institutos y movimientos eclesiales -que abordan teología, directrices canónicas, antropología, aspectos culturales y testimonios geográficos, así como psicológicos, psiquiátricos y farmacológicos- ayudan a cambiar la mentalidad de sensacionalismo y superstición y subrayar que las víctimas de enfermedades espirituales deben recibir ayuda con todos los recursos disponibles.
Trabajo en equipo y consultas
La mayoría de los exorcistas trabajan en equipo y muchas diócesis cuentan con equipos que discuten los casos presentados, incluyendo, cuando es necesario, la intervención de psiquiatras y otros especialistas. En algunos lugares los equipos realizan un proceso flexible que comienza con acoger a la persona, crear un ambiente de serenidad, ponerla en presencia de Dios, pedir perdón, leer la Sagrada Escritura y rezar, ofreciendo a Jesucristo vivo a las personas que acuden.
Contexto bíblico y teológico
Los exorcismos en la tradición cristiana están arraigados en la acción liberadora de Jesús, que en los evangelios aparece realizando exorcismos, curaciones y milagros. Jesús supo que el hombre está hecho para la «vida», y que aquello que va contra esa vida forma parte de una trama diabólica. En este sentido, Jesús fue presentado como exorcista y taumaturgo: en los evangelios -especialmente en Marcos- los exorcismos son signos de la autoridad de Jesús y de su misión liberadora.
En la tradición bíblica y teológica se observa una evolución sobre la comprensión de Satanás y los demonios, desde antiguas cosmovisiones dualistas hasta la presentación en el Nuevo Testamento de fuerzas opuestas que Jesús confronta. Los exorcismos de Jesús tienen un componente social y personal: liberación del oprimido, restauración de la comunión y sanación integral.
Dimensión pastoral del exorcismo
Los exorcismos no son solo actos rituales aislados: están vinculados a una terapia integral que considera dimensiones personales, familiares, sociales y religiosas. Muchas veces la curación espiritual implica identificar otras enfermedades: disturbios psicológicos, fisiológicos, dependencia de sustancias, etc. Por tanto, la interdisciplinariedad juega un rol importante en la reflexión ya que la caridad pastoral va de la mano de la verdad.
Riesgos culturales y sensibilización
La iridiscente y compleja realidad social contemporánea, cargada por representaciones cinematográficas sensacionalistas, contribuye a una idea aterradora del exorcismo que alimenta el miedo y la superstición. Es necesario centrar los esfuerzos en la formación de sacerdotes, consagrados y laicos para que no vayan «a manos de bandidos» y para que aprendan el «arte del acompañamiento», quitándose las sandalias ante la tierra sagrada del otro y conduciéndolo al divino Hospedero, siguiendo el ejemplo del Buen Samaritano.
Prudencia frente a prácticas sin fundamento
Se reprocha la práctica de sanaciones intergeneracionales como condición sine qua non para la liberación cuando carecen de fundamento bíblico y teológico. Diversos Ordinarios y Conferencias Episcopales han intervenido para demostrar cómo tales prácticas no tienen base y pueden hacer daño a la fe y a la vida existencial de las personas.
Actitud del exorcista: humildad y fortaleza
Los sacerdotes llamados al Ministerio del exorcismo deben recordar que, así como el Señor Jesús no quiso eximirse de ser tentado, también ellos son sujetos de la acción ordinaria del demonio, acción que no puede ser vencida sin una gran fe y una profunda humildad. El exorcista ha de estar habitado por la paz de Cristo, rechazando toda forma de miedo, y educar a los acompañados para combatirlo.
| Aspecto | Recomendación |
|---|---|
| Formación | Programas académicos e interdisciplinarios; aprendizaje junto a exorcistas experimentados |
| Discernimiento | Rigor según Praenotanda del Rito; consulta médica/psiquiátrica cuando proceda |
| Autoridad | Actuar solo con mandato del Ordinario |
| Prácticas prohibidas | Evitar superstición, esoterismo, uso indebido de sacramentales y colaboración con «sensitivos» |
| Acompañamiento | Consolar, acompañar a familiares y ofrecer paz sacramental |
El Ministerio del exorcismo, contrariamente a la idea generalizada, está impregnado de una profunda alegría: se es testigo auténtico de cuán poderosa es la acción de Cristo Resucitado, que ilumina las tinieblas más oscuras y libera del pecado. El exorcista, como ministro de la Iglesia, no sólo busca expulsar lo que oprime, sino restaurar la vida, la comunión y la esperanza de los fieles.