El papa Francisco publicó el viernes, 8 de abril, la exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia (La alegría del amor) “sobre el amor en la familia”. Amoris Laetitia es un escrito particularmente inspirador e interpelante por poner de relieve algunos desafíos. La exhortación apostólica postsinodal sobre el amor en la familia Amoris laetitia («La alegría del amor») -fechada, no por casualidad, el 19 de marzo, solemnidad de san José- recoge los resultados de dos sínodos sobre la familia convocados por Papa Francisco en 2014 y en 2015, por lo que las relaciones conclusivas de ambas asambleas se citan extensamente.
Siguiendo la invitación del papa Francisco, dos sínodos sobre el matrimonio y la familia se han celebrado en Roma, en 2014 y 2015. Los precedió una amplia consulta con el propósito de tener una visión más clara sobre los múltiples asuntos y desafíos que se plantean en este dominio y aquello en los diferentes partes de la Iglesia universal. Luego de estos dos sínodos, el papa Francisco a reelaborado el conjunto de los datos en su exhortación apostólica Amoris Laetitia.
Participación y aportes en los Sínodos
Las relaciones conclusivas de los dos Sínodos sobre la familia convocados por Papa Francisco en el 2014 y en el 2015 son largamente citadas, junto a los documentos y enseñanzas de sus Predecesores y a las numerosas catequesis sobre la familia del mismo Papa Francisco. Como ya ha sucedido en otros documentos magisteriales, el Papa hace uso también de las contribuciones de diversas Conferencias episcopales del mundo (Kenia, Australia, Argentina…) y de citaciones de personalidades significativas como Martin Luther King o Eric Fromm. También se hace referencia a las numerosas catequesis sobre la familia del mismo Papa Francisco.
Se afirma que las intervenciones de los Padres en el Sínodo han compuesto un “precioso poliedro” (AL 4) que debe ser preservado. En este sentido, el Papa escribe que “no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones del magisterio”. Por lo tanto para algunas cuestiones “en cada país o región se deben buscar soluciones más inculturadas, atentas a la tradiciones y a los desafíos locales.
Estructura y enfoque de Amoris laetitia
La Exhortación apostólica impresiona por su amplitud y articulación. Consta de nueve capítulos y más de 300 párrafos. Se abre con siete párrafos introductorios que ponen en plena luz la conciencia de la complejidad del tema y la profundización que requiere. Puestas estas premisas, el Papa articula su reflexión a partir de la Sagrada Escritura en el primer capítulo, que se desarrolla como una meditación sobre el Salmo 128, característico de la liturgia nupcial tanto judía como cristiana.
La Biblia “está poblada de familias, de generaciones, de historias de amor y de crisis familiares” (AL 8) y a partir de este dato se puede meditar cómo la familia no es un ideal abstracto sino un “trabajo ‘artesanal’” (AL 16) que se expresa con ternura (AL 28) pero que se ha confrontado también con el pecado desde el inicio, cuando la relación de amor se transforma en dominio (cfr. AL 19). A partir del terreno bíblico en el segundo capítulo el Papa considera la situación actual de las familias, poniendo “los pies sobre la tierra” (AL 6), recurriendo ampliamente a las Relaciones conclusivas de los dos Sínodos y afrontando numerosos desafíos.
Desafíos concretos abordados
El Papa afronta numerosos desafíos, desde el fenómeno migratorio a las negociaciones ideológicas de la diferencia de sexos (“ideología del gender”); desde la cultura de lo provisorio a la mentalidad antinatalista y al impacto de la biotecnología en el campo de la procreación; de la falta de casa y de trabajo a la pornografía y el abuso de menores; de la atención a las personas con discapacidad, al respeto de los ancianos; de la desconstrucción jurídica de la familia, a la violencia contra las mujeres.
El Papa insiste sobre lo concreto, que es una propiedad fundamental de la Exhortación. Citando la Familiaris consortio Francisco afirma que “es sano prestar atención a la realidad concreta, porque “las exigencias y llamadas del Espíritu resuenan también en los acontecimientos mismos de la historia”, a través de los cuales “la Iglesia puede ser guiada a una comprensión más profunda del inagotable misterio del matrimonio y de la familia” (AL 31). Por lo tanto, sin escuchar la realidad no es posible comprender las exigencias del presente ni los llamados del Espíritu.
Mirada teológica y pastoral
El tercer capítulo está dedicado a algunos elementos esenciales de la enseñanza de la Iglesia acerca del matrimonio y la familia. La presencia de este capítulo es importante porque ilustra de manera sintética en 30 párrafos la vocación de la familia según el Evangelio, así como fue entendida por la Iglesia en el tiempo, sobre todo sobre el tema de la indisolubilidad, de la sacramentalidad del matrimonio, de la transmisión de la vida y de la educación de los hijos.
La mirada es amplia e incluye también las “situaciones imperfectas”. Leemos de hecho: “’El discernimiento de la presencia de las ‘semina Verbi’’ en otras culturas (cfr Ad gentes, 11) puede ser aplicado también a la realidad matrimonial y familiar. Fuera del verdadero matrimonio natural también hay elementos positivos presentes en las formas matrimoniales de otras tradiciones religiosas’, aunque tampoco falten las sombras” (AL 77). La reflexión incluye también a las “familias heridas” frente a las cuales el Papa afirma - citando la Relatio finalis del Sínodo 2015- “siempre es necesario recordar un principio general: “Sepan los pastores que, por amor a la verdad, están obligados a discernir bien las situaciones” (Familiares consortio, 84).
El amor en el matrimonio y su transformación
El cuarto capítulo trata del amor en el matrimonio, que es ilustrado a partir del “himno al amor” de san Pablo (1 Cor 13, 4-7). El capítulo es una exégesis atenta, puntual, inspirada y poética del texto paulino. Se trata de una colección de fragmentos de un discurso amoroso que está atento a describir el amor humano en términos absolutamente concretos. Uno se queda impresionado por la capacidad de introspección psicológica que sella esta exégesis.
La profundización psicológica entra en el mundo de las emociones de los cónyugues -positivas y negativas- y en la dimensión erótica del amor. A su modo este capítulo constituye un tratado dentro del desarrollo más amplio, plenamente consciente de la cotidianidad del amor que es enemiga de todo idealismo: “no hay que arrojar sobre dos personas limitadas -escribe el Pontífice- el tremendo peso de tener que reproducir de manera perfecta la unión que existe entre Cristo y su Iglesia, porque el matrimonio como signo implica “un proceso dinámico, que avanza gradualmente con la progresiva integración de los dones de Dios”” (AL 122).
El capítulo se concluye con una reflexión muy importante sobre la “transformación del amor” porque “la prolongación de la vida hace que se produzca algo que no era común en otros tiempos: la relación íntima y la pertenencia mutua deben conservarse por cuatro, cinco o seis décadas, y esto se convierte en una necesidad de volver a elegirse una y otra vez” (AL 163). El aspecto físico cambia y la atracción amorosa no disminuye pero cambia: el deseo sexual con el tiempo se puede transformar en deseo de intimidad y “complicidad”.

Fecundidad, educación y red familiar
El capítulo quinto está centrado en la fecundidad y la capacidad generativa del amor. Se habla de las implicaciones espirituales y psicológicas de recibir una nueva vida, de la espera propia del embarazo, del amor de madre y de padre. Pero también de la fecundidad ampliada, de la adopción, de la aceptación de la contribución de las familias para promover la “cultura del encuentro”, de la vida de la familia en sentido amplio, con la presencia de los tíos, primos, parientes de parientes, amigos.
Amoris laetitia no toma en consideración la familia “mononuclear”, porque es bien consciente de la familia como amplia red de relaciones. La misma mística del sacramento del matrimonio tiene un profundo carácter social (cfr. AL 186). El capítulo séptimo está dedicado a la educación de los hijos: su formación ética, el valor de la sanción como estímulo, el paciente realismo, la educación sexual, la transmisión de la fe, y más en general, la vida familiar como contexto educativo.
Hay un párrafo particularmente significativo y pedagógicamente fundamental en el cual Francisco afirma claramente que “la obsesión no es educativa, y no se puede tener un control de todas las situaciones por las que podría llegar a pasar un hijo (…) Si un padre está obsesionado por saber dónde está su hijo y por controlar todos sus movimientos, sólo buscará dominar su espacio. De ese modo no lo educará, no lo fortalecerá, no lo preparará para enfrentar los desafíos. Notable es la sección dedicada a la educación sexual titulada muy expresivamente: “Si a la educación sexual”.
Perspectivas pastorales: acompañar, discernir e integrar
En el sexto capítulo el Papa afronta algunas vías pastorales que orientan para construir familias sólidas y fecundas según el plan de Dios. En esta parte la Exhortación hace un largo recurso a las Relaciones conclusivas de los dos Sínodos y a las catequesis del Papa Francisco y de Juan Pablo II. Se confirma que las familias son sujeto y no solamente objeto de evangelización.
El Papa señala que “a los ministros ordenados les suele faltar formación adecuada para tratar los complejos problemas actuales de las familias” (AL 202). Si por una parte es necesario mejorar la formación psico-afectiva de los seminaristas e involucrar más a las familias en la formación al ministerio (cfr. AL 203), por otra “puede ser útil (…) también la experiencia de la larga tradición oriental de los sacerdotes casados” (cfr. AL 202).
El Papa que escribe usa tres verbos muy importantes: “acompañar, discernir e integrar” que son fundamentales para afrontar situaciones de fragilidad, complejas o irregulares. En relación al “discernimiento” acerca de las situaciones “irregulares” el Papa observa que “hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y es necesario estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición” (AL 296).
Se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial, para que se sienta objeto de una misericordia “inmerecida, incondicional y gratuita” (AL 297). En esta línea, acogiendo las observaciones de muchos Padres sinodales, el Papa afirma que “los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente deben ser más integrados en la comunidad cristiana en las diversas formas posibles, evitando cualquier ocasión de escándalo”.
Discernimiento en casos complejos y acceso a los sacramentos
El papa Francisco reafirma que la indisolubilidad del matrimonio pertenece al tesoro fundamental e irrevocable de la fe de la Iglesia. En Amoris Laetitia, el papa Francisco no deja ninguna sobra de duda sobre este asunto. Pero tampoco lo hace sobre el hecho de que todas las situaciones deberían abordarse de la misma manera. La «Iglesia posee una sólida reflexión acerca de los condicionamientos y circunstancias atenuantes. Por eso, ya no es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada «irregular» viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante» (AL 301).
Amoris Laetitia no formula ninguna directiva general, pero exige el discernimiento necesario. “Si se tiene en cuenta la innumerable diversidad de situaciones concretas (…) puede comprenderse que no debería esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa general de tipo canónica, aplicable a todos los casos. Sólo cabe un nuevo aliento a un responsable discernimiento personal y pastoral de los casos particulares” (AL 300). Toda nuestra pastoral debe estar orientada hacia el acompañamiento, el discernimiento y la integración.
El Año “Familia Amoris Laetitia” y propuestas pastorales
El 19 de marzo de 2021 comenzó el Año “Familia Amoris Laetitia”. El mismo día en que la Iglesia celebra el 5º aniversario de la publicación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia, un texto que el papa Francisco dedica a la belleza y la alegría del amor familiar. El Año “Familia Amoris Laetitia” es una iniciativa del Santo Padre que se propone llegar a todas las familias del mundo a través de diversas propuestas espirituales, pastorales y culturales que se podrán realizar en las parroquias, diócesis, universidades, movimientos eclesiales y asociaciones familiares.
Objetivos: 1. Difundir el contenido de la exhortación Amoris Laetitia. 2. Anunciar que el sacramento del matrimonio es un don. 3. Hacer a las familias protagonistas de la pastoral familiar. 4. Concienciar a los jóvenes de la importancia de la formación en la verdad de sí mismos y en el don de sí mismos. 5. Ofrecer oportunidades de reflexión y profundización para vivir concretamente la riqueza de la exhortación apostólica Amoris Laetitia.
Propuestas prácticas señaladas en el material: proyectar un ciclo de 10 vídeos explicativos, organizar un Vía Crucis escrito y realizado por las familias, difundir videos testimoniales sobre la fe de las personas con discapacidad, promover el Rosario para la Familia, y realizar encuentros con responsables de pastoral familiar de conferencias episcopales, movimientos y asociaciones familiares internacionales. El Santo Padre explicará los capítulos de la exhortación apostólica Amoris Laetitia, junto con las familias que darán testimonio de algunos aspectos de su vida cotidiana.
Amoris Laetitia, capítulo 1
12 propuestas para una pastoral familiar a la luz de Amoris Laetitia
- Reforzar la pastoral de preparación al matrimonio con nuevos itinerarios catecumenales a nivel de diócesis y parroquias (cf. AL 205-222).
- Potenciar la pastoral de acompañamiento de los matrimonios con encuentros de profundización y momentos de espiritualidad y oración dedicados a ellos (cf. AL 58 ss.).
- Organizar encuentros para los padres sobre la educación de sus hijos y sobre los desafíos más actuales (cf. AL 172 ss. y 259-290).
- Promover encuentros de reflexión e intercambio sobre la belleza y las dificultades de la vida familiar (cf. AL 32 ss.).
- Intensificar el acompañamiento de las parejas en crisis (cf. AL 232 y ss.).
- Insertar a los matrimonios en las estructuras diocesanas y parroquiales y formar a los agentes de pastoral, seminaristas y sacerdotes (cf. AL 86-88; 202 ss.).
- Promover en las familias su natural vocación misionera creando momentos de formación para la evangelización (cf. AL 201, 230 y 324).
- Desarrollar una pastoral de las personas mayores y la atención intergeneracional (cf. AL 186).
- Involucrar a la pastoral juvenil con iniciativas para reflexionar sobre la familia, el matrimonio y la apertura a la vida (cf. AL 40).
- Lanzar iniciativas de acompañamiento y discernimiento para las familias heridas (cf. AL 50 ss., 241 ss.).
- Organizar grupos en las parroquias y comunidades para reuniones de profundización sobre “Amoris Laetitia” (cf. AL).
- Impulsar proyectos mediáticos y educativos, como el proyecto "10 vídeos Amoris Laetitia" y cursos prematrimoniales para fortalecer la preparación y la vida familiar.
Implicaciones para la escuela y la comunidad eclesial
Las escuelas católicas están llamadas a ser una familia de familias, como bellamente define a la Iglesia el papa Francisco en su exhortación apostólica post-sinodal Amoris Lætitia sobre el amor en la familia. Este documento pretende estimular a quien lo lea, a valorar los dones del matrimonio y de la familia, y a sostener un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia.
La enseñanza nuclear del documento está comprendida en los capítulos IV y V, dedicados al amor. El amor, es la realidad que manifiesta el evangelio del matrimonio y de la familia. Solo es posible alentar un camino de fidelidad y de entrega recíproca si se estimula el crecimiento, la consolidación y la profundización del amor conyugal y familiar. La escuela está llamada a colaborar, junto a otras instituciones de la Iglesia, para que sean los propios padres los que puedan cumplir con uno de los desafíos fundamentales frente al que se encuentran, el desafío educativo.