Un cura se vistió de héroe con todas las de la ley. Perdió la vida por salvar a un niño. El niño se salvó, pero no así el sacerdote. Los hechos sucedieron el día 8 de agosto de 1911. La tarde de dicho día se hallaba paseando por la zona conocida hoy como el Torreón, el sacerdote de Benicàssim cuyo primer apellido era Oliver, natural de Vinaròs, de 45 años de edad, en unión de otras dos personas llamadas Montaner y Juanito Borrés, cuando observaron un bulto que se agitaba entre las olas, tratando de llegar a la orilla.
Inmediatamente se percataron de que una persona estaba ahogándose, lanzándose los tres al agua para salvarlo. El primero que llegó, debido a ser un excelente nadador, fue el citado sacerdote. Se trataba de un niño que luchaba por su vida con tal desespero que se aferró convulsivamente a un brazo del sacerdote citado, hundiéndolo en el agua, sin que volviera a salir a flote. Los dos acompañantes del mismo consiguieron salvar al niño, llevándolo a la orilla. Poco después, fue recuperado el cuerpo del sacerdote, de Oliver, flotando sobre el agua. Murió por salvar al otro y lo mató la desesperación del niño por salvarse él. El niño se recuperó plenamente.

Contexto de otras historias de sacerdotes y episodios trágicos
No solo ese caso ilustra la entrega de sacerdotes en circunstancias extremas; los textos conservados recogen además episodios diversos donde la figura del cura aparece vinculada tanto a actos heroicos como a conflictos sociales y personales. Por ejemplo, casos de denuncia por blasfemia, polémicas con la administración local, o incluso acusaciones de maltrato, muestran una realidad compleja y humana alrededor del clero en finales del siglo XIX y principios del XX.
Curioso hecho ocurrido en el término municipal de Sorita el 27 de diciembre de 1907. Ese día iba por el camino denominado Huertas de Morella el vecino de Zorita, Jerónimo Martí Martí montado en una caballería de la que cayó al suelo. No tuvo lesión alguna, pero al caer pronunció una blasfemia. Es decir, el hombre se enfadó por la caída y soltó una expresión nada fina. Hasta aquí todo hubiera pasado sin pena ni gloria, pero las palabras pronunciadas por el Jerónimo fueron oídas por el cura párroco de Sorita que, en unión de otros dos sacerdotes paseaba por el lugar, recriminándole al Jerónimo sus palabras. No solo eso, sino que, a continuación, el cura párroco denunció ante la Guardia Civil al Jerónimo por blasfemia, que entonces era delito. Por su parte, el Jerónimo manifestó que fue apaleado por el cura y los otros dos sacerdotes.
Un caso raro ocurrido en Zucaina en el mes de febrero del año 1883. El cura de dicho pueblo se negó a expedir partidas de bautismo a los hijos de padres de más de sesenta años de edad de quintos pobres, cuya expedición era gratuita, si no le entregaban a cambio una peseta por partida de bautismo. Ello motivó una queja ante el Gobierno Civil de Castellón que tuvo que recordar al cura que la expedición de dichos documentos a las familias pobres era siempre obligatoriamente gratuita. Con esto se solucionó el tema.
Maximiliano Kolbe: sacrificar la vida por otro en Auschwitz
Para la Iglesia católica es un santo, un mártir de la fe. Para los judíos, un héroe de la Segunda Guerra Mundial, uno de los 25.685 reconocidos por el Estado de Israel como "justos entre las naciones". El papa Juan Pablo II (1920-2005) se refirió a él como "un santo de nuestro difícil siglo". El sargento del ejército y miembro de la resistencia judía en Polonia, Franciszek Gajowniczek (1901-1995) repitió hasta el final de su vida que gracias a él se había salvado de ser una de las víctimas del Holocausto.
Estamos hablando del sacerdote católico Maximiliano Maria Kolbe, un franciscano polaco que fue asesinado en el infame campo de concentración de Auschwitz hace poco más de 80 años, el 14 de agosto de 1941. Como castigo por una fuga que se produjo, Gajowniczek fue uno de los prisioneros elegidos por los nazis para morir de hambre. Kolbe se ofreció de voluntario para el castigo fatal, en lugar del sargento. Los nazis aceptaron.

"Él cumplió el precepto cristiano de dar la vida por los que ama", señala el investigador y estudioso de la vida de los santos José Luís Lira, fundador de la Academia Brasileña de Hagiología y profesor de la Universidad Estatal de Vale do Aracaú, en Ceará. Para el historiador, filósofo y teólogo Gerson Leite de Moraes, profesor de la Universidad Presbiteriana Mackenzie, en Brasil, recordar la trayectoria y la muerte de Kolbe tiene una carga ecuménica y política.
Primero, porque su memoria está presente tanto en el catolicismo como en el judaísmo. En segundo lugar, porque su exterminio es un recordatorio de lo que son capaces de hacer los regímenes autoritarios. "Muestra cómo las religiones pueden ser víctimas de estos regímenes. Murieron muchos judíos, muchos católicos, muchos protestantes, testigos de Jehová... La muerte de alguien tan importante en el campo de concentración demuestra cómo incluso las religiones que a veces hacen pactos con regímenes totalitarios también pueden ser victimizadas por estos regímenes".
Biografía y labor antes del arresto
Nacido en 1894 en la ciudad polaca de Zduńska Wola, Kolbe fue bautizado como Rajmund. Se incorporó a la Orden de los Frailes Menores Conventuales en 1907. Cinco años después, se trasladó a Roma. Fue allí donde, en 1914, asumió el nombre religioso de Maximiliano Maria Kolbe. Se licenció en Filosofía en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, pero también estudió seriamente matemáticas, física, química, varios idiomas y teología. Fue ordenado sacerdote en 1918. En ese momento, su salud era mala; un año antes, le habían diagnosticado tuberculosis y los episodios de neumonía comenzaban a repetirse.
Durante este período en el que vivió en Italia, fundó, junto con otros jóvenes religiosos, un movimiento llamado Milicia de la Inmaculada. La idea era difundir la fe católica, especialmente a través de Nuestra Señora, mediante la oración y la difusión de una medalla considerada milagrosa. En 1919, Kolbe obtuvo el permiso de sus superiores para regresar a su Polonia natal. Se instalaría en Cracovia como profesor en el seminario franciscano. Y, al mismo tiempo, actuaría como impulsor del movimiento del que había sido uno de los creadores.
Entre viajes al hospital para tratar los problemas derivados de su enfermedad de tuberculosis, Kolbe fundó una revista llamada Rycerz Niepoklanej -algo así como Caballero de la Inmaculada- en español. La publicación alcanzó tiradas de más de 60.000 ejemplares. Niepokalanów -en español, 'Ciudad de la Inmaculada'-, un convento y comunidad religiosa en Teresin, cerca de Varsovia, fue creado por Kolbe en 1927. Después pasó un tiempo como misionero en Japón en la década de 1930 y cuando regresó a Polonia, fue uno de los fundadores de una emisora de radio (la Radio 3 Niepokalanów).
Oposición nazi y arresto
Cuando la ocupación nazi llegó a Polonia en 1939, Kolbe era un influyente formador de opinión. Sacerdote y dueño de medios de comunicación, con espíritu crítico y alma solidaria. Eso lo puso en el radar de los nazis. "Con la llegada de los nazis a Polonia, la Iglesia fue perseguida. Era un momento en que la gente miraba a la Iglesia, a los sacerdotes, en busca de orientación, de alguna esperanza en ese período de oscuridad. Y muchos sacerdotes fueron perseguidos", explica Filipe Domingues.
Polonia tenía 10.217 sacerdotes, de los cuales 3.646 fueron arrestados y llevados a campos de concentración; 2.647 fueron asesinados por los nazis. "Eso sin contar los religiosos y religiosas que no eran sacerdotes y otras personas católicas que terminaron en prisión", agrega el experto.
Los relatos de la época muestran que muchos sacerdotes albergaban a judíos en sus casas parroquiales, lo que también los convirtió en objetivos de la policía nazi. En el caso de Kolbe, estaba el agravante: las opiniones publicadas en sus medios también disgustaban a los alemanes. "Aunque sabía todo esto, trató muy bien a los soldados nazis. Les dio la medalla milagrosa (de Nuestra Señora), tenía la esperanza de que se pudieran convertir", dice Domingues.
Después de muchos interrogatorios, Kolbe fue arrestado por la Gestapo el 17 de febrero de 1941. Fue encarcelado en Pawiak, famosa prisión construida en 1835 en Varsovia. El 28 de mayo, en compañía de otros 320 prisioneros, fue trasladado al campo de concentración de Auschwitz. "No fue arrestado por ser sacerdote, por ser católico. Era un preso político, porque se le consideraba un formador de opinión, casi como un miembro de la inteligencia de la resistencia polaca, propietario de una publicación, líder espiritual, un símbolo, en cierto modo, de la identidad polaca", contextualiza Domingues.
El sacrificio final en la celda de la muerte
En julio de 1941, se produjo una fuga y tres presos lograron escapar. El oficial nazi Karl Fritzsch, a cargo del campo, ordenó que diez personas elegidas al azar entre los reclusos fueran condenadas a muerte, como represalia. Los diez chivos expiatorios serían llevados a una celda subterránea, donde los dejarían sin luz, agua y comida hasta la muerte. Entonces comenzaron a separar a los que irían a su muerte. Uno de los seleccionados, el judío Franciszek Gajowniczek, empezó a llorar y gritar. Fue entonces cuando Kolbe se ofreció a morir en lugar de él.
Kolbe salió de la fila donde estaban los prisioneros y se acercó al comandante Fritzsch, bajo la mirada de los oficiales nazis. Miró a Fritzsch a los ojos y argumentó, en perfecto alemán, que le gustaría pedir un deseo, que le gustaría morir en el lugar de ese hombre que lloraba por su familia. "Curiosamente, nadie disparó. Curiosamente, nadie intervino. Y Fritzsch lo escuchó, lo que también fue un hecho extraño", señala Domingues. Al principio Fritzsch parecía irritado y trató de juntar al sacerdote con los otros presos sin liberar a Gajowniczek. Luego reflexionó y terminó sacando al judío del grupo, con una violenta patada.
La última prisión era una celda subterránea donde los dejaron sin luz ni comida. El religioso siguió cantando y buscando consolar a los demás hasta el último minuto. Rezó y celebró misas. Fueron dos semanas de deshidratación y hambre. Solo Kolbe y otros tres compañeros quedaron con vida. "Luego, el 14 de agosto de 1941, los nazis le dieron a él (ya los otros tres) una inyección letal. Más tarde incineraron su cuerpo".

Reconocimiento posterior y legado
Póstumamente, la importancia de Kolbe llegó a ser reconocida por judíos y católicos. Especialmente en Polonia, su vida siguió siendo celebrada y recordada. En 1971, el papa Pablo VI lo beatificó. Le tocó al polaco Juan Pablo II completar el proceso de canonización, en 1982, colocándolo en la lista de santos de la Iglesia católica. Jesucristo dijo que 'nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos'. Dependiendo de la traducción, podemos ver 'por los que ama'. Así que un fraile católico de origen judío se ofrece a dar su vida por la de un padre de familia que se encontraba en su misma condición en el campo de concentración, es un acto de amor cristiano que merece ser recordado para siempre", comenta la hagióloga Lira.
Kolbe es reconocido por el Estado de Israel como "justo entre las naciones". Para muchos, su acto encarna un testimonio que trasciende religiones: "El testimonio de san Maximiliano Kolbe es uno de los más bellos y nos remonta a la época en que..."
San Maximiliano Kolbe: El Sacerdote que Dio su Vida por Otro en Auschwitz
Tabla comparativa: dos historias de sacrificio
- Año: 1911 (Oliver) vs 1941 (Maximiliano Kolbe)
- Localización: Torreón (playa, Benicàssim) vs Campo de concentración de Auschwitz
- Acción: Rescate en el agua vs Ofrecimiento voluntario para morir en lugar de otro prisionero
- Resultado: Sacerdote muere, niño sobrevive plenamente vs Kolbe muere tras inanición e inyección, Gajowniczek sobrevive
- Reconocimiento: Caso local registrado en crónica histórica regional vs Canonización y reconocimiento internacional (santo, justo entre las naciones)
Ambos relatos, aunque muy distintos en contexto y escala, coinciden en un elemento humano y universal: el gesto de dar la propia vida para salvar a otro. Estas historias invitan a la reflexión sobre el valor del sacrificio, la fragilidad humana y la memoria colectiva que preserva actos de coraje anónimos o simbólicos.