Ante todo, reconocer que el método y las ideas de Américo Castro son de su época. El valor principal que tiene la lectura de este ensayo descansa en la influencia que tuvo en su momento, mediados del siglo XX. Cuando la Guerra Civil estalló, con una violencia fanatizada, su talante le llevó a proclamar públicamente que la República debía garantizar la libertad de conciencia religiosa, por lo que condenó los asesinatos por motivos religiosos. Justo por eso fue amenazado por los más radicales. Un aviso le permitió escapar y salvar la vida.
Biografía breve y contexto intelectual
Américo Castro, perteneciente a una familia granadina, nació en la ciudad brasileña de Cantagalo, municipio situado en el estado de Río de Janeiro. Su educación primaria y secundaria se desarrolló en la ciudad de Granada. Posteriormente cursó estudios universitarios, en las Facultades de Filosofía y Letras y de Derecho, tanto en la Universidad de Granada como en la Universidad de Madrid. En el año 1905, se trasladó a París para ampliar sus estudios en la Universidad de La Sorbona, y allí permaneció hasta 1908. Américo Castro mantuvo un estrecho contacto con Francisco Giner de los Ríos, así como con la Institución Libre de Enseñanza; Américo Castro llegó a manifestar que “Giner pretendió hacer más grata y más inteligente la vida en este mundo”. Asimismo tuvo Américo Castro excelentes relaciones con Ramón Menéndez Pidal, el cual le orientó por la ruta de la gramática histórica del español.
En 1910, Américo Castro se encargó de la sección de Lexicografía del Centro de Estudios Históricos, fundado en ese mismo año. Al año siguiente, Castro se doctoró en Filosofía y Letras por la Universidad de Madrid. Américo Castro desarrolló una importante labor tanto en el ámbito de la actividad docente como en el de la investigación. Entre sus más interesantes publicaciones destacan doce interesantes artículos, entre los años 1910 y 1935, en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza. En 1914 publicó en la Revista de Filología Española su “Disputa entre un cristiano y un judío”, que quizás establezca el punto de partida de su futuro interés por las diversas religiones que se practicaron en la España medieval.
Principales obras y tesis sobre convivencia religiosa
Una de sus obras más significativas fue España en su historia: Cristianos, moros y judíos, editada en 1948 en Buenos Aires por la editorial Losada. Américo Castro llegó a afirmar que la “vividura hispánica”, o lo que es lo mismo, la forma de ser y de estar en el mundo los españoles, procedía de la larga confluencia que tuvo lugar, en el transcurso de los tiempos medievales, entre gentes de tres religiones, o si se quiere de tres castas: cristianos, musulmanes y judíos. Ciertamente los seguidores de esas tres religiones tenían rasgos de una singularidad; es más, en el transcurso del Medievo hubo con bastante frecuencia fuertes conflictos entre las tres castas. Pero, al mismo tiempo, hubo contactos, unas veces superficiales, otras más profundos, entre las tres religiones.
En España en su historia Américo Castro partía del principio de que la aportación de lo islámico y de lo hebraico había sido de todo punto decisivo para la construcción de lo que es llamado “español”. Eso quería decir que los islamitas y los hebreos, con frecuencia presentados como gentes ajenas a lo español, particularmente en la historiografía del siglo XIX, habían contribuido de manera decisiva a la construcción de lo hispano. “De las pugnas y rivalidades entre estos grupos, de sus entrelaces y de sus odios, surgió la auténtica vida de los españoles”, indicó con vigor Américo Castro.

Libertad religiosa y la “morada vital”
Américo Castro partía del supuesto de que la “morada vital” era el cimiento del edificio histórico. A la conciencia de sentirse existiendo en esa ‘morada’ le ha dado el nombre de ‘vividura’. “Concebimos la historia como una biografía, como una descripción llena de sentido de una forma de vida valiosa […] Aún a riesgo de equivocarse y de ser muy incompleto, hay que entrar en el existir de quienes vivieron su propia historia; dentro, no fuera de ella”.
La fe en Cristo "nacionalizaba" tanto como la fe en Mahoma, bajo la cual casi toda la tierra de la Península había caído en manos sarracenas. El hacer coincidir la dimensión nacional (política) con la de la creencia religiosa fue consecuencia de una primera y básica correlación entre al-Andalus y los nacientes reinos cristianos. Otros paralelismos irían surgiendo a lo largo de un contacto de muchos siglos. La idea de "estructura" ("estructurante") sigue siendo fundamental en el argumento de Castro.
Del contacto cultural a la configuración de normas sociales
La influencia mutua entre las diferentes castas (comunidades religiosas) que convivían en Al-Andalus es un tema fundamental en este ensayo. La vida peninsular se reconstituyó, con posterioridad a la ocupación musulmana, al hilo de un sistema de castas, fundado en el hecho de ser la persona cristiana, mora o judía. Al desaparecer de la escena social los moros y los judíos, continuó muy viva la estima de lo "castizo" de la persona, es decir, del hecho de ser cristiano viejo. Las dos castas sometidas enlazaban con la políticamente superior mediante una escala de valores, por decir así, rota; se valoraban las obras y se desestimaba a quienes las hacían; lo hecho por artesanos, negociantes, industriales, sabios, etc., nacía ya mancillado ("soiled") por el hecho de venir de unas castas juzgadas inferiores.
Tensiones, fanatismo y la construcción del derecho religioso
Américo Castro manifestó que los poderes cristianos que se organizaron en la península tras la fecha de 711 quedaron fascinados por la civilización andalusí, por su monumentalidad, su cultura, su productividad, su riqueza. Los castellanos vieron la causa fundamental de todos esos bienes en la intensa fe religiosa musulmana. De este modo, se sintieron inclinados a imitarlos y dotar todos los aspectos de la vida de un fanatismo religioso que tenía que superar el de los propios musulmanes para poder vencerlos. Así se forjó el mito de Santiago como un anti-Mahoma.
El catolicismo español del siglo XVI, totalitario y estatal, no se parece al de la Edad Media, ni al de Europa, ni siquiera al de la Roma pontificia, la cual no tuvo escrúpulo en dar asilo a muchos judíos expulsados de España. El cerco de la angustia se va estrechando, y va apareciendo lo que en verdad motiva hablar de la ley y de lo justo: ¿cómo han de ser "las condiciones de los que en este reino son súbditos? y de un mismo linaje".

Libertad de conciencia y crítica a la historiografía tradicional
Cuando abundaban las voces de quienes pretendían "expulsar" a las culturas semíticas de la identidad nacional, Castro se destaca por su esfuerzo metódico de intentar rescatar o reivindicar esas culturas como componente constituyente, esencial, de la españolidad. Recuérdese que Castro escribió la versión original de este ensayo en 1954, desde el exilio, cuando la historiografía atacada por él como falaz gozaba de considerable apoyo institucional en la España de Francisco Franco.
La publicación de España en su historia (1948) inició una nueva época en la interpretación del ser español. Por lo peculiar de sus postulados y la intrepidez de sus conclusiones, promovió de inmediato una acalorada polémica. Sánchez Albornoz, en cierto modo representando a los historiadores, hizo causa personal al combatir las teorías de Castro, no sólo refutando aquello que le parecía erróneo, sino proporcionando también su propia versión del pasado español.
La defensa de una historia de mentalidades frente a la historia institucional
Américo Castro no fue un historiador de la economía, ni tampoco un historiador de las instituciones. A Américo Castro le tocó sufrir bastante, precisamente porque quiso hacer historia de ideas y de mentalidades en un momento en que en la historia de España dominaban dos de esos modos distintos de entender la historia, el más moderno que ponía el acento en la infraestructura económica y el más clásico que se fijaba sobre todo en las instituciones y la ideología. Los primeros prácticamente ignoraron a Castro, considerándole puramente “ideológico”.
Américo Castro estuvo muy influido en su concepción de la historia por Ortega y Gasset, que como buen filósofo pensaba que las ideas mueven al mundo. Y si alguna categoría es central en la obra de Ortega, es la de “vida”. La vida es inseparable de las “circunstancias”, y el resultado de eso, en el caso español, es lo que Castro llamó “vividura” y “morada vital”.
Implicaciones contemporáneas del derecho a la libertad religiosa según Castro
Su tesis más profunda es que los poderes cristianos que se organizaron en la península quedaron fascinados por la civilización andalusí y que esa fascinación contribuyó a modelar actitudes y normas que afectaron la relación entre religión y Estado. Castro mostró que, en este diálogo, Castilla no había representado la mejor parte. Al contrario, de forma intuitiva pero bien fundada, defendió que la mayor grandeza literaria y artística de España hasta bien llegado el siglo XVII, la habían producido los restos de aquellas estirpes andalusíes, ya fueran musulmanes o judíos, mudéjares y conversos.
Al hacerlo, Castro transformó la autoconciencia española para siempre. Cuando la república de Weimar sucumbió ante la violencia nazi, Castro conoció de forma directa los efectos del criminal ideario nazi y de la violencia de su antisemitismo. Esta experiencia debió generar en él la comprensión de la dificultad de entender la historia de España como un proceso homogéneo con la historia de la Europa. Su compromiso con el liberalismo y el laicismo como pilares básicos de su actitud ideológica y política explican asimismo su defensa del derecho a la libertad religiosa.
Lecturas recomendadas de Castro sobre el tema
- España en su historia: cristianos, moros y judíos (1948)
- La realidad histórica de España (1954)
- Origen, ser y existir de los españoles (1959)
- Los españoles; cómo llegaron a serlo (1965)
Tabla: Obras y aportes relevantes
La siguiente tabla resume algunas obras y su contribución al estudio de la libertad religiosa y convivencia en la obra de Castro.
- España en su historia (1948) - Tesis central sobre la convivencia de las tres castas y la formación de la "vividura".
- La realidad histórica de España (1954) - Desarrollo del concepto de "morada vital" y crítica a la historiografía tradicional.
- Origen, ser y existir de los españoles (1959) - Reflexiones sobre identidad y pertenencia históricas.
- Ensayos sobre pensamiento religioso y mística - Vinculación entre influencias religiosas y formas culturales.
En suma, la defensa castriana del derecho a la libertad religiosa no solo se explica por su compromiso liberal y la experiencia del exilio, sino por una interpretación histórica en la que la convivencia y el conflicto entre religiones aparecen como factores constituyentes de la identidad colectiva española.