Pablo invita a cantar juntos salmos, himnos y cánticos inspirados mientras esperamos la venida del Señor (Col 3,16; Ef 5,19), y el mejor momento para hacerlo es la asamblea litúrgica. La liturgia es el culto público que la Iglesia regula, y que, a través de sus ministros, que actúan según reglas establecidas, ejerce con el fin de honrar a Dios y el bienestar de la comunidad. Liturgia es la acción representativa y actualizadora del misterio de Cristo y de la historia de la salvación; es decir, la celebración de la fe.
¿Qué entendemos por “canto propio” de la liturgia romana?
Si tomamos estas palabras en su significado ordinario, es fácil establecer el significado de "canto litúrgico". Así como decimos altar litúrgico, vestimentas litúrgicas, cáliz litúrgico, etc., para indicar que estos diversos objetos corresponden en materia, forma y consagración con los requerimientos de los usos litúrgicos para los cuales son usados, así también un canto, si su estilo, composición y ejecución prueban ser adecuados para uso litúrgico, puede apropiadamente ser llamado canto litúrgico. En el sentido estricto la palabra "canto" significa una melodía ejecutada sólo por la voz humana, bien sea en forma de canto llano o armonizado. En un sentido más amplio la palabra también denota aquel canto, incluso cuando se acompaña por instrumentos, con tal que la porción de honor sea siempre retenida por la parte vocal.
Considerando que la Iglesia permite en su servicio litúrgico no sólo la voz humana, sino un acompañamiento a la misma por el órgano u otros instrumentos, e incluso órgano e instrumentos sin la voz humana, se deduce que en el sentido que lo usaremos, canto litúrgico significa música litúrgica, o, para emplear una frase más usual, música sacra. Por consiguiente, podemos considerar que la música sacra consta de cuatro elementos distintos pero subordinados: (1) canto llano, (2) canto armonizado, (3) uno u otro de éstos acompañado por un órgano e instrumentos, (4) órgano e instrumentos solos.
Relación entre liturgia y música
La música sacra se puede describir como música al servicio de la liturgia; por eso, música sacra y música litúrgica son lo mismo. Por consiguiente, será tanto más apropiada cuanto más íntimamente se halle unida a la acción litúrgica. El papa Pío X estableció la relación entre la liturgia y la música que emplea: sirve para aumentar el decoro y esplendor de la liturgia, no como algo accidental que puede o no estar, sino como una parte integrante de la liturgia, tanto que éstas no pueden realizarse si falta el canto. Puesto que el oficio principal de la música sacra es vestir con melodías apropiadas el texto litúrgico presentado para la comprensión del pueblo, así su fin principal es darle mayor peso al texto, de modo que los fieles puedan moverse más fácilmente a la devoción, y disponerse mejor para recibir los frutos de la gracia que fluyen de la celebración de los sagrados misterios.
Funciones del canto en la celebración
- El canto en la liturgia tiene la función de proclamar nuestra postura ante Dios, nuestra comunión con la asamblea de los fieles y con el Misterio que celebramos.
- La música en la liturgia tendrá el fin de favorecer la unidad en una misma acción, ya sea aclamar, meditar o proclamar.
- El canto es un medio de participación de la asamblea, del que no se le debe privar, uno de los principales medios de participación litúrgica de la asamblea.
- El canto expresa y realiza nuestras actitudes interiores, las ideas, los sentimientos y los deseos; en él se dan cita la alegría, la tristeza, las lágrimas, la bondad y la victoria.
La música está al servicio de la asamblea que celebra y es “parte necesaria e integral de la liturgia solemne” (Sacro sanctum Concilium, n° 112), no un mero adorno. Por eso el Vaticano II invita al pueblo a que participe activamente en los cantos de la celebración. (SC, 113 y 114). El canto hace comunidad, une y pone de manifiesto, de un modo pleno y perfecto, la índole comunitaria del culto cristiano.

Características que debe poseer el canto litúrgico
Desde la enseñanza de Pío X y el Magisterio posterior se desprenden varias cualidades esenciales:
- Verdadero arte y arte sacro: la música sacra debe ser arte verdadero y, a la vez, sagrada; no puede proponerse como música sacra la que carezca de arte por su pobreza de concepción o que esté dedicada a usos profanos (bailes, teatro) con el objetivo de entretener.
- Simplicidad y sobriedad: la música está al servicio del texto, y no al revés; la música litúrgica no es un concierto, ha de favorecer la comprensión del texto y la participación del pueblo.
- Inspiración bíblica: los textos deben estar en consonancia con la Sagrada Escritura; en el canto gregoriano la mayoría de los textos están sacados de la Biblia, lo que proporciona un valor intrínseco.
- Adecuación a la acción litúrgica: cada canto tiene su sentido y su lugar; la música debe corresponderse con los requerimientos del uso litúrgico para el que es usado.
- Asequibilidad: un canto debe ser "asequible" en su tesitura melódica y en sus formas rítmicas para poder ser cantado por todos los fieles.
- Gradualidad y sentido del tiempo litúrgico: el canto permite distinguir la importancia de una celebración frente a otras dentro del Año Litúrgico (misas de feria, domingos, solemnidades, Pascua).
El canto gregoriano como paradigma
La verdadera música litúrgica, música del todo imprescindible en la celebración de la liturgia solemne, es el canto llano, y por lo tanto, en la Iglesia Católica, el canto gregoriano. Finalmente, puesto que el canto gregoriano es el canto solemne prescrito para el celebrante y sus asistentes, de modo que nunca es lícito substituirle con una melodía diferente en composición de las dadas en los libros litúrgicos de la Iglesia, se deduce que el canto gregoriano es el único canto, el canto par excellence de la Iglesia Romana, como se establece en el "Motu Proprio" (II, 3).
Él contiene en el más alto grado las cualidades que el Papa San Pío X ha enumerado como características de la música sacra: verdadero arte, santidad, universalidad; por lo tanto él ha propuesto el canto gregoriano como el tipo supremo de música sacra. Mientras más una composición se asemeje a la gregoriana en tono, inspiración y la impresión que deja, más se acerca a ser sacra y litúrgica; mientras más difiere de la misma, menos digna es de ser empleada en la iglesia.
Evolución histórica y repertorio
Desde las primeras comunidades cristianas, el canto ha sido parte integrante de la liturgia. Al extenderse el cristianismo por el Imperio romano, la liturgia fue diversificándose según se tradujo a las distintas lenguas, dando lugar con el tiempo a liturgias unificadas y a repertorios diversos. El canto gregoriano se impuso en los territorios dominados por los reyes carolingios y alcanzó su máximo esplendor con Carlomagno y los monasterios benedictinos que lo difundieron por toda la cristiandad de Occidente.
El repertorio gregoriano está formado fundamentalmente por los cantos que se interpretaban en las dos grandes ceremonias litúrgicas: la misa y el oficio. Los cantos de la misa se dividían en cantos del ordinario (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei) y cantos del propio (introito, gradual, aleluya, ofertorio, comunión). El repertorio incluye géneros diversos: antífonas, responsorios, himnos, secuencias, tropos, y cantos estróficos.
Polifonía, degradación y restauración
Al final de la Edad Media, con la aparición de la polifonía, que deforma la frase, la melodía y sobre todo el ritmo del texto, el canto gregoriano entra en una etapa de declive progresivo. Tras ser descartado por el Renacimiento y el Protestantismo, se hicieron muchos intentos para restituir el canto gregoriano en base a la música moderna de principios del siglo XVII. Fue Dom Próspero Guéranger quien tomó la iniciativa de restaurar el canto gregoriano a través de los manuscritos antiguos que se habían conservado. Este arduo trabajo, encargado a la Abadía de Solesmes tras León XIII, permitió la reconstrucción de un repertorio más fiel a las fuentes antiguas.
Ministerio musical y servicio a la asamblea
Una celebración sin canto, especialmente la Eucaristía, es como un día nublado, que es día, pero le falta algo para estar lleno de vida y luz. Por eso, el servicio que prestan vocalistas, guitarristas y otros instrumentistas es uno de los más importantes y hermosos para la liturgia de la comunidad. Pero para que el canto y la música tengan en la celebración el lugar que les corresponde, es necesaria una buena preparación litúrgica y musical de quienes componen el coro, y que éste sea siempre un servidor de la asamblea, no un coro espectáculo.
El ministerio de música busca crecer en el amor a Dios y ofrecer con excelencia el servicio del canto y de la música en la liturgia; es importante que se forme para poder hacerlo cada día con mayor perfección y poder ofrecer a Dios un servicio excelente. Los cantos deben ser conocidos por los fieles, y una de las tareas de todo coro es enseñar cantos y ensayarlos con la asamblea. Todo depende de que se plantee bien su función: no se trata de un coro que suplante el canto del pueblo asumiendo las funciones que corresponden a la asamblea, sino de un coro que enriquezca el canto del pueblo, cree espacios que fomenten la contemplación y anime el canto de toda la asamblea.
El canto gregoriano.
Distinción entre litúrgico, extra-litúrgico y profano
Los actos y oraciones realizados por los fieles para su devoción particular no forman parte del culto litúrgico, aunque sean realizados por los fieles como un solo cuerpo, en público o en un lugar de culto público, y aun cuando sean conducidos por un sacerdote. Tales devociones no siendo oficialmente legisladas, no forman parte del culto público de la Iglesia como sociedad. Tales actos son aceptados por la Iglesia, cuando son de utilidad para los fieles, aunque no sancionados como litúrgicos; se conocen como extra litúrgicos, y son susceptibles de una mayor libertad, pero debe participar lo más posible del espíritu de la litúrgica, evitando lo profano y teatral.
La música vocal en general es el estilo más correcto de música litúrgica, puesto que ella sola entra en contacto directo con el significado del texto litúrgico, lo viste con melodía y lo expone al entendimiento del pueblo. El tocar el órgano a modo de preludio o durante los intervalos solo puede ser llamado litúrgico en un sentido bien amplio, ya que no es en absoluto necesario, ni forma parte integrante de la liturgia, ni tampoco acompaña ningún texto cantado. Sin embargo, un canto acompañado por el órgano e instrumentos puede muy apropiadamente ser conocido como litúrgico, siempre que su función sea apoyar al canto.
Tabla: modalidades de música sacra y su relación con la liturgia
- Modalidad 1: Canto llano (canto gregoriano) - Relación: Paradigma del canto litúrgico, unión directa con el texto, a capella.
- Modalidad 2: Canto armonizado - Relación: Enriquecimiento vocal, puede mantener carácter litúrgico si sirve al texto y a la asamblea.
- Modalidad 3: Canto con acompañamiento instrumental - Relación: Permitido para apoyar la voz, no debe sustituir la parte vocal.
- Modalidad 4: Música instrumental sola (órgano, otros) - Relación: Aceptada en la liturgia en sentido amplio, suele ser adorno o preludio, no parte integrante del texto cantado.
Conclusiones parciales sobre el canto propio
Un canto litúrgico debe ser pensado para la liturgia, con simplicidad, inspiración bíblica y adaptación a la acción litúrgica. La Iglesia nos recuerda en la Sacrosanctum Concilium que el canto sagrado constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne (cf. n. 112). Como matiza Benedicto XVI, la música y el canto son algo más que un embellecimiento -tal vez superfluo- del culto, pues forman parte de la actuación de la liturgia, más aún, son liturgia. La participación activa del pueblo en el canto y la adecuada formación del ministerio musical hacen posible que el canto sea verdaderamente signo eficaz de la celebración, un sacramento del acontecimiento interior.