La Torre de Salazar, situada en la Villa de Portugalete, es uno de los edificios más emblemáticos de la localidad por su antigüedad y por su historia. Fue construida por Ochoa García de Salazar hacia 1379-1380, heredándola después su hijo Lope García de Salazar, el famoso cronista de las luchas de bandos en la Baja Edad Media vizcaína.
Contexto histórico y función
Lope García de Salazar nació en 1399, en una época marcada por una fuerte crisis social, un tiempo en el que Bizkaia era un hervidero. Friegas y refriegas: Lope García fue recluido en esta casa fuerte donde escribiría su obra Historia de las buenas andanças e fortunas por la que fue conocido y por algunos proclamado como el primer historiador de Bizkaia. Ante los intentos de fuga, fue enviado a la Torre Salazar, en Portugalete, donde morirá envenenado con hierbas en la comida junto con su hija bastarda Mencía de Avellaneda.
La torre de Salazar comenzó como una fortificación defensiva: al principio debió ser un sencillo edificio de volumen vertical con tres alturas, acceso alto a través de un patín y algunos ventanales apuntados, que estaba rodeado por un pequeño cercado más simbólico que defensivo. Su estratégica ubicación le permitía controlar el paso de personas y mercancías tanto por el puerto como por los caminos.
Con el paso del tiempo, el edificio pasó de ser torre defensiva a residencia señorial, transformándose según las nuevas necesidades de sus moradores. Albergó funciones variadas: prisión en la primera planta y vivienda en la segunda planta. Fue hogar y prisión de su primer dueño y fue pasto de las llamas ya en el siglo XX por un asalto de los anarquistas en 1934.
Incendio de 1934 y restauraciones
Vayamos ahora a la conocida como Revolución de Octubre de 1934. Durante la semana que duró la huelga insurreccional (del 5 al 12 de octubre), hubo cuarenta víctimas mortales (la mayoría de ellas insurrectos) y fue en esa época cuando los revolucionarios, en sus refriegas, dieron fuego a la torre. Aquel incendio dejó a la vista un muro de la antigua casa-torre y quedó en ruinas perdiéndose su biblioteca.
Sobre estos restos, el arquitecto Joaquín de Yrízar reconstruyó la torre en 1958 con aspecto de castillo medieval. Fue reconstruida entre los años 1958 y 1959 por el arquitecto Joaquín de Irizar. La última reconstrucción, realizada tras su adquisición por el Ayuntamiento, se llevó a cabo en 2003; tras ella la torre alberga una sala de exposiciones y un restaurante.

Descripción arquitectónica: planta, muros y alzado
Se trata de una fortificación cuadrangular, realizada en mampostería, con sillares en las zonas nobles del edificio. Es un edificio de planta rectangular, de 12 m de largo por 8,40 m de ancho, con muros de algo más de un metro de espesor. Sus paredes se aparecen de la misma manera que la muralla: hiladas de mampostería reforzadas mediante sillares en los ángulos, todo ello en arenisca.
Su alzado se distribuía en cuatro plantas. Cuenta con cuatro plantas y su cubierta es un tejado a cuatro aguas, típico de las casas-torre medievales. En su planta baja sólo se abre una tronera orientada hacia la ría. En la primera planta se encuentra el acceso original, un arco muy apuntado y estrecho, y sobre él el escudo de los Salazar, decorado con las trece estrellas del linaje.
En la fachada principal hay una ventana en arco rebajado, y otra igual en la fachada que da a la ría. En las restantes plantas pueden verse vanos apuntados, diez troneras y sucesivos frisos de canes que abarcan la cara principal y parte de las laterales. La torre es de base cuadrangular y gran alzado; está rematada por un almenado añadido en la década de los 60 del pasado siglo XX.
La muralla y el entorno urbano
La Torre Salazar se levanta en la que fuera la zona más elevada del casco urbano en época medieval, en un amplio rellano que acoge, además, al templo de Santa María. Se nos presenta hoy conformada por dos partes: de un lado, la torre propiamente dicha, y de otro, lo que resta de la muralla que antiguamente debió de rodear al edificio.
De esta última solo se conserva un paño, el orientado hacia el suroeste. Se trata de una tapia de unos 3,5 metros de altura, fabricada en mampuesto de arenisca de mediano tamaño y ordenado en hiladas. En él se abren un amplio acceso y dos saeteras. La construcción de este acceso motivó la división del patio acogido tras la muralla, fruto de la cual fue el breve muro que protege al patín. En él puede verse aún una aspillera medieval y una gran entrada en arco adintelado.

Relación con la Basílica de Santa María y el casco histórico
En lo alto, ya está dicho, se sitúa la Torre Salazar y cara a cara la mira la basílica de Santa María, templo de estilo gótico-renacentista que guarda en su interior un retablo mayor con relieves de madera. Este primer templo gótico pronto se quedó pequeño y se decidió construir uno nuevo, cuyas obras comenzaron en 1480 y se prolongaron hasta la segunda mitad del siglo siguiente.
En las estrechas y empinadas calles de su casco histórico, de origen medieval, la villa alberga algunos monumentos y espacios de interés; la Torre y la Basílica mantienen un hilo de hermandad que une ambos edificios.
Protección y valor patrimonial
La declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949 sitúa los castillos españoles bajo protección estatal. La torre de Salazar, por su valor histórico, arquitectónico y su papel en la memoria local-como hogar, prisión, escenario de conflictos y posterior uso cultural-constituyó un elemento destacado del patrimonio de Portugalete.
Datos básicos
- Construcción: hacia 1379-1380 por Ochoa García de Salazar.
- Dimensiones: 12 m (largo) x 8,40 m (ancho); muros >1 m de espesor.
- Materiales: mampostería de arenisca con sillares en ángulos y vanos.
- Plantas: cuatro; tejado a cuatro aguas (original) y almenado añadido en los años 60.
- Usos: torre defensiva, prisión, residencia señorial, hoy sala de exposiciones y restaurante.
Basílica de Santa María la Mayor, en Roma. Una breve visita
Notas sobre conservación
Tras el incendio de 1934 quedó sólo un paño de la antigua casa-torre; la reconstrucción de finales de los años 50 y las restauraciones posteriores permitieron recuperar la silueta del edificio y adaptarlo a fines culturales. El libro de la historia local y las piedras de la torre guardan aún «cruentos pasajes de la historia de Bizkaia», testimonio de su larga trayectoria.

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