Historia y arquitectura de la capilla de San Martiño en Teo

Fui de visita por primera vez a la iglesia de San Martiño Pinario (San Martín Pinario) hace algo más de un año. Tenía que redactar un pequeño trabajo y aproveché. Así que leí unas notas en un libro (Guía de arte de Galicia, de Basilio Cegarra, editado por Galaxia) para no llegar en blanco y fui por mi cuenta. Tenía tiempo y recorrí la iglesia con calma.

La entrada da acceso a la iglesia y a algunas dependencias contiguas que funcionan como museo. En las estancias superiores, se puede visitarse un museo que contiene diversas obras de arte, sobre todo pintura, una muestra de taxidermia y clasificaciones botánicas que son testigo de la actividad científica que se desarrolló en este y en otros monasterios. Para ilustrar la visita, cada una de las capillas, así como cada rincón del museo, tiene un cartel con información buena, suficientemente detallada para alguien como yo, que tengo alguna idea de estas cosas pero no soy especialista en arte.

Fachada de San Martiño Pinario y detalle del retablo pétreo

Orígenes e importancia del conjunto

Como notas iniciales, hay que decir que la iglesia forma parte del monasterio de San Martiño Pinario que, en conjunto, es el más grande de Galicia y el segundo de España (después del Escorial) en cuanto a metros cuadrados construidos. El origen de San Martín Pinario se remonta a la época del descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago, en el siglo IX, cuando monjes benedictinos se asientan en sus inmediaciones, en un lugar llamado Pinario.

No están claros sus orígenes. Seguramente la primera comunidad que lo fundó era la que tenía como iglesia la pequeña capilla de la Corticela (hoy integrada dentro de la Catedral). Las órdenes religiosas comenzaron a adquirir gran poderío en esta época y hacían ostentación de ese poder en sus edificios. Compostela era ya un centro de peregrinación de máxima relevancia y todas las órdenes querían tener aquí su escaparate. La de San Benito no podía ser menos y por eso fue que llevaron a cabo esta obra. Ocuparían el monasterio hasta la desamortización de 1835. A partir de ese año el monasterio tuvo diversas funciones y, en 1868 fue dedicado a Seminario Mayor.

Construcción y autores principales

La actual iglesia, cuya primera piedra se coloca en 1590, debe sus trazas a Mateo López, quien diseña un templo que debe adaptarse a una ubicación dificultosa, debido al terreno en pendiente sobre el que se asienta. Se plantea contando con un profundo presbiterio, lo que posibilita la existencia de un retrocoro, una amplia sacristía y una statio, que enlazaría el templo con el resto del monasterio. Se construyó entre 1590 y 1642, aunque la mayor parte de la obra ya estaba rematada en los primeros años del siglo XVII.

Como ya comenté, el arquitecto Mateus Lopes entregó a la congregación benedictina unos planos de gran detalle y es suya la responsabilidad de la construcción del templo durante los primeros años. Ya en su ausencia, en 1603, el abad encarga al maestro mayor de la Catedral una revisión de los planos. Ocupaba el cargo en la catedral el arquitecto y constructor Ginés Martínez quien propone algunos ajustes de proporciones que se ejecutan sólo en la parte de la fábrica que estaba sin rematar: el crucero y la capilla mayor.

En 1601 (cuando ya llevaba trabajando aquí unos once años) se fue a Portugal, posiblemente por razones de salud, de donde nunca regresó, falleciendo en su país de origen en 1609. Si Lopes dejó la fachada rematada o no es también materia de discusión. Vigo Trasancos atribuye a Lopes la mayor parte de la fachada y a sus continuadores sólo algunos elementos decorativos.

La cúpula, situada en el crucero, es obra de uno de los arquitectos que mayor traza dejó en la obra, además de Lopes: Bartolomé Fernández Lechuga. Aunque el profesor Vigo Trasancos afirma que la cúpula ya estaba en el proyecto inicial de Lopes y que Fernández Lechuga sólo introdujo en la factura algunas modificaciones estilísticas. Lo que si es obra íntegra de Fernández Lechuga es el claustro procesional del monasterio que está en la parte del edificio que no estaba abierta a visitas.

Intervenciones posteriores

La nueva iglesia se consagra en el año 1648, si bien continúan varias obras, como las que va a dirigir el arquitecto salmantino José Peña de Toro, en 1652. Su primera misión consiste en reforzar la estructura de la cúpula. Posteriormente es él quien define de un modo diferente la fachada del templo, abriendo ventanas a los lados y buscando el modo de construir dos torres, que el cabildo catedralicio impidió realizar por 1657.

Otras dos obras de cierto impacto se realizarían también en la fachada, ambas de la autoría de José de la Peña de Toro: las ventanas que se abren en las calles laterales y las torres. Ambos proyectos fueron realizados a mediados del XVII, cuando la iglesia ya estaba inaugurada. Las torres empezaron a construírse pero, como en el proyecto original quedaban a mayor altura que las de la Catedral, el Cabido se impuso e impidió la finalización de las obras.

Planta y organización interior

Nada más entrar, queda bastante clara una planta de cruz latina con una sola nave en cada brazo con bóveda de cañón ornada con falsos casetones. El brazo principal, entre la entrada y el crucero, tiene tres capillas de cada lado. Inicialmente eran cuatro pero las primeras, las que quedan debajo del coro, se cegaron con la intención de que funcionasen como base de las torres de la fachada principal.

La comunicación entre la nave central y las capillas es a través de arcos de medio punto y muros muy gruesos. Una vez atravesados esos arcos, hay una especie de corredor que comunica las diferentes capillas. En realidad, el libro de Cegarra dice que el brazo principal tiene tres naves porque considera naves estos corredores. Destaca este crucero por la luminosidad que emana de la linterna de la cúpula y de las ventanas laterales.

Capillas del brazo mayor

Conozcamos, entonces, las capillas del brazo mayor. En orden, comenzando por la izquierda y por la entrada, están dedicadas a San Bernaldo, Santa Gertrudis y al Cristo de la Paciencia. La capilla de San Bernaldo es obra de Fray Plácido Camiña. Las de Santa Gertrudis, el Cristo de la Paciencia y Santa Escolástica también, aunque realizadas con la colaboración de Xosé Ferreiro. A Frei Plácido Camiña me referiré más adiante.

Xosé Ferreiro es uno de los mayores escultores gallegos del barroco, autor, entre otras obras, del frontispicio del Pazo de Raxoi en la vecina Praza do Obradoiro. Nos detendremos en estos tres retablos. Los tres fueron trazados por Casas. Este artista es el mayor arquitecto del barroco gallego, autor de una de las obras más representativas del barroco universal: la fachada del Obradoiro de la Catedral compostelana.

Los retablos principales

El del crucero izquierdo está dedicado a la llamada Virgen Inglesa. Consta de dos cuerpos. En el inferior, de tres calles separadas por columnas salomónicas, las esculturas pertenecen al taller de Romay, excepto la de la Virgen que llegó probablemente de Inglaterra con los católicos que huían al exilio en la época de Enrique VIII en el siglo XVI. La presencia de esta talla en el monasterio de San martiño Pinario se documenta por primera vez en 1607.

El retablo del crucero derecho fue proyectado al mismo tiempo que el del crucero izquierdo y tiene la misma estructura. Está dedicado a San Benito. Fue trazado por Fernando de Casas en 1742 y consta de tres cuerpos: el inferior, de tres calles separadas por columnas salomónicas y el superior, de una sola calle con hornacina. Trabajó en él Francisco de Casas como entallador y la labor escultórica se debe también al taller de Miguel de Romay.

La figura central es la de San Benito con sus atributos de autoridad y dignidad (el báculo y la mitra), el de su labor legislativa (la Regla) y el de su poder de realizar milagros (un cuervo con un pan en el pico). En la parte superior, un interesante altorrelieve muestra el éxtasis del santo. Las otras cuatro figuras de los laterales son San Plácido, San Mauro, San Anselmo y Santo Tomás de Aquino. San Agustín y San Francisco (santos fundadores de Agustinos y Jesuitas) rematan las calles laterales.

Pero la mayor obra de Casas en esta iglesia es, sin duda, el retablo del altar mayor. Se trata de una de las cumbres del barroco gallego. Fue realizado entre 1730 y 1733 por el taller de Miguel de Romay. Las esculturas son del taller de Benito Silveira. La situación de este retablo, en la embocadura de la capilla mayor, obligó a Casas a diseñarlo con dos caras: la que da a la nave central de la iglesia y al público y una segunda que es la que da a la sillería del coro. La iconografía de ambas caras del retablo son diferentes y complementarias.

Del lado de la iglesia, un escudo de España y, en el centro, la Asunción y Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad. La acompañan las imágenes de San Pedro y San Pablo. En los laterales, Santiago y San Millán, apareciéndose en la batalla de Simancas. En la otra cara, el escudo de la orden, San Bernardo, San Gregorio Magno, San José y el niño Jesús. Cito la guía de la iglesia: “Con esta obra compostelana Casas Novoa lleva la evolución del retablo barroco gallego hasta límites impensables.

Retablo del altar mayor: Asunción y Coronación de la Virgen

Sillería, coro y sacristía

Detengámonos ahora en la sillería del coro. Es una obra muy relevante de ebanistería barroca, realizada por Mateo de Prado entre 1639 y 1647. Está inspirada en la sillería de la Catedral y compuesta de dos órdenes de asientos. Los relieves de la parte inferior narran escenas de la vida de la Virgen y los de la parte superior son imágenes de santos.

Este coro, obra relevante del manierismo español de Juan Davila y Gregorio Español, fue encargado a comienzos del XVII por el obispo San Clemente para sustituir el coro pétreo del Mestre Mateo (la reconstrucción de este coro pétreo puede visitarse en el Museo de la Catedral). El coro lígneo fue retirado de la Catedral a mediados del siglo XX y San Martiño Pinario fue su primer destino. Pero, por motivos que desconozco, en 1973 sufre un segundo traslado al monasterio de Sobrado dos Monxes. Allí, además de realizarse un montaje desordenado y gravoso para el estado general de la obra, permaneció en estado de casi abandono durante algunos años. Finalmente se emprendió un interesante trabajo de recuperación que permitió volver a localizarlo en su emplazamiento actual, restaurado y recuperando su organización primitiva.

La sacristía es una interesante obra de Fray Gabriel de Casas y Fernando de Casas e Novoa realizada entre finales del XVII y principios del XVIII. Responde esta sacristía a un plan central, en cruz griega cubierta por una media naranja, asentada sobre bóvedas de cañón, una vez más con casetones en todo este espacio de cubiertas.

Fachada y elementos exteriores

La fachada de la iglesia está organizada en tres calles y la central está ocupada por un retablo pétreo de estilo plateresco que recuerda mucho a la fachada de Santa María la Mayor, en Pontevedra, obra que Lopes debía conocer bien. En el frontón podemos ver la icónica escena en la que San Martín da a un pobre la mitad de su capa. Tal como comenté anteriormente, esta escena se reproduce en el altar mayor de Casas e Novoa.

La obra requirió que se rebajase el nivel de la plaza situada delante de la iglesia. No estaban en el diseño inicial de la iglesia, sino que los hizo Fray Plácido Camiña entre 1770 y 1773. Otras dos obras de cierto impacto se realizarían también en la fachada, ambas de la autoría de José de la Peña de Toro: las ventanas que se abren en las calles laterales y las torres.

Visita y accesibilidad

La iglesia puede visitarse durante casi todo el año. No abre todos los días pero sí la mayor parte de ellos (el calendario varía según la época). Antes de salir del templo y hablar de la fachada, es necesario indicar que, en las estancias superiores, se puede visitarse un museo que contiene diversas obras de arte, sobre todo pintura, una muestra de taxidermia y clasificaciones botánicas que son testigo de la actividad científica que se desarrolló en este y en otros monasterios.

Descubre la iglesia del Monasterio de San Martín Pinario, Santiago de Compostela

Anexos y patrimonio cercano

Ya en el siglo XVIII, en 1739, se construye la capilla de la Virgen del Socorro, siguiendo las trazas de Fernando de Casas, el mismo arquitecto que más tarde ejecutará la nueva fachada del Obradoiro en la catedral. Conjunto patrimonial a un lado de la Carballeira del San Martiño y dentro del Camino Portugués.

También conocida como la Ermita de San Martiño (Francos), es una pequeña capilla de unos 180 m2 de sobria factura realizada con piedra de cantería y mampostería. Se desconoce su fecha de construcción, aunque aparece ya mencionada en documentos del año 1775. En su interior sobresale una enorme concha marina, del género “tridacna”, que es empleada como pía de agua bendito. Fue donada en 1790 por el matrimonio formado por Pedro Lobato y Alberta Ameneiro, según la inscripción que la acompaña.

Frente a la capilla se encuentra un crucero de traza barroca, capitel cuadrangular, alto varal octogonal sobre la plataforma en dos escalones y pedestal, finalizado en una cruz con dos imágenes, un cristo crucificado y una virgen orante. En su atrio hay un cruceiro. Crucero tipo «De Cruz» con una plataforma cuadrangular con dos escalones y un pedestal cúbico achaflanado. El varal es octogonal comenzando con el cuadrado y con las paredes recortadas. El capitel es moldeado cuadrangular; está sujeto por unos hierros porque está roto. Su cruz es circular, leñosa con nudos. En el anverso de la cruz presenta al Cristo crucificado con tres clavos, manos cerradas y pie derecho sobre el izquierdo. Le falta su brazo izquierdo. Su tela de pureza está atada con una cuerda. El crucero es todo de granito con un mal estado de conservación.

Ermita de San Martiño (Francos) y crucero barroco

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