El término «oficio» proviene del latín officium y tiene diversos sentidos, entre ellos el de oficio divino: la oración litúrgica de la Iglesia que se distribuye a lo largo de las horas del día. El Oficio Divino, también conocido como Liturgia de las Horas, es la oración pública y común de la Iglesia Católica mediante la cual el misterio de Cristo y su Pascua se extiende y santifica el tiempo de cada día.
Naturaleza y significado del oficio religioso
Etimológicamente, la expresión «oficio divino» significa un deber cumplido para Dios. En el lenguaje eclesiástico, se refiere a oraciones específicas que deben recitarse a horas fijas del día o de la noche por sacerdotes, religiosos, clérigos y, en general, todos los obligados por su vocación a cumplir con este deber. La Iglesia, al instituir el Oficio Divino, busca que los fieles se unan a los bienaventurados en el cielo para honrar al Creador común.
El Oficio Divino es principalmente una oración de alabanza y súplica, y es la oración de la Iglesia con Cristo y a Cristo. Es verdaderamente la voz de la Esposa misma dirigida a su Esposo, la oración que Cristo mismo, junto con su Cuerpo, dirige al Padre. A través de esta oración, Cristo continúa su obra sacerdotal por medio de su Iglesia.
Estructura y horas canónicas
El Oficio Divino está dividido en varias Horas Canónicas, con el propósito de que en cada hora haya alguien que ore por todos y lo haga de la mejor manera posible. El Oficio Divino no es otra cosa que un memorial compuesto por la Palabra de Dios misma, dispuesto por la Iglesia para que las oraciones sean más aceptables a Dios.
- Laudes (Oración de la mañana): considerada una de las dos «bisagras» sobre las que gira la Liturgia de las Horas, junto con las Vísperas.
- Vísperas (Oración de la tarde): la otra bisagra fundamental.
- Oficio de Lectura (Maitines): celebración litúrgica de la palabra de Dios.
- Horas intermedias (Tercia, Sexta y Nona): recitadas durante el día para santificarlo completamente.
- Completas (Oración de la noche): para encomendarse a Dios antes de dormir.
En la tradición oriental, por ejemplo en la Iglesia ucraniana, el ciclo diario de oración incluye Vísperas, Completas, Oficio de Medianoche, Maitines y las Horas Primera, Tercera, Sexta y Novena, todas contenidas en el Horologion (Chasoslov). Los Salmos constituyen la base de esta regla de oración y se intercalan con himnos, troparia, kontakia y letanías.

Desarrollo histórico del oficio religioso
La costumbre de recitar oraciones a ciertas horas se remonta a la tradición judía, de la que los cristianos la tomaron prestada. En los Salmos y en los Hechos de los Apóstoles encontramos testimonios de oraciones a la mañana, a medianoche y en las tercia, sexta y nona. Los elementos primitivos -recitación o cántico de los Salmos y lecturas de la Escritura- se fueron enriqueciendo y organizando paulatinamente en la estructura que conocemos hoy.
Probablemente el desarrollo fue así: la celebración de la Eucaristía era precedida por la recitación de Salmos y lecturas (la Misa de los catecúmenos); esta parte primitiva del servicio evolucionó hasta separar las vigilias y formar un oficio independiente. Con el tiempo se configuraron las vigilias nocturnas y las horas del día; en el curso del siglo V el Oficio se componía de un Oficio nocturno y siete oficios del día: laudes, prima, tercia, sexta, nona, vísperas y completas. En la liturgia romana este desarrollo quedó esencialmente completado hacia finales del siglo VI.
Desde la antigüedad la Iglesia ha supervisado la ortodoxia de las fórmulas litúrgicas; concilios y la autoridad papal han regulado el uso y la forma del Oficio. Tras el Concilio de Trento y las reformas posteriores, Roma promovió la corrección y uniformidad de los libros litúrgicos; en el siglo XX la Reforma Litúrgica culminó en la nueva Liturgia de las Horas, que promovió también el uso de las lenguas vernáculas para facilitar la participación de los fieles.
Obligación y participación
La recitación del Oficio Divino es un deber para quienes han recibido el mandato de la Iglesia para celebrarlo: obispos, sacerdotes y diáconos están obligados a recitar la secuencia completa de Horas cada día. Se les exhorta a dar la debida importancia a Laudes y Vísperas y a no omitirlas salvo por razón grave. También deben cumplir fielmente el Oficio de Lectura para acoger la palabra de Dios y profundizar en el conocimiento de Cristo.
Si bien la obligación recae en el clero y religiosos, la Liturgia de las Horas está destinada a ser la oración de todo el Pueblo de Dios. Los fieles laicos son invitados a participar en comunidad o individualmente: hoy esta oración ha dejado de ser patrimonio exclusivo de clérigos y monjas; son muchas las comunidades, grupos y personas cristianas que rezan el Oficio completo o alguna de sus partes.
La disposición interior y la calidad de la oración
Para que la recitación del Oficio Divino sea realmente fructífera es esencial la disposición interior: atención y devoción. No se trata solo de recitar fórmulas o respetar ceremonias externas, sino de elevar la mente y el corazón a Dios. La verdadera oración no consiste únicamente en la pronunciación de palabras, sino en la atención del corazón; los buenos deseos y la interioridad valen más para impetrar misericordias que la mera vocalización. San Juan Crisóstomo aconsejaba, al entrar en la iglesia o al tomar el breviario, dejar de lado todos los pensamientos mundanos, preparándose así para la oración.
Para muchos sacerdotes el Oficio puede parecer una carga si se recita sin devoción; en cambio, para quien lo reza con atención y gusto espiritual, no es una carga sino un deleite del espíritu y un «peso de alas» que eleva y une a Dios.
TUTORIAL PARA REZAR LA LITURGIA DE LAS HORAS Parte 1
Beneficios espirituales
- Alabanza y honor a Dios: el Oficio ofrece una forma constante de alabar y honrar la suprema majestad de Dios.
- Impetración de misericordias: mediante el Oficio se imploran las misericordias divinas para todo el pueblo cristiano.
- Santificación del tiempo: el Oficio santifica todo el curso del día y del año, impregnando el tiempo con el misterio de Cristo.
- Fuente de devoción y alimento para la oración personal: ofrece materiales y ritmo para la vida espiritual.
- Unión con la Virgen María: al comienzo de todas las Horas se saluda y se recurre a la Madre de Dios, guardiana de las misericordias divinas.
El Breviario y el idioma
El Breviario es el libro que contiene las oraciones del Oficio Divino. En la tradición latina se ha conservado el uso del latín en la recitación en coro por los clérigos, aunque la Constitución sobre la Sagrada Liturgia prevé el uso de la lengua vernácula para los fieles y los miembros no clericales de los institutos religiosos. El Papa Pablo VI determinó que, una vez publicada la nueva Liturgia de las Horas, debía adoptarse progresivamente en las versiones nacionales autorizadas, facilitando así la participación de los fieles en su propia lengua.
Cuadro resumen
- Nombre: Oficio Divino (Liturgia de las Horas)
- Descripción: Oración diaria que santifica el tiempo mediante la recitación de Salmos y oraciones en distintas horas del día.
- Contenido: Laudes, Vísperas, Oficio de Lectura, Tercias, Sextas, Nonas, Completas.
- Idioma: Latín (tradicional) y lenguas vernáculas.
- Obligación: obligatorio para obispos, sacerdotes y diáconos; recomendado y abierto a laicos.
El primer oficio de todo cristiano, su tarea fundamental, es mantener viva su relación con Dios; de ahí que se diga que el oficio del cristiano es el divino. La oración, en sus diversas formas como el Oficio Divino, sostiene la vida, el carisma y la misión de los creyentes.