Podemos aprender mucho de lo que la santidad significa, echando un vistazo al libro de Levítico, que les indicaba a los sacerdotes cómo ser santos. La santidad se expresaba en aquellos días, en su aspecto ceremonial, por medio de una serie de ritos, ofrendas, sacrificios y observancias que de una manera externa simbolizaban la dedicación a Dios (Lv. 1-16). Ser santo significaba estar apartado para el servicio de Dios.
Del culto ritual a la ética de la comunidad: el Código de Santidad
Sin embargo, el mismo libro de Levítico nos muestra otro aspecto de la santidad. En el centro de la legislación sacerdotal se encuentra el "Código de Santidad" (Lv. 17-27), llamado así por ser esta su tema dominante, lo cual se advierte fácilmente por sus fórmulas frecuentes de santidad. Aunque los temas del "Código de Santidad" son heterogéneos (sangre de animales; relaciones sexuales; relaciones humanas éticas; cultos prohibidos; personas, porciones, lugares, tiempos y nombres sagrados; años sabático y jubilar), todos ellos, en conjunto, nos ofrecen una perspectiva de la santidad que desborda lo místico, ritual y cúltico para permear todas las áreas de la vida.
En otras palabras hay una fuerte nota acerca del carácter ético-moral de la santidad y del hecho de que esta se debe manifestar en la vida familiar y comunitaria. Además, el mandato central de dicho Código consiste en el amor al prójimo (Lv. 19:18), que no es otra cosa que el cumplimiento de la responsabilidad social (amor al prójimo), la práctica de la ética comunitaria y de la vocación fundamental del ser humano: hacer justicia.
La centralidad de Levítico 19: culto y deberes con el prójimo
Vamos a explorar el tema de la santidad y el culto y haremos un análisis cuidadoso de Levítico 19 para ilustrar no solo que la santidad se ha de expresar en todos los aspectos de la vida, sino también que el culto a Dios tiene una dimensión social y comunitaria que es fundamental. De hecho, en este capítulo domina el tema de los deberes con el prójimo.
La designación "Código de Santidad" obedece al hecho de que en esta sección el tema dominante es que Dios ha llamado a Israel a la santidad (véase Ex. 19:4-6): Sean santos porque yo, el Señor su Dios, soy santo. (Lv. 19:1). Como indicamos anteriormente, resulta sumamente interesante que en el "Código de Santidad", esta es explicada en términos de una obediencia a los variados mandamientos que abarcan todas las áreas de la vida, y que en particular se refieren a las relaciones con el prójimo, es decir, a la vida en comunidad.
También, aprendemos que el culto que expresa el amor a Dios incluye de manera contundente expresiones concretas de amor a Dios, de actos de justicia a favor del prójimo. Pasajes de culto y de amor al prójimo aparecen juntos. El énfasis en la santidad (de Lv. 19) evoca los pasajes de Éxodo 19:4-6 y Dt. 5:1-6, que son parte del preámbulo a los 10 mandamientos. De hecho, en Levítico 19 se encuentran suficientes alusiones formales a Éxodo 20 y Dt. 5 que indican que Levítico 19 es una exposición de Éxodo 20.
Análisis temático de Levítico 19
Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo. Notamos que el segundo versículo del capítulo 19 empieza con un llamado a la santidad: "Sean santos", y una justificación categórica: "porque yo, el Señor su Dios, soy santo. La estructura de los mandatos en el Antiguo Testamento se caracteriza por el hecho de que los imperativos ("sean santos") se basan en un indicativo ("el Señor su Dios, soy santo). Este hecho no solo proveyó a Israel de una poderosa y saludable motivación, sino también de un modelo. Así nació la imitación de Dios como una característica fundamental de la ética bíblica.
Respeten todos ustedes a su madre y a su padre, y observen mis sábados. Yo soy el Señor su Dios. No se vuelvan a los ídolos inútiles, ni se hagan dioses de metal fundido. Yo soy el Señor su Dios. (vv.3-4). En el v. 3a hallamos una referencia directa al quinto mandamiento. Es importante resaltar el puesto primero que ocupa el precepto sobre los padres. En los decálogos de Ex. 20 y Dt. 5 ocupa el primer puesto de la segunda tabla. Estos emplean el verbo kbd, que es honrar y sustentar; nuestro texto emplea yr', que designa con frecuencia las relaciones con Dios. El lector tardío escucha espontáneamente que el respeto debido a los padres es semejante al respeto (o temor) debido a Dios.
De esta manera, se intuye que el temor a Dios se ha de expresar en el temor al padre y a la madre. Así, se ligan las dos tablas de la ley y aprendemos que respetar a los padres es una manera de expresar el respeto a Dios. Esto además queda claro cuando de inmediato, en los vv. 3b-4 se citan el cuarto (como el v. 30) y el primer y segundo mandamientos. Estos son preceptos sobre el culto exclusivo y recto al Señor. Así se ligan el amor a Dios y al prójimo.
Cultos y ofrendas junto a la justicia social
Cuando le ofrezcan al Señor un sacrificio de comunión, háganlo de tal manera que el Señor lo acepte de buen grado. Cómanselo el día en que lo sacrifiquen, o al día siguiente. Lo que sobre para el tercer día deberán quemarlo. Si alguien lo come al tercer día, tal sacrificio no le será válido, pues la carne ya se habrá descompuesto. Cualquiera que lo coma sufrirá las consecuencias de su pecado por profanar lo que ha sido consagrado al Señor. Tal persona será eliminada de su pueblo. (vv.5-8). Los vv. 5-8 indican cómo se ha de realizar la ofrenda de paz, regulando así, una vez más, el culto que el creyente le rinde al Señor.
Lo que debemos resaltar es que las indicaciones sobre el culto a Dios, como esta ofrenda de paz o comunión, aparecen junto con mandatos que nos llaman a expresar, por medio de actos concretos, el amor y la justicia hacia los más vulnerables. Cuando llegue el tiempo de la cosecha, no sieguen hasta el último rincón de sus campos ni recojan todas las espigas que allí queden. No rebusquen hasta el último racimo de sus viñas, ni recojan las uvas que se hayan caído. Déjenlas para los pobres y los extranjeros. Yo soy el Señor su Dios. (vv. 9-10).
Estos versículos "quizás se remontan a una vieja costumbre de carácter cúltico: las orillas se ofrecían a la divinidad del campo. En Israel el precepto adquiere un sentido social. En otras palabras, aquí descubrimos el profundo interés que Dios tiene por los pobres y extranjeros. Una práctica que entre los paganos tenía un sentido exclusivamente ceremonial, entre los israelitas desborda el ámbito del culto, sin dejar por ello de ser profundamente espiritual, para manifestarse como un acto de solidaridad social con los desheredados de la tierra.
Mandatos éticos concretos
- No roben. No mientan. No engañen a su prójimo. (v.11). Aquí se repite el octavo mandamiento del decálogo y se añaden dos más subrayando su sentido comunitario: el deber mutuo que tenemos que expresar en el culto.
- No juren en mi nombre solo por jurar, ni profanen el nombre de su Dios. Yo soy el Señor. (v.12). El falso juramento que perjudica al prójimo es una profanación del nombre de Dios.
- No explotes a tu prójimo, ni lo despojes de nada. No retengas el salario de tu jornalero hasta el día siguiente. (v.13). Ahora se ilustra con circunstancias concretas (político-laborales) la violación del octavo mandamiento: explotación, expropiación y detención del salario.
- No maldigas al sordo, ni le pongas tropiezos al ciego, sino teme a tu Dios. Yo soy el Señor. (v.14). Aquí se prohíbe abusar de quienes se hallan impedidos físicamente y se apela al temor de Dios como motivación última.
- No perviertas la justicia, ni te muestres parcial en favor del pobre o del rico, sino juzga a todos con justicia. (v.15). Este versículo demanda un juicio imparcial de quienes están encargados de administrar la justicia.
- No andes difundiendo calumnias entre tu pueblo, ni expongas la vida de tu prójimo con falsos testimonios. Yo soy el Señor. (v.16). Se muestra una vez más la dimensión comunitaria de los chismes y falsos testimonios: son un atentado contra la vida del prójimo.
- No alimentes odios secretos contra tu hermano, sino reprende con franqueza a tu prójimo para que no sufras las consecuencias de su pecado. No seas vengativo con tu prójimo, ni le guardes rencor. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor. (vv.17-18). En este texto se muestra el carácter interno y espiritual de la Ley: Esta no solo regula los actos del ser humano sino también sus pasiones y sentimientos.
El mandamiento "ama a tu prójimo" (v. 18) se repite en el v.33b, aunque allí el objeto del amor es el "extranjero". Este hecho es muy significativo ya que abre el horizonte del texto para incluir al extranjero, al gentil o pagano, en la definición de "prójimo".
Órdenes rituales con sentido formador
Cumplan mis estatutos: No crucen animales de especies diferentes. No planten en su campo dos clases distintas de semilla. No usen ropa tejida con dos clases distintas de hilo. (v.19). En este versículo se dan indicaciones precisas en cuanto a las actividades agropecuarias y a los hábitos de vestido. Aunque los mandatos pueden parecernos extraños y sin sentido, la intención última de estos, al demandar cierto orden, es que el israelita entienda que no hay actividad de la vida que pueda ser ajena a la voluntad de Dios. En todo su pensar y actuar, en todas las áreas de la vida, el creyente ha de vivir para agradar a Dios.
Si un hombre se acuesta con una esclava prometida a otro en matrimonio... a los dos se les impondrá el castigo debido... No obstante, el hombre deberá ofrecer al Señor un carnero como ofrenda por su culpa. Lo llevará a la entrada de la Tienda de reunión, y el sacerdote hará expiación ante el Señor por el pecado cometido. De este modo su pecado le será perdonado. (vv. 20-22). Estos versículos señalan una actitud favorable hacia la esclava, que en otras circunstancias y culturas se consideraba propiedad total del amo.
Cuando ustedes entren en la tierra y planten cualquier clase de árboles frutales, durante tres años no comerán su fruto, sino que lo considerarán inmundo. En el cuarto año todo su fruto será consagrado como una ofrenda de alabanza al Señor, y en el quinto año ya podrán comer de su fruto. De este modo aumentarán sus cosechas. Yo soy el Señor su Dios. (vv.23-25). Estas leyes implican "el cuidado de los recursos naturales, controles de su explotación, y el reconocimiento de que todo pertenece a Dios."
Gracia, don gratuito y su relación con sacerdocio y ley
La sagrada Escritura es la revelación del amor de Dios a los hombres, amor que se expresa en términos de fidelidad, misericordia, promesa generosa. La gracia es un estado de vida, de vida nueva y sobrenatural, recibida de Dios como don: el Padre nos ha hecho «gratos en su Amado». La gracia es una cualidad sobrenatural inherente a nuestra alma que, en Cristo y por la comunicación del Espíritu Santo, nos da una participación ... de la misma naturaleza de Dios.
Don y misterio: con estas dos palabras ha definido Juan Pablo II su sacerdocio. En ellas está la esencia de nuestra identidad, de nuestro ministerio. El sacerdote es un don para los hombres. No vive para sí, vive para los demás. Cada sacerdote es un regalo de Dios a su Iglesia y al mismo tiempo es una ofrenda de la Iglesia al Dios del amor.
La Teología de la Gracia Gratuita enseña que la gracia para la salvación es absolutamente gratuita. La palabra gracia (griego charis) esencialmente significa un regalo gratuito inmerecido. La Gracia Gratuita significa que la gracia para la salvación sólo se puede recibir a través de la fe. Ya nosotros como pecadores no podemos hacer nada para ganarnos la gracia de Dios, se nos ha dado como un regalo que sólo se puede recibir a través de la fe. Ef 2:8-9 dice: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe... no por obras...".
La Gracia Gratuita sostiene la obra terminada de Cristo. La Gracia es gratuita porque Jesucristo murió en representación de nosotros. Esta proclamación 'consumado es' en la cruz significa que Él hizo el pago final y completo por la culpa de nuestros pecados. No podemos añadir nada a lo que Jesús ya logró. La Gracia Gratuita por lo tanto enseña la seguridad eterna para el creyente.
La Gracia Gratuita hace una diferencia entre salvación y discipulado. Ya que la gracia es absolutamente gratuita, no puede demandar condiciones de obras para la salvación o dejaría de ser por gracia. La Gracia Gratuita entiende que la condición para la salvación (creer) es diferente a las varias condiciones para el discipulado (negarse a sí mismo, tomar su cruz, seguir a Cristo, permanecer en Su Palabra...). El compromiso del discipulado debe ser el resultado de la salvación, no el requisito.
La gracia como motor de la vida moral
La gracia provee la mejor motivación para una vida recta. Si la salvación es por méritos humanos, no existe la seguridad, y si no hay seguridad, una motivación para una buena conducta fácilmente se transforma en lo que hacemos para probar que somos salvos. La seguridad de la gracia de Dios y la obra terminada de Cristo permiten a los Cristianos crecer en un ambiente de libertad y amor incondicionales.
La Gracia Gratuita sostiene que el Cristiano es responsable. De acuerdo con la Gracia Gratuita, el creyente es liberado de cualquier requisito de la Ley o las obras como la base para la salvación eterna. Pero la Gracia Gratuita también nos enseña que los Cristianos deben vivir vidas santas porque: debemos estar agradecidos, Dios quiere que tengamos buenas obras, y tenemos un nuevo poder -el Espíritu Santo- que nos capacita. Por estas cosas, la Gracia Gratuita enseña que Dios nos va a pedir cuentas por el tipo de vidas que llevamos.

Unidad teológica: ley, culto y don
En Levítico 19 y en la tradición cristiana se muestra una unidad entre la ley, el culto y el don de la gracia: la Ley orienta la vida comunitaria y el culto; el culto verdadero se expresa en actos de justicia y amor al prójimo; la gracia, don gratuito de Dios, capacita para vivir esa santidad ética. La Torá es una instrucción jurídica de tono parenético: su lenguaje es del corazón y de la conciencia, y no del derecho vaciado de sentido.
La experiencia de la gratuidad conduce hacia la religión, como reconocimiento de la Trascendencia que se revela en el don recibido. La conciencia viva del don lleva a la idea de una fuente exterior y superior de la gracia recibida sobre la cual se desenvuelve toda la realidad existente. Cuando el hombre capta el hecho de la gratuidad, entonces observará que los dones recibidos quizá sean tan grandes que no pueden ser devueltos.
Tabla: correspondencia entre mandatos de Levítico 19 y su dimensión
- Mandatos sobre cultos y ofrendas (vv.5-8) - Dimensión: ritual y comunitaria.
- Dejar espigas y uvas para pobres y extranjeros (vv.9-10) - Dimensión: social y solidaria.
- Prohibición de robo, mentira y fraude (v.11) - Dimensión: ética comunitaria.
- Protección de discapacitados (v.14) - Dimensión: compasión y dignidad.
- Juicio imparcial (v.15) - Dimensión: justicia pública.
- Amar al prójimo y al extranjero (vv.18,33) - Dimensión: universalidad del deber moral.
Así, Levítico 19 articula una teología de la santidad que no se queda en lo ceremonial sino que exige una transformación personal y social. La gracia, por su parte, es el don que hace posible esa vida nueva: somos puestos en comunión con Dios, capacitados por el Espíritu y llamados a reflejar la santidad divina en el trato con los demás.