Tras 12 años de pontificado, el papa Francisco I falleció a los 88 años; después de la constatación de la muerte y de varios días, miles de personas se despidieron de Jorge Bergoglio en una ceremonia solemne que cierra una etapa para dar paso a la siguiente. Y tras los Novediales, se celebra el cónclave en el que se elegirá al nuevo papa.
Etimológicamente, tiene sentido que este proceso se llame cónclave por su origen: del latín cum clave (bajo llave), esta reunión acoge a los miembros del Colegio Cardenalicio de menos de 80 años en la Capilla Sixtina, a puerta cerrada, para elegir al sucesor del difunto. Y bajo llave permanecerán hasta que completen su misión, cuando recuperarán la 'libertad'.
Origen y evolución histórica
¿Pero desde cuándo se celebra el cónclave bajo llave? Hay que remontarse al cónclave de Viterbo, convocado tras la muerte de Clemente IV en 1268. De este salió 'elegido' Gregorio X, aunque no fue un proceso fácil. A diferencia de los cónclaves más recientes, que han durado como mucho varios días, en aquella ocasión se extendió durante casi tres años, 33 meses en estado de 'sede vacante', sin gobierno en la Iglesia católica.
El proceso de elección papal de Viterbo comenzó con los cardenales reunidos y votando una vez al día en el palacio episcopal de la localidad italiana, ubicada a unos 80 kilómetros de Ciudad del Vaticano. Por aquel entonces, el proceso tenía lugar en la ciudad en la que hubiera fallecido el último papa, si éste moría fuera de Roma.
Fue precisamente en este momento en el que nació el concepto de cónclave. A finales de 1269, cuando ya se sucedían los meses sin papa y los cardenales se reunían de manera intermitente para votar, el pueblo de Viterbo se hartó: los gastos del alojamiento y manutención de los cardenales albergados en el palacio papal corrían a cargo de los contribuyentes. Poco a poco se fueron tomando decisiones para presionar a los cardenales a tomar una decisión: las raciones de comida fueron limitadas y todos fueron encerrados bajo llave en la catedral, de donde no saldrían hasta elegir a un nuevo papa.
Sin embargo, el proceso no culminó con estas medidas de ligera presión y seguían sin tomar una decisión. Así pues, los ciudadanos de Viterbo arrancaron el techo del lugar donde se reunían los cardenales para que "Dios iluminara sus deliberaciones". Pasaron tres años desde el inicio del proceso -y a lo largo de esta elección, fallecieron una veintena de cardenales- y aun así, no fueron capaces de tomar una decisión. Así que crearon una pequeña delegación de seis integrantes y dejaron que fueran ellos los que tomaran la decisión.
La negociación facilitada por ser solo seis personas acabó nombrando a Teobaldo Visconti, una opción aceptable para los bandos de una Iglesia entonces profundamente dividida. Teobaldo Visconti eligió para su papado el nombre de Gregorio X. El Cónclave, como método formal para elegir al papa, existe desde el año 1274, establecido por el Papa Gregorio X durante el Concilio de Lyon. Esta medida se tomó para evitar las largas demoras y presiones políticas que solían interferir en la elección papal.

Significado y definición del término
La palabra cónclave tiene un origen latino: cum clavis, que significa “con llave”. Originalmente, se utilizaba para describir un lugar cerrado con llave. Con el tiempo, pasó a designar el proceso de elección del papa, debido a la costumbre de encerrar a los cardenales en una sala sin contacto con el exterior hasta que eligieran al nuevo Pontífice.
Según el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), “cónclave” se define como: “reunión de cardenales de la Iglesia católica, celebrada con la finalidad de elegir Papa, y a la que no se permite el acceso a persona ajena a ella.” La RAE también extiende su uso a otras reuniones importantes realizadas en secreto.
El ritual moderno: pasos clave del proceso
El Cónclave sigue un ritual establecido desde hace siglos, regido actualmente por la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis. Estos son los momentos más relevantes del proceso:
- Entrada al Cónclave: los cardenales electores (menores de 80 años) ingresan a la Capilla Sixtina después de la misa Pro Eligendo Pontifice. Se pronuncia un juramento de secreto absoluto.
- Encierro: se declara el “extra omnes” (todos fuera), y se cierran las puertas. Solo los cardenales y personal autorizado permanecen dentro.
- Votaciones: se realizan hasta cuatro votaciones por día (dos por la mañana y dos por la tarde). Para ser elegido papa, se requiere una mayoría de dos tercios.
- Quema de papeletas: después de cada votación, las papeletas se queman. Si no hay resultado, el humo que sale de la chimenea es negro; si hay papa, es blanco.
- Aceptación del elegido: si un cardenal alcanza los votos necesarios, se le pregunta si acepta y, en caso afirmativo, se procede a vestirlo con las insignias pontificias.
Detalles prácticos y rituales
Una jornada histórica comenzará con la misa 'Pro eligendo pontífice' en la basílica de San Pedro y después los electores irán en una procesión hasta la Sixtina cantando el "Veni creator". Una vez dentro, jurarán y, acto seguido, el maestro de ceremonias expulsará a todos los no autorizados con la tradicional fórmula "Extra omnes" ("fuera todos"). Ahí será cuando se cerrarán las puertas para garantizar la máxima privacidad, utilizando incluso inhibidores de frecuencia.
Tras las deliberaciones pertinentes, cada cardenal emite su voto en una papeleta que dice, en latín: “Elijo como Sumo Pontífice a…” y añade el nombre del candidato elegido. Luego, por orden de antigüedad, caminan en fila y depositan sus votos en una gran urna dorada y plateada. Tres escrutadores, asistentes del camarlengo, cuentan los votos a medida que los leen en voz alta, para después enhebrar las papeletas y quemarlas.
Reglas de votación, mayorías y tiempos
La elección se hará por escrutinio secreto y requiere una mayoría de dos tercios de los votos, es decir el número mágico 87 de los 133 cardenales que votarán. El primer día se lleva a cabo una única votación; en los días siguientes, habrá dos votaciones por la mañana y dos por la tarde si no se alcanza un consenso.
Fuera de la capilla, el mundo observará con atención a su chimenea. Si el humo es negro, no hay consenso y se convocan nuevas rondas de votación. Si es blanco, significa que hay un nuevo papa. Si tras tres días no se logra un acuerdo, se puede hacer una pausa para la oración y la reflexión. A partir de entonces, cada siete rondas se puede tomar un nuevo receso. Si después de 33 votaciones no se elige a nadie, se procede a un balotaje entre los dos candidatos más votados. Aun así, se mantiene la exigencia de alcanzar los dos tercios de apoyo.
Quiénes votan y el mapa del Colegio Cardenalicio
Los cardenales electores que votarán por el nuevo papa son en total 133, después de dos bajas por motivos de salud: el español Antonio Cañizares y el keniano John Njue. Aún así, se trata del cónclave “más numeroso de toda la historia”, como dijo el profesor de Historia de la Iglesia italiano, Roberto Regoli, a la agencia de noticias EFE.
De ellos, 108 fueron nombrados por el papa Francisco, mientras que Benedicto XVI nombró 21 de ellos, y Juan Pablo II, cuatro. Dado que un candidato necesita dos tercios de los votos para ser elegido, en esta ocasión se requieren 87 votos.
| Continente | Número de cardenales |
| Europa | 53 |
| Américas | 37 (16 Norte, 4 Centro, 17 Sur) |
| Asia | 23 |
| África | 18 |
| Oceanía | 4 |
Este es el cónclave más heterogéneo de la historia, con cardenales procedentes de 70 países y el menor número de italianos de la historia. Así, aunque Italia es el país con más cardenales dentro del cónclave, en América Latina hay 7 cardenales electores de Brasil, 4 de Argentina y 2 de México, mientras que con un elector figuran Cuba, Guatemala, Nicaragua, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay.
Figuras clave dentro del cónclave
- Camarlengo: Kevin Joseph Farrell (77), un cardenal elegido por Francisco para administrar los bienes de la Sede Apostólica tras su muerte, hasta que se elija un sucesor. Tiene derecho a voto y hasta podría ser elegido papa.
- Cardenal decano: Giovani Battista Re (91), su deber es encabezar el Colegio Cardenalicio. Es un referente entre los participantes del cónclave.
- Maestro ceremoniero: arzobispo Diego Ravelli (59). Es el responsable de dirigir los ritos y liturgias y será quien pronuncie la fórmula “Extra Omnes”.
- Al frente del cónclave: cardenal Pietro Parolin (70), es el cardenal que presidirá desde dentro el cónclave; será él quien le pregunte al elegido si acepta la elección.
- “Cum clave”: el cardenal George Jacob Koovakad (51), será quien abra y cierre con llave los portones de la Capilla Sixtina cuando se requiera.
- “Habemus papam”: el cardenal Dominique Mamberti (73), hará el anuncio al mundo con el icónico “habemus papam”, justo después de la famosa fumata.

Aspectos simbólicos y repercusiones
El Cónclave no es solo una votación, es un momento trascendental en la historia de la Iglesia Católica. El papa es el sucesor de San Pedro, considerado el primer papa, y su elección representa una continuidad en la doctrina y liderazgo de la Iglesia.
El nuevo Papa influirá en decisiones claves sobre temas como la moral, la justicia social, el diálogo interreligioso y los desafíos contemporáneos como la migración, el cambio climático y la modernización de la fe. Por ello, el Cónclave no solo capta la atención de los católicos, sino también de líderes políticos, medios de comunicación y observadores internacionales.
Además, la Iglesia busca un líder que combine fortaleza espiritual, visión pastoral y capacidad diplomática. En contextos difíciles, como el que deja el fallecido Papa Francisco, quien abordó temas controversiales con valentía y promovió una Iglesia más inclusiva, la elección del nuevo Papa adquiere mayor relevancia.
Curiosidades y expresiones
Hay una expresión que se escucha mucho durante los cónclaves, que es 'Quien entra papa sale cardenal'. Desde el Instituto Cervantes la explican de la siguiente manera: "alude al inesperado nombramiento de alguien que no era considerado por la mayoría como posible candidato". Se usa poco, aunque especialmente en fechas como las actuales, con un cónclave en marcha.
Históricamente, algunos cónclaves han durado días, e incluso años. El más largo se extendió por dos años y nueve meses en 1268. Sin embargo, en tiempos modernos, las reglas han sido modificadas para acelerar el proceso: desde el siglo XX, la duración media es de tres días. Francisco y Benedicto XVI, por ejemplo, fueron elegidos en apenas dos.
Qué sigue tras la elección
Una vez elegido, el nuevo pontífice es llevado a la sacristía de la Capilla Sixtina, conocida como la 'sala de las lágrimas', donde habrán preparados tres trajes pontificios de varios tamaños, dado que es imposible saber de antemano quién será el elegido. Finalmente, llega el momento de anunciar la elección al mundo: "Annuntio vobis gaudium magnum..."
Cónclave: Detrás de la Fumata - COBERTURA ESPECIAL
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