¿Quién no se ha metido en un debate enconado sobre la existencia de un ser supremo? La conversación suele tener dos frentes bien definidos, creyentes contra no creyentes. Sin embargo, como todo en la vida, hay matices que a veces pueden dar lugar a confusiones. Ahí están por ejemplo los ateos y los agnósticos, dos términos que en muchas ocasiones se utilizan como sinónimos de forma errónea.
Qué es ser ateo
En resumen, ateo es una persona que no cree en la existencia de Dios (o dioses o divinidades) o que directamente lo niega. El término ateo proviene del latín athus y éste del griego átheos y significa "sin dios o sin dioses". La palabra fue empleada de forma peyorativa hasta el siglo XVII, cuando la Ilustración empezó a apostar por el conocimiento humano y el modo crítico para plantearse todas las grandes preguntas de la vida.
Suelen argumentar que no hay evidencias históricas ni científicas que respalden su existencia y que ésta en cualquier caso es ilógica. El autor cree, junto a Marx y Feuerbach, que el ateísmo negaría la existencia de Dios mientras cree en la voluntad, en el trabajo y en el respeto a los demás, sin marginar al semejante por su credo. Otros como el Barón d'Holbach, príncipe de los salones del París de las luces, pensaban que el ateo es cualquier hombre que no cree en el Dios de los sacerdotes, y en parte su visión es la que condicionó la actitud española durante un buen trecho de la Edad Moderna, si es que así podemos llamarla en esta tesitura.
Antes que él, otros pensadores, filósofos incluidos, negaron la existencia de Dios. «Dios no existe», afirmaban. ¿Imaginas cuántas probabilidades habría de que un huracán, girando sobre un desguace, consiguiera ensamblar un Boeing 747 que estuviera desmontado? Poquísimas o ninguna. El astrónomo inglés Fred Hoyle utilizó esta idea para defender que la probabilidad de vida originada en la Tierra no es mayor que la posibilidad de que ese huracán tuviera la suerte de lograr encajar todas las piezas del avión. Esa improbabilidad refuerza la teoría de que solo un diseño inteligente de un Dios puede explicar el origen del universo, como aseguran los creacionistas.
El biólogo y divulgador científico Richard Dawkins asegura que esta idea es algo aparente, fácilmente creíble, pero irreal, y lo explica en El espejismo de Dios, en el que argumenta por qué (casi seguro) no hay Dios. Dawkins recuerda en el libro que la ciencia se encargó de encontrar una solución al dilema con la teoría de la evolución de Charles Darwin basada en los cambios lentos y paulatinos de la selección natural. «Los ateos son mucho más numerosos, sobre todo entre la élite educada, de lo que muchos creen», son palabras del biólogo inglés Richard Dawkins en su libro El espejismo de Dios.
Qué es ser agnóstico y diferencias con el ateísmo
El agnosticismo, tal como lo define el diccionario de la Real Academia Española (RAE), es una "actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende de la experiencia". El agnóstico no afirma la existencia e inexistencia de Dios (o dioses), no tiene certezas para creer, pero al mismo tiempo considera que se trata de una cuestión que la capacidad humana no puede resolver, esto es, inherentemente incognoscible.
Para algunos ateos, los agnósticos son ateos realmente. Como muestra, el botón de Richard Dawkins, divulgador del evolucionismo, ateo militante y polemista, que rechaza la idea de que Charles Darwin era agnóstico, como él mismo se definía. "El decía que era un agnóstico porque pensaba que le aceptarían mejor si se llamaba así. Pero Darwin era tan ateo como lo soy yo. Nadie puede demostrar que no existe Dios. Sólo que no hay una sola evidencia de ello."
En 2016, el papa Benedicto XVI aseguró que "los agnósticos que no encuentran paz por la cuestión de Dios y las personas que sufren a causa de nuestros pecados y tienen deseo de un corazón puro están más cercanos al Reino de Dios que los fieles rutinarios, que ya solamente ven en la Iglesia el boato, sin que su corazón quede tocado por la fe".

La fe, la religión y la esfera pública
Pero la religión no se basa únicamente en una creencia subjetiva, ni es algo privado que pueda dejarse al «arbitrio de la conciencia». El creyente en una religión determinada se encuentra envuelto por toda una serie de ceremonias, tales como el cumplimiento de los sacramentos, la oración, &c. También por alguna «concepción mitológica del mundo» en la que se contienen Ideas embrionarias que podrán pasar, en su momento, a formar parte de sistemas filosóficos.
La fe es por lo tanto una creencia material objetivada, dentro del contexto de una sociedad determinada. No obstante, la creencia en algo natural no tiene por qué contraponerse a la religiosa. Tanto en el caso de la revelación divina, como en la fe a un testimonio de una persona determinada, creemos en algo que no vemos.
Lo sagrado y lo profano
En diversos estudios sobre la religión realizados por numerosas disciplinas, se establece la distinción entre lo sagrado y lo profano como la distinción entre lo que pertenece a la religión y lo que no pertenece a ella. De esta manera, muchas cuestiones en principio no religiosas, por no ser propias de la religión civil, profanas en definitiva, están involucradas en lo religioso.
Así, lo sagrado se involucra en lo profano en cuestiones tales como el calendario, marcado por las fiestas sacramentales. «Sin embargo esta fecha, sin duda estrictamente religiosa, estaba involucrada con un acontecimiento natural, como podría serlo el día del solsticio de invierno, en realidad la noche más larga del año.»
Religión, Estado y conflicto histórico
Las relaciones entre Iglesia y Estado han sido constantes a lo largo de la Historia, y muchas veces conflictivas entre sí: las religiones politeístas son vistas como delirio por las monoteístas, y dentro de las monoteístas, unas son vistas como herejías respecto a la que sea considerada verdadera. Como señala Averroes: «Por eso, la escuela que afirma de Dios la corporeidad, opina, respecto de la que la niega, que ésta es atea; en cambio, la escuela que niega de Dios la corporeidad, opina, respecto de la que la afirma, que ésta es politeísta».
El caso más paradigmático es el de la Iglesia católica, heredera del papel homogeneizador que le correspondió al Imperio Romano durante la fase final de la Antigüedad. Desde que en el año 312 el emperador romano Constantino I el Grande incorporó el cristianismo como religión oficial del imperio, la relación entre poder temporal y poder espiritual se convirtió en un elemento definitorio de la política y la cultura europeas.
La involucración de política y religión en este aspecto es fundamental. «La Iglesia es la heredera de la tradición católica que, frente al arrianismo y al islamismo, ha defendido la soberanía de la Iglesia frente al Estado, y ha constituido a la Iglesia como un reducto de libertad frente al Estado despótico totalitario […].»
Ciencia, teología natural y desacuerdos
La primera referencia al Dios monoteísta la encontramos en el Libro XII de la Metafísica de Aristóteles, donde se habla de Dios, del Acto Puro, «un ser que mueve sin ser movido, ser eterno, esencia pura, y actualidad pura» como forma de escapar de la inmanencia del mundo. Aristóteles es, por lo tanto, el primer teólogo y el fundador de la disciplina conocida como Teología Natural.
Esta respuesta positiva, que consideraremos parte del momento tecnológico de la religión, podría encontrar una justificación mucho más compleja si pedimos al creyente que nos ofrezca la justificación que le lleva a mantener y asistir a las citadas ceremonias, a cumplir con cada rito de paso, el momento nematológico de la religión. Parecería entonces que el fundamento de todas esas relaciones institucionales humanas que forman parte del cuerpo de la religión es la relación última del hombre con una divinidad a la que se reza, se implora su favor, por la que se realizan actos piadosos y por la que se cumplen los santos sacramentos para estar «en gracia de Dios» o, como se diría comúnmente, «llevar una vida feliz».
La secularización y el Estado laico
En general, concluiremos que las religiones terciarias son incompatibles entre sí, pese a su monoteísmo, y sus intentos de «diálogo interreligioso» sólo pueden entenderse una vez que todos sus contenidos dogmáticos y positivos han sido puestos entre paréntesis, con el resultado de que el marco religioso de cada una de las confesiones desaparece. Y no sólo eso, sino que la involucración de Iglesia y Estado es muchas veces necesaria, por cuestiones históricas y políticas elementales.
Como señala Gustavo Bueno, «un Estado laico o aconfesional, que se declara ignorante de todo componente religioso, es una de tantas ficciones de las constituciones laicas del presente».
No hay más - El estéril debate agnosticismo-ateísmo
Resumen de ideas clave
- El ateísmo se define como la negación o falta de creencia en la existencia de Dios o dioses.
- El agnosticismo sostiene que el conocimiento de lo divino es inaccesible para la razón humana y no afirma ni niega.
- Históricamente la terminología y la percepción social del ateísmo cambiaron con la Ilustración.
- Autores como Dawkins apoyan explicaciones científicas (evolución) frente a argumentos de diseño inteligente; otros pensadores han ofrecido visiones diferenciadas.
- La religión se manifiesta no solo como creencia subjetiva sino como conjunto de prácticas, ceremonias e instituciones que interfieren con lo profano y lo político.
Tabla comparativa: ateísmo vs agnosticismo
A continuación una tabla sencilla que sintetiza diferencias esenciales (formato textual):
- Ateísmo: Niega o no cree en Dios; suele apoyarse en la falta de evidencia y en argumentos científicos o filosóficos.
- Agnosticismo: Sostiene que el conocimiento sobre lo divino es inaccesible; no afirma ni niega la existencia de Dios.
- Perspectiva social: El ateísmo puede ser militante o laico; el agnosticismo suele ser una postura epistemológica o de prudencia.

En suma, compreender qué significa ser ateo o agnóstico ayuda a matizar debates y evitar confusiones terminológicas: no son sinónimos estrictos y cada postura tiene implicaciones distintas en lo filosófico, social y político.