A santo Toribio Mogrovejo solo le falta la antigüedad de vida para que pudiera ser reconocido Padre de la Iglesia, lo restante lo posee con creces. Así nos lo hace saber D. José Antonio Benito, director del Instituto de Estudios Toribianos en Lima, al que tuvimos el placer de escuchar el pasado martes 14 de abril.
Santo Toribio, de quien se dijo “es la estrella convertida en sol”, “el arzobispo es una rueda en movimiento continuo”, “es el sol en el nuevo mundo” … no parece tener en nuestros días el renombre que tuvo entre sus contemporáneos. Santo Toribio es la fundición cultural de España y las Américas; un “hombre puente”, que ató cabos culturales y humanos, y abrió a los indios el camino a la santidad y la salvación de las almas.
Formación, nombramiento y toma de posesión
Nacido en Mayorga en 1538 de buena alcurnia castellana, hubo de ser ordenado y consagrado con premura, hasta tomar posesión de la archidiócesis (por entonces de inabarcable extensión). De ellas fue testigo la Universidad de Salamanca, en la que estudió leyes e impartió lecciones y que vio interrumpido su doctorando al ser S. Toribio era muy buen estudiante y muy valorado entre sus compañeros, aunque, sin duda, él no esperaba para nada que Diego de Zúñiga, uno de sus mejores amigos, y muy influyente, le propusiera como arzobispo de Lima.
Parecía imposible, porque Toribio ni siquiera era sacerdote y no se consideraba a la altura de semejante encargo. Así que, a toda prisa, en un solo día le ordenaron sacerdote y obispo, y un poco después se embarcó rumbo a América. El 24 de mayo de 1581, españoles e indios se apretujaban curiosos para ver entrar al nuevo arzobispo de Lima.
Misión pastoral y evangelizadora
Sus labores jurídicas no eclipsan su misión pastoral y evangelizadora que acometió con entrega y sin descanso. Pasó más tiempo fuera de su sede que en ella. Recorrió cuarenta mil kilómetros, muchos de ellos a pie, dispensó los sacramentos a innumerables nativos y se volcó en catequizarlos aprendiendo sus propias lenguas.
Lo primero que hizo fue visitar su diócesis para conocer hasta el pueblo más remoto. Aprendió cuatro lenguas de los indios, para comunicarse mejor con ellos y que así pudieran conocer a Jesús. Por eso, ya fuera en mula o a pie, ya tuviera que atravesar un río caudaloso o descender con cuerdas por un barranco, dormir en el suelo o casi no tener tiempo para comer, todo lo daba por bueno con tal de mostrar a “sus” indios cómo los quería Jesús.

Si veía a algún pobre, era capaz de quitarse su camisa para dársela. Desde pequeño, Toribio ya tenía claro que quería ser santo. Con sus amigos jugaba a hacer procesiones, pero al final acababan rezando de verdad. Lo que no tenía tan claro era lo de ser cura, porque le parecía “un honor” que no merecía.
Acciones organizativas y reformas
La fecundidad de su legado es imperecedera: convocó trece sínodos y tres concilios, a destacar el Tercero Limense, que presidió. En Lima convocó un “concilio”, una reunión a la que acudieron las principales autoridades de la Iglesia en América y en la que se tomaron decisiones muy importantes. Por ejemplo, logró que por primera vez los indios pudieran ser admitidos como sacerdotes, porque hasta entonces eran discriminados. De hecho, en 1591, el arzobispo fundó en Lima el primer seminario (es decir, un “colegio” donde estudiar para ser cura) que hubo en el continente.
Durante sus viajes misioneros, el arzobispo fue construyendo caminos, escuelas, capillas, hospitales, conventos… Tanto trabajo fue desgastando sus fuerzas y, cuando inició su tercera misión, era consciente de que tal vez no le quedara mucho tiempo de vida.
Milagros, beatificación y canonización
No escatimó en milagros y fue beatificado en 1679 y canonizado en 1726. Patrono del Episcopado Latinoamericano desde 1983, el episcopado peruano otorga una medalla en su memoria que en 2023 le fue concedida a un agustino avalado por su recorrido como misionero: el entonces cardenal Prevost, quien fuera obispo de Chiclayo, y más conocido hoy como S.
Toribio y la percepción indígena
El nombramiento de Toribio de Mogrovejo como arzobispo de Lima fue un regalo para ellos, que le llamaban “papá” en su lengua. Los “indios” seguían siendo considerados de “segunda división”. Casi un siglo después del descubrimiento de América, todavía quedaba mucho por hacer en este continente para que Jesús fuera conocido en todos los rincones.
Un año después, trasladaron su cuerpo a Lima, y los indios se arrodillaban al paso del féretro para honrar al arzobispo que tanto había hecho por ellos.
Relación con el concepto de nacionalcatolicismo y eco en Cuenca
Santo Toribio actúa como vínculo cultural entre la Corona española y las poblaciones indígenas, una figura que terminó siendo evocada en discursos que amalgamaban religión, identidad nacional y misión civilizadora. Santo Toribio es la fundición cultural de España y las Américas; un “hombre puente”, que ató cabos culturales y humanos, y abrió a los indios el camino a la santidad y la salvación de las almas.
En contextos como el de Cuenca, la memoria de figuras como Toribio de Mogrovejo puede haber servido de referente para un nacionalcatolicismo que busca articular símbolos religiosos y proyectos políticos o identitarios. D. José Antonio, entre otros, se esmeran para que santo Toribio sea recordado como lo merece, investigando y divulgando sobre el periplo vital del que fuera segundo arzobispo de Lima, pese no avenirse a tal responsabilidad a primeras de cambio, de manera que hubo de ser espoleado por aquellos cercanos que lo conocían bien y sabían de sus aptitudes.

Herencia institucional y social
Por ejemplo, logró que por primera vez los indios pudieran ser admitidos como sacerdotes, porque hasta entonces eran discriminados. En la segunda bautizó a ¡medio millón! El arzobispo fue construyendo caminos, escuelas, capillas, hospitales, conventos…
Toribio murió como un luchador de la fe en pleno combate; un luchador pacífico, entregado a Jesús y a los suyos.
Las Querellas De Santo Toribio De Mogrovejo
Datos clave
- Nacimiento: Mayorga, 1538.
- Título académico: estudios y docencia en la Universidad de Salamanca.
- Arzobispo de Lima desde 1581; recorrido pastoral: aproximadamente 40.000 km.
- Obras: trece sínodos, tres concilios, fundación del primer seminario en América (1591).
- Beatificación: 1679. Canonización: 1726. Patrono del Episcopado Latinoamericano: 1983.
La figura de Toribio, sus decisiones pastorales y su estilo misionero siguen siendo materia de estudio e inspiración para quienes trabajan por una memoria histórica que reconozca los puentes culturales entre España y las Américas y reflexione sobre relatos como el del nacionalcatolicismo en ciudades como Cuenca.
tags: #cuenca #toribio #nacional #catolicismo