Oración de despedida al Sagrado Corazón de Jesús: reparación, desagravio y consagración

¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así como tú, ¡oh Corazón divino! has querido ser siempre todo mío.

Sobre el ara del altar en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes que florecerán a la sombra de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos; y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya lágrimas en mis ojos.

Consagración, servicio y reparación

Tuyo todo, tuyo siempre; no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan; te amaré por los que te odian; y rogaré y gemiré, y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte.

Cuando hablamos de la vida espiritual, solemos escuchar mucho sobre el perdón y la reconciliación con Dios. Sin embargo, hay una dimensión que no siempre se menciona y que es profundamente transformadora: la reparación y el desagravio.

Reparar es remediar el daño causado. Cuando pedimos perdón, la culpa es perdonada, pero la herida queda. Es como sacar una puntilla clavada en una pared: el clavo sale, pero permanece el agujero.

En el plano espiritual, la reconciliación saca “la puntilla” del pecado, pero queda ese “hueco” en el corazón de Dios y, muchas veces, en el corazón de los demás. Por eso, el Señor nos invita también a reparar, a sanar esa herida que ha quedado. No porque Él necesite de nosotros para ser Dios, sino porque quiere que lo amemos de forma libre, voluntaria y concreta.

Reparar es consolar el Corazón de Jesús. Cuando reparamos, nos acercamos a Dios de una forma más íntima. Es como vendar, limpiar y curar la herida que le hemos hecho con nuestro pecado.

En ese acto de amor, restauramos la armonía con Él y fortalecemos nuestro vínculo. Y, mientras lo hacemos, descubrimos algo precioso: al reparar, también nosotros somos sanados.

Sagrado Corazón: imagen devocional con corona de espinas y espada

Cómo ofrecer reparación: prácticas y medios concretos

Lo hermoso es que Él me ha enseñado que se puede vivir de muchas maneras: Con oraciones específicas, ofreciendo mortificaciones o pequeños sacrificios, a través del ayuno, mediante obras de caridad. Pero mi forma favorita siempre será visitar a Jesús Sacramentado.

En esos momentos, sentado frente al Sagrario, uno puede dejar que los rayos de amor de Cristo atraviesen las durezas del corazón. El silencio ante Él apaga el ruido del mundo y abre la puerta a un diálogo profundo con nuestro Creador.

Es ahí cuando Jesús nos recuerda cuánto nos ama y, al mismo tiempo, cuánto le duele nuestra indiferencia y rechazo. Y es también ahí donde nos regala la fuerza para herirlo cada vez menos.

En la reparación descubrimos su generosidad y su bondad infinita: al mismo tiempo que consolamos Su Corazón, Él nos restaura, nos renueva y nos llena de su paz.

Una Coronilla de Reparación y oraciones de desagravio

La próxima vez que pases por una capilla donde Jesús Sacramentado te espera, detente unos minutos. Con la ayuda de un rosario, reza esta breve Coronilla de Reparación, revelada por san Miguel Arcángel a los pastorcitos de Fátima. Durante este acto de desagravio, permite que Él sane tu corazón mientras tú sanas el suyo:

  1. En las cuentas grandes, en lugar del Padre Nuestro, di la siguiente oración: Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo presente en todos los Sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, de los sacrilegios y de las indiferencias con los que Él mismo es ofendido; Y por los méritos infinitos Su Santísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María te pido por la conversión de los pobres pecadores.
  2. En las cuentas pequeñas, en vez del Ave María, reza lo siguiente (10 veces): V. Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. R. Y te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.
  3. Al final de cada decena y antes de comenzar la siguiente, reemplazando el Gloria, di: Por siempre sea adorado, mi Jesús Sacramentado.
  4. Ya para finalizar, cierra la coronilla repitiendo 3 veces: V. Oh, Santísima Trinidad, yo te adoro. R. Dios mío, Dios mío, yo te amo en el Santísimo Sacramento. Amén.

Oración sencilla de desagravio

Oh, Divino Jesús que dijiste: "Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra, y a quien llama se le abre". Mírame postrado a tus plantas suplicándote me concedas una audiencia. Tus palabras me infunden confianza, sobre todo ahora que necesito que me hagas un favor: (Se ora en silencio y se pide el favor).

¿A quién he de pedir, sino a ti, cuyo corazón es un manantial inagotable de todas las gracias y dones? ¿Dónde he de buscar sino en el tesoro de tu corazón, que contiene todas las riquezas de la clemencia y generosidad divinas? ¿A dónde he de llamar sino a la puerta de ese Corazón Sagrado, a través del cual Dios viene a nosotros, y por medio del cual vamos a Dios?

A ti acudimos, oh, Corazón de Jesús, porque en ti encontramos consuelo, cuando afligidos y perseguidos pedimos protección; cuando abrumados por el peso de nuestra cruz, buscamos ayuda; cuando la angustia, la enfermedad, la pobreza o el fracaso nos impulsan a buscar una fuerza superior a las fuerzas humanas.

Creo firmemente que puedes concederme la gracia que imploro, porque tu Misericordia no tiene límites y confío en que tu corazón compasivo encontrará en mis miserias, en mis tribulaciones y en mis angustias, un motivo más para oír mi petición.

Quiero que mi corazón esté lleno de la confianza con que oró el centurión romano en favor de su criado; de la confianza con que oraron las hermanas de Lázaro, los leprosos, los ciegos, los paralíticos que se acercaban a ti porque sabían que tus oídos y tu corazón estaban siempre abiertos para oír y remediar sus males.

Sin embargo, dejo en tus manos mi petición, sabiendo que tú sabes las cosas mejor que yo; y que, si no me concedes esta gracia que te pido, sí me darás en cambio otra que mucho necesita mi alma; y me concederás mirar las cosas, mi situación, mis problemas, mi vida entera, desde otro ángulo, con más espíritu de fe.

Cualquiera que sea tu decisión, nunca dejaré de amarte, adorarte y servirte, oh, buen Jesús. Acepta este acto mío de perfecta adoración y sumisión a lo que decrete tu Corazón misericordioso.

Corona de reparación. Basado en las oraciones de Fátima

Oraciones para necesidades graves y por los demás

Es un símbolo de amor divino y devoción católica al que se le puede pedir por una necesidad grave. Es importante orar por bienestar de la familia. Designar las plegarias hacia otras personas es un acto de desinterés y humildad.

Incluso, varios versículos de la Biblia inculcan este hábito. Como Santiago 5:16 que dice: "Confesaos vuestras faltas unos a otros y orad los unos por los otros, para que seáis sanados; la oración eficaz del justo puede mucho".

Por lo tanto, las personas suelen pedir por la salud de sus seres queridos para ofrecerles protección y sanación. Para los creyentes, este tipo de oraciones son una forma de expresar el amor que sienten por sus familiares.

El portal de religión 'Devocionario Católico' comparte una oración al Sagrado Corazón de Jesús para una necesidad grave, como podrían ser los temas de salud de los seres queridos. Oh, Divino Jesús que dijiste: «Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra, y a quien llama se le abre». Mírame postrado a tus plantas suplicándote me concedas una audiencia.

Oraciones por los sacerdotes

Oh Jesús, Sacerdote Eterno, Divino Sacrificado, Tú que en un impulso de incomparable amor a los hombres, Tus hermanos, hiciste brotar de Tu Sagrado Corazón el Sacerdocio cristiano, dígnate continuar derramando sobre Tus ministros, los torrentes vivificantes del Amor Infinito.

Vive en Tus Sacerdotes, transfórmalos en Ti; hazlos, por Tu gracia, instrumentos de Tu misericordia; obra en ellos y por ellos, y haz que, después de haberse revestido totalmente de Ti, por la fiel imitación de Tus adorables virtudes cumplan, en Tu Nombre y por el poder de Tu Espíritu, las obras que Tú mismo realizaste para la salvación del mundo.

Divino Redentor de las almas, mira cuán grande es la multitud de los que aún duermen en las tinieblas del error; cuenta el número de las ovejas descarriadas que caminan entre precipicios; considera la turba de pobres, hambrientos, ignorantes y débiles que gimen en el abandono.

Vuelve, Señor, a nosotros por Tus Sacerdotes, revive verdaderamente en ellos, obra por medio de ellos y pasa de nuevo por el mundo, enseñando, perdonando, consolando, sacrificando y renovando los lazos sagrados del amor, entre el Corazón de Dios y el corazón del hombre. Amén.

Prácticas devocionales y el mes del Sagrado Corazón

Junio es el mes que la Iglesia Católica dedica al Sagrado Corazón de Jesús. De acuerdo con el portal religioso Aci Prensa, es el momento en el que se recuerda el amor del hijo de Dios por la humanidad. En Francia, el 16 de junio de 1675, Cristo se le apareció a Santa Margarita María de Alacoque y le dijo: "He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres y, en cambio, de la mayor parte de los hombres recibo ingratitud, irreverencia y desprecio".

En conmemoración de los sacrificios de Jesús por la humanidad, muchas personas suelen orar para reflexionar y hacer sus respectivas peticiones. Es un momento de conexión espiritual y fe que permite aceptar y recibir las bendiciones de Dios en la vida.

Actos diarios y novenas

PRIMER DÍA - Acto de Contrición: Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido; también me pesa porque puedes castigarme con las penas del infierno. Ayudado de tu divina Gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuese impuesta. Oración del día: ¡Oh Corazón amantísimo de Jesús!, coronado por la Santa Cruz, árbol frondoso que se nutre con tu Sangre Preciosísima!; en unión de todos los Santos y almas fervorosas que en todos los tiempos y lugares te han amado, te adoro, te amo con todo mi corazón; y para darte una prueba más patente de mi afecto, renuevo y te ofrezco las promesas que hice en el santo Bautismo, prefiriendo tu gracia y tu amor a todas las riquezas de la tierra. Dame, en cambio, Señor, los verdaderos tesoros y riquezas celestiales, que son las virtudes de tu divino Corazón que, como flores olorosas brotan al pie de tu Cruz, rociadas y regadas con tu preciosa Sangre. Amén. Un Padrenuestro. Un Avemaría. Un Gloria. Oración Final: ¡Oh Dios!, protector de cuantos en Ti confían, sin cuyo poder nada hay fuerte, nada hay santo; aumenta en nosotros tus misericordias, para que, siendo Tú quien nos dirijas y nos guíes de tal manera pasemos por las cosas temporales, que no perdamos las eternas. Te lo pedimos por el Corazón de tu Santísimo Hijo Jesús. Amén.

SEGUNDO DÍA - Acto de Contrición. Oración del día: ¡Oh, Corazón dulcísimo de Jesús!, ceñido de punzantes espinas, símbolo expresivo de nuestras ingratitudes, que te lastiman y de nuestros pecados, que te despedazan, en unión de todos los Espíritus Angélicos, que sin cesar te alaban y se abrazan en tu amor, te adoro, te amo sobre todas las cosas; y en testimonio de este amor, te ofrezco el propósito que te hago de aborrecer todo pecado. Renuncio de una manera particular a los placeres del sentido, para gozar del dulcísimo placer de amar tu infinita bondad; concédeme, el espíritu de mortificación y apartamiento del mundo, para poder un día formar parte del coro virginal que te seguirá y como corona te rodeará eternamente. Amén. Un Padre nuestro. Un Avemaría. Un Gloria. Oración Final.

TERCER DÍA - Acto de Contrición. Oración del día: ¡Oh, Corazón Sacratísimo de Jesús!, rasgado por el hierro de la lanza, como puerta abierta del Paraíso cuya entrada nos franquean los méritos de tu Pasión santísima!; en unión del Corazón Inmaculado de tu Madre, que te ha amado más que todos los Angeles y hombres, te adoro, te amo cuanto me es posible por las soberanas perfecciones que te adornan; y para hacer más eficaz mi amor, te ofrezco la promesa que e hago de propagar cuanto me sea posible el reinado de tu Divino Corazón y la obediencia a tu santa Iglesia y a sus representantes. Dame, Señor, por la intercesión del Corazón de tu Madre, que lo es también mía, la perseverancia final en tu gracia y en la fe de la Iglesia Católica, a fin de vivir morir y reinar eternamente en la morada deliciosa de tu dulcísimo Corazón. Amén. Un Padre nuestro. Un Avemaría.

Oh, Jesús, he pedido Tu Reino. No es necesario que pida nada para mí, tendré todo el resto por añadidura. Tú conoces lo que necesito; mira y haz lo que Tu Corazón Te sugiera. Yo me confío a Tu Corazón, me abandono en Tu dulce Providencia y, mientras, Te doy gracias por el don de estas horas de intimidad Contigo. Te agradezco desde ya, unido a María, por todos los benificios que Tu Amor me reserva aún en el tiempo y en la eternidad.

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