¿Dónde se guarda la Eucaristía en el sagrario?

Antes que todo pensemos en la esencia de la Eucaristía. Nuestro Señor Jesucristo nos dejó el tesoro de la Eucaristía en la Última Cena, el Jueves Santo. La Iglesia custodia con sumo cuidado ese tesoro. La Iglesia no es una abstracción, una idea; la Iglesia somos todos los bautizados. Y los Obispos y los sacerdotes estamos para santificar, regir, enseñar y, además, cuidar celosamente el tesoro de la Eucaristía; estas son nuestras principales responsabilidades.

Breve recorrido histórico sobre la reserva eucarística

Sabemos, pues, que las especies eucarísticas se conservaban, pero, ¿dónde? Las primeras noticias son de las llamadas Constitutiones Apostolicas, las cuales amonestan a los diáconos a llevar el sobrante de las especies consagradas durante la Misa a un local a propósito, llamado pastoforio, que en Oriente se ubicaba al costado sur del altar. En Occidente se denominó secretarium o sacrarium, y tenían sus llaves los diáconos, a los que, desde los primeros tiempos de la Iglesia, competía la administración de la Eucaristía.

En dichos locales, la Eucaristía, envuelta en un cofrecito o pequeña arca, o también en un blanco lino, estaba dentro de un armario (conditorium) y este fue el primer tabernáculo o sagrario, y por el local en donde se ubicaba dio origen al nombre de la «sacristía». Antes del siglo V el sagrario no existía como tal. Existía, en cambio, la píxide, un vaso sagrado que colgaba sobre el altar en cuyo interior se guardaban las partículas eucarísticas.

Estas píxides eran recipientes de pequeño tamaño y de escasa capacidad realizados en materiales nobles: en un principio en madera de boj o marfil y más adelante en metal bañado adornado con esmaltes. Con el tiempo, las especies eucarísticas comenzaron a reservarse en un armario excavado en el muro o en el interior de un pilar hasta que, finalmente, en el siglo XV se extendió el uso del tabernáculo en las iglesias.

Formas antiguas de custodia

  • Los pequeños vasos, arca o arcula: en ellos se conservaba la Eucaristía envuelta en lino; existían cofrecitos cerrados con llave.
  • La paloma eucarística: la paloma que contenía el pan eucarístico colgaba de unas cadenillas sobre el altar; era usada en los baptisterios y pasó a la reserva del Santísimo.
  • La torre (o torreta): era nada más que una torre de medio tamaño con una tapa generalmente cónica o plana; las torres eran de plata y las palomas de oro.
  • La píxide: se suma en el periodo románico, vaso sagrado que se suspendía sobre el altar envuelta en un velo.
  • El tabernáculo mural: difundido a partir del siglo XIII, se colocaba al lado del altar y resultaba práctico y seguro.

En el que se colocaban las torres y las palomas, y en el que se depositaban las especies eucarísticas dentro de ella, se emplearon también piedras preciosas, y era común que tanto el interior como la puerta del sagrario estuvieran ricamente decorados.

El sagrario: definiciones y función

Los términos “sagrario”, “custodia” y “tabernáculo” definen tres objetos de culto creados con el mismo fin: contener las formas sagradas. A lo largo de la historia del arte se han empleado indistintamente mientras definían sus peculiaridades artísticas. Hoy entendemos por “custodia” al ostensorio empleado para la exposición de la Forma mediante el viril y por “sagrario” a la pequeña cámara en cuyo interior se guardan las formas consagradas.

Las primeras reservas, en cofrecitos o píxides, tenían por fin primordial facilitar la comunión a los enfermos y la distribución del viático. Resumiendo, podríamos decir que siempre se tuvo la costumbre de reservar el Santísimo Sacramento, durante el primer milenio, más por motivo de distribuir la comunión a los enfermos.

Elementos y características del sagrario

  • Son pequeñas cámaras destinadas a reservar las sagradas especies.
  • Se construyen a partir de una estructura metálica que suele recubrirse posteriormente de oro o plata.
  • Se distinguen dos partes: la cubierta interior, donde se depositan las hostias consagradas, y la exterior, que la protege y permanece como parte visible.
  • Ambas suelen enriquecerse con distintos materiales y elementos decorativos: grabados, esmaltes, joyas, escenas o motivos propios de la tradición cristiana.
  • Debe ser sólido, inviolable y no transparente; signo de honor tributado al Señor.
píxide y tabernáculo histórico

Ubicación del sagrario en la iglesia: tradición y normativa

Las iglesias más antiguas tenían un altar mayor, generalmente en el centro de la parte trasera del santuario, en el que solía estar construido el sagrario. Como estos altares se construían asumiendo que la Misa se celebraba ad orientem, esto tenía sentido desde un punto de vista litúrgico y práctico. Si uno entraba en una iglesia, el primer lugar al que se dirigiría la mirada sería, naturalmente, el altar mayor. De esta manera, los feligreses que desearan venerar a nuestro Señor en la Eucaristía sabrían exactamente dónde mirar.

Sin embargo, después del Concilio Vaticano II surgieron discusiones y cambios en la ubicación del sagrario. En 1967 la Sagrada Congregación para los Ritos emitió la instrucción Eucharisticum Mysterium que, entre otras cosas, aconseja que el lugar en una iglesia donde se reserva el Santísimo Sacramento debe ser verdaderamente prominente y adecuado para la oración privada. Esto llevó a que, en algunas iglesias nuevas, el sagrario se ubicara en capillas separadas o en lugares distintos al altar mayor.

Lo que enseña actualmente la Iglesia sobre los sagrarios recoge ambos aspectos: “El sagrario debe estar ‘colocado en las iglesias en el lugar más digno, con la mayor honorabilidad’. La dignidad, la colocación y la seguridad del sagrario eucarístico deben fomentar la adoración ante el Señor realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar” (CCC 1183). “La Santísima Eucaristía debe ser reservada habitualmente en un solo sagrario de una iglesia u oratorio. El sagrario en el que se reserva la Santísima Eucaristía debe estar situado en alguna parte de la iglesia u oratorio que sea distinguida, conspicua, bellamente decorada y adecuada para la oración.”

Principios prácticos para su colocación

  1. Debe ser prominente y fácil de encontrar para los fieles que deseen orar ante él.
  2. Debe favorecer la adoración y la oración personal; su ubicación se decide teniendo en cuenta la dignidad y la nobleza del lugar.
  3. Puede estar en el altar mayor, en una capilla lateral o en otro lugar distinguido, siempre que cumpla los requisitos de seguridad y visibilidad.
  4. La Iglesia solo debe usar un sagrario a la vez en una iglesia u oratorio.

Seguridad, custodia de la llave y responsabilidades

El último responsable en la diócesis del culto a la Eucaristía y, por lo tanto, del cuidado de los sagrarios es el Obispo diocesano; en la práctica, lo es cada párroco y sacerdote encargado del templo o capilla. Quien cuida de la Iglesia u oratorio ha de proveer a que se guarde con la mayor diligencia la llave del sagrario en el que está reservada la Santísima Eucaristía. La llave del tabernáculo debe ser diligentísimamente custodiada. No se dejará nunca la llave del sagrario sobre el altar o junto al sagrario, ni siquiera durante los actos de culto.

Terminadas las funciones de culto, guardará el sacerdote la llave en su propia casa o la dejará en la sacristía, en un lugar secreto y seguro, bajo otra llave que a su vez guardará celosamente. Sólo por especial concesión de la Santa Sede podrá guardar esta llave un laico. Todas las demás precauciones resultarían ineficaces, si esta última no se observa con particular esmero.

Devoción y arte: el sagrario como signo de fe

La Iglesia pretendía manifestar su fe en la Eucaristía como sacrificio y no como simple conmemoración. El arte ilustra la fe eucarística: estatuas de santos y de ángeles, grandes retablos, edículos eucarísticos y custodias crean un entorno donde la presencia real de Cristo en las especies eucarísticas es expresada con belleza. La custodia eucarística tuvo dos formas tradicionales: la torre y la paloma; a estas se sumó luego la píxide y, finalmente, el tabernáculo que conocemos hoy.

«Que nadie diga ahora: la Eucaristía está para comerla y no para adorarla. No es, en absoluto, un «pan corriente». Comerla es -lo acabamos de decir- un proceso espiritual que abarca toda la realidad humana. «Comerlo» significa adorarle. «Comerlo» significa dejar que entre en mí de modo que mi yo sea transformado y se abra al gran nosotros». De esta forma, la adoración no se opone a la comunión, ni se sitúa paralelamente a ella: la comunión alcanza su profundidad sólo si es sostenida y comprendida por la adoración» (J. Ratzinger).

retablo con tabernáculo central

Normas prácticas y litúrgicas sobre la reserva

  • Al final del rito de comunión durante la misa “las hostias consagradas que han sobrado, o las consume el sacerdote en el altar o las lleva al lugar destinado para la reserva de la Eucaristía” (Redemptionis Sacramentum, 107).
  • Es importantísimo que toda forma de culto a la Eucaristía tome su sentido de la santa Misa y ella conduzca.
  • El acólito es instituido para el servicio del altar y para ayudar al sacerdote y al diácono; donde lo aconseje la necesidad podrán los laicos, con las debidas prescripciones, suplir algunas funciones ministeriales.
  • La conservación nocturna y la renovación frecuente de la reserva eucarística deben observarse con diligencia por quienes tienen esta responsabilidad.

Ejemplos de prácticas históricas

El canon 13 del I Concilio de Nicea (325) permite concluir que el uso de conservar la Eucaristía en las iglesias debía remontarse a una edad bastante remota, sino apostólica. Existen testimonios de Tertuliano y San Cipriano para África, y de San Hipólito para Roma. Los mismos fieles gozaban de la facultad de tener la Eucaristía en sus casas; testimonios antiguos advierten sobre los riesgos de conservarla sin las debidas precauciones. Durante el primer milenio la reserva se tuvo más por motivo de distribuir la comunión a los enfermos.

Recomendaciones para el diseño y la pastoral

La dignidad, la colocación y la seguridad del sagrario eucarístico deben fomentar la adoración ante el Señor realmente presente. Se requieren indicaciones apropiadas que, con claridad y buen gusto, conduzcan a la oración. Debe evitarse cualquier disposición que haga muy difícil rezar arrodillados o que elimine signos de veneración: todo esto sería un atentado contra la fe en la presencia real.

Los principios enunciados en documentos como Eucharisticum Mysterium y la Instrucción General del Misal Romano deben tenerse en cuenta en la construcción de nuevas iglesias y en la adaptación de las ya existentes. Donde se coloque el sagrario, su finalidad pastoral y litúrgica es promover la adoración personal y comunitaria.

¿Qué es el Sagrario? | ¿Por Qué el Sagrario es Tan Importante? | ¿Qué Se Guarda en el Sagrario?

Tabla resumen: formas históricas y su uso

  • Píxide: vaso suspendido sobre el altar; siglos V-XIII; reservado para partículas y viáticos.
  • Paloma: recipiente en forma de paloma colgante; usado en baptisterios y altares; material precioso (oro).
  • Torre (torreta): pequeña torre metálica colocada sobre el altar; práctica y relativamente barata.
  • Tabernáculo mural: difundido desde el siglo XIII; práctico y seguro; colocado junto al altar.
  • Tabernáculo sobre altar: uso generalizado desde el siglo XV y reforzado tras el Concilio de Trento.

La Iglesia, a lo largo de su historia, ha buscado conciliar la seguridad, la dignidad y la accesibilidad para la oración en la ubicación del sagrario. Lo esencial siempre ha sido que la reserva del Santísimo favorezca la adoración y la comunión de los fieles, custodiada con respeto y responsabilidad.

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