Su nombre era Simón, aunque más tarde Jesús lo llamó Pedro. Nació en Betsaida, vivía en Cafarnaún y era pescador en el lago de Tiberíades. El Maestro lo invitó a seguirlo junto a su hermano Andrés, y con Santiago y Juan los hizo testigos de grandes hechos: la resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración, la agonía en el huerto de los olivos.
Orígenes y vocación
El nombre verdadero y originario de San Pedro era Simón, que aparece a veces como Simeón. Era hijo de Jonás (Juan) y nacido en Betsaida, un pueblo junto al Lago de Genesaret. El Apóstol Andrés era su hermano, y el Apóstol Felipe provenía del mismo pueblo. Simón se estableció en Cafarnaúm, donde vivía con su suegra en su propia casa al tiempo de comenzar el ministerio público de Cristo.
Simón se dedicó en Cafarnaúm al lucrativo quehacer de pescador en el Lago de Genesaret, poseyendo su propio barco. Al igual que tantos de sus contemporáneos Judíos, a él lo atraía la prédica de penitencia del Bautista y junto a su hermano Andrés, estaba entre los seguidores de Juan en Betania, sobre la margen oriental del Jordán.
Cuando, luego que el Alto Consejo hubo mandado por segunda vez enviados al Bautista, éste señaló a Jesús que pasaba, diciendo, "He ahí al Cordero de Dios", siguiéndolo Andrés y otro discípulo al Salvador a su residencia y permaneciendo por un día con Él. Más tarde, encontrando a su hermano Simón, Andrés le dijo "Hemos hallado al Mesías", y lo llevó hasta Jesús, quien, fijando su mirada en él, le dijo: "Tú eres Simón el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas, que se interpreta como Pedro".
Primeros años junto a Jesús
Pedro y Andrés estaban trabajando en el momento de ser convocados cuando Jesús los halló y dijo: "Venid conmigo y os haré pescadores de hombres". Desde entonces Pedro permaneció siempre en la vecindad inmediata de Nuestro Señor.
Pedro pronto sobresalió de entre los Doce. Aunque de carácter indeciso, se aferra al Salvador con la mayor fidelidad, firmeza de fe y amor íntimo; atropellado tanto de palabra como en sus actos, está lleno de fervor y entusiasmo, aunque de momento fácilmente accesible a influencias externas e intimidable por las dificultades. Cuanto mayor relieve toman los Apóstoles en la narrativa Evangélica, tanto más se destaca Pedro como el primero entre ellos.
Pedro fue uno de los tres Apóstoles (con Santiago y Juan) que estuvieron con Cristo en ciertas ocasiones especiales, la elevación de la hija de Jairo de entre los muertos; la Transfiguración de Cristo; la Agonía en el Huerto de Getsemaní. También en varias ocasiones Cristo lo prefirió por encima del resto: sube a la barca de Pedro en el Lago Genesaret para predicar a la multitud en la orilla; cuando Él caminaba milagrosamente sobre las aguas, llamó a Pedro para que cruzase hacia Él por el Lago; Él lo mandó al lago a capturar el pez en cuya boca Pedro encontró el estáter para pagar como tributo.
La profesión de fe y la misión
En Cesarea de Filipo, Jesús pregunta a los suyos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Simón Pedro responde: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Y Jesús afirma: “Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.” Este es el encargo que recibe Pedro: gobernar la Iglesia.
Mediante la palabra "piedra" el Salvador no debe haberse referido a Sí mismo, sino sólo a Pedro, como es mucho más evidente en Arameo, donde la misma palabra (Kipha) se usa para "Pedro" y "roca". Su expresión sólo admite entonces una sola explicación, que es, que Él desea hacer de Pedro la cabeza de toda la comunidad de aquéllos que creyeran en Él como el verdadero Mesías, que por este cimiento (Pedro) el Reino de Cristo sería inconquistable.
Debilidades, negación y restauración
Se trata de un hombre que a veces no ve la voluntad de Dios, es instintivo: Pedro protesta cuando Jesús revela su cercana Pasión; quiere evitar el momento del lavatorio de los pies en la última cena, no acepta ese gesto tan humilde del Maestro; niega tres veces que conoce a Jesús tras su arresto. Cuando Cristo procedió a lavar los pies de Sus discípulos antes de la Última Cena y se dirigió primero a Pedro, éste protestó al principio, pero al declarar Cristo que de otro modo no tendría parte con Él, dijo de inmediato: "Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza ".
Al ser prendido Jesús, en un arranque de ira Pedro quiso defender a su Maestro por la fuerza, pero se le prohibió. Entonces volviendo siguió a su Señor cautivo al patio del Sumo Sacerdote, negando allí a Cristo, afirmando en forma explícita y jurando que no lo conocía. Esta negativa se debía, por cierto, no a una falta de fe interior en Cristo, sino a miedo y cobardía exterior.
Pero lo más importante de todo, cuando se apareció junto al Lago de Genesaret, Cristo renovó la comisión especial a Pedro de alimentar y defender a su rebaño, después que Pedro hubo afirmado por tres veces su amor especial por su Maestro. Cristo predijo la muerte violenta que habría de sufrir Pedro y, de esta manera, lo invitó a seguirlo de un modo especial.
Actividad apostólica en Jerusalén y viajes misioneros
Después de la ascensión del Señor, Pedro es el punto de referencia de los apóstoles y de los primeros seguidores de Cristo. Comienza a hablar en público, a predicar y a hacer curaciones. El Sinedrio lo arresta y lo libera varias veces. Toma conciencia de la autoridad con la que habla y del entusiasmo de la gente a su alrededor. El número de los primeros cristianos aumenta poco a poco.
De entre los muchos Apóstoles y discípulos que, luego de la Ascensión de Cristo a los Cielos desde el Monte de los Olivos, retornaron a Jerusalén para aguardar el cumplimiento de Su promesa de enviar al Espíritu Santo, Pedro se destaca inmediatamente como el líder de todos, y es constantemente reconocido en adelante como cabeza de la comunidad Cristiana en Jerusalén. Él toma la iniciativa en la designación al Colegio Apostólico de otro testigo de la vida, muerte y resurrección de Cristo para sustituir a Judas.
Luego de la venida del Espíritu Santo en la fiesta de Pentecostés, Pedro imparte a la cabeza de los Apóstoles el primer sermón público para proclamar la vida, muerte y resurrección de Jesús, y gana un gran número de Judíos como conversos a la comunidad Cristiana. Fue el primero de los Apóstoles en operar un milagro público, cuando entró al templo y curó a un hombre tullido en la Puerta Hermosa. A la gente que se amontonaba en su asombro alrededor de los dos Apóstoles, les predica un largo sermón en el Pórtico de Salomón y trae un nuevo incremento en el rebaño de creyentes.
Mediante numerosos milagros Dios confirma la actividad Apostólica de los creyentes en Cristo, habiendo también aquí mención especial de Pedro. En los subsiguientes interrogatorios a los dos Apóstoles ante el Gran Sanedrín de los Judíos, Pedro defiende de manera intrépida e impresionante la causa de Jesús y la obligación y libertad de los Apóstoles de predicar el Evangelio.
Relación con Pablo y misión hacia los gentiles
El número de los primeros cristianos aumenta poco a poco. Pedro comienza a viajar de ciudad en ciudad anunciando la Buena Nueva. Regresa a menudo a Jerusalén, y es allí donde un día Pablo se presenta ante él y ante los otros apóstoles, dándoles testimonio de su conversión. A partir de entonces Pedro y Pablo viajan por caminos distintos, aunque se encuentran en Jerusalén. Pedro se confronta con Pablo muchas veces, acepta sus observaciones y consideraciones, y discuten sobre cómo orientar la Iglesia naciente.
La actividad esencial de los Doce Apóstoles de construir y extender la Iglesia no desapareció completamente con sus muertes, es seguro que tampoco se desvaneció por completo la Primacía Apostólica de Pedro. Según la intención de Cristo, debe haber continuado su existencia y desarrollo en una forma apropiada al organismo eclesiástico, así como el oficio de los Apóstoles continuó de una manera apropiada.
Últimos años, martirio y legado
Por último los dos apóstoles llegan a Roma. Pedro refuerza la comunidad cristiana de Roma, de la que es guía. Durante la persecución de Nerón, es hecho prisionero y luego crucificado cabeza abajo -como solicita él mismo porque no se siente digno de morir del mismo modo que el Señor-. Pablo, condenado a muerte por el Tribunal romano, será decapitado.
Según la tradición, el martirio de ambos ocurre el mismo día, el 29 de junio del año 67. Pedro murió en el circo de Nerón y fue enterrado en la colina del Vaticano; Pablo, en la Via Ostiense. Sobre sus tumbas surgen las Basílicas de San Pedro y San Pablo extramuros. Hay testimonios arqueológicos de la necrópolis con la tumba de San Pedro, directamente bajo el altar mayor. Se han encontrado muchos escritos en las catacumbas que unen los nombres de San Pedro y San Pablo, mostrando que la devoción popular a estos grandes Apóstoles comenzó en los primeros siglos.

Escritos y enseñanza petrina
Los únicos escritos que poseemos de San Pedro son sus dos Epístolas en el Nuevo Testamento. Pensamos que ambas fueron dirigidas a los convertidos de Asia Menor. La Primera Epístola está llena de admoniciones hacia la caridad, disponibilidad y humildad, y en general de los deberes en la vida de los cristianos. La Segunda Epístola trata de las falsas doctrinas, habla de la segunda venida del Señor y concluye con una bella doxología: "pero creced en la gracia y sabiduría de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador".
Pedro como figura central y humana
En su camino al lado del Mesías, Pedro se muestra como un hombre sencillo, franco y a veces impulsivo. A menudo habla y actúa en nombre de los apóstoles, no duda en pedir explicaciones y aclaraciones a Jesús acerca de la predicación o las parábolas, lo interroga sobre diferentes temas. Y es el primero en responder cuando el Maestro se dirige a los Doce.
Si nosotros hubiéramos asesorado a Jesús para elegir a sus discípulos, ¡qué distinto hubiera sido todo! Jesús, no le des la bolsa a Judas, que es ladrón; Jesús, no fundes tu Iglesia sobre Pedro, que anda siempre negando todo… ¿No es verdad que Jesús hizo las cosas muy mal? ¡Pero la Iglesia salió bien! Dicen que Dios escribe derecho con renglones torcidos. Y con san Pedro apóstol sí que se esmeró: ¿habrá habido algún renglón más torcido que el querido Pedro?
La conversión y la misión de san Pedro enseñan que no importa el tamaño de nuestros pecados, de nuestra ignorancia, de nuestra personalidad. Que Dios hizo santos, y grandes santos, a personas débiles. Que no tenemos que dejarnos vencer por nuestras fragilidades, sino dejar que Dios nos transforme en levadura, en fermento para la masa.
El Vaticano! Italia #4
Tabla: momentos clave en la vida de Pedro
- Origen: Nacido en Betsaida; vivió en Cafarnaún; pescador en el lago de Genesaret.
- Llamado: Invitado por Jesús a seguirlo junto a Andrés; "te llamarás Cefas (Pedro)".
- Eventos junto a Jesús: Resurrección de la hija de Jairo, Transfiguración, Getsemaní, lavatorio de pies, negación y restauración.
- Ministerio apostólico: Líder en Jerusalén, sermón en Pentecostés, milagros y defensa ante el Sanedrín.
- Relación con Pablo: Encuentros y discusiones sobre la orientación de la Iglesia; presencia en Roma.
- Martirio y legado: Crucificado cabeza abajo en Roma; enterrado en la colina del Vaticano; basílicas erigidas sobre sus tumbas.
Hoy el Papa continúa el ministerio petrino como pastor universal de la Iglesia de Cristo. Pinturas muy antiguas nos describen a San Pedro como un hombre de poca estatura, energético, pelo crespo y barba. La barca del pescador de Galilea es ahora la Iglesia de Cristo.