La liturgia reserva un lugar privilegiado a la figura del Buen Pastor el cuarto domingo de Pascua. Toda la Tradición transmite la idea fundamental de que Cristo es el salvador de las ovejas, ya que Jesús guía a sus seguidores más allá de la muerte, hacia pastos celestiales, en la casa del Padre. De las distintas imágenes que se emplean en la Biblia para hablar de Jesús, tales como Cordero, Señor, Rey, Piedra Angular, Hijo del hombre o Siervo, probablemente sea la de Pastor la que mejor expresa la relación entre Jesucristo y los hombres.
Contexto bíblico y literario del discurso del Buen Pastor
Para comprender mejor el alcance del texto, es necesario situarlo dentro del gran apartado del Cuarto Evangelio al que pertenece, que se extiende desde Jn 7:1 a Jn 10:42. Estos cuatro capítulos constituyen el centro de la vida pública de Jesús, el punto culminante de su revelación al mundo, en el templo de Jerusalén. La unidad temática de esta sección es evidente: Jesús se revela al mundo, pero está continuamente en controversia con «los judíos».
En el evangelio de Juan se presenta y explica la condición mesiánica de Jesús mediante dos símiles: la «puerta (de las ovejas)» y el «buen pastor» (cf. Jn 10,7.11), que están en relación con las novedades del templo profetizadas por la Sagrada Escritura: la «puerta» hace referencia a las expectativas de un nuevo templo, y el «pastor», al liderazgo del templo. Hablando de su liderazgo y de su condición mesiánica en relación con el templo, Jesús declara en Jn 10,1 una cosa importante: que quien no entra en el «corral» -en el griego de la LXX el término indica el patio del templo- es un «ladrón» y un «bandido».
La metáfora del redil y la puerta
En la Biblia griega a menudo se asocia metafóricamente con áreas relacionadas con el Templo. También debemos agregar que, ya en el Antiguo Testamento, el término «oveja» se utiliza frecuentemente en un sentido puramente alegórico para designar al pueblo de Israel. El vocabulario de nuestro versículo evocaría una situación análoga a la del Salmo 100/ (cf. «Reconocer que sólo el Señor es Dios: Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y rebaño de su pasto»). Estas son alusiones veladas pero precisas de que Jesús, según san Juan, está haciendo con respecto a su misión; combinan elementos figurativos y referencias a situaciones históricas, para hacer comprender el valor y la naturaleza de su identidad mesiánica.
Si la antigua valla ha dejado de funcionar, ya no es necesario mencionarla; de hecho lógicamente Jesús podría haber dicho: «Yo soy la puerta del recinto». Pero en lugar de eso usa una nueva expresión porque ahora Él es la puerta para las propias ovejas. Aquí pasamos del nivel histórico al nivel tipológico y espiritual: ya no se trata del cercamiento del judaísmo: entrando por la "puerta" que es Jesús, las ovejas entran en un nuevo entorno, de una naturaleza completamente diferente.

Elementos teológicos centrales del símil
- Mediación y salvación: La primera idea que expresa la frase de Jesús: "Yo soy la puerta de las ovejas" es la de mediación, por tanto de la posibilidad de acceso a la salvación. Se dice explícitamente en el texto de v. 9: "Yo soy la puerta: el que entre sólo por mí será salvo".
- Jesús como nuevo Templo: Al referirse a Jesús, la imagen de la puerta no significa sólo que a través de ella se accede a la salvación y a la vida; también indica que las ovejas encuentran en él estos bienes. Jesús no es sólo una vía de acceso; también es la nueva valla, el nuevo templo, en el que su pueblo pueda obtener bienes mesiánicos.
- Conocimiento personal e íntimo: Una característica del pastor es el conocimiento personal e íntimo que tiene de las ovejas, indicado por el hecho de que llama a cada una por su nombre. La especial relación entre el pastor y las ovejas no se establece tanto por lo que dice el pastor, sino por su voz y por la reciprocidad del conocimiento.
- Donación de la vida: La perfección y la belleza del pastor consiste en que el pastor expone y entrega su propia vida por las ovejas. El buen pastor entrega su vida por sus ovejas; el mercenario, en cambio, huye y abandona ante el peligro.
- Unidad y escatología: La mención de otras ovejas y la promesa de «un solo rebaño y un solo pastor» (Jn 10,16) anuncian la novedad escatológica: la unidad del rebaño y la participación en la vida del Padre a través del Hijo.
Implicaciones exegéticas y patrísticas
La tradición patrística resaltará más el aspecto futuro, específicamente escatológico, del tema de la puerta: A través de Jesús tenemos acceso a la vida eterna, al reino de los cielos. Pero aquí como en otros lugares, Juan anticipa temas escatológicos en la misma persona y obra histórica de Jesús: al mismo tiempo a través de él y en comunión con él, fin de ora, podemos obtener los bienes de la salvación, vida divina. Esta idea fue comentada magníficamente en textos atribuidos a Agustín, Ignacio de Antioquía y el Didaché: «Jesús es la puerta, la puerta en la que está la casa, la casa en la que descansa el cansado», «Él es la puerta del Padre, por donde entra Abraham... la puerta es el Hijo de Dios».
Dimensión eclesiológica y pastoral
Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, la figura del pastor culmina en Jn 10,2-16 y en Mt 25,31-46 y ha tenido gran influjo en la visión posterior de la Iglesia cristiana que ha concebido a sus ministros como «pastores» e interpretado su acción ministerial como «pastoral». Pastor era en oriente el rey, que protege y guía sus rebaños de hombres; así ejerce su oficio desde arriba, como ministro superior de Dios. Dios aparece como un pastor que cuida el rebaño de los hombres, especialmente de su pueblo Israel.
Para el pueblo judío, en los tiempos mesiánicos un descendiente de David, que era pastor, sería el pastor y guía de Israel. La imagen del pastor, recreada por Jesús, no manda sobre las ovejas desde arriba: es un pastor que comparte la vida de los otros, especialmente de los más débiles. Jesús se apiada de los hombres porque están «dispersos y perdidos, como ovejas que no tienen pastor».
Relevancia pastoral actual
Estamos viviendo una época de sequía vocacional y una crisis profunda de pastoral y liderazgo en muchas iglesias occidentales. No se trata solo de una crisis de número, sino de conciencia y de tarea pastoral. La figura del Buen Pastor se presenta como una llamada urgente a la autenticidad pastoral: cercanía, escucha, misericordia, entrega y cruz. La tarea del «pastor» no es ya una función que se desarrolla en tiempos establecidos, sino que es el don de la vida, que es comunión y participación en la vida de Dios.
La Iglesia necesita unos “pastores” nuevos para los tiempos nuevos, unos pastores que reflejen y actualicen en las nuevas condiciones culturales y sociales de la postmodernidad el impulso de Jesús y de sus primeros seguidores. No se trata simplemente de mantener la iglesia, sino de rehacerla desde su fuerte fundamento que es Cristo. Debemos recrear la “tensión del Reino”, es decir, el compromiso a favor de los más pobres, y de un modo consecuente la eucaristía y los ministerios, de lo contrario nuestras celebraciones se convierten en algo separado de la vida concreta de los hombres y mujeres.
Dimensiones pastorales concretas
- Cuidado personal: Jesús conoce a cada oveja por su nombre; la pastoral requiere conocimiento íntimo y atención personal.
- Llamada y seguimiento: La escucha y el seguimiento son condiciones para participar de la vida eterna: la escucha y el seguimiento implican la puesta en juego de la voluntad.
- Entrega y sacrificio: La oferta de la propia vida es el núcleo del sacerdocio de Jesús y modelo para el ministerio: es sacerdote el que ofrece un sacrificio.
- Comunión y presencia: La puerta hace accesible la comunión con el Padre; la pastoral auténtica abre a una relación vital con Dios, más allá de estructuras meramente institucionales.
Pastores, ministerios y comunidad
La tradición católica ha entendido que los obispos y sacerdotes participan del ministerio pastoral de Cristo. Sin embargo, en el análisis del Nuevo Testamento se subraya que la celebración y la presidencia eucarística pueden surgir de la misma comunidad: la celebración no es un derecho ni un deber, sino la esencia de la Iglesia. La forma actual de ordenar presbíteros "en general y para siempre" puede considerarse alejada de la vida originaria de la Iglesia; las comunidades pueden nombrar a sus ministros por tiempo, en función de sus necesidades. Lo que importa es que haya amor, un amor que se celebra y vive en cada comunidad.
El Buen Pastor como paradigma espiritual
En la revelación bíblica, la figura del Buen Pastor emerge no solo como una imagen consoladora, sino como una clave teológica de la identidad y misión de Jesucristo. Esta imagen está profundamente enraizada en las Escrituras y ha sido desarrollada a lo largo de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia como un modelo esencial del ministerio pastoral. Jesús es el nuevo templo y la puerta de acceso al templo porque es «uno» con el Padre y porque hace accesible esta unidad a sus discípulos.
Creer en Jesús quiere decir concretamente acoger su palabra y permitir participar en su especial relación con el Padre. La comunión con el Señor no se limita a un lugar geográfico, sino que es posibilitada por la identificación con el «Hijo del hombre», por el reconocimiento de la voz del «pastor», y por la unidad y unificación entre el rebaño y el pastor.
Tres rasgos del símbolo en la vida cristiana
- Elemente cristológico: Jesús es el auténtico pastor, que conduce a su rebaño hasta la meta; no es un pastor asalariado.
- Elemento eclesiológico: Jesús conoce a las ovejas y dialoga con ellas en intimidad de corazón; de ahí nace la comunidad eclesial.
- Rasgo intradivino: La unidad del pastor con las ovejas refleja el misterio del encuentro de Cristo con el Padre.
El evangelio nos muestra al signo de Jesús-Pastor que dirige y guarda, anima y protege a sus amigos que, conforme a un símbolo antiguo de oriente, aparecen como ovejas. Jesús, con nosotros, es este mismo buen pastor, que nos ama hasta tal punto que ha entregado su vida por nosotros, y nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos.
Aplicaciones prácticas y finalidades pastorales
En tiempos de crisis vocacional, secularización y desconfianza, la figura del Buen Pastor exige un liderazgo que no sea autorreferencial, sino donación de vida para los demás. No estamos ante un exceso de liderazgo, sino ante un vacío enorme de liderazgo cristiano, ante un vacío de pastoral auténtica, que brote de la raíz del Evangelio. Es necesario un nuevo tipo de liderazgo (de pastoral) que brote de Jesús: al servicio de los más pobres y de la comunión de todos. En esa línea, es necesario que vengan pronto las transformaciones, y que se hagan con gran valentía.
El domingo del Buen Pastor surge espontáneamente para recordar a todos los pastores de la Iglesia, aquellos que a imagen de Jesús, Buen Pastor, cuidan con cariño a los que les han encomendado. El buen pastor da el mejor alimento, la Eucaristía; acoge y perdona a través del sacramento del perdón.
Notas finales prácticas
- La imagen del pastor ha ayudado a configurar la comprensión del ministerio episcopal y sacerdotal como servicio sacrificado y cercano.
- La pastoral auténtica combina cuidado personal, llamada, conocimiento recíproco y entrega de la vida.
- La vocación pastoral hoy reclama creatividad en ministerios y formas comunitarias que permitan celebrar la Eucaristía y la comunión en contextos cambiantes.