La palabra misericordia atraviesa dos obras muy distintas pero afines en sentido: la reflexión pastoral del Papa Francisco sobre la quinta Bienaventuranza y las novelas tituladas "Misericordia" de Benito Pérez Galdós y de Lídia Jorge. En esta síntesis recogemos los puntos centrales de cada texto, su contexto, los temas que articulan su mensaje y las valoraciones de lectores y clubes de lectura.
La misericordia según el Papa Francisco
La audiencia general del miércoles 18 de marzo el Papa Francisco la dedica a la quinta Bienaventuranza. "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos hallarán misericordia" (Mt 5, 7). Meditando sobre estas palabras del Evangelio según San Mateo, Francisco en la Audiencia General desde la Biblioteca del Palacio Apostólico, recuerda la fundamental coincidencia indicada en la quinta Bienaventuranza: Los que ejercen la misericordia encontrarán misericordia, serán "misericordiosos".
Al recibir el perdón de Dios, "nosotros a su vez nos volvemos capaces de perdonar." "Así, la propia miseria y la falta de justicia - observa el Papa - se convierten en una oportunidad para abrirse al dios-rey del cielo, en una medida mayor, la medida de Dios, que es la misericordia".
La misericordia no es una dimensión entre otras, sino que es el centro de la vida cristiana: no hay cristianismo sin misericordia. Si todo nuestro cristianismo no nos lleva a la misericordia, hemos tomado el camino equivocado, porque la misericordia es la única meta verdadera de todo camino espiritual. Es uno de los más bellos frutos de la caridad.
“La misericordia de Dios es nuestra liberación y nuestra felicidad. Vivimos de la misericordia y no podemos permitirnos estar sin misericordia: es el aire para respirar. Somos demasiado pobres para poner condiciones, necesitamos perdonar, porque necesitamos ser perdonados."
Francisco subraya la reciprocidad del perdón: "la misericordia - subraya el Papa - es el corazón mismo de Dios". Van acompañadas inmediatamente las citas del Evangelio de Lucas: "No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados". "La misericordia - también leemos en la Carta de Santiago - siempre ha prevalecido sobre el juicio".
En el Padre Nuestro rezamos: "Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden". Hay dos cosas que no se pueden separar: el perdón dado y el perdón recibido. Pero mucha gente está en problemas, no pueden perdonar. Tantas veces el mal recibido es tan grande que ser capaz de perdonar parece como escalar una montaña altísima: un esfuerzo enorme; y uno piensa: no puedes, esto no puedes.
Este hecho de la reciprocidad de la misericordia indica que necesitamos invertir la perspectiva. Solos no podemos, necesitamos la gracia de Dios, debemos pedirla. De hecho, ¡si la Quinta Bienaventuranza promete encontrar misericordia y en el Padre Nuestro pedimos el perdón de las deudas, significa que somos esencialmente deudores y necesitamos encontrar misericordia! La necesidad de encontrar misericordia, explica el Papa, no debe separarse de la capacidad de perdonar: perdonando uno es perdonado. Todos somos deudores. Todos nosotros.
Después de la catequesis, el Papa recordó que el próximo viernes y sábado habrá la iniciativa "24 horas para el Señor", una cita importante "para la Cuaresma para la oración y para el sacramento de la reconciliación". "Lamentablemente, en Roma, Italia y otros países esta iniciativa no podrá llevarse a cabo en las formas habituales debido a la emergencia del coronavirus". Luego relanzó el llamamiento de los obispos italianos que en esta emergencia sanitaria promovieron un momento de oración por todo el país: "Todas las familias, todos los fieles, todas las comunidades religiosas: todos unidos espiritualmente mañana a las 21 horas en el rezo del Rosario, con los Misterios de la Luz. El Papa les acompañará desde el Vaticano."
Misericordia de Lídia Jorge: resumen y temas centrales
Cuarenta días antes de morir, la madre de la autora portuguesa Lídia Jorge (Boliqueime, 78 años) pidió a su hija que escribiese un libro titulado Misericordia. De aquel encargo emergió esta novela, publicada en Portugal en 2022 y traducida al español por María Jesús Fernández, que cosecha premios -es el primer libro en portugués que conquista el Médicis francés- y conmueve lectores con similar facilidad.
La historia se desarrolla por completo en lo que alguna vez fue un hotel junto al mar y que ahora funciona como residencia de ancianos. Allí, como dice la narradora, las personas hacen cosas por penúltima o última vez. El lugar se nos presenta como una especie de exilio con reglas estrictas: los residentes no pueden salir. Sin embargo, dentro de ese encierro surgen historias de amor, conspiraciones, intentos revolucionarios por cambiar la situación, quejas por maltrato y también gestos de cuidado.
La señora Alberti, protagonista y alter ego de la madre de la autora, ronda los noventa años; pasa noches de insomnio, atormentada por olvidar cosas que alguna vez fueron evidentes. Una mujer en silla de ruedas que, como una niña pequeña, necesita ayuda para ir al baño, para comer, para lo más básico. Y que, aun así, conserva un mundo interior riquísimo, lleno de preguntas sobre la vida y la amistad, aunque desde fuera todo parezca decadencia y rutina.
Lídia Jorge otorga dos voces a su protagonista. Una exterior, que es escueta; y un discurrir interior que confía a una grabadora, donde fluye un torrente de pensamientos sofisticados, divertidos y disparatados. A la mesa se sientan la vanidad, el deseo, la envidia, el júbilo y la ruindad que los residentes han mostrado también cuando eran plenos dueños de sus decisiones.
La novela abraza temas contemporáneos: la deshumanización de la gestión de la última fase de la vida, el envejecimiento como experiencia rica pero vulnerada, las condiciones laborales de las trabajadoras migrantes del cuidado -brasileñas, puertorriqueñas, marroquíes, ucranianas, rumanas- y el eco de un pasado colonial que sigue marcando desigualdades. Misericordia desvela como pocas la deshumanización de la sociedad actual con su retrato de la gestión de la última fase de la vida.
Contra prejuicios, la vida no se detiene en una residencia. En su momento más vulnerable -cuando ha ensuciado su cama a medianoche- quienes la cuidan no la juzgan. La señora Alberti se implica en los problemas que afectan a esas cuidadoras, casi todas extranjeras como la joven Lilimut, que velan por ella. Y ahí está la misericordia, la empatía, la fábrica de humanidad y fraternidad, que emana del libro.

La autora logra que elementos menores -un cuento leído, la búsqueda de un país del que se habla, una canción- cobren la intensidad de una gran aventura íntima. “Yo pienso que todo entre nosotros es más conmovedor porque sabemos que todo lo que sucede, sucede por penúltima o incluso última vez”, resume la señora Alberti, y ahí radica la fuerza emotiva del relato.
Conversación con Lídia Jorge #AlbertiADomicilio
Misericordia de Benito Pérez Galdós: resumen y valoración crítica
"Misericordia", escrita y publicada en 1897, es una de las mejores obras de Galdós. Nace alrededor de Benina, una mujer que ya ha alcanzado los 60 años y que, tras una vida de servidumbre, sigue cuidando de su antigua señora. La novela retrata la miseria de la sociedad madrileña de la época y lo hace con una brillantez propia de un genio: una descripción psicológica detallada, ambientes urbanos y personajes inolvidables como Benina, emblema de la caridad.
La obra se ambienta en el Madrid finisecular: sus calles, sus barrios más populares, los cafés y tabernas, oratorios e iglesias, cementerios, y una magnífica colección de personajes que van de lo real a lo imaginativo. Benina encarna el verdadero significado de la palabra «Misericordia»: llevar la miseria del otro en el corazón. La novela hace una defensa de la clase baja y una crítica feroz a las clases más pudientes.
Argumentalmente, la novela narra las andanzas de Benina: su mendicidad en la puerta de la iglesia de San Sebastián, la decadencia de su señora doña Paca, las tribulaciones de la familia (Antoñito, Obdulia), personajes secundarios como el moro Almudena (Mordejai), el ciego Pulido, don Frasquito Ponte y el triunvirato de mendigos que organizan jerarquías. Benina miente a su señora para ocultar su vergüenza por pedir limosna y, en paralelo, realiza esfuerzos constantes para mantener a la familia.
Críticos y lectores valoran la obra como un fresco impresionante del submundo madrileño de fines del siglo XIX, con una prosa que atrapa y personajes profundamente dibujados. Para muchos, Galdós ennoblece la misericordia que habita en el corazón bueno de la gente y ofrece una reflexión sobre la condición humana: miseria, prodigalidad, ingratitud, humor y amor ciego conviven en sus páginas.
Datos estructurales y contexto literario
Misericordia se publica en 1897 y pertenece al ciclo de novelas "espirituales" de Galdós. Su composición tradicional se divide en Introducción (I-III), Nudo (IV-XXXI) y Desenlace (XXXII-XL). El entorno histórico explica las tensiones sociales: la revolución de 1868, el sexenio democrático, la Restauración de 1874 y la Constitución de 1876, con sus disputas entre aristocracia tradicional y la emergente burguesía liberal.
Opiniones de lectores y clubes de lectura
Leer para Cambiar, una comunidad internacional de lectoras/es, comparte impresiones sobre la obra de Lídia Jorge: “¿Qué es lo que más miedo te da sobre envejecer?” fue la pregunta previa a comentar Misericordia. Las respuestas giraron en torno a depender de los demás, perder la memoria y ser tratados de forma diferente. Tras la lectura muchas integrantes reconocieron cambios de actitud: “Creo que a veces he sido cruel”, dijo una miembro; “El libro me hizo pensar en eso.”
Lectores de Galdós coinciden en la maestría narrativa: “Tiene una escritura que te atrapa, que te hace partícipe de su historia, que te sientes un personaje más de la historia.” Otros destacan la descripción de los personajes analfabetos o extranjeros, y la defensa de la solidaridad de las clases humildes. Algunos opinan que la novela tiene tonos hagiográficos hacia Benina, y otros elogian la grandeza humana plasmada por Galdós.
Comentarios diversos subrayan lo siguiente: la novela de Galdós es indispensable para conocer el Madrid de la época; Benina es un personaje inolvidable; la obra es una reflexión sobre la misericordia y la solidaridad; la lectura puede resultar densa en la prosa, pero recompensa con profundidad emocional y análisis psicológico.
Tabla comparativa: enfoques sobre la misericordia
- Papa Francisco: Misericordia como centro teológico y ética cristiana; reciprocidad del perdón; necesidad de la gracia.
- Lídia Jorge: Misericordia como experiencia vital en la vejez; cuidado, empatía y dignidad en residencias; crítica social y colonial.
- Benito Pérez Galdós: Misericordia como virtud social y solidaria en el Madrid finisecular; defensa de los humildes frente a la hipocresía de clases altas.
¿Por qué leer estos libros sobre misericordia?
Porque ofrecen perspectivas complementarias: la reflexión espiritual y práctica del Papa Francisco, la mirada contemporánea y humana de Lídia Jorge sobre el final de la vida y el cuidado, y el retrato realista y moral de Galdós sobre la pobreza, la caridad y la dignidad en la crisis social del siglo XIX. Cada texto invita a pensar la misericordia no solo como sentimiento, sino como praxis: perdonar, acompañar, cuidar y reconocer la deuda común que nos hace vulnerables y, al mismo tiempo, capaces de humanidad.
Si buscas lecturas que conmuevan y hagan pensar, estas obras ofrecen mimbres distintos para un mismo tejido: la necesidad de mirar al otro con misericordia y de reconocer nuestra propia fragilidad.