Significado y estructura del tabernáculo de Moisés: explicación bíblica

El tabernáculo era una tienda móvil o transportable, símbolo de la presencia de Dios en medio de su pueblo. El pueblo de Israel construyó el tabernáculo mientras vagaba por el desierto luego de que Dios los liberó de la esclavitud en Egipto. Por eso, muchos hablan del tabernáculo como el tabernáculo de Moisés, pues él recibió las instrucciones de parte de Dios y las comunicó al pueblo.

Dios dio instrucciones precisas a Moisés sobre cómo debían construir el tabernáculo. El pueblo debía construir todo tal y como Dios había indicado a Moisés. Él les recordó esto en diversas ocasiones como vemos en Éxodo 25:9, 40; 26:30; 27:8. El tabernáculo se construyó con ofrendas voluntarias del pueblo tal como lo pidió Dios.

Propósito y significado teológico

El propósito del tabernáculo de Moisés era proporcionar un lugar donde el pueblo pudiera adorar a Dios correctamente. Era donde llevaban los sacrificios y rendían adoración a Dios. Era un símbolo de la presencia de Dios en medio de su pueblo y del pacto que había establecido con ellos. Tabernáculo significa literalmente ‘lugar de morada’ y era llamado así debido a la creencia de que Dios vivía dentro de sus sagrados recintos.

El tabernáculo puede ser el símbolo de varias cosas. Primero, de Jesús, Dios con nosotros (Isaías 7:14; Mateo 1:23). Luego, de la presencia de Dios en medio de las alabanzas de su pueblo (Salmo 22:3). Y puede ser símbolo de los creyentes en Jesús. Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19). El énfasis no está tanto en los materiales o en la construcción del templo sino en quién iba a morar ahí.

En el Nuevo Testamento la intención de Dios sigue siendo la misma, y Jesús, que es Dios, hace su tabernáculo (su morada) entre nosotros (Juan 1:14). El tabernáculo es figura o sombra de Cristo. Vamos a ir viendo que el tabernáculo nos habla de Cristo. En el Antiguo Testamento hay muchas ilustraciones, sombras y tipos de Cristo. Luego el tabernáculo era una sombra de lo que había de venir. De la sombra te mueves a la sustancia.

Visión general de la estructura

Este constaría de dos partes principales: el atrio (o patio exterior) y la tienda o santuario, compuesto por el lugar santo y el lugar santísimo. El tabernáculo de Moisés propiamente dicho se encontraba en la parte trasera del patio (Éxodo 26). La forma general del tabernáculo de Moisés seguía las estructuras tradicionales de la época. Consistía en un patio exterior, de aproximadamente veintitrés metros de ancho por cuarenta y cinco de largo, con una estructura de cuatro metros y medio por trece y medio en la parte trasera (Éxodo 27:9-19).

plano del tabernáculo: atrio, lugar santo y lugar santísimo

El atrio (patio exterior)

El Atrio era lo que rodeaba el tabernáculo o la tienda. Era como un patio cerrado por cortinas. Estaba formado por una valla hecha de cortinas de lino fino, sostenidas por 60 columnas de bronce y fijadas al suelo mediante estacas y cuerdas. Las columnas se apoyaban en la parte inferior sobre basas de bronce y posiblemente se mantenían en su sitio con cuerdas sujetas a anillos de bronce.

Todo el pueblo podía acceder a la zona del atrio. A la entrada había una cortina de 9 metros de largo. Estaba hecha de púrpura, carmesí, escarlata y lino fino, recamada artísticamente. La sostenían cuatro postes y cuatro bases (Éxodo 27:16). La puerta, siempre orientada hacia el este, era de unos nueve metros de tela azul, púrpura y escarlata tejida en una cortina de lino. Esta era la zona del atrio donde se realizaban los sacrificios a Dios y ahí podía acceder todo el pueblo. Era lo primero que veían al entrar.

El altar: Sus medidas eran 2´5 x 2´5 x 1 metros. Era como un cajón cuadrado de madera de acacia cubierto de bronce. Tenía 4 cuernos, uno en cada esquina. También tenía 4 anillos o aros, para meter varas para poder moverlo y transportarlo cuando iban por el desierto. ¿Para qué servía el altar? La única función del Altar era, sacrificar el animal. Estaba situado nada más entrar por la puerta del Atrio, por lo tanto era lo primero que se veía al pasar.

La sangre de la víctima era en parte derramada alrededor del altar y la otra parte en los cuernos del mismo (Levítico 4:7, 18, 25, 30). En el altar es donde se hace expiación (borrar las culpas) por el pecado, ya que moría un animal inocente en nuestro lugar, siendo nosotros culpables. “Sin derramamiento de sangre, no hay remisión (perdonar, alzar la pena) de pecados” (Hebreos 9:22). Este lugar nos señala a Cristo, Él es el verdadero Altar y la víctima, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

La fuente se encontraba en el atrio entre el altar y la morada o el tabernáculo. La fuente de bronce fue hecha con los espejos que tenían las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo (Éxodo 38:8). La fuente estaba cubierta de bronce. Siempre que entren en la Tienda de reunión, o cuando se acerquen al altar y presenten al Señor alguna ofrenda por fuego, deberán lavarse con agua las manos y los pies para que no mueran. Los sacerdotes se lavaban las manos y los pies en la fuente como símbolo de la limpieza necesaria antes de entrar al lugar santo.

La tienda o santuario: Lugar Santo y Lugar Santísimo

Solo los sacerdotes tenían acceso al santuario o tienda de reunión. Para entrar, cruzaban una cortina de tela azul, púrpura y escarlata sostenida por cinco columnas de acacia revestidas de oro. El santuario estaba dividido entre el lugar santo y el lugar santísimo. Los sacerdotes accedían al lugar santo pasando por una cortina de tela azul, púrpura y escarlata, y de lino fino torcido. Esta estaba colgada con ganchos de oro sobre cinco columnas de madera de acacia que habían sido revestidas en oro.

La morada (mishkan) es el recinto cubierto que estaba compuesto por dos habitaciones llamadas, el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. Sus medidas eran de 15 m. Se le llama tabernáculo de reunión (Éxodo 33:7-11) o tabernáculo del testimonio (Números 9:15; 17:7,8).

El Lugar Santo: muebles y simbolismo

Dentro del lugar santo, al lado norte, se encontraba la mesa de los panes de la proposición. En el lado sur y frente a la mesa se encontraba el candelabro. Sobre la mesa de madera de acacia revestida en oro se colocaba el pan, o los doce panes de la Presencia. Encima de la mesa había fuentes, vasijas, jarros y tazones de oro puro que debían usarse en las libaciones. La mesa con los doce panes servía para recordar el pacto de Dios con su pueblo y su provisión fiel. La frase “pan de la proposición”, significa literalmente “pan de la presencia”.

La mesa de los panes se encontraba a la derecha del Lugar Santo conforme entrabas. Era un objeto que medía 90x45x70 cm. de madera de acacia, recubierto de oro. Su función era tener los 12 panes de la proposición que cada sábado se cambiaban por otros recién hechos. El pan es un sustento básico en la Biblia. Ese pan nos lleva a Cristo en el Nuevo Testamento “Yo soy el pan de vida” (Juan 6:48).

El candelabro (o menorah) estaba hecho de oro puro, labrado a martillo formando una sola pieza con sus copas, sus cálices y sus flores. Las siete lámparas del candelabro alumbraban la zona que quedaba delante de este, tal como Dios alumbraba el camino de ellos y aun alumbra el nuestro. Las siete lámparas de los brazos del candelabro ardían con aceite puro de oliva y proporcionaban luz al lugar santo (véase Levítico 24:2-4). El candelabro era figura de Cristo como nuestra luz.

El altar para el incienso era más pequeño que el de bronce, cuadrado, hecho de madera de acacia revestida de oro. Tenía un cuerno de oro en cada esquina; todo el altar formaba una sola pieza. Sobre este altar Aarón debía quemar incienso aromático cada día y presentar las oraciones y alabanzas del pueblo ante la presencia de Dios. El aroma del incienso es el aroma de la oración, cuya fragancia llega hasta la presencia de Dios.

El Lugar Santísimo: el Arca y el propiciatorio

Se conocía como lugar santísimo a la última zona del tabernáculo. Aarón, el sumo sacerdote, entraba al lugar santísimo a través de un velo que separaba el lugar santo del lugar santísimo. El velo estaba colgado sobre cuatro columnas de madera de acacia revestidas de oro y se usaba para cubrir el arca cuando la transportaban. El sumo sacerdote llevaba incienso al entrar a la zona del arca para que el humo cubriera el resplandor de Dios. Nadie debía ver la presencia del Señor.

Este espacio contenía el arca del testimonio sobre la que se colocaba el propiciatorio. El arca era de madera de acacia recubierta de oro puro por dentro y por fuera. Al igual que el tabernáculo, estaba preparada para ser transportada (Éxodo 25:10-15). Dentro del Lugar Santísimo solo había un objeto, el Arca del Pacto o el Arca del Testimonio. Estaba hecha de madera de acacia forrada de oro y sus medidas eran 115x70x70 cm. Dentro del arca contenía las dos tablas de la Ley, o sea, los 10 mandamientos, y más tarde añadieron el maná y la vara de Aarón que reverdeció (Hebreos 9:4).

El propiciatorio estaba hecho de oro puro y tenía dos querubines labrados en los dos extremos. Yo me reuniré allí contigo en medio de los dos querubines que están sobre el arca del pacto. Era una plancha o tapa en cuyos extremos había una figura de un querubín, que estaban de frente uno con el otro y a su vez mirando el propiciatorio. Este lugar era el más sagrado y santo de todo el tabernáculo. El significado de la palabra “propiciatorio”, es cubrir, tapar.

Una vez al año (el día de la expiación) el sumo sacerdote entraba en el Lugar Santísimo y esparcía la sangre del macho cabrío sacrificado sobre el propiciatorio (Levítico 16:15). El sacerdote rociaba la sangre de los animales sobre el arca. Esto simbolizaba la sangre de Jesús que limpió nuestros pecados (1 Juan 1:7). El mismo velo era la carne de Cristo que fue rota por nosotros, y a través de su muerte y sangre derramada, tenemos acceso a la misma presencia de Dios, o sea al Lugar Santísimo (Hebreos 10:19-22).

Animación 3D de la estructura del Tabernáculo de Moisés

Materiales, cubiertas y portabilidad

Los laterales y la parte trasera estaban hechos de tablas de acacia recubiertas de oro, de unos setenta centímetros de ancho y cuatro metros y medio de alto. Cada tabla tenía dos espigas, salientes que encajaban en casquillos de plata. Anillos de oro sostenían cinco barras que recorrían toda la longitud de las tablas, manteniéndolas firmes. Las paredes del patio consistían en cortinas de lino sujetas con ganchos de bronce a una serie de columnas.

La forma exacta del tabernáculo de Moisés no está clara. Puede que fuera una habitación con una cubierta inclinada, algo así como un toldo para la lluvia. Sabemos que estaba cubierto por varias capas: lino fino, una tela hecha de pelo de cabra, una cubierta de pieles de carnero y una capa final de una piel impermeable indeterminada. El lino cubría toda la tienda, y los paneles estaban unidos por lazos que se enganchaban en cierres de oro. Aunque el tabernáculo era pesado y tenía muchas partes, era sorprendentemente fácil de transportar.

La más interior estaba hecha con los mismos tejidos que la cortina del Atrio, excepto con una diferencia. Esta cubierta solo se podía ver desde dentro del tabernáculo y medía aproximadamente 18 m. de longitud para cubrir el tabernáculo que medía 15 m. y 12´6 de ancho. Eran 10 piezas de 12´6 m. de largo por 1´8 m. de ancho, y unidas por 50 corchetes de oro. Era preciosa y la más majestuosa de las cuatro. Los colores con los que estaba hecha representan grandeza, realeza y pureza, al igual que Cristo.

Era más grande que la anterior, medía casi 20 m. de longitud y 13´5 m. de anchura, cubría completamente la cubierta de los querubines. Eran 11 piezas de 13,5 m. de largo por 1,8 m. Esta cubierta representa el sacrificio de Cristo. Él es el cordero que muere y derrama su sangre por salvarnos. De ahí la piel del carnero teñida de rojo.

Esta cubierta era la última y por lo tanto la visible desde fuera. En cuanto a belleza, no era la cubierta más bonita, pero era práctica. La piel de tejones es impermeable y es fuerte y resistente contra las inclemencias del tiempo. Al ser la menos atractiva también nos enseña que lo bello no es lo externo de una persona, sino su interior, lo que hay en el corazón.

Utensilios, sacerdocio y funciones

Para poder llevar a cabo todas estas tareas del altar con los sacrificios, es obvio que se necesitara de algunos utensilios más pequeños, pero imprescindibles. Los garfios para trinchar la carne, los calderos y las paletas para recoger las cenizas etc. Las estacas igualmente, aunque algo pequeño, eran imprescindibles para sujetar las cubiertas del tabernáculo y las cortinas del atrio, atadas con cuerdas. ¿Qué podemos aprender de estos pequeños utensilios? La gran lección de que las pequeñas cosas tienen una gran importancia.

Los levitas fueron delegados para administrar todo lo relacionado con el tabernáculo. Serían los únicos que lo transportarían. Los levitas podían servir de los veinticinco a los cincuenta años de edad. Después debían dejar el ministerio para siempre. Al terminar la construcción del tabernáculo, la gloria del Señor reposó sobre el santuario, así como se manifestó en el monte Sinaí (Éx 24:16).

El sumo sacerdote era el único al que se le permitía pasar al otro lado una vez al año. El Lugar Santísimo representaba la presencia de Dios y contenía el arca del convenio, cuya tapa se denominaba propiciatorio. Cuando Cristo murió el velo del templo se rasgó de arriba abajo (Mateo 27:51). Al ser de una sola pieza, el velo protegido por querubines marcaba la separación entre la santidad de Dios y el pecado del hombre.

Tipología y cumplimiento en Cristo

El tabernáculo es figura o sombra de Cristo. En el Antiguo Testamento hay muchas ilustraciones, sombras y tipos de Cristo. El ritual, sacerdocio y sacrificios son tomados como tipos y profecías de la persona, sacrificio y sacerdocio de Cristo, el sumo sacerdote del Nuevo Pacto. El apóstol Juan habla en términos gráficos para los judíos al afirmar que el Mesías anunciado en el Antiguo Testamento vino a habitar entre Su pueblo, no en forma de humo, estruendos o fuego, ni en un tabernáculo de materiales inertes como la madera y el oro, sino con un cuerpo real: «El Verbo se hizo carne, y habitó [gr. hizo su tabernáculo] entre nosotros» (Jn 1:14).

La mesa, el candelabro, el altar y el arca apuntan a Cristo: la mesa habla de Jesús, el pan de vida; el candelabro habla de Jesús, la luz del mundo; el altar simboliza a Jesús, el sacrificio perfecto y sin mancha; y el propiciatorio simboliza la expiación consumada por Cristo. En la cruz Él derramó su sangre por nosotros. La sangre de machos cabríos y de toros, y las cenizas de una novilla rociadas sobre personas impuras, las santifican de modo que quedan limpias por fuera. Pero en Cristo, Dios nos muestra no solo su justicia, sino su gracia, porque nos da a Cristo como sustituto en nuestro lugar.

El tabernáculo sirve como “copia y sombra de las cosas celestiales” (Hebreos 8:5). Sin el afán de incurrir en una tendencia alegórica, hay hilos que encuentran sus raíces en esta sección de las Escrituras, los cuales nos dirigen a las realidades cumplidas en la obra de nuestro Salvador. En Cristo tenemos el gozo y el privilegio de disfrutar de la intercesión del Gran Sumo Sacerdote, quien viene a ser nuestro pan de vida (Jn 6:1ss.), que quita el hambre espiritual y satisface para siempre.

Reflexión final sobre la relevancia

El tabernáculo fue el lugar temporal de adoración que los israelitas construyeron según las especificaciones de Dios mientras peregrinaban por el desierto y que utilizaron hasta que el rey Salomón construyó un templo. La palabra «tabernáculo» representa algo temporal, pero a la vez señala algo eterno como es la existencia de Dios y su presencia en nuestras vidas. El espacio dedicado a la descripción del tabernáculo nos indica que tiene una importancia enorme, sobre todo porque sirve como referencia histórica y tipológica a las realidades espirituales presentes por el evangelio.

Comenzando desde la zona más importante de la construcción, tenemos el arca del pacto. Se sitúa en el Lugar Santísimo. Está hecho de madera incorruptible, lo que representa la presencia del Señor con la centralidad de la ley y los querubines que recuerdan al lector el grave obstáculo que suponían los mismos a la entrada del Edén (Éx 25:10-22). El tabernáculo nos recuerda que la intención de Dios es morar en medio de su pueblo y que ahora, por medio de Cristo, tenemos acceso directo a la presencia de Dios.

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