Las fiestas de la Natividad de Nuestro Señor nos dejan sin duda una experiencia viva de alegría cristiana, de encuentros felices de familia, y de esos deseos de ser mejores, que sentimos que afloran cuando el Misterio de Dios en el Portal ilumina nuestra vida. Se nos presenta a Jesús, en las aguas del río Jordán, en el centro de una revelación divina. En este pasaje, presente en los cuatro Evangelios, se narra el bautismo de Juan Bautista, un bautismo de conversión basado en el símbolo del agua; y el Bautismo de Jesús, un Bautismo «en el Espíritu Santo y fuego», en el que Jesús se siente inundado por el Espíritu; se reconoce a sí mismo como Hijo de Dios, el Hijo unigénito, objeto de la predilección del Padre; y se manifiesta como el «Cristo», esto es, ungido por el Espíritu Santo para llevar adelante la misión encomendada por el Padre.
El evento evangélico: descripción y eco bíblico
Escribe san Lucas: «Cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco”» (Lc 3, 21-22). Todos los evangelistas narran el hecho del bautismo de Jesús en el río Jordán por Juan el Bautista: Mt 3:13-17; Mc 1:9-11; Lc 3:21-22; Jn 1:29-34. En este bautismo, Jesús es coronado por la bajada del Espíritu Santo y proclamado por Dios Padre como Hijo suyo muy amado (Mt 3:17).

Significado teológico inmediato: vocación, filiación y unción
De este modo Jesús es consagrado y manifestado por el Padre como el Mesías salvador y liberador. La venida del Espíritu Santo sobre Jesús es una investidura que responde a las profecías del Antiguo Testamento (Is 11:2; 42:1), y es, al mismo tiempo, el anuncio de Pentecostés, que inaugurará el bautismo en el Espíritu para la Iglesia y para todos los que entran en ella. En el bautismo, al comienzo mismo de su ministerio público, Cristo aparece movido, poseído y dotado plenamente de los dones del Espíritu para su obra de Mesías.
En el momento bautismal Jesús comienza a tomar sobre sí el peso de la culpa de toda la humanidad, como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (cf. Jn 1,29). El sentido profundo de lo que ahora comienza a vislumbrarse se manifestará sólo al final de la vida terrena de Cristo, en su muerte y resurrección.
Jesús y Juan: continuidad y diferencia
El bautismo de Juan prepara un pueblo de Dios santo para el tiempo mesiánico. Es un bautismo único, conferido en el desierto con miras al arrepentimiento; comporta la confesión de los pecados y un esfuerzo de conversión definitiva. Juan predicaba un bautismo de penitencia para la remisión de los pecados. Muchos acudían a él para escuchar sus palabras y realizar ese signo penitencial, dispuestos a recomenzar una nueva vida, tras ese rito de purificación.
El hecho de que Jesús se deje bautizar por Juan, cuando no necesita el perdón de los pecados, se irá desvelando poco a poco y se manifestará al final de su vida terrena, en su muerte y resurrección. Jesús recibe el bautismo de Juan como manifestación de su acatamiento incondicional de la voluntad divina: “Déjame ahora, así es como debemos cumplir nosotros toda justicia” (Mt 3,15).
Dimensión simbólica del agua y antecedentes culturales
En muchas religiones la abluciones y los baños sagrados han sido frecuentes a lo largo de la historia como símbolo de purificación o de nacimiento a una nueva vida. En general el agua es símbolo de vida, purificación, paso de un estado a otro, de destrucción, y a la vez de renacimiento. Se relaciona con la fertilidad y con una profunda transformación del ser. El agua en el Bautismo cristiano purifica, limpia los pecados, sumerge al neófito en la muerte y renace de nuevo como hombre santificado para iniciar una nueva vida, da la gracia.
Muchas otras religiones incorporan el ritual del lavado o abluciones: el hinduismo, el islam, el sintoísmo, el taoísmo, etc.; pero al analizar todas las religiones, Franz König asegura que el bautismo cristiano es singular: “No hay ninguna religión en que la ablución o ceremonia de inmersión en agua tuviera por efecto la entrada real en el ámbito de Dios”.
El bautismo como nuevo nacimiento y sacramento pascual
Por este sacramento, todos los bautizados hemos recibido una vida nueva, la vida de la gracia, que nos posibilita para vivir como hijo de Dios, y esto para siempre, hasta tal punto, que todo en la vida cristiana vive del Bautismo y expresa su dimensión salvadora. Por él somos incorporados a la muerte y resurrección de Cristo, y somos hechos «Cristóforos», portadores de Cristo en nuestra vida.
La regeneración bautismal no es una manera de ser estática, adquirida de una vez para siempre; es la entrada en un estado dinámico, vida superior de la que no debe decaer el alma. De ahí la exigencia de un constante esfuerzo espiritual para hacer cada día más efectiva la muerte al pecado y la vida para Dios (Rom 6:12 ss.). El Bautismo es un sacramento pascual: el bautizado muere al pecado, y vive para Dios en Cristo.
Textos paulinos y petrinos sobre la eficacia del Bautismo
- San Pablo presenta el Bautismo como una purificación que de una vez para siempre lava al catecúmeno en nombre del Señor y por el Espíritu (1 Cor 6:11), y como un baño de regeneración y renovación en el Espíritu Santo (Tit 3:5).
- La inmersión y la emersión simbolizan la participación en la muerte y resurrección de Cristo (Rom 6; Gal 2:19; Ef 2:5 ss.).
- La primera carta de San Pedro enseña que el Bautismo constituye la salvación para los creyentes y obra la remisión de los pecados; el bautizado es regenerado y posee una vida nueva y divina (1 Pe 3:21; 1 Pe 1:3-12).
El mandato y la praxis apostólica
El Bautismo cristiano es instituido y promulgado por Jesús resucitado: “Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura”. Después de su resurrección, Jesús envía a sus discípulos a convertir a todos los pueblos y bautizarlos. De la actuación de los Apóstoles con relación al Bautismo en la primitiva Iglesia se deduce una vinculación estrecha y necesaria entre la predicación apostólica y la administración del Bautismo, como recogen abundantemente los Hechos de los Apóstoles.
Todo el Nuevo Testamento lo considera como un rito de iniciación necesario para el que quiera pertenecer a Cristo, al Reino de Dios y a la comunión de los fieles. Es la condición de entrada en el reino de Dios, como dijo Cristo a Nicodemo (Jn 3:5) y también el medio necesario de salvación (Mc 16:16).
Historia de la práctica bautismal en la Iglesia
En la Iglesia primitiva el Bautismo se administraba por inmersión; la Didajé permite también en caso de necesidad el Bautismo por infusión. Desde los siglos II y III se registran prácticas de bautismo trinitario (sumergidos tres veces), y también la presencia del rito para niños. Hipólito, Orígenes y Cipriano discuten y defienden la práctica del bautismo infantil, y en la Edad Media el Bautismo Infantil se vuelve la norma en la Iglesia Occidental. En la Iglesia Católica desde el siglo XV se utiliza la infusión (derramar agua sobre la cabeza) acompañada de la invocación trinitaria.
| Período | Práctica destacada |
| Siglo I | Inmersión general; relación directa con la predicación apostólica |
| Siglos II-III | Bautismo trinitario; catecumenado; casos de infusión por necesidad |
| Edad Media | Bautismo infantil generalizado; normatividad en Occidente |
| Reforma y modernidad | Diversidad: inmersión de adultos, bautismo infantil, debate sobre eficacia y símbolo |
Bautismo y vida cristiana: actualización y compromiso
El Papa Francisco nos invita a que conozcamos la fecha de nuestro Bautismo, pues no es algo del pasado sino que hemos de recordarlo, celebrarlo y actualizarlo. Actualizar el Bautismo es también recordar que estamos llamados a ser “discípulos misioneros”. En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia, es un agente evangelizador.
El Bautismo significa y produce la purificación moral interna que se opera en virtud de la obra salvífica de Cristo. Al recibir este Sacramento, el hombre, creyendo en la virtud redentora de la muerte y resurrección de Cristo, pasa, por su unión con Él, de la muerte a la vida. Por eso es imprescindible un constante esfuerzo espiritual para vivir según la muerte y resurrección de Cristo y hacer cada día más efectiva la vida nueva que el Bautismo nos confiere.
El Misterio del Bautismo de Jesús en el Jordán Explicado. Tiempos bíblicos.
Cuestiones pastorales y diversidad actual
Hoy existen distintas prácticas y comprensiones sobre el Bautismo entre las confesiones cristianas: inmersión o infusión, bautismo infantil o de creyentes, énfasis en la fe previa o en la eficacia sacramental. Estas diferencias tienen consecuencias para la unidad y libertad de los cristianos y exigen diálogo y claridad pastoral. En muchas iglesias evangélicas contemporáneas el Bautismo se sitúa inmediatamente después de la experiencia de conversión como testimonio público de fe. En otras tradiciones, como la católica, ortodoxa y algunas protestantes históricas, el Bautismo infantil es norma y está vinculado a la incorporación a la comunidad de la Iglesia y a la gracia sacramental desde la infancia.
Conclusión teológica implícita en la relación vida-bautismo
La escena del Jordán inaugura la vida pública de Jesús: al salir de las aguas comienza su predicación, su misión salvadora y su identificación con la humanidad. Moisés había muerto tras contemplar la tierra prometida antes de cruzar el Jordán; ahora Jesús comienza su predicación desde esa orilla, para llevar a plenitud lo que Moisés inició. Las palabras “éste es mi Hijo, el amado” enlazan la experiencia de Jesús con las grandes tradiciones bíblicas (Abrahán, los Cantos del Siervo) y hacen del Bautismo un momento fundacional donde la Trinidad se manifiesta obrando la nueva creación. Así, el Bautismo no solo revela la identidad mesiánica de Jesús sino que constituye el paradigma sacramental y escatológico de la vida cristiana: muerte al pecado, renacimiento en Cristo y misión hacia el mundo.