La devoción a Nuestra Señora de la Encarnación, venerada en la que fue Iglesia Prioral de Nuestra Señora Santa María de Setefilla, tiene sus orígenes en la Edad Media, a raíz de la labor colonizadora, llevada a cabo por la Orden de San Juan del Hospital de Jerusalén, en la región que los castellanos llamaron Septefilas o Sietefilas, donada por el rey Fernando III al Priorato castellano-leonés de dicha Orden poco antes de mediar el siglo XIII.
Este territorio, convertido en una bailía por los caballeros hospitalarios de San Juan, incluía en su alfoz siete plazas o fortalezas, sujetas a la autoridad de un Comendador o Bailío: las villas de Setefilla y Lora con sus castillos, y los castros o lugares de Almenara, Peñaflor, Malapiel, Algarín y Alcolea.
Aunque Lora era cabeza o capital de todas ellas y sede del Consejo Municipal, destacábase la que había sido fortaleza árabe de Shadfilah o Shant-Fila, enclavada en el poblado de Setefilla, a dos leguas de Lora, ya que su excelente situación permitía controlar la ruta entre Córdoba y Sevilla, además de un amplio sector del valle del Guadalquivir.
Lo decisivo para la historia de Setefilla fue que su iglesia se dedicara a Nuestra Señora bajo la advocación del misterio de la Encarnación, y que para presidir el templo se hiciera esculpir en madera una Imagen gótica de la Virgen con el Niño de setenta y un centímetros de altura.

Mater Admirabilis, sentada sobre un castillete, con el Niño Jesús en su regazo en ademán de mostrarlo al pueblo, tenía la Virgen calzado negro y puntiagudo, cabellos dorados, el manto pintado de azul salpicado de estrellas y guardilla de oro, y túnica grana, traje típico de las galileas.
Pronto, la devoción hacia esta Imagen dulce de Nuestra Señora prendió no sólo en la aldea, sino también en todos los lugares de la bailía, alcanzando fama de ser eficaz instrumento de gracias sobrenaturales, los amores y el consuelo de la región de Setefilla en todas sus aflicciones.
Se convirtió así la aldea en el principal centro religioso del señorío, y a su iglesia acudían los vecinos de la comarca y del bailiato en las fiestas litúrgicas principales, pero especialmente el 25 de marzo de cada año, día de la Encarnación del Señor y Anunciación de la Virgen, en cumplimiento de un voto o promesa que el Consejo de Lora, como cabeza rectora de la bailía, había hecho.
Lo cierto es que el voto convocaba en la iglesia de Setefilla a no pocos vecinos. Sabemos, al respecto, que durante la noche anterior se hacía una vela pública, a la que asistían muchos devotos.
Otros, en cambio, el mismo día de la fiesta, con los miembros del Consejo y algunos clérigos, salían en procesión desde la Iglesia Mayor de Lora (Ntra. Sra. Santa María de la Asunción) en dirección al poblado de Setefilla, en cuya iglesia se celebraba una Misa cantada con diácono y subdiácono, y otra Misa rezada afuera, utilizando para ello un altar al aire libre, el de la Salvación, a modo de capilla abierta encarada al atrio, en el que figuraba una pintura mural con el misterio de la Encarnación, solución que adoptó el Clero local para permitir la participación en los oficios religiosos a aquellos fieles que no cabían en el interior del templo.
La fiesta, por otra parte, no debió carecer de sus regocijos populares, cantares, bailes y otras diversiones honestas, animadas a la hora de la comida por el Consejo con repartos de pan y queso y en ocasiones vino.
Finalmente, llegada la tarde, los romeros asistían al oficio de Vísperas, iniciando a continuación el regreso a casa, satisfechos de haber cumplido el voto.
Traslado de la Imagen: Venidas e Idas, ceremonial y tradiciones
Con ese fondo ambiental de la segunda mitad del siglo XVI, se fueron sucediendo las primeras Venidas de la Imagen a Lora y sus correspondientes Idas.
En principio, la Sagrada Efigie era traída por un reducido número de clérigos loreños, a los cuales se unían el Prior de Setefilla y algunos Cofrades o Hermanos de Nuestra Señora, y en el Palmar del Albadalejo, ya en las afueras de Lora, la Villa salía a recibirla en procesión, presidida por el Concejo y el Clero, con la imagen de San Sebastián.
Después en la llamada puerta de Córdoba, cerca de Santa Ana, el Prior de Setefilla entregaba oficialmente la Imagen, con el compromiso de su devolución por parte de Lora.
Una vez la Virgen en la Iglesia Mayor, se hacían Rogativas, a veces también un Novenario de Misas cantadas o Funciones, y, concluidas éstas, el Cabildo Municipal decretaba su Ida.
En siglos posteriores, estos Traslados comenzaron a complicarse en la forma, fijándose una serie de usos y costumbres, un culto y ceremonial propio.
Fecundo fue, en este sentido, el siglo XVII. En su discurso, las Venidas e Idas son más populares, se ofrecen limosnas por llevar a la Virgen, participan en los Traslados los frailes mercedarios y franciscanos (1613), se queman fuegos y cohetes al recibir en la villa a la Señora, durante su estancia se le dedican Funciones o Misas solemnes con sermón, ahora ofrecidas por los dos Cabildos (Concejo y Clero) y los propios vecinos (oficiales o artesanos y pobres del campo), aparecen los regocijos o festejos organizados por éstos a su celebridad, y se asocia al culto setefillano la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno (1670).
Durante el XVIII, la Cofradía fija el procedimiento a seguir para las Venidas e Idas (1767), se introducen las pujas (1768), Artesanos y Labradores, alternándose en el orden de una vez para otra, celebran ya de modo fijo sus funciones gremiales (1716), se vinculan a las fiestas litúrgicas de despedida las Doncellas (1773) y el Bailío, se multiplican los Vítores para recordar las funciones de los Gremios, el pueblo comienza a pedir la Virgen (1718), y se inician los Pregones para anunciar los solemnes cultos y públicos festejos (Mascaradas) de los Gremios.

Las celebraciones para la Venida de la Virgen comienzan con la petición por parte del pueblo. Comienzan dichas celebraciones con sendos Rosarios de hombres y de mujeres (alternándose en el orden de una vez para otra), que a pie salen de la Iglesia de la Asunción a primeras horas de la mañana, por el “Camino de la Virgen”, con destino a la Ermita en la sierra, para regresar al atardecer.
El día de la Venida de la Sagrada Imagen, a las ocho de la mañana, se levantarán las Andas de la forma tradicional con el canto del Sancta María de las Letanías lauretanas. Una vez llegados a la Cruz del Humilladero, se cubren las Andas para preservarlas del polvo del camino.
Siendo portada por los fieles de Lora, que irán tocados con el típico pañuelo, sin posarse en el suelo durante todo el recorrido y acompañada por continuas salvas de los Escopeteros de Nuestra Señora.
Los fieles, por propia iniciativa, podrán por PUJAS recabar para sí el honor de llevar las Andas de Nuestra Señora por un determinado trecho del Camino. El trayecto de la Puja será el que señale el pujante al ofrecer la limosna, sin que antes de concluirlo pueda pujarla nadie.
Son especialmente emotivas las Pujas al paso de los arroyos Santero, Aguabuena y Helecho.
En el paso por el poblado de Setefilla, al llegar delante de la puerta principal de su Iglesia Parroquial, se descubrirá el velo anterior de las Andas y se detendrá la Procesión por el tiempo del canto de la Salve.
Los fieles continuarán con la Señora, sin más preferencia sobre la vez que la Puja, hasta llegar a la Cruz de San José, en las afueras de la Villa, donde se descubrirán las Andas por las mismas personas.
Comenzando el recorrido por las calles de la Villa engalanadas con guirnaldas de flores y arcos confeccionados por los vecinos con romero y otras flores y plantas autóctonas de nuestra sierra, continuando hasta la Cruz de la Higuerilla de Caganche, al sitio del Albadalejo, que marca el comienzo del Camino de la Virgen hacia el Santuario, donde se encargarán de llevarla los Hermanos hasta llegar delante de la que fue Ermita de Santa Ana.
Aquí, observando una costumbre inmemorial, se detendrá brevemente la Sagrada Imagen por el tiempo del canto de una Salve. Seguirá Nuestra Amantísima Patrona llevada por los fieles de Lora hasta la entrada a la Plaza del Ayuntamiento en la que las Andas serán tomadas por el Clero.
La Cofradía y la evolución de la Hermandad Mayor
Como dijimos, cauce y expresión de la devoción loreña, era la Cofradía de Nuestra Señora, instituida a mediados del siglo XVI para acompañar a la Virgen su titular cuando se trasladaba y velar por su debido culto.
En sus orígenes, estuvo formada por dos clases diferentes de miembros: los Hermanos Mayores y los Hermanos Menores o simples devotos. Los primeros, muy pocos, recibidos en la Cofradía con riguroso criterio, fueron individuos de un estrato social alto, nobles o hidalgos y personas de elevada condición, que gozaban de la prerrogativa de asistir a los Cabildos de la Cofradía, siempre celebrados en grado de Hermanos Mayores, y ocupar escaños preferentes en las fiestas litúrgicas de la Virgen, 25 de marzo y 8 de septiembre, a las que acudían en corporación, portando una vela encendida o hacha, sellada con una “María”, para distinguirse del Común.
De entre los Hermanos Mayores se elegía periódicamente la Junta de Oficiales, compuesta por un Mayordomo, que regía la Cofradía y presidía sus Cabildos y actos de cultos, dos Alcaldes, un Escribano, dos Diputados de cuentas, y un Mayordomo de librete.
Desde muy temprano, el fervor que se tenía a la Imagen trajo consigo que la Cofradía de Nuestra Señora acumulase una serie de bienes, resultado de donaciones: tierras, casas, objetos sagrados y fondos provenientes de limosnas y tributos, cuya administración corría a cargo del Mayordomo.
Con estos recursos, la Cofradía pudo emprender algunas acciones, siendo las más importantes en este período las que correspondieron a las mayordomías de Alonso Ramírez de Montalbo (1686-1703) y Juan Rodrigo Quintanilla y Andrade (1708-1727), al haberse adquirido en el primer mandato las bellísimas andas de plata que hoy posee la Virgen, realizadas por el platero sevillano Diego Gallegos, y reconstruirse totalmente el Santuario durante el segundo.
En 1767, con la aprobación de unas nuevas Ordenanzas o Constituciones, la Cofradía se abre a las señoras, ingresando en ella como Hermanas Mayores y Menores, aunque el derecho a intervenir en los asuntos de la Cofradía siguió siendo exclusivo de los Hermanos Mayores, únicos asistentes a los Cabildos.
En esta etapa se incorporaron a la Junta de Oficiales un Capellán, un Muñidor y dos Conciliarios, desapareciendo los dos Alcaldes y el Mayordomo de librete. Completaban la Junta el Secretario o Escribano, los dos Diputados de Cuentas y el Mayordomo, que continuó siendo el verdadero responsable del buen gobierno de la Cofradía y su tesorero.
Según las Constituciones, Cabildos anuales de Cuentas y Elecciones tenían lugar el 16 de septiembre, quedó fijado el ritual seguido en los traslados de la Imagen cuando el Cabildo Municipal decidía su Venida e Ida, y se estableció igualmente que dos Hermanos Mayores, nombrados por la Cofradía cada vez que se traía a la Virgen, velasen por las Funciones ofrecidas por el Concejo, Clero y Gremios.
Fue en este período cuando se produjo la primera elección una Hermana Mayor como Camarera de Nuestra Señora (1778), y la Cofradía, ahora también llamada Hermandad, se hizo más poderosa, interviniendo ya con el Clero en las decisiones del Concejo Municipal respecto a traer y llevar la Imagen o procesionarla en la villa (1781).
Gremios, funciones y culto público
Los Gremios nacen en siglos anteriores, en los que predominaba una relación respetuosa y distante entre los varios grupos sociales, el pertenecer a la antigua Cofradía de Nuestra Señora de la Encarnación de Setefilla era un derecho reservado sólo a unos pocos.
Nuestra Hermandad estaba constituida exclusivamente por individuos del estrato social alto: nobles, hidalgos y personas de elevada condición. Esta realidad chocaba con el hecho de que, entronizada la Virgen en todos los corazones de las gentes de Lora, todos eran a emplearse en su servicio.
De ahí que la vinculación entre el Gremio, es decir, el Oficio organizado y reglamentado, cuya finalidad explícita era económica y social y el Culto Setefillano fuese un fenómeno lógico y natural, nacido de la fidelidad y cariño a la Virgen por los estamentos populares excluidos de la Hermandad.
Con el tiempo los Gremios, en el aspecto del Culto a la Señora, se convirtieron, más que en realidad, en algo que subsiste como tradición. Pero los Gremios tienen tan limpia historia y han dado tal ejemplo durante siglos, que hacemos bien en Lora procurando que subsista esta curiosa y noble institución.
Los Actos comienzan con las celebraciones de los distintos Gremios, los cuales organizan pregones a la antigua usanza y Funciones de despedida. Dichos Pregones se celebran por las calles de la población, encabezándolos numerosas caballerías acompañando a los pregoneros y seguidos de carrozas bellamente engalanadas en las cuales van la Junta de Gobierno, Gremios, Asociaciones y otros grupos.
Calendario de cultos y actos principales
- Del 30 de agosto al 7 de septiembre: Solemne Novenario en honor de la Santísima Virgen a las ocho de la tarde con Misa concelebrada y cantada; durante todos los días de Novena habrá una misa con el rezo de la Novena a las siete de la mañana y otra para los niños a las seis de la tarde, todas ellas abarrotadas de gente, en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Lora del Río.
- Día de la Encarnación del Señor y Anunciación de la Virgen (25 de marzo): Función anual primitiva de la Virgen de Setefilla.
- Cada 17 de mayo: Función de Acción de Gracias ante la Sagrada Imagen, en conmemoración del favor dispensado al pueblo de Lora del Río al enviar la lluvia que libró a todos del azote del hambre el 17 de mayo de 1925, precedida de un Triduo que se celebra siempre en la Iglesia Parroquial de Ntra. Sra.
- 8 de septiembre: Feria y día de la fiesta principal de la Virgen y de la romería; en esta fecha históricamente se celebraron cultos extraordinarios y una solemne procesión de tercia alrededor de la Ermita.
- Ida y Venida: Traslados ritualizados de la Imagen entre el Santuario y la Iglesia de la Asunción, con Rogativas, Misas solemnes y novenarios según decisión del Cabildo Municipal.
Santuario, museo y patrimonio
Más conocida como Casa de la Virgen, en ella se encuentra instalado un MUSEO de forma permanente en el que se da a conocer a todos los que lo visitan, tanto los enseres del culto a Setefilla, como todo tipo de información manuscrita y fotográfica.
Se encuentra enclavado en la Sierra (a 12 km de Lora del Río), próximo al recinto amurallado que sirvió de centro a una serie de núcleos de población hoy desaparecidos. Documentado en el siglo XIII (1280), es más bien un edificio mudéjar del siglo XV al que se efectuaron importantes reformas y ampliaciones en época barroca.
El templo posee tres naves separadas por pilares y cubiertas con estructura de madera. La capilla mayor tiene un tramo cubierto con cúpula sobre pechinas y otro con bóveda de cañón con lunetos. Este Santuario es visitado diariamente por numerosos fieles y devotos de Ntra. Sra. María Santísima de Setefilla.
Organización actual y actos recientes
La Junta de Gobierno de la Hermandad Mayor procurará que, a menos que ocurran gravísimos motivos, no se prolongue más de dos años la estancia de la Señora en la Villa.
La noche anterior y la madrugada de la Ida de Nuestra Señora al Santuario, por costumbre inmemorial, permanece abierta la puerta de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, para que todo aquel que lo desee pueda rezar y velar a la Señora en las últimas horas de estar entre nosotros.
La Hermandad Mayor celebra anualmente una Función el día de la Encarnación del Señor y Anunciación de la Virgen, primitiva Fiesta de la Virgen de Setefilla. La Eucaristía se celebra allí donde estuviese la Imagen bien en su Santuario o en su Capilla de la Parroquia de Ntra. Sra.
Durante los días del treinta de Agosto al siete de Septiembre celebra la Hermandad Mayor un Solemne Novenario en honor de la Santísima Virgen a las ocho de la tarde con Misa concelebrada y cantada, además durante todos los días de Novena habrá una misa con el rezo de la Novena a las siete de la mañana y otra para los niños a las seis de la tarde, todas ellas abarrotadas de gente, en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Lora del Río.
Cada siete de Septiembre, cuando se encuentra la Imagen en la Villa, se inicia en la antigua Ermita de Santa Ana el Rosario de medianoche y termina en la Iglesia Mayor de la Asunción con el canto de la Salve.
Como ejemplo de actualidad institucional, la Sala de Cabildos de la Casa de la Virgen de Lora del Río ha acogido en la mañana del viernes 24 de julio la rueda de prensa en la que se ha informado oficialmente sobre la suspensión oficial de la Romería al Santuario de Nuestra Señora de Setefilla que iba a tener lugar el próximo 8 de septiembre.
En la rueda de prensa han estado el alcalde de Lora del Río, Antonio Miguel Enamorado; el hermano mayor de la Hermandad de Nuestra Señora de Setefilla, Antonio Jesús Jiménez Domínguez; y el director espiritual de la Hermandad, Antonio Guerra Milla.
Asimismo, indicar que el 8 de septiembre tendrá lugar en la Parroquia de la Asunción, una Función Solemne Concelebrada a las 11.00 horas.
Oficiales y cargos relevantes
- Hermano Mayor: D. Diego Granado Japón
- Capataz de la Virgen: D. (según tradición figura el Capataz de la Virgen en la organización de las andas)
Costumbres singulares y expresiones litúrgicas
Días antes de la Venida de la Virgen, es trasladada en Andas la Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, ligado a la Hermandad desde tiempo inmemorial, hasta el punto de que en la Medalla de Hermano aparece la Imagen de Este en el reverso.
Por derecho que les viene de tradición inmemorial, lo hacen los descendientes de D. Diego Martínez de la Barrera.
La Hermandad Mayor celebra anualmente una Función el día de la Encarnación del Señor y Anunciación de la Virgen, primitiva Fiesta de la Virgen de Setefilla.
El trayecto de la Puja será el que señale el pujante al ofrecer la limosna, sin que antes de concluirlo pueda pujarla nadie. Son especialmente emotivas las Pujas al paso de los arroyos Santero, Aguabuena y Helecho.
En el paso por el poblado de Setefilla, al llegar delante de la puerta principal de su Iglesia Parroquial, se descubrirá el velo anterior de las Andas y se detendrá la Procesión por el tiempo del canto de la Salve.