La iglesia parroquial de San Juan Bautista de Mas de las Matas es un ejemplar destacado del barroco aragonés que domina el centro urbano por su esbelta torre campanario y su fachada abierta a la plaza Mayor. Su historia constructiva, las heridas sufridas en episodios bélicos y las sucesivas restauraciones han marcado tanto su apariencia exterior como la configuración interior que hoy se puede contemplar.
Orígenes y cronología constructiva
La construcción de la iglesia actual se inicia en 1733, fecha en la que se concedió facultad al Capítulo Eclesiástico y al Ayuntamiento para fabricar una nueva iglesia que sustituyese al templo original. Un año más tarde, en 1734, el Ayuntamiento capituló la fabricación de esta obra con los hermanos José y Francisco Dolz, maestros de obras. La fecha de 1744 aparece inscrita sobre la puerta y en ese año se concedió la licencia para bendecir el templo, por lo que la obra ya debía estar bastante avanzada. La torre según datos documentales se construye entre 1736 y 1761 y en 1761 finaliza la construcción del templo y de la torre campanario.
Planta, volúmenes y tipología
Se trata de una iglesia de planta rectangular de tres naves con cinco tramos, crucero no acusado en planta, y cabecera recta que está flanqueada por dos tramos más de naves laterales. Su espacio interior está dividido en tres naves (la central de mayor anchura) y capillas laterales. En altura, la nave central destaca sobre las laterales, cubriéndose con bóveda de medio cañón con lunetos al igual que los brazos del crucero; las naves laterales lo hacen con bóvedas de arista, y el crucero con cúpula sobre pechinas.
Esta estructura coincide con la del grupo de iglesias de la llamada ‘estela pilarista’, así denominada por la influencia que en ellas tuvo el templo del Pilar de Zaragoza y cuyo transmisor en el territorio bajoaragonés fue la iglesia de Santa María la Mayor de Alcañiz. Como es habitual en este tipo de iglesias, presenta un espacio interior unitario, logrado por la igualdad en la altura de sus naves.
Fachada, portada y torre
La portada, de estilo barroco como el resto de la iglesia, está cobijada por un gran arco de medio punto. Se articula mediante dos cuerpos y tres calles; el cuerpo bajo está flanqueado por dos pares de columnas, las extremas salomónicas, y las interiores son estípites decorados con guirnaldas. En la portada se utilizó la piedra arenisca.
Al exterior la construcción combina el uso de la piedra y el ladrillo; los muros son de piedra caliza y mortero, con piedra en los contrafuertes y las esquinas. La torre se levanta en el tramo de los pies, en el lado de la epístola, y está unida a la fachada principal. Articula sus 63,5 metros en cuatro elevados cuerpos, que la convierten en la más alta de la provincia. Para su construcción se ha utilizado el ladrillo y la piedra para los elementos ornamentales. Toda su altura está recorrida por pilastras que enmarcan los huecos; los cuatro cuerpos presentan en sus esquinas una alternancia de formas cóncavas y convexas.
El primer cuerpo y base de la torre están realizados en piedra sillar y forman parte de la nave lateral de la iglesia. Sobre éste se levanta el segundo cuerpo formado por dos partes diferenciadas, una primera ya realizada en ladrillo como el resto de la torre, con óculos abiertos en todas sus caras. Sobre este cuerpo se alza uno de mayores dimensiones que abre en vanos de medio punto. El tercer cuerpo repite el mismo esquema que el anterior, formado por un primer cuerpo o base con vanos en forma de rombo y sobre él un cuerpo de mayor tamaño con vanos de medio punto que albergan las campanas.

Decoración, retablos y pérdidas
La iglesia llegó a contar con un magnífico retablo barroco y una rica decoración interior en estuco y otros elementos ornamentales. Su actual desnudez es consecuencia de la pérdida -durante la última guerra civil- de los retablos originales y de la decoración interior en estuco. Dos fotografías anteriores a los deterioros de la Guerra Civil muestran elementos interesantes como la antigua torre-cimborrio situada sobre su cúpula y el magnífico retablo barroco.
Daños, restauraciones y reconstrucciones
La historia de este edificio ha estado marcada fundamentalmente por dos acontecimientos bélicos que le produjeron hondas heridas. Entre finales de 1839 y principios de 1840, el edificio fue usado como almacén de efectos para la guerra en el Maestrazgo por el general Espartero, perdiendo varios de sus retablos y la sillería del coro. El segundo momento crítico se enmarca en los terribles acontecimientos de la Guerra Civil, que provocaron que en 1936 fuera incendiada y dinamitada; el interior del templo prácticamente resultó destruido, exigiendo unas importantes obras de reconstrucción iniciadas en la inmediata posguerra.
Las obras de reconstrucción duraron un amplio periodo: de 1940 a 1951, y supusieron una profunda transformación de su interior. El aspecto actual responde, interiormente, a la reconstrucción realizada en los años 40 aunque desmerece de su belleza original ya que según nota de un arquitecto de la Real Academia de Bellas Artes llegó a ser «…el más bello templo del Arzobispado (de Zaragoza)». De 1987 a 1997 fue objeto de una profunda restauración en diversas fases que tuvieron como principal objetivo recuperar el aspecto exterior del templo anterior a 1936; se actuó en el conjunto del edificio, destacando los trabajos en su torre-campanario y en la fachada. También se documentan intervenciones dirigidas a la restitución de varios elementos perdidos en la fachada y la restauración del chapitel de la torre.
Función parroquial y contexto histórico
La iglesia parroquial de Mas de las Matas, dedicada a San Juan Bautista, reemplazó a un templo anterior que amenazaba ruina. El Diccionario de Madoz de mediados del siglo XIX referencia este edificio: «Hay una iglesia parroquial de primer ascenso dedicada a la Degollación de San Juan Bautista; servida por un cura, un teniente y un beneficiado. El templo es de orden corintio, compuesto de tres naves de bastante solidez y regular elevación.»
Las casas de las antiguas cofradías dieron nombre a algunas calles y ostentaban en sus fachadas pequeñas capillas que cobijaban una imagen del santo titular. La iglesia se emplaza en el centro de la población y su torre sobresale ampliamente de todo el conjunto urbano, definiendo uno de los lados de la plaza Mayor.
Fechas y hitos principales (resumen)
- 1733: concesión de facultades para construir la nueva iglesia.
- 1734: contratación de los maestros de obras José y Francisco Dolz.
- 1744: inscripción en la portada y licencia para bendecir el templo.
- 1761: finalización de la construcción del templo y la torre.
- 1839-1840: uso como almacén en la guerra; pérdida de retablos y sillería.
- 1936: incendio y voladura en la Guerra Civil; destrucción casi total del interior.
- 1940-1951: reconstrucción posguerra del interior y reapertura documentada en prensa en 1951.
- 1987-1997: restauración exterior y recuperación de la apariencia anterior a 1936.
Investigación y bibliografía esencial
El conocimiento actual sobre la iglesia se apoya en un amplio corpus documental y bibliográfico: inventarios artísticos, expedientes de reparación, estudios sobre el barroco en el Bajo Aragón y artículos locales que analizan las fechas constructivas, las restauraciones y la restitución de elementos perdidos. Entre las referencias figuran trabajos de Teresa Thomson, Santiago Sebastián, Andrés Añón Serrano, Antonio Martín Costea, José Luis Oliveros Mor y documentos del Archivo Diocesano de Zaragoza (sección Reparación de Templos). También existen fotografías históricas y plantas fechadas que permiten seguir la evolución del edificio y su recuperación.
Valor patrimonial y protección
La iglesia de San Juan Bautista posee un valor destacado dentro del patrimonio religioso de Teruel por su calidad barroca, el grupo tipológico al que pertenece y su notable torre-campanario que constituye un hito paisajístico y urbano. Las intervenciones de restauración acometidas en la última parte del siglo XX tuvieron como objetivo recuperar la imagen exterior del templo anterior a la guerra y asegurar su conservación para las generaciones futuras.