Si pedimos a cualquier persona que nos haga un retrato robot de Jesús, probablemente lo dibuje con barba, pelo largo, con una corona de espinas y crucificado. Así son la mayoría de las representaciones que han llegado hasta nuestros días del que, según los creyentes, es el Hijo de Dios. Sin embargo no siempre se ha retratado a Jesucristo de esta manera, sino que durante los últimos 2.000 años la diversidad icónica de Cristo ha desbordado los límites de la imaginación y de la coherencia histórica.
Qué es la iconografía y sus raíces
La Iconografía se puede definir como la descripción del tema representado en las imágenes artísticas, así como de su simbología con los atributos que identifican a los personajes representados. La palabra “iconografía” procede de raíces griegas (“eikón” y “grapheïn”, “imagen” y “escibir”). El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua completa la anterior: «Descripción de imágenes, retratos, cuadros, estatuas, monumentos y especialmente de los antiguos», o más brevemente: «Tratado descriptivo o colección de imágenes o retratos».
La iconografía cristiana procede por un lado de los motivos de la imaginería imperial romana, y por el otro del arte popular y religioso grecorromano. En la antigüedad tardía la iconografía se estandarizó y se vinculó más estrechamente a los textos bíblicos, aunque rellenando los huecos del relato evangélico canónico con textos apócrifos (como la mula y el buey en las escenas de la Natividad).
Las primeras imágenes: juventud y pastor
En las representaciones más antiguas, entre los siglos III y IV, aparece Jesús como un joven imberbe, en representación simbólica de un buen pastor, en un cordero y en un pescador. Simultáneamente se concibe como un hombre adulto, barbado y en algunas imágenes entronizado. Todas estas imágenes buscarán representar sus dos naturalezas y sus atributos. Así, como joven aparece su rol sanador, como taumaturgo, mientras que como adulto es un maestro rodeado de sus discípulos.
El modelo de Cristo joven e imberbe desarrolla su imagen como sanador, como exorcista y taumaturgo. Jesús de Nazareth no es mago, pero es difícil diferenciar hacia en siglo I lo que es magia de religión, se incorpora más bien la idea de un rabino carismático que hace curaciones milagrosas y exorcismos. Su figura viste como cualquier otro personaje de la composición, con una simple túnica, en ocasiones con palio y sandalias.

Iconografía bizantina y el Pantócrator
Desde el punto de vista iconográfico, sus orígenes están en el arte bizantino, pasando desde oriente a occidente a través de las representaciones carolingias, románicas y góticas. Así, para diferenciar la figura de Cristo, se introduce en la circunferencia de su nimbo una cruz griega (nimbo crucífero) de la que sólo son visibles tres brazos, ya que el cuarto queda oculto tras la cabellera. Es la iconografía de Cristo Pantócrator, en las manifestaciones artísticas románicas y góticas, y se extiende por toda Europa.
La palabra "Pantocrátor" significa en griego "Todo-poderoso". Esta forma típica pretende realismo en la expresión de la figura de Cristo, reduce a los rasgos fundamentales y a veces se presenta ricamente decorada; en ocasiones se la sustituye por una corona real. Es una forma típica de representar a Cristo en los siglos XII y XIII.
Atributos de la divinidad: las potencias y el nimbo
Las potencias son el atributo de la Divinidad de Jesús. Son tres rayos de luz que se ponen en la cabeza de las imágenes de Jesucristo, y simbolizan la plenitud en la gracia, la omnipotencia (lo puede todo), y la omnisciencia (facultad de saberlo todo). Así, las representaciones de Cristo son reconocibles por las potencias. En consecuencia, las potencias quedaron convertidas, por derecho propio, en los verdaderos atributos heteróclitos de Jesucristo en su triple condición de profeta, sacerdote y rey.
En el ámbito de la platería, la tipología de las potencias, por lo general, suelen constar de un nudo de diseño y ornamentación variable, del que arranca un haz de rayos solares, lisos o flamígeros, con las puntas planas o biseladas. Esta manifestación artística ha sido aprovechada por orfebres y plateros durante siglos, de manera que nos encontramos actualmente con un amplio repertorio que da fe de la importancia de este elemento sobre todo en el mundo de las cofradías.
Los instrumentos de la Pasión y el culto a las reliquias
Hay que tener en cuenta que según el ámbito cultural o época histórica se escojan con preferencia unos elementos sobre otros, hay un conjunto mínimo formado por la Cruz, la Corona de Espinas, el Pilar o Columna de la Flagelación, la vara con la Santa Esponja, la Santa Lanza, los Santos Clavos y el Velo de la Verónica. El origen de los símbolos de la Pasión surge con Santa Elena y las reliquias de Jerusalén. Cuando la madre del emperador Constantino descubre la Cruz y tras el Edicto de Milán en el 313 d. C. la Cruz se convierte en el símbolo de la victoria sobre la muerte y no será ya un instrumento de tortura.
Junto a la Cruz, la emperatriz santa Elena habría hallado también los cuatro clavos de Cristo, mencionados por san Ambrosio. San Paulino de Nola menciona la corona de espinas, mientras que es san Marcos quien hace alusión a la caña, empleada como instrumento de tortura y mofa; este mismo evangelista recuerda asimismo la esponja empapada en vinagre. La columna de la Flagelación se conserva en Santa Práxedes de Roma, mientras que las referencias documentales más antiguas conservadas, relativas a la lanza, datan del siglo VI.
Las cruzadas del siglo XII y, muy especialmente, el saqueo de Constantinopla (1204), permitieron a Europa occidental poseer algunas de estas valiosas reliquias. El culto a las reliquias pasionales fue promovido tanto por san Bernardo de Claraval por medio de sus meditaciones sobre la Pasión, como por san Francisco de Asís, quien llegó a sufrir en su propia carne los estigmas. A la cruz se sumaron el resto de instrumentos pasionales, dando lugar a un amplio grupo iconográfico de hasta treinta y cinco elementos, que en ocasiones se combina con otros temas como el Varón de Dolores, la Misa de san Gregorio, o el Juicio Final, en el que los arma Christi son portados por ángeles, como símbolo de la autoridad de Cristo.
Arma Christi: evolución y difusión
A lo largo de la Edad Media, se produjo una progresiva multiplicación de los arma Christi. Durante los siglos XIV y XV, los arma Christi adoptaron un carácter tanto heráldico como escatológico. El tema iconográfico de los arma Christi fue difundido más allá del siglo XVI, no solo por Europa, sino también por América, gracias a la xilografía. El tema aparece en piezas como «La Misa de San Gregorio», pieza procedente del monasterio de Santa Clara de Palencia, y en obras de tránsito al Renacimiento donde es reconocible la influencia italiana.

Símbolos cristológicos: el Cordero, el Pelícano y otros
El cordero es uno de los símbolos cristológicos más frecuentes. En Juan 1.29 Juan el Bautista ve a Jesús y exclama: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Significa la pureza, inocencia, mansedumbre (e inmerecido sacrificio). En las alegorías aparece bajo uno de estos aspectos: los pensamientos puros de la mente, el hombre justo, el Cordero de Dios.
En el arte paleocristiano, el cordero aparecerá fundamentalmente como símbolo del martirio y la muerte de Cristo, aunque a veces representa también a los fieles cristianos que rodean la figura del Buen Pastor o se dirigen hacia el monte Sión. En el libro del Apocalipsis aparece con tonos solemnes y dramáticos un cordero, como degollado, rodeado de cuatro vivientes y de veinticuatro ancianos, y es el único capaz de presentarse ante el trono de la Majestad de Dios y abrir los sellos del libro sagrado.
El pelícano es un ave acuática palmípeda que en la iconografía cristiana simboliza a Jesús de Nazaret. Esta alegoría entre el pelícano y Cristo se encuentra en el Physiologus. Desde los primeros años de nuestra era es uno de los símbolos usado por los primeros cristianos para referirse a Jesús, por su asociación con la entrega y el alimento para las crías, símbolo del sacrificio redentor.
La expresión humana de Cristo: dolor, pasión y humanidad
En el ámbito de la escultura procesional, se hizo obligado encontrar alguna fórmula que permitiese otorgar consistencia tridimensional a un elemento que era de naturaleza esencialmente pictórica. Ante esto se plantearon dos alternativas: una más modesta, elaborarlas en madera dorada; y otra, con el Barroco, realizarse en labores de platería con profusión de metales y piedras preciosas.
Al culminarse este proceso, la escultura procesional revalidaba un antiquísimo sentir en la historia de la Iglesia, fomentado con fuerza desde los orígenes y desarrollo de la propia liturgia. La expresión humana, al dolor y al sufrimiento de la muerte en la cruz, es intensamente tratada en el Renacimiento y sobre todo en el Barroco, donde se insiste en la expresión psicológica y en la cercanía emotiva con el fiel.
Variaciones culturales y estilísticas: del románico al siglo XX
En el arte románico y gótico la iconografía del Pantócrator y del Cristo trono o majestad es frecuente, mientras que el humanismo renacentista tiende a insistir en los aspectos del arte clásico y la belleza humana. En el Renacimiento se pretende realismo en la expresión de la figura de Cristo, y en ocasiones se muestra un Cristo fuerte y saludable. En el barroco y la devoción popular surge la imagen procesional de Cristo abrazado a la cruz y las elaboraciones en madera policromada que apelan a la emoción.
En el siglo XX, al menos en lo referente a la pintura, nuestro siglo ha vuelto a tener una imagen de Jesucristo múltiple y, a veces, contradictoria. Hay artistas que buscan en el románico la serenidad que el mundo necesita; otros proyectan críticas sociales o visiones personales. Goya, Gauguin y Van Gogh son ejemplos de artistas que reinterpretaron la figura de Cristo desde miradas no siempre convencionales.
Medios contemporáneos: cine, teatro y nuevas lecturas
La representación de Jesucristo en el cine y en el teatro plantea nuevos retos: representar una personalidad como la de Jesús resulta imposible en toda su plenitud. Obras como "Jesucristo Superstar" o la película "Jesús de Nazaret" de Franco Zeffirelli han suscitado debate por su aproximación interpretativa. El cine puede ser un medio para acercar los evangelios a grandes audiencias, aunque toda imagen, por muy artística que sea, lo empobrece en algún sentido: el Evangelio no es un libro neutro. Si no se vive, no se entiende.
Las imágenes más antiguas de Jesucristo en el arte
Tabla: Formas y símbolos principales en la iconografía de Cristo
- Cristo joven imberbe: Buen Pastor, sanador, atributos: cayado, oveja.
- Cristo barbado y entronizado: Pantócrator, nimbo crucífero, potencias.
- Arma Christi: Cruz, Clavos, Lanza, Corona de espinas, Velo de la Verónica, Columna.
- Símbolos cristológicos: Cordero (Agnus Dei), Pelícano, Buen Pastor.
- Representaciones procesionales: esculturas en madera, orfebrería y potencias en platería.
Algunas claves para leer las imágenes
- Los Evangelios no dan ninguna descripción física de Jesús: la iconografía completa aquéllo que la palabra no detalla.
- Las imágenes combinan fuentes bíblicas, apócrifas y modelos del mundo antiguo (Apolo, Orfeo) para comunicar verdades teológicas.
- Los símbolos varían según el contexto cultural y el momento histórico: devoción, teología y poder político influyen en la elección iconográfica.
- La materialidad de la obra (madera, platería, pintura, mosaico) condiciona la experiencia y la recepción devocional.
Las Sagradas Escrituras emplean parábolas, proverbios, símbolos y muchas ilustraciones tomadas de la vida diaria para permitirnos comprender mejor las profundas verdades divinas. En consecuencia, las representaciones iconográficas suelen ser antagónicas en su concepción al bosquejar la figura de Nuestro Señor e interpretar a todas las posibles imágenes mentales propias de la koiné cristiana para perfilar al Mesías.
tags: #jesucristo #sin #camiseta