Columna vaticana de Bernini: historia y significado del baldaquino de San Pedro

El baldaquino de San Pedro (del italiano: Baldacchino di San Pietro) es un ciborio o baldaquino monumental, obra del italiano Gian Lorenzo Bernini, en cuatro columnas culminadas en dosel; forjado en bronce macizo negro y sobredorado, de estilo barroco, se emplaza en el centro del crucero de la Basílica de San Pedro de la Ciudad del Vaticano, directamente bajo la cúpula.

Bernini recibió este importante encargo cuando solo tenía 25 años. El trabajo comenzó en 1623 y terminó en 1634 y tiene la función de resaltar y enmarcar la presencia del altar papal que de otro modo podría resultar insignificante, desangelado, en la inmensidad del templo. El baldaquino, construido entre 1624 y 1633, fue el primer encargo oficial que recibió Bernini: se trataba de recuperar el carácter centralizado de la planta del templo mediante el énfasis en la zona del crucero y la cabecera, convirtiendo el área del altar mayor en la protagonista espacial y simbólica de la basílica.

Vista del baldaquino y el crucero de la Basílica de San Pedro

Antecedentes y tradición del baldaquino en Roma

Ya antes del papado de Urbano VIII, bajo el que concluyó la obra de la basílica, se venían utilizando en su interior baldaquinos temporales durante la cuaresma y otras celebraciones eclesiásticas. En aquellos años la mayoría de las basílicas más importantes de Roma contaban con baldaquinos permanentes. Se trataba de un concepto que venía manteniéndose desde el habitual dosel de los antiguos catafalcos y en los palios con los que se exaltaba a los papas y a los monarcas de España.

En realidad la Antigua Basílica de San Pedro había tenido doce columnas salomónicas formando una pantalla ante el altar. Las había traído de Grecia el emperador Constantino I en el siglo II. En la Edad Media se afirmaba que procedían del tabernáculo del templo de Salomón (de ahí su nombre de columnas salomónicas). Lo que es seguro es que son de mármol griego. Ocho de esas columnas se conservan en el interior de la basílica, sobre las estatuas que miran al baldaquino) y dos están en la Capilla del Santísimo Sacramento.

Diseño y materiales

Para su montaje se fabricaron separadamente las basas -construidas en mármol blanco-, los capiteles y el fuste, que a su vez se fabricó en tres segmentos. La obra de Bernini, de 28'5 m de altura, se apoya en cuatro gigantescas columnas salomónicas de 20 m de altura. Las columnas son de orden corintio, aunque de fuste en helicoide, llamado salomónico. Van rematadas por un capitel compuesto y sobre él un entablamento, engalanando las cornisas con guardamalletas a modo de guirnaldas de pendones de fabricación textil.

El dosel cuenta con cuatro cornapuntas realizadas por Pietro Bernini y Borromini. En la parte superior del entablamento aparecen unos ángeles de talla doble a la humana, y un grupo escultórico de dos querubines que portan respectivamente la tiara papal y las llaves de San Pedro como símbolos papales. Tras ellos y con origen en los capiteles se elevan volutas pergaminadas que crean un juego de cóncavo-convexo que introduce un gran dinamismo, propio del barroco. El conjunto converge en un segundo entablamento a mayor cota, coronado por un orbe y una cruz sobre el mismo que simbolizan la universalidad de la Iglesia.

Decoración simbólica

Aparecen revestidas con denso ornamento de volutas, hojas de laurel y racimos naturalistas. El laurel, que sustituye a hojas de parra que ocuparon la misma posición, puede ser una alegoría del reconocido talento poético de Urbano VIII en lengua latina, ya que con él se coronaba a los poetas clásicos. Los racimos simbolizan la eucaristía y aparecen libados por abejas en alusión a la familia Barberini, en cuyo escudo familiar figuran tres de estos insectos. De hecho, en la coronación del baldaquino y en los podios o basas hay una profusa presencia de dichos símbolos heráldicos barberianos. También se muestran soles con halo de rayos como alegoría a la misma familia, ya que este es otro de los elementos de su blasón familiar.

Junto a las columnas con fuste helicoidal, podemos rastrear otros elementos simbólicos en la decoración del baldaquino. Especialmente destacables son el follaje de vid, alusivo a la Eucaristía y, entre este, las numerosas abejas dispuestas por toda la obra, símbolo de la familia Barberini, a la que pertenecía el Papa Urbano VIII, comitente de la obra, y cuyo escudo cuelga en los doseles superiores.

Realización y colaboración

Esta obra maestra del estilo barroco fue realizada en el taller de Bernini, siendo Pietro Bernini, su padre, el primer oficial y contando con la colaboración de Francesco Borromini a partir de 1629 hasta el final de la obra, antes de que surgiera una gran rivalidad entre ambos. Para su construcción, realizada enteramente en bronce, Bernini tomó el material del Panteón, lo cual suscitó numerosas críticas a pesar del beneplácito del Papa. Para la ejecución del baldaquino se extrajeron, fundieron y reciclaron los bronces del pronaos del Panteón de Agripa, si bien hay autores que indican que la mayor parte del bronce procede de Venecia. Tomar materiales "prestados" como mármol, metales, piedras preciosas, etc. de unas obras de arte para usarlos en otras era una práctica común en Roma.

Impacto visual y arquitectónico

El resultado es una obra que pese a sus ciclópeas dimensiones muestra una extraordinaria ligereza y transparencia, hasta el punto de que parece ondear con el viento. Tal es la ilusión de movimiento de la estructura que parece que se zarandean las guardamalletas del remate. Nada de esto debe extrañar ya que el proyecto berniniano, se ha dicho, imita el aparato efímero construido para la canonización de Santa Isabel de Portugal. Resulta sorprendente cómo armoniza el baldaquino con el templo, a pesar de su contraste cromático -oscuro en un ambiente claro-, así como de textura y de geometría.

La posición que ocupa el baldaquino bajo la cúpula obliga a adelantar el altar mayor hasta el centro del crucero y no en el ábside, como corresponde a la tradición cristiana de la época. Para recuperar la tradición, Bernini sitúa otro elemento capital en el ábside, en la posición de normalmente habría ocupado el altar mayor. Con la construcción del baldaquino y su integración en la logia, Bernini generó una potente escenografía capaz de articular el espacio circundante con una concepción centralizada que físicamente se había perdido con la prolongación de las naves y que, simultáneamente, servía de marco a la visión de la cátedra de San Pedro, ubicada en el muro del testero.

Detalle con follaje y abejas del baldaquino

Recepción, influencia y restauración

El baldaquino es quizás el elemento más suntuoso entre los incontables que posee la Basílica vaticana. Supone una gran innovación en cuanto a materiales y diseño que marcaría el curso del estilo barroco. Fue muy celebrado en su tiempo. Sus columnas salomónicas, que se empleaban en esta obra por primera vez desde la antigüedad, así como la densa decoración con pámpanos y otros elementos vegetales fueron fuente de inspiración para infinidad de obras barrocas en adelante, superando la controversia inicial generada como consecuencia del daño causado en el Panteón.

El próximo 27 de octubre, de cara al Jubileo del año 2025 (que arrancará el 24 de diciembre con la apertura de la Puerta Santa), el famoso baldaquino que se alza en el crucero de la basílica de San Pedro en el Vaticano, sobre la sepultura del apóstol, un imponente templete de 30 metros de altura apoyado en cuatro columnas salomónicas de bronce que fue erigido por Gian Lorenzo Bernini entre 1624 y 1635, volverá a lucir en todo su esplendor. El monumento, obra del gran maestro del barroco, pensado como un gigantesco catafalco con cuatro columnas salomónicas de bronce decoradas con ramos de laurel y abejas (símbolos de la dinastía Barberini, la del papa Urbano VIII) coronadas por cuatro ángeles, ha recobrado ahora su brillo tras los nueve meses de ardua tarea que ha implicado su primera restauración en 250 años.

Los trabajos de restauración solo se han centrado en el aspecto "externo" del monumento para que toda su ornamentación sacra, tanto vegetal como animal, vuelva a recobrar su luz original. Carlos Usai, uno de los cuatro expertos restauradores que han llevado a cabo este complejo trabajo, ha explicado que en el transcurso del mismo, el equipo se ha encontrado con diversas sorpresas ocultas entre los recovecos del baldaquino, algunas tan singulares como una lista de la compra que alguien escondió en el siglo XIX y en la que había escrito, entre otras cosas, que necesitaba tomates y cebollas. Susana Sermati, otra de las restauradoras involucradas en el proyecto, ha destacado respecto a la meticulosa tarea que su equipo ha llevado a cabo que "el mayor desafío fue la magnitud de la obra y el poco tiempo que teníamos, lo que requería trabajar con gran profesionalismo. A pesar de todas las dificultades, hemos conseguido una limpieza profunda que ha revelado la belleza del cobre dorado del monumento.

Bernini y su papel en Roma

Con su personalidad artística polifacética y su capacidad creativa, Gian Lorenzo Bernini (1598-1680) fue el gran protagonista del Barroco italiano. Aunque nacido en Nápoles, se desplazó en su niñez a Roma y fue allí, en la ciudad papal, donde desarrolló su carrera artística realizando o dirigiendo algunas de las más importantes obras de la Europa del momento. Su contribución al arte barroco tuvo lugar en diferentes modalidades; su capacidad como escultor, arquitecto, escenógrafo, pintor y dramaturgo le permitió combinar diferentes manifestaciones y cultivar el concepto barroco de arte total al servicio de la fe.

Sería precisamente en el ámbito del arte religioso en el que Bernini realizaría algunas de sus obras más destacadas, entre las que sobresale por su relevancia y repercusión su intervención en la basílica de San Pedro del Vaticano, de la que fue artista oficial durante los pontificados de Urbano VIII y Alejandro VII, cargo interrumpido con Inocencio X, que optó por conceder tal favor a Borromini. En el Vaticano urbanizó la plaza de San Pedro y la dotó de la famosa columnata que hoy acoge a visitantes de todo el mundo y, en el interior de la basílica, se encargó de varias obras como la reorganización espacial del crucero y la cabecera con la construcción de la cátedra de San Pedro, la logia y, bajo la gran cúpula de Miguel Ángel, el baldaquino.

Gian Lorenzo Bernini, Baldaquino

Tabla resumida: datos esenciales del baldaquino

  • Autor: Gian Lorenzo Bernini (taller con Pietro Bernini y colaboración de Borromini)
  • Periodo de construcción: 1623/1624 - 1633/1634
  • Material principal: bronce sobredorado (fundido y reciclado en parte del Panteón)
  • Altura aproximada: 28,5-30 m
  • Elemento distintivo: cuatro columnas salomónicas y rica iconografía barberiana
  • Función: enmarcar el altar papal y recuperar centralidad en el crucero

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