Milagros jesuitas: historia y significado

Los milagros vinculados a la Compañía de Jesús han dejado huella en la historia religiosa y cultural, articulándose en relatos de curaciones, manifestaciones extraordinarias y señales que movilizaron la fe de comunidades enteras. Estos sucesos suelen integrarse en la narrativa más amplia sobre los milagros de Cristo, cuya característica principal es que no solo asombraban por lo prodigioso sino que señalaban la presencia del Reino de Dios y llamaban a la conversión.

Contexto teológico: el sentido de los milagros

Los milagros de Jesús se entienden en el contexto del Reino de Dios: “Si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros”. Jesús inaugura el Reino de Dios y los milagros son una llamada a una respuesta creyente. Esto es fundamental y distintivo de los milagros que obró Jesús. Reino y milagros son inseparables.

Los milagros de Jesús no eran fruto de técnicas (como un médico) o de la actuación de demonios o ángeles (como un mago), sino resultado del poder sobrenatural del Espíritu de Dios. Por tanto, Jesús hizo milagros para confirmar que el Reino estaba presente en Él, anunciar la derrota definitiva de Satanás y aumentar la fe en su Persona. No pueden explicarse como prodigios asombrosos sino como actuaciones de Dios mismo con un significado más profundo que el hecho prodigioso.

Un milagro es «un hecho producido por una intervención especial de Dios, que escapa al orden de las causas naturales por Él establecidas y destinado a un fin espiritual». El milagro pasa así a ser signo de algo que Dios quiere manifestar a los hombres. Es lógico que el Creador pueda actuar por encima de las leyes naturales creadas por Él mismo, cuando esa actuación no sea contradictoria. Dios no puede hacer que un círculo sea cuadrado o que lo frío sea a la vez caliente. Pero puede hacer que lo frío se haga repentinamente caliente o que se suspenda por un tiempo la ley de la gravedad.

Milagros y misión: característica distintiva de los milagros cristianos

La naturaleza habla de la gloria de Dios. Para los ojos despiertos, que no están nublados por la rutina, toda la creación es un canto de alabanza al Creador que pregona: Él nos ha hecho. Pero el milagro tiene un lenguaje especial. Es el lenguaje privado de Dios. Sólo Él puede emitir una palabra que vaya más allá de los límites que ha querido establecer en la naturaleza. Los milagros hablan del amor omnipotente del eterno. Y Dios habla en Jesús con tantos milagros que, al cabo de los tres años, casi se acostumbran a esa grandeza.

Los milagros de curación y los exorcismos son señales de que Jesús ha manifestado su poder de salvar al hombre del mal que amenaza al alma. Unos y otros son señales de otras realidades espirituales: las curaciones del cuerpo -la liberación de la esclavitud de la enfermedad- significan la curación del alma de la esclavitud del pecado; el poder de expulsar a los demonios indica la victoria de Cristo sobre el mal; la multiplicación de los panes alude al don de la Eucaristía; la tempestad calmada es una invitación a confiar en Cristo en los momentos borrascosos y difíciles; la resurrección de Lázaro anuncia que Cristo es la misma resurrección y es figura de la resurrección final, etc.

Jesús y la acusación de magia: contexto histórico

Entre las acusaciones más antiguas de judíos y paganos contra Jesús se encuentra la de ser un mago. En el siglo II, Orígenes refuta las imputaciones de magia que Celso hace del Maestro de Nazaret y a las que aluden San Justino, Arnobio y Lactancio. También algunas tradiciones judías que pueden remontarse al siglo II contienen acusaciones de hechicería. En todos estos casos, no se afirma que él no hubiera existido ni que no hubiera realizado prodigios, sino que los motivos que le llevaban a hacerlos eran el interés y la fama personales.

En relación a otros personajes de la época conocidos por realizar prodigios, Jesús es único. Se distingue por el número mucho mayor de milagros que obró y por el sentido que les dio, absolutamente distinto al de los prodigios que pudieron realizar algunos de esos personajes (si es que de verdad los hicieron). El número de milagros atribuidos a otros taumaturgos es muy reducido, mientras que en los evangelios tenemos 19 relatos de milagro en Mateo; 18 en Marcos; 20 en Lucas y 8 en Juan; además hay referencias en los sinópticos y Juan a los muchos otros milagros que Jesús hizo.

Los milagros hoy: continuidad y testimonios

Jesús también hace milagros y señales hoy para fortalecer la fe de cada uno de nosotros. Se preocupa mucho por nosotros. ¿Qué señales de Dios veo en mi vida? ¿Cómo es mi relación con Él? Paradójicamente, los milagros no sirven sólo para que alguien se recupere corporalmente. El Evangelio nos da la respuesta a la pregunta: ¿para qué hacía milagros Jesús? Un milagro en griego se expresa con la palabra 'semeia', que literalmente significa 'señal', pero una señal que apunta al Dios que realizó el milagro. El milagro no se refiere sólo a la curación del cuerpo, sino a una relación con Dios que se establece a través de la fe.

Jesús mismo explicó el sentido de los hechos extraordinarios que Dios realiza. Jesús explica por qué hizo este milagro delante de la gente: "Ni él pecó, ni tampoco sus padres. Nació así para que en él se manifestaran las obras de Dios". Literalmente en el griego original esto significa "para que se conocieran (salieran a la luz) las obras de Dios en él".

pintura de Nuestra Señora sudando en iglesia jesuita

Milagros jesuitas en América: el caso de Santa Fe

Un 15 de noviembre de 1573, a orillas del Río de los Quiloazas, nacía la ciudad de Santa Fe. El naciente caserío manifiesta pronto su deseo de contar con la presencia de religiosos de la Compañía de Jesús. En 1595 los cabildantes le escriben al Padre Provincial Juan Romero, SJ, residente en Asunción, suplicándole el envío de religiosos jesuitas. Este pedido fue satisfecho recién en 1609, cuando llegaron a Santa Fe, el Padre Francisco del Valle, SJ y el Hermano Juan de Sigordia, SJ.

En 1634, de paso por la ciudad rumbo a la Reducción de San Ignacio Miní, un artista de fina sensibilidad, el Hermano Luis Berger, SJ, a pedido de los Congregantes Marianos accedió gustoso a representar la Mujer del capítulo 12 del Apocalipsis. El cuadro se llamó como la Congregación Mariana: “de la Pura y Limpia Concepción”.

Habiendo finalizado la Misa, alrededor de las ocho horas, el Padre levantó la vista hacia el cuadro y se sorprendió por lo que creyó era humedad del ambiente condensada en la pintura. Incorporándose descubrió que de la mitad de la Imagen para arriba la pintura estaba totalmente seca, mientras que hacia abajo corrían hilos de agua resultantes de innumerables gotas emanadas en forma de sudor. Al ver el asombro del sacerdote, varias personas que aún permanecían en la iglesia se acercaron y pudieron conocer lo que estaba ocurriendo.

Comenzaron a embeber aquel agua en algodones y lienzos, mientras el número de fieles y curiosos crecía junto al júbilo y las exclamaciones. Las campanas de la Iglesia no pararon de repicar, para anunciar a todo el pueblo lo que estaba sucediendo. Esto duró algo más de una hora, como lo atestigua el acta que se conserva hasta hoy en el Santuario. En las semanas, meses y años siguientes a este milagro, comenzaron a sumarse otras numerosísimas manifestaciones del amor de Dios para con sus hijos. Las curaciones más asombrosas fueron también recopiladas por el Escribano del Rey.

En pocos días, Monseñor Cristóbal de Aresti, Obispo de la Diócesis de Asunción del Paraguay, de la que dependía entonces Santa Fe, reconoció al sudor como auténtico milagro, pues según los requisitos establecidos por la Iglesia, se contaba con suficientes testimonios probatorios del extraordinario suceso. Al cumplirse los 300 años del sudor milagroso, fue erigido como Santuario el mismo día que se realizó la Coronación Pontificia del Cuadro.

Con la expulsión de la Compañía de Jesús de las tierras españolas, y con las severas restricciones de mantener cerrados el Colegio y la Iglesia, el culto a Nuestra Señora de los Milagros se tuvo que suspender desde 1767 hasta 1862. Ante las insistencias de los congregantes y feligreses, el Cabildo permitió retirar el cuadro de la Iglesia (cerrada al público) y trasladarlo a la Iglesia Matriz (Catedral). Recién unos veinticinco años más tarde se regresó con júbilo a su altar, con la llegada de los padres Mercedarios, quienes vivieron en el Colegio y se hicieron cargo de la Iglesia.

El 9 de mayo de 1936 el Papa Pío XI otorgó la Coronación Pontificia al cuadro de Nuestra Señora, cambiándolo al centro del altar mayor. Presidió la ceremonia el Cardenal Santiago Copello y vinieron fieles y jesuitas de otras regiones del país.

Testimonio apostólico y continuidad del poder de obrar milagros

Los relatos de los milagros son de una gran sencillez, lo cual no parece propio de unas historias inventadas. Tienen, en la mayoría de los casos, una gran precisión de datos en cuanto a tiempo, lugar, etc. Además, es sabido que los Apóstoles dieron su vida y abandonaron todo por ser fieles a la predicación del Evangelio.

Los apóstoles escucharon las enseñanzas de Jesús y presenciaron sus milagros. En efecto, los evangelios y el libro de los Hechos de los Apóstoles nos muestran que Jesús comunicó a sus discípulos el poder de hacer milagros. Los discípulos realizan las mismas obras que Jesús con el poder y la autoridad misma del Hijo de Dios. Este poder de los discípulos se reforzará después de Pentecostés: «Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca: Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis».

Milagros como prueba histórica

Los milagros son hechos históricos que tienen la misma historicidad que los propios evangelios. Ha habido quienes negaron la autenticidad de los milagros basándose en que es imposible que puedan realizarse hechos en contra o por encima de las leyes naturales. Esta afirmación parte de un prejuicio cerrado, que impide toda objetividad, y que consiste en negar o bien que Dios existe, o bien que pueda actuar en la tierra.

Otro dato de gran valor es que ninguno de los enemigos de Jesús dijo que no hacía milagros, sino al contrario, es uno de los motivos por los que le persiguen: «los mismos sacerdotes y los fariseos decían: ¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchas señales (milagros) Si le dejamos que siga así, todos creerán en él».

Milagros, sacramentos y signos: implicaciones espirituales

Los milagros no son hechos solamente portentosos de un ser superior: Son manifestaciones de una realidad salvadora sobrenatural. Son las señales de que ha llegado el Reino de los Cielos y de que Dios está con el que los hace. Son también señales de la transformación interior que se va a obrar en los espíritus; de la conversión y del cambio de mente.

Todos los milagros de Jesús son para el bien; nunca realiza ningún milagro para castigar o hacer caer fuego del cielo sobre los injustos o los malhechores. Los que los observan, ven el dedo de Dios que señala: mirad a mi Hijo. Los beneficiados se gozan. Es significativa la cantidad de milagros destinada a sanar las enfermedades. El dolor es un efecto del pecado de origen. Cristo, al vencer al dolor, quiere demostrar que viene a vencer a su causa que es el pecado.

Ejemplos bíblicos citados en la tradición

  • La curación del ciego de nacimiento (Jn 9) como señal que apunta a la fe y la revelación de la obra de Dios.
  • La multiplicación de los panes que alude al don de la Eucaristía.
  • La tempestad calmada como invitación a confiar en Cristo.
  • La resurrección de Lázaro como figura de la resurrección final.

Tabla: Tipos de milagros y su significado espiritual

La siguiente tabla sintetiza, a partir del material disponible, tipos habituales de milagros y su interpretación teológica.

  • Curaciones físicas - Representan la liberación del hombre de la esclavitud de la enfermedad y simbolizan la sanación del alma del pecado.
  • Exorcismos - Señalan la victoria sobre el mal y la liberación espiritual.
  • Milagros sobre la naturaleza - Indican que el poder divino trasciende el mundo humano y domina las fuerzas naturales.
  • Resurrecciones - Anticipan la resurrección final y prueban que Cristo es la resurrección.
  • Manifestaciones extraordinarias en imágenes (p. ej. sudor de una pintura) - Refuerzan la devoción, atraen multitudes y, tras investigación eclesiástica, pueden ser reconocidas como signos auténticos.

La narrativa de los milagros jesuitas y las señales asociadas, como el caso del cuadro de la Pura y Limpia Concepción en Santa Fe, muestran cómo la experiencia religiosa local se combina con la teología de los evangelios para generar devoción, relatos de curación y reconocimiento eclesiástico. Los milagros, tanto los narrados en los evangelios como los atribuidos a la acción divina en comunidades cristianas, siguen siendo para los creyentes signos que apuntan a Dios y llaman a la conversión.

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