En el Viacrucis, Santa Verónica tendió a Cristo un velo o paño para que enjugara el sudor y limpiase la sangre de Jesús. En la tela quedó milagrosamente impresa las facciones del Redentor (las verdaderas imágenes, su Santo Rostro), como el Mandylion de Edesa, la Sábana Santa de Turín o el Santo Sudario de Oviedo.
Origen legendario y conexiones orientales
En realidad, su nombre derivaba de las palabras traducidas del griego Vero Ikono, las cuales hacían referencia al verdadero retrato o imagen de Cristo y cuyo origen se encontraba en Oriente. La leyenda refería que el rey Abgar V de Edesa, al conocer los milagros que Jesús estaba realizando en Palestina, había enviado a un pintor para que le trajera un retrato del prodigioso mesías, pues estaba seguro de que con él se libraría de la lepra. Cuando Cristo murió en la cruz, sus apóstoles Simón y Judas Tadeo, que habían guardado la reliquia, la llevaron a Edesa para entregarla al rey Abgar, quien quedó curado de la lepra con su solo contacto.
La imagen de Edessa, también conocida como el Mandilón, fue venerada y preservada incluso durante el dominio musulmán. A pesar de las luchas iconoclastas en el Imperio Bizantino que afectaron la veneración de íconos, la imagen de Edessa fue respetada y finalmente trasladada a Constantinopla. Este evento se conmemoró con una fiesta religiosa y se mantuvo una fuerte tradición sobre la autenticidad de esta imagen, la cual es vista como una de las representaciones más antiguas y veneradas del rostro de Jesús en la historia cristiana.

Desarrollo de la tradición occidental: la figura de Verónica
En la tradición occidental, se cree que una mujer llamada Verónica enjugaría el rostro de Jesús durante su camino hacia la crucifixión, dejando su imagen impresa en un velo. Sin embargo, este relato no está presente en los Evangelios, lo que plantea dudas sobre su veracidad histórica. La estación del viacrucis que representa este evento es relativamente tardía, con sus versiones más consolidadas apareciendo solo a partir del siglo XV.
Fue necesario entonces crearle una historia y las hagiografías la llamaron con su supuesto nombre de origen, Berenice, quien habría nacido en Cesarea de Filipo y habría vivido en Jerusalén, donde se casó con Zaqueo, el publicano de Jericó que cita el Evangelio de Lucas. Algunas historias la identificaron con la hemorroisa curada por Cristo. Esas narraciones fueron creadas después del siglo XIII, ante la necesidad de darle cuerpo a un personaje cuyo nombre no aparecía en ninguno de los textos hagiográficos anteriores, ni en los martirologios antiguos.
Las reliquias y su dispersión: Roma, España, Francia y Manoppello
En el siglo VIII, el papa Juan VII consagró en Roma una capilla denominada “sancta María in Verónica”. Esta imagen se conserva en la Basílica de San Pedro del Vaticano; en otros tres lugares distintos se preservan las reliquias conocidas como el paño de Verónica: en España (la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, Jaén, y el Monasterio de la Santa Faz, Alicante) y en la Basílica del Sacré Cœur (París, Francia).
Con motivo del primer año santo de la historia, en el año 1300, el Velo de la Verónica se convirtió en una de las «Mirabilia urbis» (maravillas de la ciudad de Roma) para los peregrinos que pudieron visitar la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Lo confirma el mayor poeta de la historia de Italia, Dante Alighieri, en el canto XXXI del «Paraíso» en la «Divina Comedia».
Las huellas del velo de la Verónica se perdieron en los años sucesivos al Año Santo 1600, cuando el velo fue hallado en Manoppello. Según estudios históricos citados por el padre Pfeiffer, con motivo de la reestructuración de la Basílica de San Pedro, realizada por el Papa Pablo V (1605-1621), en 1608 se abatió la Capilla en la que se custodiaba y es probable que en esa ocasión fuera robada la reliquia.
Según la «Relación Histórica», escrita en 1646 por el sacerdote capuchino Donato da Bomba, en 1608 una señora, Marzia Leonelli, para sacar a su marido de la cárcel, vendió por 400 escudos el Velo de la Verónica, que había recibido como dote, a Donato Antonio de Fabritiis. Dado que la reliquia no se encontraba en buenas condiciones, de Fabritiis la entregó en 1638 a los padres capuchinos de Manoppello. Fray Remigio da Rapino recortó los bordes del Velo y lo colocó entre dos marcos de madera de nogal. Los marcos y los cristales son los que todavía hoy conservan el velo en Manoppello.
Cuestiones de autenticidad: investigaciones y comparaciones
El profesor Donato Vittori, de la Universidad de Bari, hizo un examen del velo en 1997 con los rayos ultravioleta, descubriendo que las fibras no tienen ningún tipo de pigmentación. Al observarse la reliquia con el microscopio se descubre que no está pintada y que no está tejida con fibras de color. A través de sofisticadas técnicas fotográficas digitales, se ha podido constatar que la imagen es idéntica en ambos lados del velo, como si fuera una diapositiva.
La iconógrafa Blandina Pascalis Shlöemer ha demostrado que la imagen de la Sábana Santa de Turín se sobrepone perfectamente al Santo Rostro de Manoppello (con más de diez puntos de referencia). El padre Pfeiffer ha recogido las principales obras artísticas de la historia que se inspiran en el velo de la Verónica, hasta que Pablo V prohibiera su reproducción, tras el probable robo en el Vaticano, y todas parecen tener por modelo la reliquia de Manoppello.

Multiplicidad de reliquias y explicación tradicional
La paradoja de la multiplicidad de paños se resolvía con el recurso a la posibilidad de que Verónica doblara el pañuelo dos veces antes de que la sangre de Jesús se secara, con lo que serían cuatro las imágenes obtenidas. La palabra griega “tetradiplon” ("doblado cuatro veces") se reserva para la denominación del Mandylion de Edesa.
Jorge Manuel mostró la discusión de la existencia de varias versiones de la Santa Faz, destacando tres ejemplos prominentes: la Verónica del Vaticano, la Santa Faz de Alicante y el Santo Rostro de Jaén. Cada una de estas reliquias es considerada por algunos como una representación auténtica del rostro de Cristo, pero todas estas imágenes son en realidad iconos pintados y no reliquias verdaderas. A menudo, estas reliquias se confundían con el relicario que las contenía, y se mencionan ejemplos históricos donde los peregrinos llevaban copias de estas imágenes como recuerdos.
Recepción artística y devocional
A partir del siglo XVI se amplió la popularidad de La Verónica y sus múltiples representaciones artísticas y pasionarias, algunas de las cuales llegan hasta nuestros días. Es por todos conocida la escena de la Pasión de Cristo en la que una joven limpia el rostro de Jesús con un pañuelo, quedando impresa en él la imagen sangrante y sudorosa del hombre Dios que se dirige a su crucifixión en el monte Calvario.
En su película «Jesús de Nazaret», la recoge el director de cine Franco Zeffirelli. El padre Pfeiffer explica: «Cuando los diferentes detalles se encuentran reunidos en una sola imagen, esta última debe haber sido el modelo de todas las demás. Todas las demás pinturas imitan un solo modelo: la Verónica de Roma. Por este motivo, podemos concluir que el Velo de Manoppello no es más que el original de la Verónica de Roma».
SANTA VERÓNICA y su Historia desconocida.
Datos cronológicos clave
- Siglo IV: fuentes orientales antiguas mencionan la imagen de Edesa (Mandylion).
- Siglo VIII: el papa Juan VII consagra una capilla en Roma llamada “sancta María in Verónica”.
- 944: homilía que alaba la imagen de Edessa; tradición sobre su veneración en Constantinopla.
- 1204: saqueo de Constantinopla durante la Cuarta Cruzada y dispersión de reliquias.
- 1300: el Velo de la Verónica figura entre las maravillas de Roma en el Año Santo.
- 1608-1638: posibles desaparición y aparición del velo en las manos de particulares y posterior custodia en Manoppello.
- 1997: examen con rayos ultravioleta por Donato Vittori; estudios fotográficos posteriores comparan la imagen con la Sábana Santa de Turín.
Tabla: principales localizaciones y estado de las reliquias mencionadas
- Basílica de San Pedro (Vaticano) - Verónica de Roma (históricamente venerada; desaparecida tras reestructuración de 1608).
- Manoppello (Italia) - Santo Rostro/velo conservado por capuchinos; objeto de análisis modernos.
- Catedral de Jaén y Monasterio de la Santa Faz (Alicante, España) - reliquias conocidas como paño de Verónica en tradiciones locales.
- Basílica del Sacré Cœur (París) - una de las reliquias atribuidas a Verónica.
- Edesa/Edessa (en la tradición oriental) - Mandylion, venerado en Bizancio y asociado a tradiciones más antiguas.
Debates historiográficos y postura de la Iglesia
En el libro apócrifo de los Hechos de Pilato (siglo VI), se habla de una mujer, conocida con el nombre de Verónica, que enjugó con un velo el rostro de Cristo en el Vía Crucis. A pesar de estas fuentes inciertas, que se encuentran ya en el siglo IV, según constata el padre Pfeiffer, alemán, la historia del Velo de la Verónica está presente a través de los siglos en la tradición católica.
Asimismo, también introdujo la discusión entre la postura oficial de la Iglesia y la crítica moderna sobre la autenticidad de la Verónica. La postura oficial considera venerable el relato del viacrucis, aunque algunas críticas, especialmente las protestantes, cuestionan la veracidad histórica del evento. Eusebio de Cesarea, en el siglo IV, muestra reticencias hacia la creación de imágenes de Jesús, lo que sugiere una actitud cautelosa hacia la representación visual de lo sagrado en los primeros tiempos del cristianismo.
Interpretaciones posibles
- Relato devocional y hagiográfico creado para reforzar la vivencia sacramental y pasional del Viacrucis.
- Adaptación occidental del Mandylion oriental llegada por las Cruzadas y peregrinaciones.
- Objeto compuesto y reelaborado a lo largo del tiempo: reliquia, icono y modelo artístico, con múltiples copias y derivaciones.
Significado espiritual y cultural
La escena de la Verónica -la joven que limpia el rostro de Jesús y conserva su imagen- simboliza la compasión humana frente al sufrimiento divino y encarna una forma de contacto directo y sensible con el Redentor. A partir del siglo XVI se amplió la popularidad de La Verónica y sus múltiples representaciones artísticas y pasionarias, algunas de las cuales llegan hasta nuestros días.
La Verónica, en su doble dimensión legendaria y tangible, ha alimentado la devoción, la iconografía y el arte religioso europeo, constituyendo un nexo entre las tradiciones orientales del Mandylion y las prácticas litúrgicas y piadosas occidentales del Viacrucis.
