Hace muchos, muchos años, corría la década de los 80 en la cual nacimos los primeros Millennials (que aún no sabíamos nada de eso ni de la que se nos venía encima) destinados a convertirnos en una generación nostálgica, sin trabajo y viviendo con nuestros padres. Benditos años 80. Nuestros padres no tenían redes sociales, ni miles de tipos de educación diferentes (crianza con apego, hiperpaternidad, Montessori, Waldorf…).
Movilidad, viajes y seguridad
De bebé, mis padres me llevaban cada año de vacaciones desde Barcelona a Galicia (unos mil kilómetros, sí) en un capazo que parecía más un cesto de ir a la playa que otra cosa. Y eso por no hablar de cuando tus padres os llevaban a ti y a tus amigas al cine y metían a 5 niñas en el asiento trasero. ¿Y quién no ha ido sentadita en las rodillas de sus tías? ¡Incluso a veces teníamos la suerte de que nos dejasen ir en el asiento de adelante!
Si es que para no tener, no teníamos ni cinturones de seguridad en los asientos de atrás. Por favor, padres, no lo hagáis en casa. Que sí, que sí. Que papá o mamá, nos sentaban entre las rodillas (ellos obviamente pisaban los pedales) y nosotros llevábamos el volante. ¡Y era lo más!
¿Y los padres con moto que nos llevaban de paquete (sin casco ninguno de los dos, claro)? Mientras los jóvenes americanos vivían en una ley seca que no les dejaban beber legalmente hasta los 21 años (y aún están así), los padres españoles eran felices dando de beber a sus hijos para celebrar cualquier ocasión: moja el dedo en el vino, un poquito de champán en la sobremesa, una cucharadita de café…

Libertad infantil y juegos en la calle
En principio tampoco íbamos muy lejos. Yo jugaba a la pelota con mi hermano delante de casa (vigilando que no pasaran coches), íbamos en bici por el vecindario o corríamos por el descampado que había enfrente (sí, vivía en un pueblo). Otras veces, mi madre nos mandaba a comprar alguna cosilla al colmado y enseguida te dejaban volver sola del colegio. Todo esto sin móviles y sin podernos localizar por GPS.
Uno de mis primeros recuerdos es el de ir a adoptar un gatito a casa de la vecina de mi abuela con mi padre. Y a la vuelta (eran dos calles), mi padre lleva los pedales) y yo sentada en sus rodillas con el gato en una mano y el volante en otra. Me entra la risa solo con pensarlo pero, por favor, no.
Riesgos, cicatrices y la salud
La seguridad y la salud no fueron los puntos fuertes de los años 80. Eso está claro. ¿Casco, coderas, rodilleras? ¿Eso que es? Los únicos que llevaban todas esas cosas en los 80 eran los jugadores de hockey sobre hielo que veíamos en las películas de Disney los sábados por la tarde. Tú salías con tu bici y gracias. Y sí, todos tenemos una historia de cicatrices, moratones, rasguños, brazos rotos…
Yo una vez, me pegué tal leche que me quedé inconsciente. Y sí, lo estáis adivinando, mis padres ni siquiera me llevaron al hospital a que miraran si tenía traumatismo craneoencefálico. Si tienes hijos, distinguirás entre Maxicosi y sillitas de grupo 1, 2, 3…
Comparación con las normas actuales
Los padres modernos nos volvemos locos con la normativa de la DGT y haciendo comparativas de las sillitas más seguras. Un día lo mejor es llevarlo en el asiento del acompañante y al día siguiente todos tienen que ir atrás y a contramarcha. (¡Siempre a contramarcha!). Ahora hay que ir en sillita hasta que midas 135cm, o sea, que puedes tener 10 años y seguir ahí.

Información, consejos y la sobreabundancia de opiniones
Cuando, por fin conseguimos salir del nido familiar, independizarnos y formar nuestra propia familia, el gran mundo online (y sus consecuencias) se abren frente a nosotros. ¿A qué me refiero con «consecuencias»? Las consecuencias de una sociedad centrada en las redes sociales es que todo el mundo tiene una opinión y se ve con la necesidad de expresarla.
Por eso, antes, cuando una pareja tenían una hijo, como mucho estaba el libro del Dr. Ahora no: ahora tienes millones de artículos en miles de páginas, foros de madres, libros, revistas, páginas de #malasmadres, grupos de lactancia, la profesora de la guardería, tu vecina, la señora que pasa por la calle, lo que dicen en la tele, a Carlos González y el Dr Estivill, al pediatra, la enfermera, la matrona, la Dirección General de Tráfico, la OMS y, por supuesto, a tu madre, a tu abuela y a tu suegra diciéndote que tapes el niño / no le dejes llorar / eso serán gases. Una locura. Sí, una locura porque, encima, hagas lo que hagas lo harás mal.
Disciplina y rutinas
Viéndolo ahora, los padres se veían obligados a darnos algún tipo de educación (y de vez en cuando una colleja bien dada). Viendo a miles de niños alrededor del mundo (en restaurantes, comidas, autobuses, aviones…) abducidos por la tecnología, ¿cómo conseguían antes nuestros padres que comiésemos y viajásemos? Sí, los pobres aguantaban un millón de veces la pregunta «¿Hemos llegado ya?» pero también se veían obligados a darnos algún tipo de educación (y de vez en cuando una colleja bien dada).
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Pequeñas costumbres cotidianas
La primera vez que me regalaron una Barbie pensé que me debajo del papel de regalo había un cartón de tabaco. Sí, mi padre fumaba y los había visto mil veces por casa pero es que, además, había ido mil veces más a por ellos al estanco. ¿Y por qué no? Te daban tu dinerito y te mandaban de recados. Y tú, llegabas al estanco y le pedías un cartón de tabaco y el dependiente no te hacía preguntas ni pensaba que te los fueses a fumar tú con 8 años.
Alimentación y costumbres familiares
Mi abuela nos preparaba a mi hermano y a mi unas rebanadas de pan con vino tintorro y azúcar que sabe dios lo bien que dormíamos después. Ahora, mirando atrás, me parece de lo más fuerte, claro. Por favor, padres, no lo hagáis en casa.
Reflexión sobre el cambio
Sinceramente, creo que deben pasar las mismas cosas (o incluso menos) pero con todas las noticias que leemos hoy en día, a ver quién se queda tranquila. Luego llegaron el Quién sabe donde y los programas de secuestros y otras chungueces y se acabó la tranquilidad. Si en otros aspectos como la seguridad o la salud creo que hemos avanzado, en cuanto a poner a los niños en standby dándoles un smartphone creo que podríamos mejorar.
Historias para recordar
Supongo que la mayoría de nuestros padres hacían eso en la calle menos transitada de nuestros pueblos o ciudades y a nadie le metían a conducir por la autopista o la M30. Sin embargo, ¿no os suena a locura?
Pequeñas anécdotas
Yo una vez, me pegué tal leche que me quedé inconsciente. Y sí, lo estáis adivinando, mis padres ni siquiera me llevaron al hospital a que miraran si tenía traumatismo craneoencefálico. Cuando tenías 14 o 15, el truco ya no funcionaba tan bien, ¿verdad?