San Diego de Alcalá: peregrino occitano, fraile franciscano y santo canonizado

San Diego de Alcalá es una de las figuras religiosas más destacadas del siglo XV en España, conocido por su vida de humildad, penitencia y milagros. Fue un fraile franciscano que dedicó su vida a la oración y el servicio a los pobres y enfermos.

Origen, primeros años y vida religiosa

Nació en San Nicolás del Puerto (Sevilla) en las estribaciones de Sierra Morena en 1400. Sus padres eran de humilde condición. Muy joven se consagró al Señor en la capilla de San Nicolás de Bari, en su pueblo natal y después en la ermita de Albaida del Aljarafe (Sevilla). De joven fue a un campo solitario a acompañar a un familiar que hacía allí vida de monje ermitaño.

Siendo joven, Diego ingresó en la Tercera Orden de San Francisco, en un convento situado en Arrizafa, cerca de Córdoba. Tomó el hábito franciscano como lego “por su sobra de humildad o por su falta de estudios” en el convento de Arrizafa; en los conventos por donde anduvo oficiaba de labriego, hortelano, limosnero o portero. En el convento de San Francisco de la Arruzafa de Córdoba debió tomar los hábitos, permaneciendo en él varios años formándose en la vida monacal y como lego.

Misionero en Canarias y peregrinación a Roma

Hacia 1441, San Diego fue enviado como misionero a Fuerteventura, en las Islas Canarias, donde los franciscanos tenían una labor evangelizadora entre los pobladores autóctonos. En este lugar, destacó por su fervor apostólico y su caridad. Fue enviado a misionar a las Islas Canarias y allá logró la conversión de muchos paganos y no permitió que los colonos esclavizaran a los nativos. En 1445 le nombraron guardián del convento de San Buenaventura en Fuerteventura, algo excepcional por tratarse de un hermano lego.

En 1449 hizo un viaje desde España hasta Roma a pie. Iba a asistir a la canonización de San Bernardino de Siena. Peregrinó a Roma con ocasión del Jubileo de 1450 y de la canonización de Bernardino de Siena; durante el peregrinaje fue dando gran ejemplo de fe, abstinencia y caridad. Con la afluencia ingente de peregrinos a Roma llegó también la peste, ocasión propicia para que Diego extremara su caridad en el convento de Ara Coeli, destinado a cuidar a los enfermos.

Últimos años en Alcalá de Henares y muerte

En 1456 se estrenó el convento de Santa María de Jesús de Alcalá de Henares, y su fundador, el arzobispo de Toledo Alfonso Carrillo, pidió a la Orden franciscana doce religiosos “insignes en santidad y sabiduría”. Uno de los elegidos fue fray Diego, para el oficio inicial de hortelano. Al regresar a España en 1456, le destinaron al convento de Santa María de Jesús en Alcalá de Henares donde ejerció como portero y jardinero, hasta su muerte el 12 de noviembre de 1463.

Los últimos años de su vida pasaba días enteros dedicados a la oración. Al ver un crucifijo quedaba en éxtasis. Su amor por la Virgen Santísima era inmenso. A su muerte dolorosa por un tumor maligno pidió un hábito desechado y abrazado a una tosca cruz de madera exclamó: “Dulce leño, dulces clavos, que sustentaste tan sagrado peso, y que sola fuiste digna de lleva al Señor y Rey de los cielos”.

Fue el sábado 12 de noviembre de 1463 cuando falleció en el convento de Santa María de los Ángeles en Alcalá de Henares. Colocado su féretro en la capilla conventual comenzó a peregrinar la gente de Alcalá para besar sus pies y lograr quizá una reliquia del bendito lego. Al día siguiente fue enterrado en el cementerio común del convento franciscano y exhumado de nuevo a los tres días para la veneración de los fieles durante seis meses más; entre los peregrinos llegados fue el rey de Castilla Enrique IV.

Milagros y fama: pan, rosas y curaciones

Durante su vida se le atribuyeron numerosos milagros, especialmente relacionados con la curación de enfermos y la multiplicación de alimentos. Se cuenta que, en más de una ocasión, el pan que repartía a los pobres en el convento de Alcalá se multiplicó milagrosamente. San Diego de Alcalá acostumbraba a coger pan de la mesa de su convento para dárselo a los pobres. Habitualmente “distraía” viandas de la despensa para regalarlas a escondidas a los pobres.

Enterado del asunto el guardián del convento, que veía cómo decrecía el ya escaso almacén de alimentos del cenobio, se dispuso a vigilar al hermano Diego para comprobar lo que sospechaba. Fue así como sorprendió a Diego ocultando algo en su regazo, que rápidamente supuso que eran alimentos para los pobres. Creyendo haber pillado al fraile, le requirió que bajase el doblez de su hábito para ver lo que escondía. El santo respondió que eran rosas y milagrosamente los panes se convirtieron en flores: el célebre “Milagro de las Rosas”.

Otro gran milagro fue la curación de un niño que se quedó dormido dentro de un horno y, al ser encendido, apareció sin quemaduras. Durante su estancia en Roma, y con la peste, San Diego ejerció de enfermero del convento de Ara Coeli durante tres meses y muchos se sanaron milagrosamente. Untaba a los enfermos con un poco de aceite de la lámpara del altar de la Virgen y los enfermos se curaban.

La curación del príncipe Don Carlos y la intervención real en su canonización

La notable mejoría del hijo de Felipe II tras la intervención del cuerpo incorrupto de San Diego fue decisiva en su proceso de canonización. En su estancia en la ciudad alcalaína, en el año 1562 Don Carlos sufrió una caída que le provocó un traumatismo. Ante la delicada salud de su hijo, Felipe II aprobó que depositaran en su cama el cuerpo incorrupto del franciscano Diego de Alcalá. La milagrosa curación del infante Don Carlos de Austria fue el milagro más notable en el proceso de canonización de San Diego de Alcalá. Don Carlos padecía fiebres intermitentes y su situación era desesperada; los médicos lo daban por muerto. La notable mejoría llevó al monarca a solicitar al papa Sixto V que lo declarara santo.

Felipe II llevó el cuerpo de San Diego al palacio para pedirle la curación de su hijo; el milagro de la curación de este sería la introducción al proceso de su canonización e inmortalización por Lope de Vega. Por eso el rey le pidió al Sumo Pontífice que lo declarara santo.

Proceso de canonización y culto

San Diego de Alcalá fue canonizado por el papa Sixto V en 1588, reconociendo su vida de santidad y los milagros obrados por su intercesión. En su sepulcro se obraron muchos milagros y el mismo rey de España, Felipe II, obtuvo la milagrosa curación de su hijo al rezarle a Diego. Tras morir fue visitado por los cardenales, reyes y príncipes que acudieron ante sus restos.

Su cuerpo incorrupto se conserva en la Catedral-Magistral de Alcalá de Henares y cada 13 de noviembre celebran su festividad en Alcalá; como marca la tradición, su cuerpo es expuesto para ser venerado por los fieles. Ese día muchas personas, sobre todo alcalaínos, se acercan hasta el arca que contiene sus restos para pedir al santo toda suerte de favores.

Iconografía y presencia en el arte

San Diego de Alcalá ha sido representado en diversas obras de arte a lo largo de los siglos. Fue San Diego de Alcalá una de las grandes devociones de la España del primer Barroco. Murillo, Cano, Zurbarán, Ribera, Pedro de Mena o Gregorio Fernández lo representaron en sus obras, realizando el pintor Aníbale Carracci un completo ciclo de pinturas dedicado a su vida en la iglesia romana de Santiago de los Españoles.

Se le suele mostrar como joven e imberbe, vestido con el hábito franciscano, y haciéndose alusión a las leyendas de sus milagros, como el de salvar a un niño que se quedó dormido en un horno y el de dar pan a los indigentes ocultándolo en su hábito para que al mostrarlo aparecieran rosas. Obras destacadas: “San Diego de Alcalá en éxtasis” (Bartolomé Esteban Murillo), “San Diego de Alcalá curando a los enfermos”, “La última comunión de San Diego de Alcalá” (Murillo), y lienzos de Francisco de Zurbarán y Juan García de Miranda entre otros.

Tabla comparativa de obras sobre San Diego de Alcalá (Murillo, Zurbarán, Ribera)

Iconografía de la Refacción milagrosa

La Refacción milagrosa -el hallazgo de pan, pescado y fruta que sustentó a Diego y a su compañero- se representó en múltiples estampas y retablos. La estampa de Cornelis Galle I, según dibujo de Pieter de Jode I, la difundió ampliamente con once pequeñas escenas que muestran los acontecimientos más reseñables de la vida del santo. La iconografía del santo va a estar muy marcada por la identificación de la figura con la caridad, por ello su iconografía más repetida será la de un joven con hábito franciscano, portando una cruz de madera y con flores en el regazo de su hábito.

Devoción, patronazgos y legado misionero

San Diego de Alcalá es considerado patrono de varias ciudades y comunidades religiosas. Su influencia en la tradición católica ha sido duradera, y su vida sigue siendo un ejemplo de humildad, entrega y fe inquebrantable. Su vida fue un testimonio vivo de los valores cristianos y su ejemplo sigue inspirando a muchas personas en todo el mundo.

Una de las ciudades más importantes de Estados Unidos debe su nombre al franciscano: la misión de San Diego de Alcalá fue fundada por Fray Junípero Serra, que como misionero fundó nueve de las veintiuna misiones de California. Fue en el año 1769 cuando se estableció la misión, aunque la presencia española en la región es anterior con el desembarco el 28 de septiembre de 1542 del barco San Salvador en lo que hoy es un parque municipal llamado Spanish Landing.

Mapa de las 21 misiones del Camino Real en California, destacando la Misión de San Diego de Alcalá

Relíquias, festividad y memoria en Alcalá

Sus restos se encuentran en la Catedral de Alcalá de Henares y su cuerpo incorrupto se expone el 13 de noviembre. La reliquia de San Diego de Alcalá en Alcalá de Henares procede del antiguo convento franciscano de la ciudad. La infección de su cuerpo emitía una milagrosa fragancia y su cuerpo estuvo incorrupto; tras morir fue visitado por cardenales, reyes y príncipes que acudieron ante sus restos.

La sala de Subastas Isbylia sacó a la venta una imagen de San Diego de Alcalá, una talla en madera policromada que se atribuye al artista barroco granadino Alonso Cano, lo que demuestra la persistencia de su devoción y su impronta en el arte y la cultura material.

Representaciones y colecciones

  • “San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres”, de Bartolomé Esteban Murillo (Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid).
  • Obras de Francisco de Zurbarán y Juan García de Miranda, entre otros.
  • Ciclos pictóricos originales para el convento franciscano de Santa María de Jesús en Alcalá de Henares, hoy dispersos por museos como el Prado.

San Diego de Alcalá representa la esencia de la espiritualidad franciscana: pobreza, humildad y amor al prójimo. Fray Diego de San Nicolás -como fue conocido en muchos documentos en referencia a su origen- vivió como heredero de la sencillez evangélica, y su leyenda, sus milagros y su iconografía contribuyeron a convertirlo en una de las devociones más persistentes de la España postridentina.

San Diego de Alcalá: el milagro de la sencillez

Monseñor Francisco Peña, auditor de Rota del sacro Palacio, nos narra su vida y milagros, recogiendo testimonios y relatos que consolidaron la fama del santo y sustentaron su proceso de canonización impulsado, entre otros, por la intervención del rey Felipe II.

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