En Reformadas tenemos recursos bíblicos para ti. ¿Por qué hacemos teología? Porque Dios ha hablado, ¿y cómo lo ha hecho? Por medio de su Palabra, en un tiempo con voz audible a sus profetas escogidos, y hoy a través de su Hijo, según su Palabra escrita. La Biblia es la Palabra inspirada por Dios, infalible y autoritaria en todas las áreas de la fe y la práctica.
Jesucristo como máxima revelación
Además de las Escrituras, la teología cristiana reconoce a Jesucristo como la máxima revelación de Dios; Jesús mismo afirmó en Juan 14:9: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.»; por lo que, vemos la plenitud de la deidad manifestada de manera tangible y accesible a la humanidad en Cristo. Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre. En El lo dice todo, no habrá otra palabra más que ésta.

De hecho, toda revelación previa apuntaba a la revelación de Dios que era nada menos que el mismo Hijo de Dios. Jesús no vino, como los profetas antiguos, solo a comunicar una revelación de Dios, sino que Jesús mismo es la revelación de Dios porque Él es Dios encarnado (He 1:1; Jn 1:1). Hebreos 1:1-2 resume este punto: “De una manera fragmentaria y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo”.
Relación entre Escritura y Cristo
Sin embargo, tan importantes como estos medios pueden ser, Dios determinó (en su providencia sabia) que su testigo de sí mismo, permanente y duradero, debería venir a través de la palabra escrita, es decir, las Escrituras, lo que nosotros como cristianos llamamos la Biblia. Es a través del texto inspirado que el Espíritu nos da a conocer a Cristo en una forma salvadora. No conocemos a Cristo aparte de la palabra escrita de Cristo.
La Escritura es el regalo duradero y siempre presente del Espíritu para el pueblo de Dios, regalo por medio del cual el Espíritu nos trae en unión con el Cristo resucitado y ascendido, nuestro Señor. Mientras que Pablo pudiera estar diciendo esto de manera explícita (2 Ti. 3:16), Jesús y los escritores del evangelio indican lo mismo, pero por medio de la constante repetición que las Escrituras han sido cumplidas en la persona y obra de Jesús.
Revelación general y revelación especial
No obstante, debemos distinguir entre dos tipos de revelación. Primero, hay una revelación general. Es llamada general porque (1) es dada a todos en todo lugar y (2) es general (aunque lejos de estar vacía) en lo que dice respecto a Dios. La revelación general, por ejemplo, no comunica los misterios de la Trinidad o la obra y persona de Jesucristo, pero sí revela a Dios como el creador del cosmos y manifiesta muchos de sus atributos divinos (trascendencia, majestad, poder, soberanía, etc.).
La revelación general se recibe por medio de la conciencia interna del ser humano y a través del orden creado (p. ej. la naturaleza). El ser humano es creado a la imagen de Dios (Gn 1:27), lo que significa que tiene marcadas las huellas divinas. David afirmó: “Los cielos proclaman la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 19:1-2). Romanos 1:20 enseña que el eterno poder y la naturaleza divina de Dios son “claramente visibles” y “entendidas” por medio de las cosas hechas, y que no hay excusa para negar estos hechos.
La revelación especial, en cambio, es la que comunica verdades que exceden la razón humana y que sólo pueden ser conocidas por la libre y gratuita bondad con que Dios se revela. La revelación especial incluye la Palabra escrita de Dios y, sobre todo, la Persona de Jesucristo. La revelación especial es comunicada a través de una diversidad de medios, incluyendo teofanías, sueños, visiones, ángeles, habla directa, milagros y, mayormente, Cristo mismo.
Finalidad y suficiencia de la revelación en Cristo
Si Cristo no hubiese obedecido a su Padre para encarnarse, morir y resucitar, nuestras vidas no tendrían sentido. La promesa de la redención en Génesis 3:15 alcanzó su cumplimiento en el Verbo hecho carne (Jn 1:1, 14), la revelación personificada de Dios. Jesucristo es simultáneamente mediador y plenitud de la Revelación; Él es el Revelador, la Revelación y el contenido de la misma, en cuanto Verbo de Dios hecho carne.
La economía cristiana, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos.
Implicaciones prácticas para la vida del creyente
- La comprensión de la revelación divina nos insta a sumergirnos en las Escrituras, a buscar diligentemente el conocimiento de Dios a través de su Palabra.
- La revelación de Dios nos llama a una vida de obediencia y conformidad a la voluntad divina.
- La revelación de Dios en Cristo nos ofrece consuelo y esperanza en medio de las pruebas y las tribulaciones de la vida. En momentos de incertidumbre y dolor podemos confiar en el carácter fiel y soberano de Dios, recordando las promesas inquebrantables que nos ha dado en su Palabra.
La fe, en cuanto virtud, es la respuesta del hombre a la revelación divina, una adhesión personal a Dios en Cristo, motivada por sus palabras y por las obras que Él realiza. La credibilidad de la revelación se apoya sobre todo en la credibilidad de la persona de Jesucristo, en toda su vida.
El proceso histórico de la revelación
La revelación divina no cayó del cielo toda a la vez; fue revelada progresivamente a través del curso de la historia y mediante manos humanas. El plan de redención de Dios fue revelado por medio de las Escrituras, pero, al inicio en forma de semilla (Gn 3:15). Después floreció así como Dios lo determinó, para revelar que el plan de redención eventualmente culminaría con la muerte y la resurrección de su Hijo en los eventos futuros. Esto ocurrió dentro del contexto de los pactos salvadores de Dios.
Por ejemplo, fue en el Sinaí que Dios entró en un pacto con su pueblo, Israel. Mientras progresaba la historia bíblica, Dios proveía más revelación escrita por medio de sus profetas. Toda la Revelación previa apunta y prepara la venida del Mesías prometido que, al llegar, transmite las buenas nuevas del evangelio a sus discípulos, quienes, como embajadores, extienden las buenas nuevas de salvación mediante su proclamación.
Inspiración de las Escrituras
“Toda Escritura es inspirada (θεόπνευστος, theopneustos) por Dios…” (2 Ti 3:16). Pedro explica que “ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios” (2 P 1:21). Benjamin B. Warfield llamó a esto “concursus”, significa que hay una operación simultánea entre el autor humano y el autor divino. No obstante, el autor divino es el principal.
Revelación, Tradición y Magisterio
La Revelación divina está contenida en las Sagradas Escrituras y en la Tradición, que constituyen un único depósito donde se custodia la palabra de Dios. Éstas son interdependientes entre sí: la Tradición transmite e interpreta la Escritura, y ésta, a su vez, verifica y convalida cuanto se vive en la Tradición. La Sagrada Escritura, la Sagrada Tradición y el Magisterio de la Iglesia constituyen, por tanto, una cierta unidad, de modo que ninguna de estas realidades puede subsistir sin las otras.
El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejercita en nombre de Jesucristo. Gracias a la asistencia del Espíritu Santo, la Iglesia recoge, custodia y transmite la Revelación divina a las generaciones.
Pedagogía divina y alianza
El designio divino de la revelación se realiza a la vez "mediante acciones y palabras", íntimamente ligadas entre sí y que se esclarecen mutuamente. Este designio comporta una "pedagogía divina" particular: Dios se comunica gradualmente al hombre, lo prepara por etapas para acoger la Revelación sobrenatural que culminará en la Persona y la misión del Verbo encarnado, Jesucristo.
Resumen de los puntos claves
- Dios ha hablado y lo ha hecho definitivamente en su Hijo, Jesucristo, quien es la revelación plena del Padre.
- La revelación general (naturaleza y conciencia) apunta a un Creador, pero es insuficiente para la salvación; la revelación especial culmina en Cristo.
- Las Escrituras, inspiradas por el Espíritu, nos dan acceso a Cristo y son el testigo escrito y duradero de la revelación de Dios.
- La Revelación divina se entrega en el contexto de una historia de salvación y en la economía de pactos que culminan en la Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
- La respuesta humana adecuada a esta revelación es la fe, que produce obediencia, esperanza y comunión con Dios.
Por amor, Dios se ha revelado y se ha entregado al hombre. De este modo da una respuesta definitiva y sobreabundante a las cuestiones que el hombre se plantea sobre el sentido y la finalidad de su vida.
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