Retablos del Entierro de Jesucristo en el siglo XV: características e historia

El tema del Santo Entierro fue una de las composiciones iconográficas más difundidas desde la Baja Edad Media hasta el Renacimiento, y alcanzó una notable culminación en los retablos del siglo XV. Estos retablos, tanto pintados como escultóricos, respondieron a demandas devocionales, litúrgicas y didácticas: narrar los misterios de la Pasión y facilitar la contemplación piadosa en el interior de iglesias, capillas y oratorios.

Contexto histórico y litúrgico

El tema del Santo Entierro se volvió popular a finales de la Edad Media, por la doble influencia de las cofradías y del teatro de los Misterios. Fue entonces cuando se fundó la orden del Santo Sepulcro y cuando se multiplicaron en los Países Bajos los conventos de sepulcrinas o religiosas del Santo Sepulcro. Las cofradías del Santo Sepulcro y la propaganda de los franciscanos a quienes estaba confiada la custodia de los Santos Lugares contribuyeron a popularizarlo.

El relato evangélico del enterramiento es sumario, por lo que la imaginación de los artistas tuvo campo libre para evocar la escena fúnebre y así se representó de maneras muy diversas. En la evolución iconográfica del tema pueden diferenciarse cuatro fases principales: la Unción del cadáver; el Enterramiento por los discípulos; Cristo muerto transportado al Sepulcro; y el Enterramiento angélico.

Formas y tipologías en los retablos del siglo XV

En escultura, donde este tema se volvió muy frecuente en los siglos XV y XVI, se lo designó con el nombre de Santo Sepulcro. Casi todos los Santos Sepulcros están concebidos como cuadros vivos, es decir, como grupos de personajes inmóviles. Pero a finales del siglo XV el Grupo de Duelo, al igual que el de Llorosos, se pone en movimiento en los basamentos de las tumbas, y el grupo se convierte en un cortejo, en una procesión fúnebre.

El tipo más notable de estos Enterramientos, ya no estáticos sino dinámicos, es el Santo Sepulcro de Monestiès sur Cérou (Tarn), encargado por el obispo de Albi, Luis I de Amboise, para la capilla de su castillo de Combefa. Los personajes, en vez de amontonarse detrás del sarcófago de Cristo, están dispuestos en hemiciclo, en grupos de cinco, a cada lado de la tumba; por lo tanto, hay tres personajes más que en los Santos Sepulcros tradicionales; pero la diferencia esencial es que están representados en marcha.

En la iconografía medieval tradicional siete personajes suelen estar de pie alrededor del cadáver de Cristo extendido sobre una mortaja: la Virgen, San Juan, la Magdalena, dos Santas Mujeres y finalmente José de Arimatea y Nicodemo, quienes ofician de sepultureros. El ordenamiento de los personajes concuerda con la puesta en escena de los autos sacramentales o teatro de los Misterios.

Variaciones compositivas y puesta en escena

  • El lugar que ocupan José de Arimatea y Nicodemo es casi invariable: suelen estar frente a frente en los extremos del sarcófago (ad caput y ad pedes).
  • La posición de la Virgen y de la Magdalena varía: la Virgen puede ocupar el centro sostenida por San Juan o acercarse a la cabeza de su Hijo; la Magdalena aparece a menudo arrodillada a los pies o como plañidera detrás del sarcófago.
  • En muchos Santos Sepulcros los artistas simplificaban la estructura, dejando los personajes de fondo sin piernas (apoyando los torsos en soportes) cuando esos elementos quedarían invisibles desde el frente.

Materiales, técnicas y formatos

Los retablos del siglo XV presentan una gran diversidad técnica y material: desde polípticos y trípticos de marfil para devoción privada hasta retablos monumentales de madera dorada y policromada en las iglesias. El pequeño políptico de marfil cumplía la doble función de retablo para oratorio y objeto de lujo, lo que permitió la rápida difusión del nuevo estilo gótico por Europa.

Con el paso del tiempo los retablos de altar se hicieron más complejos y a finales del siglo XIV y sobretodo en el XV se volvieron gigantes: estructuras arquitectónicas con calles y cuerpos, enmarcando escenas con columnas, pináculos y doseles. En España, desde mediados del siglo XV los retablos adquirieron dimensiones monumentales y se combinaron la escultura policromada con la tabla pintada en los cierres.

Iconografía y evolución hacia el Renacimiento

Hasta el siglo XIII, el arte occidental representaba el Enterramiento como la Unción sobre una losa, modelo de inspiración bizantina todavía visible en la piedra de la Unción de la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén. A partir del siglo XIV y por la influencia sienesa, la losa pasa a ser tapa de sarcófago y la escena se enriquece con numerosos asistentes cuyas expresiones aportan un acento patético.

La iconografía renacentista añade nuevas fórmulas: el Transporte del cadáver (aparecido ya en el siglo XV en grabados de Mantegna) ofrece variantes en que el cuerpo de Cristo puede ir suspendido en un sudario, sobre una camilla o una losa; Rafael en 1507 y Durero en 1521 exploraron estas soluciones y permitieron mostrar conocimientos anatómicos y una mayor naturalidad en los portadores.

La Contrarreforma, por su parte, introdujo la variante del Enterramiento angélico, sustituyendo a los sepultureros humanos por ángeles que llevan al Redentor al sepulcro; motivación religiosa y purista que “solemnizó” el tema en las artes postridentinas.

Relación con la devoción y el lugar físico del Santo Sepulcro

La devoción al lugar venerado como tumba de Cristo en Jerusalén alimentó la iconografía occidental del Santo Entierro. La iglesia del Santo Sepulcro, con su compleja historia de destrucciones y reconstrucciones desde Constantino hasta los siglos medievales, fue una referencia real y simbólica: su Rotonda de la Anastasis y el pequeño Edículo que cubría la tumba estuvieron en el imaginario devocional y en las narrativas que alimentaron a los talleres y cofradías occidentales.

Los franciscanos y las cofradías promovieron relatos, liturgias y teatralizaciones (Misterios) que influyeron en la composición de los retablos: el ordenamiento, la mímica y la indumentaria a menudo recuerdan la puesta en escena teatral medieval, con personajes dramáticos y ropajes escénicos.

Ejemplos y obras destacadas relacionadas con el tema

  • Entierro de Cristo, pintura atribuida a la escuela flamenca hacia 1525, óleo sobre tabla, donde la composición se organiza por medio de una diagonal marcada por el cuerpo de Cristo; la Virgen actúa como eje compositivo y José de Arimatea aparece vestido según la moda coetánea, posiblemente como retrato del donante.
  • Grupos escultóricos como el Santo Sepulcro de Monestiès (Tarn) que introducen movimiento y disposición en hemiciclo y que representan una evolución iconográfica hacia la dinámica procesional.
  • Retablos monumentales de finales del siglo XV -en Alemania y España- que incorporan escenas de la Pasión y el Entierro, estructurados en calles y pisos, policromados y dorados, y realizados por equipos de artífices.

Características estilísticas del siglo XV aplicadas al Entierro

En la transición del gótico hacia el Renacimiento se observan rasgos constantes en los retablos del Entierro: posturas más vivas y expresivas, mayor atención a la narración secuencial, interés por los detalles de atavíos y objetos, y una ejecución que combina idealización con realismo anatómico. El cuerpo de Cristo es tratado con un idealismo clásico en algunos talleres, mientras que otros buscan el patetismo contenido y la emoción medida propia de la devoción piadosa.

Iconografía teatral y tractus escénico

La puesta en escena del Enterramiento reproduce muchas veces la teatralidad de los autos sacramentales: la disposición de personajes, la mimética de lamento y la variación de gestos aportan una dimensión performativa que conecta la representación plástica con la liturgia vivida por los fieles.

Detalle escultórico de Santo Sepulcro gótico en hemiciclo

Un fenómeno artístico y social

Los retablos del Entierro no solo cumplen una función devocional: son también manifestaciones de mecenazgo, señal de prestigio para cofradías y patronos y piezas que muestran la pericia de talleres locales o importados (flamencos, borgoñones, alemanes, españoles). Tanto los polípticos de marfil como los grandes retablos de madera dorada evidencian la diversidad de circuitos artísticos y comerciales en la Europa del siglo XV.

Datos comparativos: formatos habituales del Entierro en el XV

FormatoFunciónMateriales
Políptico/tríptico de marfilOratorio privado, objeto de lujoMarfil, ocasionalmente dorado
Retablo de madera policromadaAltar mayor o capillaMadera tallada, dorado, policromía
Grupo escultórico (Santo Sepulcro)Escena estática o procesional en Basílica/CapillaMadera, alabastro, piedra policromada

Estos formatos coexisten y se influyen mutuamente: los polípticos de marfil inspiran narrativas en miniatura que se trasladan a grandes retablos y a escultura en bulto redondo.

Retablo de la Virgen y San Antonio Abad

Conclusión temática (sin cierre formal)

En el siglo XV el Entierro de Cristo se convirtió en un motivo clave que articuló técnica, devoción y espectáculo visual. Los retablos que lo representaron abarcaron desde íntimos polípticos de marfil hasta conjuntos monumentales que integraban la escultura, la pintura y la arquitectura efímera. Su evolución iconográfica -desde la Unción sobre la losa hasta el Transporte renacentista y el Enterramiento angélico- refleja transformaciones religiosas, estéticas y teatrales que caracterizan el tránsito del mundo medieval al moderno.

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