La Cruz de Cristo es uno de los símbolos más universalmente reconocido. Cristo se sacrificó por todos nosotros. Soportó el odio, la envidia y la mofa de los hombres. Cargó con la Cruz penosamente, sintiendo su peso sobre los hombros. Llevó su pesada carga al monte Gólgota dónde fue Crucificado. Cristo padeció el tormento de la Crucifixión y finalmente murió en la Cruz para vencer a la muerte. Tras todo su padecimiento resució de entre los muertos para darnos la vida eterna.
Del patíbulo al emblema de esperanza
Antes de Cristo fue un garfio de muerte reservado para esclavos y rebeldes. Pero después del Gólgota, esa misma madera se transformó en estandarte de vida. El escándalo del patíbulo se volvió locura de esperanza. La Cruz, a partir de ese momento, fue el escudo de San Antonio Abad contra el diablo. La Cruz encarna esa verdad: sufrimiento transformado en amor, derrota escondiendo victoria.
La Exaltación de la Santa Cruz: origen y celebración
Una de las fechas más importantes dentro del calendario litúrgico cristiano relacionado con la Cruz es el día 14 de septiembre. Hacia el año 320 la Emperatriz Elena de Constantinopla encontró la Vera Cruz, la cruz en que murió Jesucristo. El origen se remonta al siglo IV. Excavando en el Gólgota aparecieron tres maderos. Para distinguir el verdadero, los llevaron a una mujer agonizante. Al contacto con uno de ellos, la enferma se levantó sana. El patriarca Macario de Jerusalén tomó entonces la cruz y la levantó en alto. La multitud se postró. Lo que había sido vergüenza se convertía en victoria.
La cruz fue custodiada en Jerusalén hasta que en 614 el rey persa Cosroes II la robó. El emperador Heraclio la recuperó y la devolvió en procesión solemne, descalzo, cargándola sobre sus hombros. Para celebrar tal hecho, el emperador Heraclio decide imitar a Nuestro Señor Jesucristo portando la Santa Cruz en procesión. Desde entonces el 14 de septiembre quedó como fecha oficial de celebración, tanto en Oriente como en Occidente.
La señal de la Cruz en la vida cristiana
Desde entonces la cruz dejó de ser un pedazo de madera enterrado: se volvió brújula, bandera, cicatriz eterna. Gesto simple y teología profunda. En el bautismo, en la extremaunción, en templos y cementerios, la señal de la cruz atraviesa la vida del cristiano. San Pablo lo resumió con brutalidad: “Nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los gentiles” (1 Cor 1,23).
Iconografía y presencia artística de la Cruz
No hay símbolo más reproducido en el arte. De las catacumbas a las catedrales góticas, del Cristo románico severo al barroco sangriento, la cruz se multiplicó en piedra y óleo. En la Edad Media se la recubría de gemas; en el Renacimiento Miguel Ángel la pintó en frescos; en el siglo XX Dalí imaginó a un Cristo suspendido en el aire. En la literatura, Dante la describe como clave de ascenso. En América Latina se volvió fiesta popular: cruces adornadas con flores en montañas, procesiones rurales, pequeñas cruces de madera en caminos y cementerios. La cruz está en la cultura como está en la carne: una marca imposible de borrar.
La Cruz como escuela de vida
Hoy, ¿qué sentido tiene exaltar la cruz? En un mundo que huye del dolor y vende felicidad instantánea, la cruz recuerda que la vida no es consumo sino entrega. En tiempos en que todo se mide por el éxito y la imagen, nos dice que el fracaso puede ser semilla. Incomoda porque exige profundidad. Nos arranca del confort. Por eso sigue siendo piedra de escándalo, espejo que obliga a mirar lo que queremos ocultar. La Exaltación de la Santa Cruz no es mirar un relicario: es mirarnos a nosotros mismos. La cruz está en cada madre que vela a su hijo enfermo, en cada trabajador que madruga sin descanso, en cada pueblo que resiste contra la injusticia. Exaltar la cruz es levantar la vista y descubrir que aun en la noche más oscura hay un signo que nos dice que el dolor no es el final. La cruz incomoda, pero salva. Es peso y también alas. Y cada vez que la trazamos sobre nuestro cuerpo recordamos que no estamos solos.
Relatos hagiográficos y devociones populares
La Santa Cruz y su relación con los cristianos comenzó el mismo día en el que Jesús vivió su Pasión. La historia nos cuenta que hasta el siglo III no se extendió de manera definitiva hacer la señal de Cruz para evitar las tentaciones del diablo. San Antonio Abad pasó una gran parte de su vida en el desierto, llevando una vida ermitaña. Durante esta etapa el diablo le tentó con todo tipo de cosas. La fe de San Antonio Abad era fuerte, inquebrantable. Un día, cuando el Santo soportaba la presencia maliciosa del diablo, el San Antonio Abad pensó en hacer la señal de la Cruz. Con este gesto San Antonio Abad le mostró al diablo la presencia de Jesús. En ese momento el diablo huyó despavorido.
Ejemplos locales: la Cruz de la Cerrajería o Cruz de las Sierpes
Hoy vamos a hablar de la Cruz de las Sierpes, una cruz de forja que actualmente encontramos en la Plaza de Santa Cruz, en el corazón del barrio más turístico de la ciudad. La Cruz de las Sierpes la realiza el rejero almonteño Sebastián Conde en 1692 y fue a sustituir a una anterior, posiblemente de madera, colocada a inicios del XVII en lo que se conocía como Plazuela de la Cerrajería, en la confluencia de la actual calle Rioja y Sierpes. El origen parece relacionado con un retablo callejero dedicado a la Virgen de Regla situado en el lugar. La cruz de madera, deteriorada por estar a la intemperie, había adquirido mucha devoción y se decide sustituir por una de hierro forjado. Se hace por suscripción popular y sería trasladada en solemne procesión sobre una carroza a cargo de la hermandad del Rosario del Sagrario desde las Gradas de la catedral el 1 de noviembre de 1692.

Al parecer la Cruz de las Sierpes fue dorada al año siguiente, en 1693 y allí permanecería hasta 1729, en que se retiraría para la entrada de Felipe V en la ciudad. Sería repuesta posteriormente en 1734 por petición de los vecinos. Resulta que en ese año de 1734 la sequía castigó a la ciudad y el franciscano Sebastián de Jesús falleció vaticinando antes que la sequía solo tendría fin si la cruz que se había retirado volvía a la esquina de Sierpes. El cabildo hizo caso y la cruz sería restituida a su lugar. No sería esta la única vez que la Cruz de las Sierpes sería retirada de su lugar; se retiró de nuevo en 1796, 1816 y 1840.
Descripción iconográfica de la Cruz de forja
La cruz fue por tanto un altar público y se nos muestra como cruz sobre peana o basamento, todo realizado en hierro forjado. Uno de los motivos ornamentales que más destaca son las hojas de acanto, algo que se usa desde época clásica y que el cristianismo utilizará como símbolo de la pasión de Cristo. En los lugares donde irían los clavos vemos aquí estos en forma de lirios. En el centro de la cruz, un corazón traspasado alusivo al dolor de María y una corona de espinas como símbolo de la Pasión de Cristo. En la parte superior encontramos representaciones muy esquematizadas de pasifloras, también conocidas como “la flor de la Pasión” o “flor pasionaria” debido a que sus diferentes partes han sido interpretadas como figuraciones de elementos y pasajes de la Pasión y Muerte de Cristo.
Técnica y valoración artística
En la realización de la Cruz de la Cerrajería observamos detalles que reflejan cómo Sebastián Conde trabajó en un momento de transición estética y técnica, en cuanto combina la tradición local con nuevas ideas procedentes de corrientes francesas. Compositivamente, la Cruz se resuelve a base de la repetición de motivos ejecutados de manera independiente a partir de barras de sección cuadrangular. El resultado es una portentosa obra de hierro muy representativa del Barroco y celebrada por todos los especialistas. Ha sido considerada como “primor de hierro afiligranado que más parecía obra de orfebre que de herrero”.
Periplo y restauraciones
La Cruz de las Sierpes llegó a la plaza hace cien años, en 1921, cuya iniciativa había sido propuesta cinco años antes por el escritor Santiago Montoto y que el arquitecto Juan Talavera incluyó en la reforma de la plaza. Con su colocación se culmina la reforma de la plaza que da nombre al barrio más visitado de la ciudad. La cruz fue objeto de diversas intervenciones y restauraciones: la primera restauración documentada en junio de 1918, y una intervención en octubre de 1978 dirigida por el orfebre Fernando Marmolejo y ejecutada por el herrero José Román Rodríguez. En 1977 se sustituyeron los faroles que poseía.
Función social y devocional de las cruces públicas
Este tipo de cruces eran relativamente frecuentes en la Sevilla de siglos atrás. Algunas sacralizaban los cementerios parroquiales, fuentes públicas o puntos frecuentes de paso en la ciudad; otras recordaban epidemias o hechos históricos; otras, como la que hoy analizamos, funcionaban como altares callejeros fruto de la piedad popular. A medida que avanzan los años, especialmente a partir de la llegada de las ideas ilustradas, muchas fueron retiradas de los lugares públicos, especialmente si obstaculizaban el paso, y fueron adosadas a los muros parroquiales o incluso al interior de los templos.
Fiestas y lecturas ligadas a la Exaltación de la Cruz
La celebración de la Exaltación de la Santa Cruz se vincula a lecturas bíblicas y a devociones muy concretas. Entre las lecturas de la misa de la Exaltación aparecen textos como Números 21:4-9 (la serpiente de bronce que Moisés levanta), el Salmo 78, la segunda lectura de Filipenses 2:6-11 y el Evangelio de Juan 3:13-17 donde se afirma que así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna. Estos pasajes unen el símbolo de la Cruz con la salvación y la esperanza.
Palabras de los pastores y motivación espiritual
El Papa Francisco ha explicado que “el misterio de la Cruz sólo se puede comprender un poquito de rodillas, en la oración, pero también a través de las lágrimas”. La Cruz de Jesús es la palabra con la que Dios ha respondido al mal en el mundo. Los cristianos tienen que responder al mal con el bien tomando sobre sí mismos la Cruz como Jesús. San Josemaría proponía ver en la Cruz la escuela diaria de santidad: “La actitud de un hijo de Dios no es la de quien se resigna a su trágica desventura, es la satisfacción de quien pregusta ya la victoria”.
La Cruz en la memoria urbana: conservar para no olvidar
Los espacios se transforman, cambian, se renuevan pero conocer su pasado y cómo han llegado a ser lo que son hoy es importante. Conocer la historia de estos lugares es una forma de conservarlos, evitando que caigan en el olvido. Conocerlos y recordarlos permitirá que las generaciones futuras sepan de su existencia. Si has leído hasta aquí sabrás más sobre uno de los rincones más conocidos y hermosos de la ciudad y cuando pases por allí sabrás qué es esa cruz, de dónde llegó, por qué se encuentra en ese lugar y qué hubo ahí en siglos pasados.