El estudio de la relación entre Yahweh (Yhwh) y Jesucristo exige atender a textos del Antiguo y Nuevo Testamento, a la tradición judía y a interpretaciones cristianas posteriores. El desafío principal ha sido entender cómo conviven en la Biblia la unicidad de Dios y la manifestación del Hijo: ¿son distintas personas, funciones, títulos o la misma persona actuando en diferentes roles? Vamos a exponer las evidencias textuales, las interpretaciones históricas y las implicaciones teológicas de esta cuestión, tomando como base los materiales disponibles en el borrador.
Imágenes bíblicas básicas: Yhwh, Elohím y el Dios único
Por lo general, dos palabras del idioma hebreo se usan para nombrar a Dios en todo el Antiguo Testamento. Estas son Elohím y Jehová. La palabra Elohím es la forma plural de la palabra Dios del idioma hebreo, pero a pesar de ello, los eruditos en la materia concuerdan que debe tomarse como un nombre en singular a pesar de que la terminación im indica el plural. “El nombre Elohím…es un término expresivo de exaltación y poder supremos o absolutos.
En el texto de los mandamientos del libro del Éxodo se presenta la relación de Dios con su pueblo (“tu Dios” - eloheijah), una relación que no admite otros dioses. Dios es presentado como un Dios celoso (el qana) que no admite la adoración de ninguna representación de divinidades. En el libro de Deuteronomio hallaremos esta expresión y concepto en el entorno a Dt 6,4 (Dt 4,24; 5,9 y 6,15). Tanto en un contexto más lejano (Éx 20, 2-4) como en el contexto cercano (Dt 4,35.39; 5,1-2) nos encontramos con la concepción teológica de que Yhwh es un Dios extraordinario, único en su naturaleza y acciones y, a la vez, un Dios que no admite otra adoración que la suya porque no hay otro Dios aparte de Él.
El Shemá (Dt 6,4-5) y su influencia teológica
Dt 6,4 es un texto que se relaciona teológicamente con otros y expresa la confesión central del judaísmo: «Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno». El cántico de Moisés sitúa a Dios por encima de los demás dioses y le atribuye el carácter de unicidad. Esa soberanía que lo distingue como Dios único es para siempre. Tras la declaración de quién es Dios (“Yhwh”), el pacto con su pueblo (“nuestro Dios”) y cómo es Dios (“uno”) viene el mandato de amar con todas las capacidades de la persona (Dt 6,5). Nos hallamos ante propuestas de vivencias con Dios en las que la unicidad alcanza su realización en una relación de amor.
Referencias veterotestamentarias que apuntan a una acción compartida
El capítulo 45 de Isaías muestra la designación que hace Yhwh de sí mismo: manifiesta su unicidad y le asigna atributos que le hacen singular: es justo y redentor. En Ezequías aparece la merismática expresión Yhwh de los ejércitos y Dios de los reinos de la tierra, lo que evita diteísmos y marca la excepcionalidad divina. En textos como 2 Samuel 22, salmos y otros pasajes aparece la imagen de Dios como “roca”, agente de salvación, metáfora que en el Nuevo Testamento a veces se asocia con Cristo (p. ej. 1 Cor 10,4; Mt 16,18).
La preexistencia y la identidad de Cristo en la tradición cristiana
Muchas personas, incluyendo numerosos eruditos en materia de la Biblia, han sacado en conclusión que el Dios que se describe en el Antiguo Testamento era el producto de supersticiones primitivas. Sin embargo, la tradición cristiana ha interpretado pasajes veterotestamentarios como alusiones a la preexistencia y la participación de Cristo en la creación y la historia de Israel. Por ejemplo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” La Biblia enseña con claridad que Jehová es Jesucristo antes de venir a la tierra en la interpretación de textos y revelaciones modernas citadas en el material.
En las revelaciones modernas, sin embargo, Jesucristo aceptó el título de Jehová. Jehová era el nombre o el título que se le daba en la preexistencia al Primogénito de Dios. Ahora se le llama Jesucristo. “Jehová es la forma castellanizada del vocablo hebreo Yahveh o Jahveh, que significa El que Existe por Sí mismo o El Eterno. El hebreo, Ehyeh, que significa Yo Soy, se relaciona por significado y derivación con el término Yahve o Jehová.”
Textos del Nuevo Testamento que identifican a Jesús con la divinidad veterotestamentaria
El Nuevo Testamento aporta múltiples pasajes en los que Jesús aparece vinculado a atributos, acciones y títulos que en el AT pertenecen a Yhwh. Por ejemplo, Hechos 4,14 y las alusiones de Zacarías remiten a un solo nombre en el que todos son salvos, mostrando referencia a Cristo. En Juan, Jesús dice “Yo y el Padre uno somos”, una afirmación que los oyentes entendieron como atribución de divinidad. En Juan 17 la repetida insistencia de Jesús en la unidad con el Padre subraya la íntima relación entre las personas divinas. Pablo, en textos como Gálatas 3 y 1 Timoteo, relaciona la unicidad de Dios con la mediación de Cristo; para San Pablo la mediación de Cristo deriva de la unicidad de Dios.
Efesios 4:4-6 presenta un esquema unitario en el que la Trinidad aparece integrada: un Espíritu, un Señor (Cristo) y un Dios (el Padre) que es “sobre todo, por todo y en todo”. Esta estructura subraya una unidad operativa distinta de una reducción a monismo impersonal.
Problemas interpretativos: diteísmo, marcionismo y polarizaciones modernas
Los judíos de la diáspora se habían impregnado de una idea helena que alteraría su comprensión de lo divino: el diteísmo. Los dioses griegos eran una representación magnificada de las pasiones humanas, por lo que para el mundo helenístico era incomprensible que uno de sus dioses fuera, a la vez, justo y misericordioso. Esa no-comprensión de un Dios amante e igualmente justo, usual en los textos del AT, desvirtuó la imagen del Señor.
El marcionismo es un ejemplo de corriente cristiana que separó al Dios del Antiguo Testamento (Dios de justicia e ira) del Dios del Nuevo Testamento (Dios de amor), personificado en Jesús. Esa idea persiste en interpretaciones populares que contraponen el Dios veterotestamentario de ira y juicio frente al cariño y afecto de Jesús.
Balance entre justicia y misericordia: metáforas rabínicas y la misión de Jesús
Un texto rabínico citado en el material presenta a Dios como el rey que mezcla agua fría y caliente: “Si Yo creo el mundo con arreglo a la misericordia [solamente], en verdad sus pecados se multiplicarán; y si [sólo] con arreglo a la justicia, el mundo no durará. Lo que voy a hacer es crearlo con arreglo a ambas, justicia y misericordia, ¡y ojalá resista!” Esta imagen ilustra la tensión entre justicia y misericordia que atraviesa la teología bíblica.
En la reflexión cristiana, Jesús “engloba la totalidad de Dios: el amor y la justicia. Mostrar el verdadero carácter del Señor, oscurecido por visiones parciales, era su misión. En Cristo confluyen ambos aspectos de Dios. El que había venido a cumplir la Ley y los profetas es el mismo que abraza a los niños.” Así, la visión de Cristo como revelador del carácter pleno de Dios intenta resolver polarizaciones dogmáticas.
Implicaciones pastorales y eclesiales: relativistas y normativistas
Las polarizaciones en las comunidades (etiquetadas a veces como liberales/relativistas o conservadores/normativistas) muchas veces surgen de interpretaciones parciales de la imagen de Dios. Para los relativistas, Dios es amor; el error es convertirle en un Santa Claus que no exige nada. Para los normativistas, Dios es justicia; el error es convertirle en un juez implacable. Ambas visiones contienen verdad parcial: “Para los relativistas, Dios es amor. ¿Es cierto? Por supuesto. El error está en convertirle en una especie de Santa Claus... Para los normativistas, Dios es justicia. También es correcto. Pienso que el error reside en convertirle en un juez implacable.”
Se proponen caminos pastorales: 1) preguntarnos hasta dónde llega el amor y la justicia divina; 2) recordar que el juicio no será simplemente repartir destinos según etiquetas ideológicas; 3) aproximarnos al texto bíblico contextualmente; 4) evitar discutir entre nosotros en busca de posesión absoluta de la verdad; 5) reflexionar en Cristo como equilibrio entre amor y justicia.

Textos concretos que iluminan la identificación: ejemplos y ecos
- “Así dice Jehová…Yo hice la tierra, y creé sobre ella al hombre.” - atribuida a Yhwh, conectada por cristianos con la obra del Hijo preexistente.
- “En el principio era el Verbo...” - identificación del Verbo con la divinidad activa desde la creación.
- “Yo y el Padre uno somos” (Jn) - declaración explícita de unidad que los oyentes entienden como divinidad atribuida a Jesús.
- Efesios 4:4-6 - estructura que sustenta unidad trinitaria: un cuerpo, un Espíritu, un Señor y un Dios Padre.
- Isaías 45 - afirmaciones de unicidad y atributos que los cristianos aplican, en parte, al Mesías.
¿Monoteísmo, binitarismo o trinitarismo? Desarrollo teológico
Los desarrollos posteriores del Antiguo Testamento se subdividen en textos que enfatizan el monoteísmo general y otros que muestran expresiones que permiten lecturas binitaristas o trinitaristas. De manera similar, el Nuevo Testamento ofrece: 1) textos que presentan monoteísmo general; 2) textos con matices binitaristas/trinitaristas; y 3) textos que identifican explícitamente a Cristo con aspectos divinos del Dios único. Para autores y textos patrísticos y reformadores, estas evidencias se han combinado para formular doctrinas trinitarias que intentan preservar la unicidad de Dios junto con la distinción de personas/divinas figuras.
Tabla: Resumen comparativo de roles y atributos
La siguiente tabla sintetiza, a modo de referencia, cómo el material distribuye roles y atributos entre Yhwh / Elohím y Jesucristo:
- Yhwh / Elohím (AT): Creador, Señor de los ejércitos, Dios celoso, único, justo y redentor.
- Jesucristo (NT / revelaciones modernas): Preexistente, Verbo, Jehová en la preexistencia, mediador, agente de salvación y redención, objeto de culto y confesión de unidad con el Padre.
Conclusiones temáticas (sin cierre dogmático)
Los materiales muestran que la tradición bíblica y teológica ofrece elementos para sostener que la divinidad veterotestamentaria y la figura de Jesucristo están íntimamente relacionadas. Algunos textos del AT presentan atributos y funciones que el NT atribuye también a Cristo; la confesión del Shemá se convierte en marco de referencia para entender la unicidad de Dios, y al mismo tiempo el NT proclama la persona de Cristo como objeto de la adoración y mediación divina. Las controversias históricas (diteísmo, marcionismo) y las polarizaciones eclesiales contemporáneas ponen de manifiesto la necesidad de una lectura equilibrada que integre justicia y misericordia, unicidad y distinción, revelación veterotestamentaria y cumplimiento en Cristo.
En definitiva, hay en la literatura bíblica y en la tradición cristiana argumentos para identificar a Jehová con el Hijo preexistente y reconocer en Jesús la manifestación plena del carácter divino que en el AT se atribuye a Yhwh, comprendiendo que la unidad de Dios no contradice la distinción de personas ni la diversidad de títulos y roles.
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