La Basílica de San Pedro es la sede universal de la iglesia católica y la morada del papa, un edificio cuya historia se remonta al siglo IV cuando el emperador Constantino decide construir una basílica donde había sido enterrado el apóstol. En el 329 la construcción de la basílica fue terminada. La iglesia se utilizaba para la celebración del culto, como cementerio cubierto y como sala de banquetes funerarios. Durante la Alta Edad Media fue el principal sitio de peregrinación en Occidente.
La construcción de la actual Basílica de San Pedro fue un encargo del papa Julio II (1503-1513), quien el 18 de abril de 1506 colocó la primera piedra de la nueva basílica en el emplazamiento del actual pilar de Santa Verónica. En 1506 Julio II inicia la construcción de una nueva basílica en reemplazo de la ya existente encargando el proyecto al arquitecto Donato Bramante. Bramante propone una planta en cruz griega (cuatro brazos iguales), como las iglesias bizantinas del siglo IX. Al fallecer Bramante en 1514, las obras pasan a Rafael Sanzio y se discuten varias propuestas hasta 1521. Rafael muere en 1520 y la construcción continúa con Antonio da Sangallo el Joven, quien en 1538 concreta su proyecto para la basílica.
En 1546, al fallecer Antonio da Sangallo, el arquitecto nombrado fue Michelangelo Buonarroti quien dará la forma definitiva al diseño, simplificando la planta al eliminar las sacristías con torres de las esquinas del cuadrado diseñadas por Bramante; esto transformó los límites exteriores del área en un muro envolvente continuo dando unidad y coherencia al volumen del edificio. Michelangelo reforzó la estructura ya que el eje de su idea era la erección de una imponente cúpula peraltada, sobre un importante tambor, que se elevaría bastante más que la propuesta original de Bramante. Su construcción fue terminada veinticuatro años después de su muerte por Domingo Fontana y Jacobo de la Porta. Este último fue el encargado de concluir el proyecto de Michelangelo y al morir en 1602 sólo quedaba por erigir la fachada y diseñar la plaza.
Maderno prolonga la bóveda del brazo delantero, colocando a ambos lados una serie de capillas cubiertas con cúpulas ovales y en el exterior continúa el muro diseñado por Michelangelo resaltando el frente con grandes columnas adosadas. El frente fue construido entre 1607 y 1612. En 1624, Juan Lorenzo Bernini, es llamado para realizar el baldaquino que constituye el altar mayor y que por tradición debía estar ubicado en el centro de la cruz, sobre la tumba del Apóstol Pedro, tarea completada en 1633.

Qué es la Confesión y por qué es importante
La Confesión es el espacio sagrado que se abre delante del altar mayor de la basílica y que permite que se vea desde arriba la sepultura de San Pedro. La palabra “confesión” evoca el martirio de Pedro en la colina vaticana, regada con la Sangre de los mártires romanos en la época de las persecuciones del emperador Nerón. Bajo el altar papal, coronado por el baldaquino de bronce en cuyo interior está representada la paloma del Espíritu Santo, se puede reconocer la tumba de Pedro en el “Nicho de los palios”, así llamado porque en él se colocan, la víspera de la solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, los palios, estolas de lana blanca con cruces negras que el Papa entrega a los nuevos arzobispos metropolitanos.
El “Nicho de los palios” se corresponde con el edículo funerario erigido en el s. II sobre la sepultura de Pedro que, con algunas transformaciones y revestimientos en mosaico, ha permanecido intacto durante casi dieciocho siglos. Entre los mosaicos laterales de los apóstoles Pedro y Pablo, en el centro del Nicho de los palios, se encuentra la representación musiva del Salvador, que sostiene el libro abierto del Evangelio en el que está escrito: Ego sum via veritas et vita / qui credit in me vivet.
Altar papal y baldaquino: marco sobre la tumba de Pedro
El baldaquino, antiguo signo de autoridad y prestigio, fue proyectado por Bernini en 1624 y constituido su primer encargo arquitectónico; se terminó en 1633. La dificultad de la tarea consistió sobre todo en que su arquitectura debía ajustarse a la escala monumental de la iglesia. Para que la estructura no pareciera demasiado voluminosa en sus dimensiones, Bernini optó por columnas retorcidas.
El baldaquino enmarca en perspectiva el altar de la Cátedra de San Pedro, situado en el ábside, y no es casualidad: mientras que el altar papal situado sobre la tumba del Apóstol remite a los orígenes y a la Iglesia primitiva surgida del testimonio de los mártires -y por eso se le llama también altar de la confesión-, la Cátedra remite a la primera tarea de los sucesores de Pedro: proclamar el Evangelio e instruir al pueblo de Dios.
La Cátedra de San Pedro: trono, relicario y símbolo del magisterio
La Cátedra de San Pedro es una gran silla de bronce, sostenida por cuatro esculturas que representan a padres de la Iglesia. El grupo escultórico simboliza la trascendencia e importancia que para los católicos encierra el magisterio del Papa. La palabra “cátedra” significa asiento o trono y de ahí deriva precisamente la palabra catedral, que es la iglesia donde un obispo tiene “el trono”, la sede, el lugar desde donde gobierna su diócesis.
Este inmenso trono del Altar de la Cátedra de San Pedro es en realidad un relicario, al que durante siglos se ha venerado porque creían que en su interior se encontraba la cátedra utilizada por San Pedro cuando vino a Roma. Lo que realmente se encuentra en el interior de este gran trono de bronce es otro trono del siglo IX, posiblemente utilizado por Carlos el Calvo, el año 857 en su ceremonia de coronación, y que regaló después al Papa Juan VIII.
Los estudios realizados entre 1968 y 1974 confirmaron que se trataba de una silla cuyas partes más antiguas eran del siglo VI. El trono se apoya sobre cuatro grandes estatuas, también en bronce, que representan a cuatro Padres de la Iglesia: San Agustín, San Ambrosio, San Atanasio y San Juan Crisóstomo. Por encima del trono se encuentra el famoso óculo de alabastro decorado con estuco dorado rodeado de ángeles que enmarca una vidriera en la que aparece una paloma, símbolo del Espíritu Santo.
La dimensión arqueológica: necrópolis, grutas y la tumba de Pedro
Los arqueólogos han encontrado dos niveles de profundidad bajo la basílica de San Pedro. En uno se encuentran las Grutas Vaticanas y en el inferior, hasta 11 metros más abajo, la Necrópolis Vaticana y la Tumba de San Pedro. En la Necrópolis hay 22 mausoleos y hay sepulturas de plebeyos ricos. Debajo del actual altar papal, se encuentra la tumba del apóstol San Pedro, en una pequeña plazuela marcada con una “P”.
Se accede a las mismas desde el interior de la basílica y, para entrar, hay unas escaleras dobles muy cerca del altar mayor y una entrada lateral junto a la estatua de San Andrés. Es uno de los espacios más difíciles de visitar porque su aforo es muy reducido y hay que hacer la reserva con mucha antelación.
Arte y liturgia: la relación entre altar, Cátedra y liturgias papales
En las imágenes retransmitidas por los medios de comunicación se ha visto que el Papa ha presidido liturgias en el conocido como Altar de la Confesión, justo el que se encuentra bajo el Baldaquino y sobre la vertical donde la tradición venera la tumba de San Pedro. Por ejemplo, durante el Triduo Pascual en 2020, el Papa Francisco presidió ceremonias en la basílica debido a la pandemia.
Con motivo de la adaptación de la Liturgia a circunstancias excepcionales, el Papa Francisco celebró por primera vez en el Altar de la Cátedra, en el ábside de la Basílica. En las retransmisiones se ve al Papa con el monumental retablo de la Cátedra de San Pedro y la Gloria de Bernini, presidida por la vidriera del Espíritu Santo, y junto al presbiterio el crucifijo de la iglesia de San Marcello y la imagen de María “Salus Populi Romani”.
Simbolismo teológico y pastoral
El verdadero simbolismo que encierra este Altar y que la Iglesia celebra en la festividad litúrgica de la Cátedra de San Pedro es subrayar el singular ministerio que el Señor confió a Pedro. Aquí está la raíz del “ministerium petrinum”, el servicio peculiar y único que el obispo de Roma está llamado a rendir a todo el pueblo cristiano. La monumental escena de Bernini, realizada entre 1657 y 1666, nos recuerda la tarea inalterada de los sucesores de Pedro: anunciar a Cristo, interpretar y enseñar la Palabra de Dios.
La composición de Bernini reúne escultura, arquitectura, luz y policromía para crear una visión de cielo abierto, del que emerge una paloma del Espíritu Santo bañada en luz, con ángeles revoloteando a su alrededor en las nubes. Un enorme trono de bronce desciende de esta visión, pero oculta otro trono mucho más pequeño en el que, según la tradición, San Pedro habría predicado.
Visitar la Basílica: consejos prácticos
La entrada a la Basílica de San Pedro es gratuita, pero dada la gran cantidad de visitantes, es aconsejable reservar una visita guiada para evitar la fila. Las opciones para visitarla son varias: es posible reservar una visita guiada de grupo de la Basílica de San Pedro o una visita con audioguía, también es posible combinar la visita de grupo de la basílica al tour de Museos del Vaticano y de la Capilla Sixtina o visitar el Estudio Mosaico. También puedes reservar un guía privado y combinar esta visita con otras atracciones.
El mejor momento para ver la basílica es temprano por la mañana o al atardecer para que haya menos gente. Reserva entre 20 y 30 minutos para una visita rápida; para recorrer con calma, subir a la cúpula y visitar grutas y museos, conviene reservar varias horas. Si quieres subir a la cúpula diseñada por Miguel Ángel, puedes hacerlo a pie o usar el ascensor para los primeros tramos; se recomienda estar en forma para los últimos tramos estrechos.

Lugares cercanos y contexto urbano
- La Plaza de San Pedro: proyectada por Gian Lorenzo Bernini y completada en 1667, es un compendio barroco con brazos abiertos que esperan a los fieles y visitantes.
- El obelisco vaticano: pieza de granito rojo de Asuán, testigo mudo según la tradición del martirio de San Pedro.
- Castel Sant'Angelo: a poca distancia, construido como mausoleo de Adriano y posteriormente fortaleza papal unida al Vaticano por el Passetto.
- Museos Vaticanos y Capilla Sixtina: a breve distancia, imprescindibles para comprender el contexto artístico de la basílica.
Datos y curiosidades
- La basílica mide 218 metros de largo y 136 metros de altura hasta su cúpula, con una superficie de 23.000 m².
- Se tuvo que desplazar un millón de metros cúbicos de tierra para completar la excavación necesaria para la construcción de la Basílica de San Pedro.
- La basílica tiene capacidad para 20.000 personas.
- Miguel Ángel tenía tan solo 24 años cuando esculpió La Piedad, que se encuentra en el interior de la basílica.
Sugerencia de contenido multimedia
Para complementar la visita, una buena idea es ver un vídeo que muestre la relación espacial entre el Altar de la Confesión, el baldaquino y la Cátedra de Bernini, explicando cómo la luz y la escenografía barroca articulan el mensaje teológico del lugar.
La Basílica de San Pedro explicada
Tabla resumida: elementos claves del Altar de la Confesión y la Cátedra
- Altar de la Confesión: espacio delante del altar mayor que permite ver la tumba de San Pedro; vinculado a la memoria del martirio y al culto petrino.
- Baldaquino de Bernini: estructura de bronce (1624-1633) que corona el altar papal y enmarca la tumba de Pedro.
- Cátedra de San Pedro: gran trono de bronce-relicario que encierra un trono carolingio; símbolo del magisterio papal.
- Nicho de los palios: edículo funerario sobre la sepultura de Pedro; lugar de veneración y colocación de palios.
La Basílica de San Pedro, con su Altar de la Confesión, su baldaquino y la monumental Cátedra, sigue siendo no sólo un santuario de peregrinación y oración, sino también una lección de historia del arte y una síntesis simbólica del ministerio petrino: un lugar donde se encuentran la tumba del apóstol, la liturgia y la proclamación del Evangelio en una única experiencia espacial y espiritual.