Periodo histórico: la Edad Media. Ubicación: el corazón de Castilla, Toledo. Los adarves -fortificaciones- de la judería encierran estrechas callejuelas por las que pasan a diario algunos de los hombres con más poder intelectual y económico de la ciudad y del reino. Poetas, hombres de letras, artesanos, comerciantes y rabinos.
A pesar de ello, la convivencia entre judíos, musulmanes y, sobre todo, cristianos no fue, ni de lejos, tan idílica como el nombre “ciudad de las tres culturas” podría llevarnos a pensar. Los judíos vivieron épocas de paz pero fueron perseguidos en numerosas ocasiones en su larga historia en la ciudad. Aún así, siempre consiguieron levantar la cabeza.

De la Sefarad toledana a la crisis bajomedieval
La tradición sefardí relacionaba a los judíos con la propia creación del Toletum romano y lo cierto es que es una de las ciudades de España en las que documentación histórica corrobora la presencia de sefardíes de forma más temprana: ya los habría en el siglo IV. Como en otras partes de Al Ándalus, los primeros siglos de dominación musulmana fueron relativamente positivos para los judíos, aunque en Toledo hay escasos datos sobre una comunidad que convivía con los demás habitantes de la ciudad sin agruparse en una zona concreta y que aún en el año 1000 debía ser bastante pequeña.
En esta ola migratoria, que alcanzó su punto álgido en el 1147, Toledo recibió un aporte intelectual muy importante: llegaron a la ciudad sabios, gramáticos, filósofos, científicos y poetas, lo que dio lugar a que el obispo Raimundo de Toledo crease la mundialmente famosa Escuela de Traductores de Toledo, una actividad para la que, según algunos autores, hasta se dedicó un espacio específico en el palacio episcopal que él mismo había mandado reconstruir.
La respuesta oficial fue cargar a la aljama con más impuestos, pese a lo cual la comunidad judía toledana siguió prosperando, algo que hizo de una forma aún más intensa con la llegada al trono de Alfonso X. Ese año, que es también último del reinado de Alfonso X, marca, al menos simbólicamente, el inicio del declive de la aljama toledana.
Violencias, pogromo de 1391 y estatutos de limpieza
Durante el siglo XIV la situación de las comunidades sefardíes fue empeorando poco a poco y el ambiente social fue volviéndose más y más hostil, especialmente tras episodios como la epidemia de peste negra de 1348 o la guerra civil entre Pedro I el Cruel y Enrique de Trastámara (1366-1369). El siglo XV no trae la calma a los sefardíes en Toledo: el asalto a la judería provoca una crisis económica de grandes dimensiones y la situación se hace más y más tensa, con episodios como la peregrinación del dominico antisemita Vicente Ferrer.
Incluso, aunque con menos fuerza, después del asalto del 1391 a la judería de Toledo, cuando los supervivientes tuvieron que asistir a feroces matanzas y a la destrucción de la mayoría de sus sinagogas -más adelante esta masacre llevaría el nombre de podrom de Toledo-. Antes del Edicto de Expulsión, en eco a las persecuciones y matanzas de 1391, los Estatutos de Limpieza de Sangre comenzaron a aplicarse en el Concejo de Toledo en 1449, propagándose ininterrumpidamente durante los siglos XV, XVI y XVII por todo lo que es la España actual.
Los sucesivos enfrentamientos y la situación cada vez más difícil en la que la persecución ya no es sólo contra los judíos sino también contra los conversos, provocan un levantamiento de sefardíes y cristianos nuevos el 22 de julio de 1467, en el que se cercó la Catedral y se acabó incendiando el barrio de la Magdalena, destruyendo 1.700 casas. Sin embargo, la sublevación sólo sirvió para que muchos tuvieran que huir de Castilla o se viesen obligados a convertirse.
El bautismo forzado, los conversos y la Inquisición
Desde 1391 hasta 1492 tuvieron lugar una serie de políticas dirigidas a segregar y limitar los derechos de los judíos, que culminó en el establecimiento de la Inquisición por parte de los Reyes Católicos en 1478; la Inquisición duró hasta 1813. El rol de inquisidor jefe fue atribuido al fraile dominicano Tomás de Torquemada, cuya influencia sobre los monarcas católicos, logró la promulgación de un edicto de expulsión de los españoles judíos. Se les dio la cruel alternativa de abandonar su patria, España, o de abandonar su fe.
Los Estatutos de Limpieza de Sangre excluían a los “cristianos nuevos” de varias profesiones de poder o influencia donde podían competir con los “cristianos viejos”. La envidia al vecino tuvo en aquella época un arma terrible, la denuncia por “judaizar”. Cualquier asunto trivial, como llevar ropa limpia el sábado, o no echar humo la chimenea podía poner en peligro de vida toda una familia.
La tolerancia de Portugal duró poco. El hecho de que el judaísmo “oficial” hubiera sido suprimido por sucesivos decretos no garantizaba que los judíos que practicaban su fe en secreto (los “cripto-judíos”) y sus descendientes hubieran abrazado el cristianismo. A pesar de tener que comportarse como cristianos, en muchos casos, con el tiempo los “conversos”, o “judeo-conversos” desarrollaron formas de práctica religiosa propias, mezclando elementos de la tradición hebrea con ciertos elementos cristianos.

Caso toledano: 1581 y las redes conversas
¿Alguien se acuerda de la historia de los Enríquez, aquella familia de judeoconversos toledanos procedentes de Portugal procesados por la inquisición cuando celebraban Yom Kippur en 1581? Aquel proceso terminó con varios judeoconversos toledanos quemados en la hoguera tras ser acusados y sentenciados por practicar el judaísmo de forma clandestina, todos vecinos del Barrio de la Magdalena y del Corralillo de San Miguel. Otros y otras, porque el proceso se llevó a cabo también contra muchas mujeres, terminaron encerrados de por vida en la cárcel.
Durante el proceso a aquellos toledanos en 1581 la inquisición recibió varias denuncias más que investigó, pero sin éxito. En casa de aquel fulano de Alcalá se reunían de forma habitual varios mercaderes, no todos judeoconversos ni todos descendientes de sefardíes portugueses, pero sí la mayoría. Era un punto de encuentro y de sociabilidad judía que abría sus puertas para muchos toledanos practicantes del judaísmo en la clandestinidad que acudían a celebrar las fiestas porque en sus casas no podían o no querían, por no levantar sospechas entre sus criados y vecinos.
La casa de la familia Alcalá en la calle de la Plata era, durante el reinado de Felipe II, otro punto de encuentro de los judeoconversos toledanos. Aquel proceso de 1581 comenzó porque un joven cristiano viejo (sin ningún antecedente judío ni musulmán), por despecho tras ser probablemente rechazado por una joven judeoconversa de la familia, terminó denunciando a quienes eran sus amigos, vecinos y para los que trabajaba. Su caso ejemplifica a la perfección las ventajas que tenía en muchas ocasiones denunciar ante el Santo Oficio para quienes lo entendían como una estrategia de ascenso social.
Persecución, exilio y retorno encubierto
Huyeron a tiempo de Toledo, se integraron en redes transnacionales de judíos sefardíes y ashkenazíes y se convirtieron en empresarios y mercaderes con influencias y contactos por todo el Mediterráneo. Barcelay, sin darle mucha importancia, también contaba lo que hoy sabemos, que los judíos expulsados siguieron considerando a Castilla y Aragón su casa, a la que volvían gracias a esa cultura compartida, a la lengua mantenida y a las redes comerciales y mercantiles que integraban otros judíos (conversos) que permanecían aquí.
Se dice que algunos se llevaron sus llaves porque creían que podrían volver a su casa algún día. Una patria, la península ibérica, que recordarían con el nombre de Sefarad. Y, para muchos, Toledo fue la capital de Sefarad.
Topografía de la fe: sinagogas, baños y memoria
Sin lugar a dudas una de las más importantes de la España medieval, la judería de Toledo llegó a ser una ciudad dentro de la ciudad y, además, se ha conservado hasta nuestros días fiel como pocas al trazado medieval y con monumentos de importancia casi diríamos que mundial. Entre ellos está, por supuesto el Museo Sefardí, que además se encuentra en la bellísima Sinagoga del Tránsito (y en el aledaño Convento de los Caballeros de Calatrava) , considerada por muchos la más bella sinagoga medieval de toda Europa y, sin duda, la mejor conservada, a pesar de que ya va para los siete siglos, pues fue construida entre 1355 y 1357.
Esta espectacular sinagoga es única, y no sólo por su belleza. Es la única sinagoga construida en el Reino de Castilla en el siglo XIV, cuando ya estaba prohibido levantarlas. Pedro I hizo una excepción como agradecimiento al apoyo de los judíos de Toledo, y es que su mecenas era nada menos que su poderoso tesorero: Samuel ha-Leví -propietario de la casa que hoy acoge el Museo Del Greco-. En su construcción participaron arquitectos musulmanes, de ahí que este edificio sea un compendio de la relación entre las tres culturas en Toledo. Gótico y arte islámico-cordobés para dar vida al templo sagrado de los judíos.
La sinagoga de Yosef ben Shoshan -ése era el nombre original de la que se convertiría en la iglesia de Santa María la Blanca- se construyó bajo el reinado de Alfonso VIII, otro monarca simpatizante con la comunidad judía. Al entrar, su candor y grandiosidad deslumbran. Cinco naves separadas por columnas coronadas por arcos de herradura y motivos geométricos y vegetales. Entre las dos sinagogas, en la Travesía de la Judería, se encuentra la casa de un rico judío de los siglos XIV-XV. Lo que está claro es que el dueño de este palacete era adinerado, tanto que en su sótano tenía un Miqvé, el baño judío de purificación que era también sinónimo de estatus social.

Memoria urbana y señalización contemporánea
En los últimos años se ha intentado dar nueva vida al Toledo judío fomentando el turismo en la judería con diferentes iniciativas. Una de ellas es la señalización de la judería de Toledo, de dos formas diferentes. La primera: más de 500 azulejos colocados en el suelo de la judería, en sus límites y señalando los lugares y monumentos más emblemáticos. Los azulejos tienen tres símbolos diferentes: el de la Red de Juderías de España -que recuerda la forma de la península ibérica-, la menorá -el candelabro judío de siete brazos- y la palabra “vida” en hebreo.
Los “Encuentros en la Judería” constituyen probablemente la más importante de estas iniciativas. Son actividades culturales, de entretenimiento y gastronómicas con conexión a la historia de la judería de Toledo. Aunque la comunidad judía de la capital manchega haya prácticamente desaparecido, Toledo se incluye en el camino de Sefarad, en la red de juderías de España. Se puede, así, revivir parte del esplendor que vivieron las callejuelas de la judería de Toledo y visitar los monumentos que siguen quedando en pie, prueba de esa época dorada.
Vidas conversas: perfiles, delaciones y resistencias
Durante el proceso a aquellos toledanos en 1581 la inquisición recibió varias denuncias más que investigó, pero sin éxito. No he sido capaz de encontrar información del supuesto delator de Alcalá, del que ya sabemos nombre: Hernando. Y sí, como muestra de las complejidades de la historia, la inquisición recibía noticias de alguien que escapó de su persecución gracias a otro judío que, a juzgar por el tono de la carta, debería priorizar su negocio en vez de su conciencia de pertenencia al pueblo judío.
Residencia de la familia sefardí Fernández en Tesalónica (s. Barcelay, rompiendo por completo esa visión de los judíos expulsados como un grupo homogéneo y unido, se había convertido en un chivato útil para la Monarquía Hispánica y para la Inquisición. Barcelay, sin darle mucha importancia, también contaba lo que hoy sabemos, que después de la expulsión de Toledo la ciudad de Tesalónica se había convertido en la nueva Sefarad, como lo siguió siendo varios siglos más hasta mediados del siglo XX, cuando los nazis terminaron con la vida, casas y archivos de gran parte de la comunidad judía sefardí de Grecia.
Álvaro dejó de ser criado de los Enríquez a quienes denunció para pasar a ser alcaide de las cárceles de la Inquisición, puesto que mantuvo durante toda su vida, recibiendo un mejor sueldo por ello. Su caso ejemplifica a la perfección las ventajas que tenía en muchas ocasiones denunciar ante el Santo Oficio para quienes lo entendían como una estrategia de ascenso social.
Itinerarios de ida y vuelta: Toledo y Tesalónica
Con estos dos testimonios la inquisición había recabado pruebas suficientes como para confirmar que aquel Perico de Alcalá y su familia eran hoy los judeoconversos dispersos por Tesalónica y Toledo. El tribunal activó sus mecanismos de vigilancia y contactó con el resto de tribunales de distrito para conocer si en alguno de ellos había información que incriminase a la familia Alcalá y contar así con más pruebas para poder procesarlos.
La Inquisición tenía ya la fotografía perfecta de los Alcalá y de sus movimientos en estos últimos treinta años, tras huir a tiempo antes de ser detenidos entonces. El bachiller Hernando de Alcalá pudo ser investigado pero, por su influencia, su fidelidad a la Monarquía o los motivos que fueran, no fue procesado. Y ejerció como tal hasta 1636, con banco derecho por la parroquia de Santa Eulalia, como jurado de Toledo.

Lugares de culto tras el bautismo: control y continuidad
Acuden a alguna de las diez sinagogas erigidas en la ciudad y celebran sus fiestas y rituales en sus suntuosos edificios públicos, religiosos y privados. En la sala de oración hoy hay eventos culturales, como pequeños conciertos y las salas contiguas acogen el Museo Nacional de Arte Hispanojudío y Sefardí. El billete general es de 3€ y si vais también al Museo Del Greco hay un billete combinado de 5€ (Abono Museos de Toledo).
Los demás tuvieron que abandonar Toledo y el Reino. Sólo pudieron quedarse los conversos, que siguieron discriminados. Se puede imaginar la tragedia que fue para estos miles de judíos españoles tener que renunciar a su identidad y a su tradición.
Tabla cronológica esencial
- 1391: asalto a la judería de Toledo y destrucción de sinagogas.
- 1449: primeros Estatutos de Limpieza de Sangre en el Concejo de Toledo.
- 1478: establecimiento de la Inquisición por los Reyes Católicos.
- 1492: edicto de expulsión; sólo permanecen conversos bajo sospecha.
- 1581: proceso contra judeoconversos toledanos en Yom Kippur.
- 1611: nueva intentona contra la familia Alcalá; vigilancia intensificada.
Aunque la comunidad judía de la capital manchega haya prácticamente desaparecido, Toledo se incluye en el camino de Sefarad, en la red de juderías de España. La llave estaba guardada. Esperando el regreso a su hogar. Toledo cantaba canciones en el viento. Y ellos siempre soñaban con aquel lugar.