Ningún lugar concentraba tantas insignias del Antiguo Régimen como la basílica, hoy catedral, de Saint-Denis, una comuna muy próxima a París. Era el panteón por antonomasia de la Corona gala. Tuvo orígenes mucho más humildes. En el siglo V se sustituyó la estructura de madera por otra de ladrillo. El edificio continuó robusteciéndose en el VII, cuando ya intervino un rey, el franco Dagoberto I. Ordenó construir una iglesia reducida, aunque lujosa, y, junto a ella, una abadía. Inauguró con ello, en el año 639, la larga lista de monarcas merovingios, carolingios, Capetos, Valois y Borbones enterrados aquí, la mayoría de los reyes que han gobernado Francia.
Suger remodeló la iglesia para que pudiera albergar con la majestad adecuada los sepulcros de los soberanos. El elemento clave para ello fue la luz. El abad maximizó su entrada en el recinto elevando los techos y acristalando la estructura todo lo posible. Estaba convencido de que la visión de belleza facilita el ascenso del alma a la contemplación divina. La ausencia de muros entre las capillas y las grandes superficies acristaladas crean una pared de luz continua.
La Capilla de los Borbones y los cenotafios del siglo XIX
Una parte de la cripta es dedicada a la Capilla de los Borbones contiene cenotafios realizados en el siglo XIX en honor de la dinastía de los Borbones, así como el corazón de Luis XVII. La Capilla de los Borbones fue una creación del siglo XIX. Contiene cenotafios, es decir, monumentos funerarios que no contienen un cuerpo. El panteón de los Borbones contiene los restos de Luis XVI y María Antonieta, trasladados desde el cementerio de la Madeleine en París por Luis XVIII, último rey inhumado en la basílica, en 1824.

Las estatuas funerarias fueron encargadas por Luis XVIII durante la repatriación de las cenizas del soberano desde el "Cimetière des innocents" de París en 1815 para celebrar el regreso de la familia de los Borbones al trono de Francia. Los orantes de Luis XVI y María Antonieta fueron encargados por Luis XVIII con motivo del regreso de las cenizas de los soberanos, y finalizados hacia 1830. Terminados tardíamente, hacia 1830, los priants -u orantes- de Luis XVI y María Antonieta ofrecen algunos detalles anacrónicos, entre los que destaca el vestido de inspiración Imperio que luce María Antonieta. Luis XVI, de Edmé Gaulle, aparece arrodillado pero erguido, con las manos juntas en gesto de oración. El orante de mármol de María Antonieta es obra del artista Pierre Petitot.
La cripta arqueológica, la cripta de Suger y tumbas históricas
La cripta arqueológica presenta los vestigios de los primeros edificios. Este lugar albergaba las sepulturas de los santos mártires Denis, Rústico y Eleuterio. La Cripta de Suger conserva varios capiteles dedicados en particular a la vida de San Benito. Una de las capillas del deambulatorio alberga el sarcófago de la reina Arnegunda, esposa del rey Clotario, muerta entre 580 y 590 y primera reina enterrada en Saint-Denis.
Las tumbas reales de la Basílica de Saint-Denis fueron colocándose: por el crucero, en el ábside, la cripta. Se trata del conjunto funerario de escultura más importante de Francia que abarca desde la Edad Media hasta el Renacimiento. Las tumbas se encuentran distribuidas en el crucero sur: la capilla de San Luis de 16 yacentes, de los que subsisten 14, data aproximadamente de 1263. El soberano muestra de este modo la dinastía de los Capetos como heredera de los Merovingios y de los Carolingios. Los yacentes en la época de los Valois. El de Carlos V el Sabio es seguramente el primer retrato oficial de la historia de la escultura funeraria y una obra maestra de la escultura medieval.
La tumba de Francisco I, de Claudia de Francia y de tres de sus hijos se instaló once años después de la muerte del rey en 1547. El vencedor de la batalla de Marignano se presenta en un imponente arco del triunfo, signo del redescubrimiento de la Antigüedad en el Renacimiento. En el crucero norte se encuentra Luis XII y Ana de Bretaña están representados muertos, desnudos y descarnados dentro de la tumba de mármol de Carrara realizada en Tours por el florentino Giovanni di Giusto Betti entre 1516 y 1522, y vivos y en oración en la parte superior. Enrique II y Catalina de Médicis tienen una tumba monumental, realizada de 1560 a 1573, inspirada en las prácticas italianas, sobre todo en la utilización de materiales de diferentes colores. Las esculturas de Germain Pilon, y especialmente las virtudes de los ángulos, son de gran calidad.
Profanación durante la Revolución Francesa: octubre de 1793
En 1793, tras la ejecución de Luis XVI, la basílica de Saint-Denis fue escenario de una violenta damnatio memoriae, que culminó en octubre de ese año: los revolucionarios abrieron las tumbas de los monarcas franceses, destruyeron mausoleos y dispersaron los restos para borrar la memoria de la monarquía. La moción de republicanizar los edificios públicos -y, específicamente, esta basílica- no había persuadido a la Convención solamente por motivos ideológicos. Se buscaba también castigar a poderes considerados secuaces de la monarquía, como el eclesiástico.
Hubo un móvil económico suplementario. La Francia tricolor necesitaba cañones y balas, al sufrir hostilidades monárquicas desde el exterior. Y Saint-Denis contenía una moderada cantidad de material para fabricar armas. Había ataúdes de plomo dentro de los sarcófagos decorativos de madera, mármol y piedra. También, bronce en placas y adornos, además de otros metales. La Asamblea también decretó la fundición de plomo, bronce y diversos metales de las tumbas para fabricar cañones, instrumentos de la nueva guerra revolucionaria.
La Convención estableció dos etapas para reducir a mínimos y reciclar el panteón real. Los días 6, 7 y 8 de agosto de 1793 se acometieron en Saint-Denis las sepulturas de la planta a pie de calle. Eran las pertenecientes a las dinastías más antiguas. Se abrieron un total de 51 tumbas, muchas con valiosos sarcófagos esculpidos en mármol o en piedra, atacados sin pudor a cincel y mazazos. Muchos de los restos exhumados en esa sesión inicial correspondían a realeza merovingia, carolingia y capeta.
Mucho más amplio fue el despliegue realizado dos meses después. Enrique IV, el primer Borbón coronado en el país, se encuentra entre los monarcas que más llamaron la atención. Sus restos estaban en tan buen estado que hasta se le pudo hacer una máscara mortuoria y se lo exhibió de pie casi una semana para fascinación de multitudes de curiosos. Luego sacaron a Luis XIII que conservaba aún su hermoso bigote, el siguiente en salir fue Luis XIV con la mascara que cubría a los Borbones pero su color era negro. Luego salieron sucesivamente los de María de Médicis, segunda esposa de Enrique IV; de Ana de Austria, esposa de Luis XIII; de María Teresa, infanta de España y esposa de Luis XIV; y del gran Delfín. Todos aquellos cuerpos estaban putrefactos. Sólo el del gran Delfín estaba en putrefacción líquida.

Las operaciones comenzaron con el ataúd de Enrique IV, fallecido el 14 de mayo de 1610 a la edad de 57 años. En el interior, el sudario parecía intacto y, al levantar la tela, apareció el cuerpo del soberano, sorprendentemente bien conservado. El cadáver fue colocado en posición vertical contra un pilar a los pies de la cripta, donde permaneció expuesto hasta el lunes 14 de octubre, visible para todo aquel que quisiera verlo. Por los relatos de los escritores, sabemos también que debajo de cada ataúd se guardaba una caja metálica en forma de corazón que contenía el corazón y las vísceras del difunto, decorada con un corazón de plata coronado: los emblemas también fueron retirados y llevados al ayuntamiento, mientras que los jarrones y ataúdes se amontonaron en un rincón del cementerio. Posteriormente los cuerpos fueron sacados y colocados todos en dos tumbas y colocadas en la cripta que aún se pueden ver.
Reliquias en circulación y venta posterior
Antes de cubrir los hoyos, se permitió bajar a ellos para tomar reliquias. Un soldado, días antes, había cortado un poco de barba a Enrique IV como talismán. Otros curiosos, menos heroicos, sencillamente querían mercadear con esos trofeos humanos. Un ciudadano al que las autoridades revolucionarias asignaron el solar de Saint-Denis se apropió de pelo de Felipe Augusto, dientes de Enrique III, un fragmento del cráneo de san Luis, la mandíbula de Dagoberto y una pierna de Catalina de Médicis. Su viuda trató de venderlos, sin éxito, en la Restauración. Todavía en 2019, el prestigioso Hôtel Drouot, el equivalente parisino de Christie’s y Sotheby’s, ofreció en septiembre un mechón de barba atribuido a Enrique IV.
Restauración y memoria: del Imperio a la Restauración
Fue entonces Napoleón, al comienzo del Imperio, quien decidió restaurar la basílica. Aconsejado por el político Chateaubriand, quiso consagrar Saint-Denis como nueva necrópolis dinástica, destinada a los emperadores, recordando la memoria de los antiguos reyes. Paralelamente al saqueo de la basílica, a partir de octubre de 1792, el pequeño cementerio de la Madeleine se convirtió en el lugar de enterramiento de los ejecutados en la plaza de la Revolución, actual plaza de la Concordia. El 21 de enero de 1793, Luis XVI fue enterrado allí, ejecutado tras un juicio llevado a cabo por los diputados de la Convención; el 16 de octubre del mismo año, fue el turno de María Antonieta, condenada por el...
La capilla expiatoria de París se construyó en el emplazamiento del antiguo cementerio de la Madeleine, que albergaba los restos de Luis XVI y María Antonieta antes de ser trasladados a la basílica de Saint-Denis. Las estatuas funerarias fueron encargadas por Luis XVIII durante la repatriación de las cenizas del soberano desde el "Cimetière des innocents" de París en 1815 para celebrar el regreso de la familia de los Borbones al trono de Francia.
El corazón de Luis XVII y su destino
Se dice que el corazón fue extraído en secreto por el cirujano jefe del Hôtel-Dieu, Philippe-Jean Pelletan, al día siguiente de la muerte del niño. Colocado en un jarrón de cristal, se conservó y luego se secó porque el alcohol en el que estaba sumergido se había evaporado. Pasó de mano en mano y está en la Basílica desde 1975. El Mémorial de France de Saint-Denis organizó el entierro ritual del corazón de Luis XVII durante una misa fúnebre el 8 de junio de 2004.

Elementos destacados para visitar en la Basílica
- La Capilla de los Borbones y sus cenotafios decimonónicos.
- El panteón de los Borbones con los restos trasladados de Luis XVI y María Antonieta.
- La cripta arqueológica y la Cripta de Suger con capiteles sobre la vida de San Benito.
- El mausoleo de Luis XII y Ana de Bretaña, y las tumbas renacentistas de Francisco I y Carlos V.
- Restos y testimonio de la profanación revolucionaria: las fosas comunes Borbón y Valois.
Las tumbas se hallan repartidas en distintos niveles y espacios: por el crucero, en el ábside, la cripta. Muchas de las piezas conservadas hoy son fruto de rescates y restauraciones llevadas a cabo tras los desastres de la Revolución y las iniciativas de conservación del siglo XIX y comienzos del XIX.
DOCUMENTAL - El Valle de los Caídos 2019: La Profanación
| Elemento | Descripción |
|---|---|
| Capilla de los Borbones | Cenotafios del siglo XIX en honor a la dinastía borbónica; alberga el corazón de Luis XVII. |
| Panteón de los Borbones | Restos de Luis XVI y María Antonieta, trasladados desde la Madeleine en 1824. |
| Cripta arqueológica | Vestigios de los primeros edificios y sepulturas de santos mártires. |
| Fosas comunes | Fosas Borbón y Valois, donde fueron arrojados los restos tras la profanación de 1793. |
Los episodios de profanación y salvamento que vivió Saint-Denis quedaron inmortalizados por artistas y testigos como Hubert Robert y Alexandre Lenoir, cuyas intervenciones ayudaron a salvar y conservar parte del rico patrimonio escultórico de la basílica.