La Fiesta de Cristo Rey es una celebración litúrgica de la Iglesia católica. Fue instituida por el Papa Pío XI en 1925, a través de la encíclica Quas primas. El Pontífice la estableció en un contexto de creciente secularismo tras la Primera Guerra Mundial, el avance del comunismo en Rusia y el aumento del secularismo y el ateísmo en distintos países de Europa. Allí resaltó que mejor modo de que la sociedad civil obtenga “justa libertad, tranquilidad y disciplina, paz y concordia” es que los hombres reconozcan, pública y privadamente, la realeza de Cristo.
La Fiesta de Cristo Rey nos recuerda la autoridad suprema de Jesucristo, que vino al mundo a enseñarnos el camino a Dios Padre y la centralidad de Cristo en la creación y redención, sobre la historia humana y sobre los corazones de los creyentes, que, a pesar de las dificultades y los desafíos del mundo, el Reino de Dios perdura y nos ofrece esperanza. Cristo Rey es un título que expresa la autoridad espiritual y universal de Jesús. El reinado de Cristo se define por el servicio, la cercanía, la misericordia y la ternura. Su reinado no se funda en el poder ni en la fuerza, sino en el amor, la verdad y la vida.
Origen histórico y motivo de la institución
En 1925 por el Papa Pío XI, con la encíclica Quas primas, se instituyó esta celebración. El Pontífice se encontraba a punto de clausurar el año jubilar de 1925 en medio del creciente nacionalismo secularista que surgió tras la caída de los reinos europeos después de la Primera Guerra Mundial. Luego de la Primera Guerra Mundial, y con ocasión del 1600 aniversario del Concilio de Nicea, el Papa Pío XI instituyó la fiesta en 1925 con la encíclica «Quas Primas». Cuando el Papa Pío instituyó esta fiesta, fue en respuesta al aumento del secularismo y el ateísmo. Cristo Rey fue, y es, la respuesta a todos los problemas humanos.
“Los hombres deben buscar la paz de Cristo en el Reino de Cristo”, escribió el Papa al instaurar esta fiesta, convencido de que solo bajo el señorío espiritual de Jesús podría alcanzarse una paz verdadera entre las naciones. Recordamos haber dicho que estos múltiples males en el mundo se debían al hecho de que la mayoría de los hombres habían echado a Jesucristo y su santa ley fuera de sus vidas; que estos no tenían lugar ni en los asuntos privados ni en la política; y dijimos además que, mientras los individuos y los estados se negaran a someterse al gobierno de nuestro Salvador, no habría perspectivas realmente esperanzadoras de una paz duradera entre las naciones.
Fecha litúrgica y cambios en el calendario
La Fiesta de Cristo Rey fue originalmente establecida para el último domingo de octubre, justo antes de la Solemnidad de Todos los Santos. El Papa Pío XI estableció que la fiesta se celebrara el último domingo de octubre de modo que siempre tuviera lugar antes de la solemnidad de Todos los Santos. En 1926, cuando se celebró por primera vez, ese domingo coincidió con el 31 de octubre, fecha que en varios países se conoce como Halloween o Noche de Brujas.
Décadas después, en 1969, el papa Pablo VI la renombró como Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo y la trasladó al último domingo del año litúrgico, dándole el carácter solemne con que hoy se celebra en todo el mundo. En el nuevo calendario litúrgico de 1970, su observancia en el rito romano se trasladó al último domingo del Tiempo Ordinario. La Solemnidad de Cristo Rey marca el fin del año litúrgico y prepara el inicio del Adviento, tiempo de esperanza en la venida del Señor. Cada año se celebra entre el 20 y el 26 de noviembre, dependiendo del calendario.
Significado teológico
Para comprender lo que se celebra, es necesario recordar que Cristo Rey no es una imagen de poder terrenal. El reinado de Cristo se define por el servicio, la cercanía, la misericordia y la ternura. El derecho de conquista adquirido por la redención es el fundamento de este señorío: «No somos pues ya nuestros, puesto que Cristo nos ha comprado por precio grande. Hasta nuestros mismos cuerpos son miembros de Jesucristo», dice la misiva pontificia. Este reino (de Cristo) es espiritual y tiene que ver con las cosas espirituales.
Los Evangelios presentan este reino como uno en el que los hombres se preparan para entrar por penitencia, y no pueden entrar en realidad excepto por la fe y por el Bautismo, que, aunque es un rito externo, significa y produce una regeneración interior. Este reino se opone nada menos que al de Satanás y al poder de las tinieblas. Exige de sus súbditos un espíritu de desapego de las riquezas y de las cosas terrenales, y un espíritu de mansedumbre.
Referencias bíblicas
- Mateo 28:18: “Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra”.
- Juan 18:37: “Para esto nací, y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad”.
- 1 Corintios 15:25-28: “Porque es necesario que Cristo reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. El último enemigo en ser destruido es la muerte.”
- Filipenses 2:10-11: “… en el nombre de Jesús se doblará toda rodilla, en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiesa que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.
La realeza de Cristo permaneció completamente oculta hasta los 30 años, años que pasó en una vida ordinaria en Nazaret. Luego, durante su vida pública, Jesús inauguró el nuevo Reino que "no es de este mundo" (Jn 18, 36), y finalmente, con su muerte y resurrección, lo estableció plenamente. Sí, el título INRI en los crucifijos -Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum- recuerda que hasta en la cruz se manifestó su realeza, no con corona de oro, sino de espinas.
Celebraciones y tradiciones
La Fiesta de Cristo Rey se celebra con misas solemnes en las iglesias católicas de todo el mundo. Las homilías suelen centrarse en el significado de la realeza de Cristo y su aplicación a la vida diaria. Es más que una fecha en el calendario; es una llamada a la acción. Es un recordatorio de la necesidad de dar testimonio de nuestra fe en el mundo. Es una invitación a vivir nuestra vida de acuerdo con los valores del Evangelio y a trabajar por el amor, la justicia y la paz; sembrando la fraternidad en el mundo moderno.
En ciudades como Guayaquil, la fiesta se vive con especial fervor. Desde el viernes anterior, familias y comunidades decoran los balcones con la imagen de Cristo Rey, mientras que el domingo una procesión recorre las calles como signo de fe y esperanza. En los portales y balcones de muchas casas católicas volverán a verse imágenes de Jesucristo, el Hijo de Dios, adornadas con flores y luces. Para la celebración, se puede proponer a la comunidad coronar una imagen de Jesús en el templo. Es un gesto algo visual, que puede ayudar.

La música y la liturgia invitan a llevar este reinado a la vida cotidiana. Por ejemplo, en el canto del Gloria, se puede poner énfasis en la estrofa que da «Gloria a Jesucristo Rey, nuestro Redentor, que para salvarnos en la cruz murió». Como canto de despedida, se propone «Felices los que anuncian con su vida», con un sentido misionero. Finalmente, lo importante es que tomemos al Señor como rey de nuestra propia vida, y lo hagamos también en nuestras acciones, en nuestro día a día.
Recepción ecuménica y extensión
Aunque nació en el seno de la Iglesia católica, otras confesiones cristianas también conmemoran esta fecha. En Suecia, por ejemplo, los luteranos la celebran como “El regreso de Cristo”, destacando el sentido escatológico de la realeza de Jesús. La festividad de Cristo Rey es una celebración importante en la tradición cristiana que conmemora el reinado de Jesucristo como el Rey del Universo.
Datos cronológicos clave
- 325: Concilio de Nicea, donde se proclamó la divinidad de Cristo (referencia al 1600 aniversario mencionado en 1925).
- 1925: Institución de la fiesta por Pío XI mediante Quas primas.
- 1926: Primera celebración de la fiesta.
- 1969-1970: Traslado al último domingo del año litúrgico por Pablo VI y reforma del calendario.
La Fiesta de Cristo Rey en un mundo marcado por la incertidumbre y el conflicto nos ofrece un mensaje de esperanza y un llamado a la perseverancia en la fe. Es una afirmación de que, aunque los gobiernos y las ideologías van y vienen, el reinado de Cristo es eterno. La Fiesta de Cristo Rey se celebra cada año el último domingo del año litúrgico, el trigésimo cuarto domingo del tiempo ordinario, y marca un punto de conclusión y, a la vez, de inicio, preparando el Adviento.