Qué es el evangelio de la gracia de Dios

Cuando Pablo resumió su ministerio ante los ancianos de Éfeso, lo describió como testificar "del evangelio de la gracia de Dios" (Hechos 20:24). De todas las maneras en que pudo haber definido el mensaje de Cristo-verdad, salvación, arrepentimiento o vida eterna-eligió la gracia. Esta elección no es accidental; va al corazón del mensaje cristiano y al corazón del mismo Dios.

La palabra evangelio significa "buenas noticias", y las buenas noticias son que la gracia-el favor inmerecido de Dios-ha sido extendida a la humanidad por medio de Jesucristo. Pablo dice en otro lugar: "Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres." (Tito 2:11)

El núcleo del evangelio

La gracia significa que la salvación no se logra mediante la perfección moral, el ritual religioso o la lealtad denominacional. No es un sistema que dominamos, sino un don que recibimos. El evangelio de la gracia nos dice que a pesar de nuestras fallas, culpa e indignidad, Dios ofrece perdón completo, vida nueva y esperanza eterna mediante la fe en Su Hijo.

cruz y manos abiertas simbolizando gracia

Cómo se reemplaza la gracia

Estoy sorprendido por algunas de las cosas que en los últimos años se han dicho y escrito acerca del Evangelio. Temo que en muchos círculos se estén reemplazando las buenas nuevas de salvación con otro mensaje. A lo largo de la historia, muchos han reemplazado este evangelio de gracia con otra cosa, algo que parece religioso pero niega su verdadero poder.

  1. Legalismo disfrazado como el evangelio

    El legalismo quita el enfoque de la gracia y lo pone en el desempeño. Dice: "Estás salvo si haces lo suficiente." Esta mentalidad puede parecer espiritual, pero convierte la fe en una tabla de puntuación. Olvida que la obediencia es el fruto de la gracia, no el precio de la gracia.

  2. Sectarismo disfrazado de evangelio

    Cuando la lealtad a un grupo, tradición o movimiento se convierte en el mensaje principal, se pierde la gracia. El evangelio une a los pecadores bajo la cruz; el sectarismo los divide bajo un estandarte de orgullo. Pablo advirtió contra este espíritu en 1 Corintios 1:12-13, cuando los creyentes comenzaron a decir: "Yo soy de Pablo... yo soy de Apolos...", como si el mensajero importara más que el mensaje.

  3. Rituales y especulaciones disfrazadas como el evangelio

    Muchos se sienten atraídos por sistemas elaborados, conocimientos secretos o predicciones del fin de los tiempos, todos los cuales afirman revelar una "verdad" más profunda. Sin embargo, estos solo distraen de la única verdad que salva: que Dios nos ama, nos perdona y nos redime por su gracia mediante Jesucristo.

El evangelio que libera

Pablo podía enfrentar persecución, encarcelamiento e incluso la muerte con gozo porque su mensaje no era acerca de sí mismo, sino acerca de la gracia. No se trataba de controlar a otros, sino de liberarlos. "Para libertad Cristo nos libertó; por tanto, manteneos firmes y no os sometáis de nuevo al yugo de esclavitud." (Gálatas 5:1)

La gracia nos libera del miedo, la culpa y la carga imposible de ganar el favor de Dios. Nos permite vivir con gratitud, servir con humildad y esperar sin vergüenza. Cualquier "evangelio" que no conduzca a la libertad y la paz en Cristo no es el evangelio que predicó Pablo.

cadena rota simbolizando libertad en Cristo

Gracia, fe y arrepentimiento: términos que no se separan

La fe en Él es lo que salva, no sólo creer en Sus promesas o aceptar los testimonios sobre Él. La fe salvadora tiene que ser más que aceptar los hechos. Creer en Jesús significa recibirle por todo lo que Él es (Juan 1:12). Esto significa confesarle como Salvador y rendirse a Él como Señor.

¿Es esencial el arrepentimiento del pecado para la salvación? Bíblicamente, el arrepentimiento es un cambio radical - el abandono del pecado y de sí mismo para servir a Dios (cf. 1 Tesalonicenses 1:9). El verdadero arrepentimiento es inseparable de la fe y, como la fe, es la obra de Dios en el corazón humano.

Discípulo y salvación

En los últimos cien años, se ha hecho popular hablar de discipulado como un mayor nivel de experiencia cristiana. Tal punto de vista convenientemente relega las difíciles exigencias de Jesús a una experiencia posterior a la salvación. Pero, ¿cómo encaja eso con las propias palabras de Jesús: "no he venido a llamar a justos, sino a pecadores" (Mateo 9:13)? Cada creyente es un discípulo y viceversa. Una cuidadosa lectura de Hechos muestra que la palabra discípulo ha sido sinónimo de cristianos desde los primeros días de la Iglesia.

Evidencia de la salvación y frutos

La Escritura es clara que una persona salva no se puede perder. Es igualmente clara que un verdadero cristiano nunca volverá a caer en la incredulidad total. Por otra parte, si una persona es realmente salva, su vida va a cambiar para mejor (2 Corintios 5:17). Él se guarda "para buenas obras" (Efesios 2:10); y no hay forma de que pueda dejar de producir por lo menos algunos de los frutos que caracterizan a los redimidos (cf. Mateo 7:17). Sus deseos son transformados, comienza a odiar el pecado y a amar la justicia.

La soberanía y la magnitud de la gracia

La gracia soberana aplasta nuestro orgullo. Nos avergüenza y nos humilla. Queremos ser los sujetos, no los objetos, de la salvación. Nos resistimos a la verdad de que Dios es el único autor y consumador de nuestra fe. Por naturaleza, nos rebelamos contra la gracia soberana, pero Dios sabe cómo romper nuestra rebelión y hace que seamos amigos de esta gran doctrina. Desde la elección hasta la glorificación, la gracia reina en espléndida soledad.

Juan 1:16 dice que recibimos “gracia sobre gracia”, que literalmente significa “gracia frente a la gracia”. La gracia sigue a la gracia en nuestras vidas como las olas siguen unas a las otras hasta la orilla. La salvación es completamente por gracia y es toda de Dios. La gracia gratuita clama por tener expresión en la iglesia de hoy en día. Las decisiones humanas, manipulaciones de multitudes y llamados al altar no producirán convertidos genuinos.

La gracia en las cartas de Pablo

Un libro del Nuevo Testamento que hace un hincapié particular en la asombrosa gracia soberana de Dios es la carta de Pablo a los Romanos. Según Pablo, esta gracia hace que tanto judíos como gentiles sean coherederos del reino de Dios con el fiel Abraham (Rom. 4:16). Establece paz entre Dios y los pecadores, quienes son sus enemigos (Rom. 5:2). Solo esta gracia es más fuerte que las fuerzas del pecado, trayendo libertad genuina y duradera del dominio del pecado (Rom. 5:20-21; 6:14).

La gracia divina equipa a los hombres y mujeres cristianos con dones variados para servir en la iglesia de Dios (Rom. 12:6). Esta gracia en última instancia va a conquistar a la muerte y es el presagio seguro de vida eterna para todos los que la reciben.

libro de Romanos abierto con luz

Prácticas y actitudes derivadas de la gracia

La gracia nos llama (Gal. 1:15), nos regenera (Tito 3:5), nos justifica (Rom. 3:24), nos santifica (Heb. 13:20-21), y nos preserva (1 Pe. 1:3-5). Necesitamos de la gracia para ser perdonados, para volvernos a Dios, para sanar nuestros corazones rotos, y para fortalecernos en tiempos de problemas y de guerra espiritual. Solo mediante la gracia libre y soberana de Dios podemos tener una relación salvadora con Él. Solo a través de la gracia podemos ser llamados a la conversión (Ef. 2:8-10), la santidad (2 Pe. 3:18), el servicio (Fil. 2:12-13) o sufrimiento (2 Cor.).

Reacciones humanas y oposición

Tal vez, lector creyente, hayas experimentado que tu familia, amigos, y compañeros de trabajo no están contentos con tu conversión a Cristo: de hecho, quizá sean bastantes hostiles. "¡Te prefería cuando no eras cristiano!", dijo un hombre a un nuevo creyente. Ten ánimo, amigo mío; no eres tú el que les disgusta, sino tu Señor. El Evangelio de la gracia de Dios es odiado y despreciado por los hombres carnales. El Evangelio de la gloria de Dios (la salvación que da a Dios toda la gloria, que comienza y termina con El, que mira a Él como la fuente, el origen, el dador y el don) es contrario a la carne. Ellos no tolerarán este mensaje de soberana misericordia ni recibirán a aquellos que lo creen y lo predican.

Cómo anunciar el auténtico evangelio

Estoy sorprendido por algunas de las cosas que en los últimos años se han dicho y escrito acerca del Evangelio. En toda la media hora de película, no hay una sola mención de la resurrección. Se habla de perdón sin definir el pecado; y se habla de creer en Cristo sin describir la fe. Aunque parezca increíble, la película aconseja a los creyentes a no hablar nunca con un incrédulo sobre el señorío de Cristo, la sumisión a Él, la rendición de la voluntad, la renuncia al pecado propio o la obediencia a Dios. Ese sentimiento refleja un punto de vista que está ganando impulso rápidamente dentro del evangelicalismo.

Para decir algo a su favor, la mayoría de esos hombres está motivada por una pasión por mantener el Evangelio de la gracia de Dios separado de la influencia de las obras humanas. Su deseo, estoy seguro, es dejar en claro la verdad bíblica de que la salvación no puede de ninguna manera ser ganada u obtenida por el esfuerzo del hombre. Su enfoque, sin embargo, ha sido el de eliminar del mensaje del Evangelio todo lo que resuene como un trabajo de justicia; y hablar sólo de creer en los datos objetivos. Esta enseñanza ha cobrado un alto precio. La fe se ha convertido en un mero ejercicio intelectual. En lugar de llamar a los hombres a entregarse a Cristo, el evangelismo moderno sólo les pide que acepten algunos hechos básicos acerca de Él.

¿Cómo predicar el evangelio correctamente? (Evangelismo, evangelizar) - Paul Washer

Convicciones centrales que debemos preservar

  • El evangelio es gracia; es el centro inmutable de la fe cristiana.
  • No es una parte del mensaje, es el mensaje.
  • Todo lo demás-enseñanza, adoración, doctrina y servicio-fluye de él.
  • Perder de vista la gracia es perder de vista la cruz misma.

Un llamado a estudiar y evaluar

Es necesario resolver estas cuestiones críticas en su propio corazón. Estudie el Evangelio que las Escrituras presentan. Escuche con discernimiento a cada predicador. Evalúe todo de acuerdo a la Palabra de Dios. El Evangelio que presentamos tiene consecuencias eternas. Si se trata del verdadero Evangelio, puede dirigir a hombres y mujeres al reino eterno. Si se trata de un mensaje corrompido, puede dar a la gente no salva la falsa esperanza mientras que los envía a la condenación eterna.

El Evangelio de la Gracia de Dios presenta “el mensaje de la verdad, el evangelio de vuestra salvación”, que es la “buena nueva” de salvación y redención del pecado y de la muerte por la gracia de Dios mediante el sacrificio de Jesús en la cruz. Comenzaremos “desde el principio” y construiremos “línea tras línea…mandato tras mandato” en una manera ordenada y lógica.

Al aferrarnos a la gracia de Dios, nosotros, al igual que Pablo, podemos ser cristianos gozosos que victoriosamente confiesan: “Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?”

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