Las catacumbas cristianas surgieron en Roma entre finales del siglo II y principios del siglo III d.C., con el pontificado del papa Céfiro (199-217), que encargó al diácono Calixto, futuro pontífice, la tarea de supervisar el cementerio de la Vía Apia, donde serían enterrados los pontífices más importantes del siglo III. La costumbre de enterrar a los difuntos en ambientes subterráneos ya era conocida por los etruscos, los judíos y los romanos, pero con el cristianismo se crearon cementerios subterráneos mucho más complejos y extensos para albergar a toda la comunidad en una sola necrópolis.
Origen del término y carácter funerario
El término antiguo para designar estos monumentos es “coemeterium”, que deriva del griego y significa “dormitorio”, subrayando el hecho de que para los cristianos la sepultura no es más que un momento temporal, a la espera de la resurrección final. Por eso los primeros cristianos prefirieron este término en lugar del griego necropolis, “ciudad de los muertos”.
Contexto práctico y topográfico
En la antigua Roma estaba prohibido enterrar a los muertos dentro de los límites de la ciudad. Esta norma llevó a la creación de las catacumbas, una red de pasadizos subterráneos utilizados como cementerio. El emplazamiento lo dictaron los hábitos funerarios de la civilización romana, no la clandestinidad inicial del cristianismo: por eso, y no por otra cosa, se construyeron todas fuera de la ciudad.
Por lo general, las catacumbas están excavadas en toba o en otros terrenos fácilmente extraíbles pero sólidos, para poder crear una arquitectura negativa. Por eso se encuentran sobre todo donde hay suelos tobáceos, es decir, en el centro, el sur y las islas de Italia. Al estar excavadas en roca volcánica blanda, como la toba, la roca se endurecía al exponerse al aire, lo que las hacía perfectas para servir de cementerio.
Estructura y modalidades de sepultura
Las catacumbas consisten en escaleras que conducen a ambulatorios llamados galerías. En las paredes de las galerías están colocados los nichos funerarios llamados loculi, tallados en los muros y cerrados con losas de mármol o ladrillo. Los nichos representan el sistema sepulcral más humilde e igualitario para respetar el sentido comunitario que animaba a los primeros cristianos.
Los excavadores conocidos como fossori construyeron vastos sistemas de galerías y pasadizos dentro de las catacumbas, creando una red subterránea de varios niveles. Dentro del laberinto de catacumbas hay incluso hasta cinco niveles de tumbas conectadas por escaleras, y con el tiempo algunas alcanzaron hasta 12 niveles de profundidad. Las galerías descendían varios pisos y tenían un tamaño aproximado de 2,5 por 1 metro.
Los cadáveres se colocaban dentro de sarcófagos de piedra con sus ropas y envueltos en lino, y la cámara se sellaba con una losa en la que figuraban datos como el nombre, la edad y la fecha de la muerte. Algunas familias pudieron incluso construir habitaciones llamadas cubicula, que albergaban múltiples loculi y ofrecían espacios más amplios con función casi de capilla privada.
Arte, símbolos y vida religiosa
En las catacumbas se desarrolló desde finales del siglo II un arte extremadamente sencillo, en parte narrativo y en parte simbólico. Las pinturas, los mosaicos, los relieves de los sarcófagos y las artes menores evocan historias del Antiguo y del Nuevo Testamento, como Jonás rescatado del vientre de la ballena o milagros de curación y resurrección. El arte tenía la intención de presentar a los nuevos conversos ejemplos de la salvación.
El arte de las catacumbas es también simbólico: para significar a Cristo se representaba un pez (Ichthys), la paz del paraíso se representaba con una paloma, y para expresar la firmeza de la fe se dibujaba un ancla. Otros símbolos como copas, panes y ánforas aludían a las comidas funerarias llamadas refrigeria.
En las losas que cierran las sepulturas están grabados con frecuencia símbolos con distintos significados y, en algunos casos, objetos que recuerdan la profesión del difunto. Entre las imágenes más comunes figura la del Buen Pastor, que aunque toma un esquema de la cultura pagana adquiere un significado cristológico.

Mártires, culto y peregrinación
Las catacumbas contienen las tumbas de los mártires y cristianos que fueron enterrados en los túneles excavados bajo tierra. Los mártires asesinados durante las persecuciones de los emperadores Decio, Valeriano y Diocleciano fueron enterrados en las catacumbas, y pronto se desarrolló una forma de culto en torno a sus tumbas, con peregrinos que dejaban grafitis y oraciones en estos sepulcros excepcionales.
Algunas catacumbas, como las de Calixto, contienen espacios especialmente venerados: por ejemplo, las catacumbas de Calixto contienen la “Cripta de los Papas”, donde yacen varios papas. Cerca de las Catacumbas de San Calixto se halla la antigua Vía Apia, con otras catacumbas y atractivos como las catacumbas de San Sebastián, Domitila y el Parque Regional Appia Antica.
¿Refugio o cementerio?
Es necesario desmentir el lugar común de que las catacumbas fueron refugios para los cristianos perseguidos. Esta leyenda surge por el carácter laberíntico de las galerías, pero la realidad es que las catacumbas fueron cementerios: en las galerías encontramos nichos, arcosolios y cubicula que confieren a estos lugares un notable carácter funerario. Las catacumbas eran cementerios y nunca lugares tristes; los frescos están llenos de temas que hablan de esperanza y de vida más allá de la muerte.
Distribución geográfica y variedad
La mayor parte de las catacumbas se encuentran en Roma, alcanzando un número de unas sesenta, mientras que hay otras tantas en el Lacio y muchas más repartidas por Italia y el norte de África. En Italia, las catacumbas se desarrollan especialmente en el sur, donde la consistencia del suelo es más tenaz y, al mismo tiempo, más dúctil a la excavación. La catacumba más septentrional es la de la isla de Pianosa, mientras que los cementerios subterráneos más meridionales se encuentran en el norte de África y especialmente en Hadrumetum, en Túnez.
Redescubrimiento y estudio arqueológico
Tras un largo periodo de olvido, el redescubrimiento de las catacumbas se produjo en el siglo XVI gracias a las exploraciones de eruditos como Antonio Bosio, apodado “el Colón de las catacumbas”. Bosio recorrió y catalogó numerosas catacumbas y empleó textos antiguos como actas conciliares, itinerarios sacros y martirologios para localizarlas e identificarlas. Su obra póstuma Roma sotterranea (publicada en 1632) despertó gran interés en Europa y sirvió de base para investigaciones posteriores.
En el siglo XIX Giovanni Battista de Rossi actualizó los conocimientos con métodos modernos de crítica. En 1960, por ejemplo, Antonio Ferrua descubrió un nuevo complejo funerario en la vía Latina. En la actualidad el interés por la arqueología cristiana se mantiene, y la Comisión Pontificia de Arqueología Sacra continúa estudiando y preservando estos monumentos.
Catacumbas visitables y turismo
Hoy en día las catacumbas cristianas de Roma son una importante atracción turística, aunque solo algunas secciones están abiertas al público. Entre las catacumbas visitables más destacadas figuran las de San Calixto, San Sebastián, Santa Inés, Domitila y Priscila. Cada una tiene características propias que satisfacen los diferentes gustos de los visitantes.
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Catacumba de Priscila, Roma
Qué se puede encontrar en las catacumbas
- Sepulturas de cristianos y mártires en nichos, arcosolios y sarcófagos.
- Frescos, mosaicos y relieves con escenas bíblicas y símbolos cristianos (pez, paloma, ancla).
- Grafitis de peregrinos, inscripciones y epitafios que contienen testimonios directos de la fe y la vida cotidiana.
- Capillas subterráneas y criptofósforos donde se celebraban conmemoraciones y dies natalis.
Las catacumbas más bellas y conocidas
- San Calixto - incluye la Cripta de los Papas y está en la Vía Apia.
- San Sebastián - complejo en la tercera milla de la Vía Apia, con tradición apostólica y basílica constantiniana.
- Santa Inés - culto persistente y frescos relevantes.
- Domitila - explorada por Bosio en sus primeras inmersiones.
- Priscila - conserva la imagen más antigua conocida de la Virgen María en pintura.
Costumbres funerarias y memoria
Las catacumbas conservan objetos y testimonios que evocan la memoria de los difuntos: lámparas, monedas, joyas, juguetes de niños, nombres grabados en la cal y epitafios que expresan creencias sobre la resurrección y la vida eterna. Algunos epitafios reproducen declaraciones claras de fe: “La que creyó en Jesucristo, en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”, o bien testimonios de esperanza: “Aquí descanso, libre de toda ansiedad, lo que esperaba ha sucedido”.
Eventos y conservación actual
Las catacumbas han sido y son objeto de restauración y protección por parte de la Iglesia y de instituciones arqueológicas. En el siglo XIX el Papa Pío IX creó la Comisión de Arqueología Sagrada para preservar y estudiar los lugares del cristianismo primitivo. En contextos contemporáneos se organizan rutas de peregrinación y actividades culturales que ponen en valor este patrimonio. Por ejemplo, el Camino de los Mártires y eventos conmemorativos como el Día de las Catacumbas recuerdan figuras como Calixto y la importancia histórica de estos cementerios.
Importancia histórica y legado
Las catacumbas son testimonio de prácticas funerarias, solidaridades comunitarias y de la evolución del arte paleocristiano. Ofrecen ejemplos de símbolos religiosos tempranos, como el Ichthys (pez), y contienen algunas de las más antiguas representaciones de la Virgen y de escenas evangélicas. Su estudio ha iluminado la vida, la fe y las prácticas rituales de la Iglesia primitiva y sigue siendo fuente de investigación y peregrinación.
Tabla resumida: características principales
Tipo: cementerios subterráneos cristianos
Época de origen: finales siglo II - principios siglo III d.C.
Material de excavación: toba y otras rocas volcánicas blandas
Estructura: escaleras, galerías, loculi, arcosolios, cubicula
Arte: frescos, mosaicos, relieves, símbolos (pez, paloma, ancla)
Función: enterramiento, memoria de mártires, lugares de peregrinación
Catacumbas destacadas: San Calixto, San Sebastián, Santa Inés, Domitila, Priscila
Las catacumbas ofrecen un viaje al corazón de la Roma subterránea: galerías funerarias excavadas por los fossori, memoria de los mártires, arte paleocristiano y testimonios epigráficos que permiten comprender mejor la fe y la vida de las primeras comunidades cristianas.