Gian Lorenzo Bernini (1598-1680) es, sin duda, uno de los grandes artífices del Alto Barroco y su huella en Roma resulta imprescindible para comprender la ciudad. Era arquitecto, pintor y escultor, aunque en este texto nos centramos en su faceta escultórica, especialmente en las obras vinculadas a la Basílica de San Pedro y a los Museos Vaticanos. Roma te enseña a Bernini: para contemplar su talento hay que venir a Roma, es imposible entenderlo solo con leerlo o explicarlo.
Primeras obras y formación
Bernini contaba tan sólo 16 años cuando realizó esta obra en mármol. Se trata de la primera escultura documentada del artista (1614), que por aquel entonces seguía colaborando con su padre, el también escultor Pietro Bernini, en obras como el grupo de Flora y Príapo conservado actualmente en el Metropolitan Museum de Nueva York. Bernini se fue afianzando poco a poco en Roma. Comenzó su carrera entre cardenales y fue precisamente el cardenal Scipione Borghese quien, atónito por su talento, le encargó sus primeras esculturas: Eneas y Aquiles, Apolo y Dafne, el rapto de Proserpina y el David, todas ellas destinadas a la casa de Borghese.

Galería Borghese y primeras obras maestras
Pieza marmórea de 132 cm en la que vemos prácticamente definido, pese a tratarse de una creación primeriza (hacia 1616-1617), su peculiar estilo en el dinamismo de las formas, las texturas algodonosas, la vivacidad de los personajes y las diagonales fuertemente acentuadas. Grupo labrado en mármol entre los años 1618 y 1619, en el que el héroe lleva en hombros a su padre, que sostiene la estatua de Atenea. Constituye ya ese cúmulo de arrebatados acentos que será constante en su obra. Mide 220 cm de altura y se conserva, como muchas de sus obras, en la Galería Borghese de Roma.
Obra marmórea (1619-1624), de 170 cm de altura, en la que su atlético dinamismo, de plena trascendencia espiritual, simboliza la elevación del esfuerzo humano. Su plenitud expresiva es tal, que irradia de cada músculo, de cada matiz y de cada aliento del modelado. Galería Borghese de Roma. Estatua labrada entre los años 1621 y 1622 (295 cm de altura), perteneciente a su primer periodo artístico (1615-1624). De ella sobresale una iconografía mitológica y bíblica, en la que el ímpetu berninesco está ya presente.
Fuentes y esculturas urbanas
Bernini donde mejor se expresaba artísticamente era en las fuentes. Bernini embelleció la ciudad mediante la realización de fuentes como: la Fuente del Tritón y la Fuente de los Cuatro Ríos. La más célebre de las fuentes romanas de Gian Lorenzo Bernini, llevada a cabo en el año 1651. Situada en la famosa Piazza Navona, ante la fachada del templo de Sant'Agnese in Agone, fue labrada en travertino y mármol, y supone una verdadera conjunción de soluciones arquitectónicas y escultóricas. La fuente de los Cuatro Ríos (1648-1651) se localiza en el centro de la Plaza Navona; Bernini representa los principales ríos conocidos descansando sobre una estructura rocosa: el Ganges, el Nilo, el Danubio y el río de la Plata, y sobre ellos el obelisco de Domiciano coronado por una paloma.
Obras en mármol y grupos dramáticos
Una escultura a tamaño natural de Bernini conservada fuera de Italia. El impresionante grupo representa a Neptuno y a su hijo Tritón (mitad hombre, mitad pez), gobernando las aguas, y en origen coronaba una fuente, fluyendo el agua de la concha que Tritón lleva en su mano derecha. Fue realizado empleando mármol y cobre en torno a 1620-1623, años en los que Bernini produjo la famosa serie de esculturas mitológicas para el cardenal Scipione Borghese.
Obra realizada en el año 1623 que sirvió de modelo de inspiración a muchos escultores, no siempre afines a la estética del maestro, como en los casos de Duquesnoy y Algardi. Esculpida en mármol, entre los años 1622 y 1625, tiene una altura de 243 cm. Pequeña estatuilla de mármol (44 cm), labrada en mármol, que representa la leyenda de la cabra que amamantó con su leche al dios Zeus; completa el simulacro, realizado en el año 1625, la figura de un fauno.
Intervenciones vaticanas: Baldaquino, Cátedra y monumentos funerarios
Fue en 1624 cuando apareció Bernini por orden del papa Urbano VIII con el objetivo de conseguir el proyecto de la realización del baldaquino, que debía levantarse sobre el lugar donde, según la tradición, descansaban los restos de San Pedro. El espacio bajo la cúpula acoge el monumental Baldaquino de San Pedro, ideado también éste por Bernini y erigido entre 1624 y 1633. El baldaquino es obra más arquitectónica que escultórica, aunque hemos preferido incluirla en este apartado, entre otras razones, por la serie de esculturas, escudos, querubines y ángeles mancebos que, junto a otros elementos ornamentales, colaboran a la magnitud de esta impresionante máquina, realizada entre los años 1624 y 1633.
El grandioso monumento de mármol, estuco y bronce dorado que decora la zona absidal de la Basílica de San Pedro fue realizado por Bernini y sus colaboradores durante los años 1658-1666, bajo el pontificado de Alejandro VII. Su obra más espectacular y de mayores dimensiones, erigida en el ábside de la basílica vaticana, cuya ejecución le llevó diez años de su vida (1656-1666). El monumental conjunto, labrado en mármol, bronce y estuco dorado, tiene en su parte más alta un ventanal con el Espíritu Santo entre grandes rayos de sol plagados de angelitos y flanqueado por otras dos de ángeles mancebos.
La intervención para trasladar la venerabilísima reliquia de la cátedra de madera hacia el ábside dio lugar a la Cátedra de San Pedro, para la cual se conservan modelos preparatorios en creta mixta con paja en armazón de hierro y mimbre. Son obras de gran interés documentario y artístico, tanto por la alta calidad del modelado, que testimonia una intervención cierta de Bernini, como por el hecho de que de ellas se obtuvieron los moldes para la fusión. Los modelos para la Cátedra incluyen las cabezas de San Atanasio y San Juan Crisóstomo, así como figuras de ángeles.

San Longino y el Monumento funerar de Urbano VIII
Una vez en la Basílica, la visita permite encontrar la estatua de San Longino, el Baldaquino y la Cátedra de San Pedro, hasta el Monumento funerario de Urbano VIII. Este monumento funerario fue comenzado en 1628 y se demoró su conclusión hasta el año 1647. Se inspira en la tumba de Pablo III, obra de Guglielmo della Porta, aunque la realización de Bernini, en bronce y mármol, llega a un claroscurismo de inconmensurable esencialidad, dotando al conjunto de una expresión plástica de arrebatados acentos. La figura del pontífice, sentado sobre amplia base, aparece en actitud activa, con su brazo derecho extendido, pleno de glorificación y revestido de todos sus atributos. Ante él, la urna funeraria en la que se apoyan las alegorías de la Caridad y la Justicia.
Gian Lorenzo Bernini se acerca a los más exaltados sentimientos con esta célebre obra marmórea (1631-1638), cuya actitud efectista, abierta a la infinitud, sólo tiene parangón con la soberbia cúpula miguelangelesca. Basílica de San Pedro de El Vaticano.
Monumentos, alegorías y esculturas tardías
Alegoría en mármol, de 280 cm de altura, que representa a la Verdad, simbolizada en una mujer desnuda con un sol en su mano derecha, descubierta por el Tiempo, cuya representación finalmente no fue realizada. Bernini la ejecutó entre los años 1645 y 1652. Ambos santos, representados penitentes, fueron realizados por Bernini entre los años 1661 y 1663 para la Capilla Chigi en la Catedral de Siena. Labrados en mármol, con una altura de 180 cm, introducen la novedad de una mayor estilización que el artista mantendrá hasta el final de sus días.
Este singular monumento, diseñado por Bernini, fue ejecutado por su discípulo Ercole Ferrata en el año 1667 siguiendo escrupulosamente las líneas dictadas por el maestro. Representa a un elefante que lleva sobre su espalda un obelisco y simboliza el poder papal. Esta obra recuerda la capacidad de Bernini para diseñar símbolos y emblemas urbanos que aunaban arquitectura, escultura y mensaje institucional.
Escenas dramáticas: Santa Teresa y otros grupos
La obra más célebre de Bernini, verdadero manifiesto del Alto Barroco, preside la Capilla Cornaro de la Iglesia de Santa Maria della Vittoria, en Roma, donde el artista utiliza todos los recursos de su quehacer como escenógrafo, consiguiendo un espacio donde la luz y los efectos de perspectiva dan lugar a resultados de fantásticos destellos. Fue realizada entre los años 1647 y 1651. La figura de la Santa Teresa presenta una impresionante mirada del santo (en su caso, la santa) que es una mezcla de agonía y éxtasis, ya que el autor buscaba reflejar el punto de inflexión que toma su éxtasis místico.
Con este grupo, labrado en mármol entre 1655 y 1661, ofrece todo un ejercicio de lo que supone el movimiento del cuerpo humano en un contrapunto pleno de dinamismo entre la figura del profeta, sedente, con el cuerpo casi en el aire, flexionado el tronco hacia atrás y con la pierna izquierda levantada, mientras que el ángel, paralelo a él, se ofrece de perfil en atrevidísimo escorzo. Colosal obra marmórea, labrada entre los años 1655 y 1670, que representa la visión que sufrió el emperador romano Constantino la víspera de la batalla contra Magencio, y que conllevó su conversión al cristianismo y la aparición del Estado Vaticano.

Museos Vaticanos: modelos, preparatorios y la conservación de Bernini
No muy lejos de la Basílica, a lo largo de las murallas, se llega a la entrada de los Museos Vaticanos que albergan obras de arte de valor incomparable. En la Sala XI de la Pinacoteca se exponen los modelos preparatorios en creta mixta con paja en armazón de hierro y mimbre para las figuras de bronce de la Cátedra de San Pedro. Son obras de gran interés documentario y artístico, tanto por la alta calidad del modelado, que testimonia una intervención cierta de Bernini, como por el hecho que de ellas se obtuvieron los moldes para la fusión. En la Sala XIII y en otras dependencias se conservan bocetos y apuntes que ilustran el proceso creativo del artista.
Itinerario temático: Bernini y los Barberini en la Basílica
Con motivo de la exposición Bernini y los Barberini, las Gallerie Nazionali di Arte Antica y la Fabbrica di San Pietro en el Vaticano promueven un calendario de visitas guiadas ideadas especialmente para la ocasión. La iniciativa se enmarca en las celebraciones del IV Centenario de la Dedicación de la Basílica de San Pedro (18 de noviembre de 1626), promovida durante el pontificado del papa Urbano VIII, nacido Maffeo Barberini. El itinerario temático se desarrolla en el interior de la Basílica, poniendo de relieve no solo su valor histórico-artístico, sino también el complejo significado simbólico y espiritual de las intervenciones realizadas por Gian Lorenzo Bernini durante el pontificado barberiniano.
El recorrido representa una oportunidad significativa para profundizar en una etapa artística que transformó de manera decisiva el rostro de Roma, a través de la obra de uno de sus máximos protagonistas, y para comprender el vínculo entre el mecenazgo pontificio, el arte y la espiritualidad en la época barroca. Una vez en el Área de Acogida de la Basílica, los visitantes serán acompañados por el guía hacia la entrada principal, desde donde el recorrido se desarrollará a lo largo de la nave derecha, donde se encuentra el Monumento a Matilde de Canossa, y al exterior de la Capilla del Santísimo Sacramento, para la cual el artista realizó el Sagrario.
Recomendaciones prácticas para la visita
- El acceso es posible a través de Via di Porta Angelica (lado derecho de la columnata, mirando hacia la Basílica de San Pedro), superando los controles de seguridad de la Policía Estatal italiana.
- Se recomienda presentarse en el control de acceso al menos 45 minutos antes de la hora prevista para la visita, a fin de permitir que los controles se realicen a tiempo.
- Los visitantes deberán llevar consigo, además de la entrada de la exposición, la confirmación de la reserva de la visita guiada y un documento de identidad válido, que podrá ser solicitado durante los controles por las Autoridades Vaticanas.
- Por motivos de seguridad, está prohibido introducir objetos voluminosos (maletas, mochilas grandes, bolsas voluminosas, trípodes, etc.).
Legado, rivalidades y últimos años
Bernini no sólo destacaba por sus obras en sí, sino también por el esmero y la satisfacción que le daba trabajar y realizar sus creaciones. Además de lo anterior, conseguía sacarle mucho beneficio económico sin importarle para quién estaba trabajando que en este caso era para los más poderosos, los papas. Bernini y Borromini coincidieron en Roma y mantuvieron una conocida rivalidad artística y de carácter. Borromini, introvertido y melancólico, y Bernini, extrovertido y don de gentes, representaron dos maneras distintas de entender el barroco.
Una de las últimas esculturas documentadas de Gian Lorenzo Bernini (1671-1674) presenta notables semejanzas con el también marmóreo Éxtasis de Santa Teresa de Jesús. Al igual que la obra anterior, este monumento funerario, labrado en mármol y bronce dorado, es uno de los últimos trabajos de Bernini (1671-1678). Si queremos visitar la tumba de Bernini, tenemos que ir a la Basilica di Santa María la Mayor. La tumba de Bernini se encuentra a la derecha del altar de esta basílica.
El significado espiritual y simbólico de su obra
Algunos de los rasgos arquitectónicos de Gian Lorenzo Bernini van a darse en su obra escultórica, aunque sublimados, con una mayor turbulencia, e incluso podríamos decir declamatoriamente, de acuerdo con los propósitos reconquistadores de la Contrarreforma. Todo esto contribuye a la GRANDEZA DE ROMA como capital espiritual de la cristiandad. El recorrido por las esculturas de Bernini en la Basílica de San Pedro y en los Museos Vaticanos permite apreciar cómo el arte se puso al servicio de la liturgia y de la propaganda religiosa, buscando conmover y orientar la devoción de los fieles.
