Con alegría este verano, desde nuestros distintos destinos, hemos seguido el Jubileo de los Jóvenes. El encuentro del Papa León XIV con cerca de un millón de jóvenes tuvo lugar en Tor Vergata, Roma del 28 de julio al 3 de agosto. Los jóvenes y no tan jóvenes que pudieron participar volvieron entusiasmados de estas jornadas que sin duda revitalizan la fe de cualquiera.
La llamada a la comunidad y la amistad
“Dios nos reúne para formar comunidad”El Papa afirmó que Cristo nos llama a vivir en comunidad, no simplemente juntos, sino como creyentes que se apoyan mutuamente y son testigos de justicia, paz y esperanza. “La amistad puede cambiar verdaderamente el mundo”Citando a san Agustín, enfatizó que sólo en Cristo puede existir una amistad auténtica, sincera y duradera. Animó a los jóvenes a amarse unos a otros en Cristo, viendo en los demás a Jesús. También Don Bosco hace doscientos años explicaba a sus chicos del oratorio el valor de la buena amistad.

Semillas de esperanza y valentía en la elección
“Unidos a Jesús serán semillas de esperanza”Basado en el documento Spes non confundit (“la esperanza no defrauda”), el Papa les invitó a ser sal, luz y semillas de esperanza. “La valentía de elegir surge del amor que Dios nos manifiesta en Cristo”Reflexionó sobre la importancia de elegir con valentía y libertad, recordando que nuestra vida es don y que es el amor de Dios quien nos capacita para tomar decisiones valientes y auténticas.
Mirar a lo alto y vivir la fe como testimonio
“Alzar los ojos, mirar a lo alto, a las cosas celestiales”Durante la homilía, advirtió contra la cultura del consumo y el acaparamiento; en cambio, llamó a mirar hacia las cosas celestiales, cultivando compasión, humildad y paz como Cristo. Así mismo Don Bosco animaba los ojos al cielo. Dios acudirá a vuestra humilde oración”.
“Nuestra vida no es algo superficial”Ante la muerte inesperada de dos jóvenes peregrinas, habló sobre la fragilidad de la vida humana y la importancia de nuestra fe como parte fundamental de nuestra identidad, especialmente en medio del dolor y la pérdida. “Reflexionar sobre la autenticidad de nuestro testimonio”En el encuentro con los influencers católicos, subrayó la necesidad de un testimonio auténtico en los medios digitales, escuchando, comunicando desde el corazón de la fe y dando voz al amor en el lenguaje de hoy.
Compartir la experiencia del Jubileo
“Tenemos que aprender a compartir”Por último el Papa animó a los jóvenes a no guardar sólo para sí las experiencias del Jubileo, sino a compartirlas generosamente en sus comunidades, siendo rostros visibles del amor y la entrega de Cristo como estamos haciendo con este artículo. Refrescando las ideas que tanto León XIV como Don Bosco nos regalan para este inicio de septiembre.
La Palabra me dice: el Papa, Pedro y la misión
Los últimos acontecimientos que hemos vivido en la Iglesia Católica (la muerte del Papa Francisco y la elección del Papa León XIV) nos han situado en el conocimiento de la figura del Sumo Pontífice, de su misión específica como Obispo de Roma y su vocación de ser nuestro pastor universal. Lo sorprendente de todo este asunto es que el servicio del Papa ha nacido en la elección que Jesús de con Simón, un pescador, animador del grupo de los seguidores de Jesús de Nazaret que será elegido como la piedra, Pedro, para fundamentar la propuesta del Resucitado en el mundo entero.
La visibilidad de esta piedra, de Pedro, es lo que también valoramos a cada momento. Es la piedra, es la roca firme que hoy se llama León XIV (también Robert Francis Prevost ha cambiado su nombre). Este dato viene de la Palabra que hemos escuchado hoy. Es Jesús quien cambia el nombre. Le da el nombre de Pedro, pero en realidad, le da el encargo, la misión, le pide un servicio específico, único, plasmado en la entrega simbólica de unas llaves.
Con corazón salesiano: devoción filial al Papa
Manifestamos, de esta manera, nuestro cariño y adhesión al Papa, como lo hemos heredado de nuestro padre Don Bosco.Con corazón salesianoEl Papa Beato Pío IX fue el pastor que sostuvo la propuesta educativa de Don Bosco. Fue llamado “el amigo de Don Bosco” y a nosotros nos hace pensar en todos los Papas que han vivido y viven en el tiempo de nuestra Familia Salesiana.
Para nosotros es una devoción, es decir, un motivo consciente de unión espiritual y de compromiso personal con la presencia del Santo Padre, que traducimos familiarmente como amor filial. Leemos sus escritos, asistimos a sus celebraciones, viajes y actividades, ya sea presencialmente como en forma virtual. Sabemos quién es, creemos y practicamos sus mensajes, rezamos por él.
La enseñanza de la pequeñez
En una ocasión se acercaron a Jesús los discípulos y le dijeron: «¿Quién es, pues, el mayor en el Reino de los Cielos?». Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos. Hoy celebramos la memoria de san Juan Bosco (1815-1888), presbítero y fundador de la Sociedad de San Francisco de Sales (Salesianos de Don Bosco). Las palabras de Jesús nos abren la puerta a una antigua y, a la vez, nueva visión de lo que es ser «mayor en el Reino de los Cielos» (Mt 18,1); visión que nosotros, hoy, debemos recuperar desde el Evangelio, y convertirnos.
«Si no cambiáis y os hacéis como niños», es decir, si no nos convertimos de la visión de este mundo de supremacía del poder, de imposición violenta, de abuso de autoridad, «no entraréis en el Reino de los Cielos» (Mt 18,3). San Juan Bosco a los nueve años recibe en un sueño su vocación. Allí, Juanito encontrándose en medio de una violenta gresca infantil, recibe la llamada de Jesús por su nombre y le dice: «Juan, no con golpes, sino con bondad y mansedumbre lograrás ganarte a estos...». «Don Bosco supo hacer sentir el abrazo de Dios a todos los jóvenes que encontró.
Don Bosco: hombre de acción y de oración
En él se ha visto un promotor social, un educador entregado, un catequista, un apologista, un escritor fecundísimo, un defendor del papa y de la Iglesia, un soñador, un taumaturgo. Armonizó trabajo y oración, llegando a una unificación perfecta de acción-contemplación. Por eso podemos decir que fue contemplativo en la acción.
Profundamente humano, profundamente hombre de DiosAlguien ha dicho que Don Bosco es uno de los santos más completos de la historia cristiana. En él se unen admirable y armónicamente los dones de naturaleza y de gracia, de manera que lo humano no queda anulado, sino impregnado de los divino. La impresión que produce es la de un hombre abierto, capaz de inspirar estima, confianza y afecto, capaz de amar. Es un hombre simpático y atrayente, alegre y optimista, activo y dinámico, trabajador y austero, enérgico y tenaz, manso y sencillo, prudente y audaz. Pero, sobre todo, sabe leer la historia en que está inmerso con una mirada de fe. Es un hombre de Dios.
Hoy es una convicción arraigada que Don Bosco oraba mucho. A veces, casi furtivamente, por su pretensión de no hacerse notar. Oraba solo, en su habitación, y oraba con los jóvenes. Oraba antes de predicar y de confesar, antes de afrontar situaciones delicadas. Oraba especialmente en las dificultades y en las pruebas durísimas que le acompañaron a lo largo de toda la vida. Vivía en una constante unión con Dios.
Confianza en la Providencia y devoción mariana
Este estar inmerso en Dios le lleva a una confianza sin límites, a un profundo y sencillo abandono en Dios. Solía decir a sus primeros colaboradores: «Cuando nos encontremos cansados, agobiados por las tribulaciones, alcemos los ojos al cielo». Es su manera de pensar y de actuar. La actitud de fe que le abre a los males del mundo para prevenirlos y curarlos, estimula también el dinamismo de una esperanza que lo impulsa a la acción.
Toda la vida de Don Bosco gira en torno a Dios; pero gira también en torno a María. Está siempre presente en su vida. Desde muy niño le enseña su madre a invocarla, a saludarla tres veces al día en el «ángelus», a rezar cada tarde el rosario; y él asimila con naturalidad esta devoción sencilla. Ella se convierte en la madre que está siempre a su lado, mientras trabaja, estudia o duerme. Aparece en el «sueño» de los nueve años dispuesta a guiarle en la misión que Dios le confía. Y Don Bosco, a lo largo de su vida, mantiene muy viva la certeza de ser conducido y guiado por la mano de la Virgen. Ella, dirá, «es la fundadora y será la sostenedora de nuestra obra».

Obras y legado
De la mano de María Auxiliadora, levanta iglesias, construye casas, colegios, oratorios para los muchachos de la calle. De su mano funda la Congregación Salesiana, el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, la Asociación de los Cooperadores Salesianos. La Virgen le acompaña siempre; ella traza el programa de su vida y le ayuda a realizarlo. Por eso, al final, no puede menos de confesar: «No he dado nunca un paso que no haya sido trazado por la Virgen».
A un año escaso de su muerte, Don Bosco celebra un día la misa en la basílica del Sagrado Corazón de Roma, que él ha construido a petición de León XIII. En esos momentos siente que los recuerdos se agolpan en la cabeza. Toda su vida y su obra están presentes. En medio de la celebración prorrumpe en un llanto copioso y exclama: «Ahora lo comprendo todo». Comprende, en efecto, que su vida ha sido como un gran sueño, un sueño hermoso y fecundísimo, continuación de aquel que tuvo a los nueve años, un sueño lleno de realidades, en el que ella, la Auxiliadora, lo ha llevado de su mano, lo ha conducido paso a paso. Comprende que es ella la que lo escogió, preparó y ayudó; que es ella la que lo ha hecho todo.
Don Bosco y la Sagrada Escritura
Es un hecho que, en la época de Don Bosco, en el Piamonte, en la catequesis parroquial y escolar, la lectura personal del texto bíblico aún no se practicaba lo suficiente no era aun suficientemente practicada. Todo esto no quiere decir que Don Bosco no leyera y meditara personalmente la Biblia. Ya en el seminario de Chieri tuvo a su disposición la Biblia de Martini, así como conocidos comentarios como los de Calmet.
En el verano de 1836, Don Cafasso, que había sido requerido, le propuso enseñar griego a los internos del Colegio del Carmine de Turín, que habían sido evacuados a Montaldo por la amenaza del cólera. Con la ayuda de un padre jesuita con profundos conocimientos de griego, el clérigo Bosco hizo grandes progresos. En sólo cuatro meses el erudito jesuita le hizo traducir casi todo el Nuevo Testamento, y luego, durante cuatro años más, cada semana revisaba alguna composición o versión griega que el clérigo Bosco le enviaba y él revisaba puntualmente con las observaciones oportunas.
Un día, aun siendo estudiante de teología, quiso visitar a su antiguo maestro y amigo Don Giuseppe Lacqua que vivía en Ponzano. Siendo un joven sacerdote, hablaba conversando con su párroco, el teólogo Cinzano, sobre la mortificación cristiana. Don Bosco le citó entonces las palabras del Evangelio: Si quis vult post me venire, abneget semetipsum, et tollat crucem suam quotidie et sequatur me. Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. Esta palabra no se encuentra en tres evangelistas, pero sí en el evangelio de San Lucas. El buen párroco, experto en disciplinas eclesiásticas, no había reparado en el versículo de San Lucas, mientras que Don Bosco sí le había prestado atención.
En la apertura del curso todos los clérigos sostenían el volumen de la Biblia Vulgata latina y la abrían en las primeras líneas del Evangelio de San Mateo. Pero Don Bosco, después de haber recitado la oración, comenzaba a decir en latín el versículo 18 del capítulo 16 de Mateo: “Et ego dico tibi quia tu es Petrus, et super hanc petram aedificabo ecclesiam meam, et portae inferi non praevalebunt adversus eam”. Y yo te digo: Tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
Oración, testimonio y vida transformada
No hay duda de que Jesucristo es el gran signo de la cercanía y presencia de Dios y su misericordia en nuestra historia. Es Jesús quien revela plenamente el rostro del Padre. Hoy como ayer, todavía muchas veces seguimos pidiendo a Dios, signos, milagros, manifestaciones extraordinarias, sin descubrir lo extraordinario de su gracia y amor que se nos ofrece en nuestro camino de fe. Nos cuesta descubrir y creer que en Jesucristo se nos revela y ofrece la verdadera sabiduría de Dios.
Frente a esta Palabra, me viene el recuerdo del salesiano Padre Emilio Barasich. Un buen salesiano de una gran humildad. Recorría la parroquia en bicicleta, en todas las estaciones del año; vistiendo un guardapolvo azul. Es así que muchas veces lo confundían con un maestro de taller. En una oportunidad en el territorio de su parroquia se inauguraba un jardín de infantes. Para lo cual invitaron al cura párroco para la Bendición del mismo. El Padre Emilio muy responsable en sus obligaciones, llegó con tiempo al lugar, después de asegurar su bicicleta entro al lugar y se sentó, mientras iban ultimando los detalles para el acto. Se hizo la hora, y todos esperaban, con cierta inquietud. Después de paso unos minutos, el Padre Emilio pregunto si faltaba alguien si esperaban que llegara algún invitado. Le respondieron, estamos esperando al cura párroco, a lo cual con un sonrisa el Padre se presentó como tal. Un lindo testimonio de ser signos del Amor de Dios, en medio de los destinarios de la misión que se nos confía.
A la Palabra, le digoSeñor, no quiero que mi fe se quede solo en palabras,quiero que mi vida sea una ventana por donde otros puedan verte.Ayúdame a ser un signo vivo de tu amor en medio del mundo.En mis palabras: Que de mi boca salgan mensajes que construyan, que den ánimo y que sanen, evitando la crítica o el juicio que aleja a los demás de ti.En mis gestos: Dame manos dispuestas a ayudar sin que me lo pidan, y una mirada que sepa descubrir la dignidad y la belleza en cada persona que cruce mi camino.En mis silencios: Que mi paz en los momentos difíciles sea un testimonio de que Tú estás conmigo, dándome la fortaleza que yo solo no tengo.En mi alegría: Que los demás se pregunten por qué sonrío y descubran que mi fuente de felicidad no está en las cosas, sino en saberme amado por Ti.Padre, haz que quien me encuentre hoy, se encuentre con un poquito de tu ternura. Que no sea yo quien brille, sino tu amor a través de mí.