Muchos católicos, probablemente de buena fe, tienen una idea sincretista del ecumenismo, algo que no es recto, pues en el sincretismo hay un claro y grave menoscabo para la religión verdadera. De manera sutil se sitúa al mismo nivel a la Iglesia Católica y a las falsas creencias, un grandísimo agravio para la verdadera Iglesia de Cristo. En la práctica es bajar penosamente el listón, claudicar miserablemente ante la mentira, convivir con la falsedad, callar cobardemente aquellos puntos de la doctrina verdadera que puedan escandalizar a los que están en el error.
El ecumenismo es un tema central para la Iglesia Católica, y S.S. Pío XI en su encíclica Mortalium Animos nos da pautas claras para practicar el verdadero y recto ecumenismo, condenando con rotundidad como una peste el falso ecumenismo. El ecumenismo recto busca y desea la unión de todos los cristianos bajo la única Iglesia de Cristo, la Iglesia católica. Este ecumenismo es un deber e incluso una obligación para todos los fieles.
La Enseñanza de Pío XI sobre el Ecumenismo Verdadero y Falso
En primer lugar, se reconoce que la fraternidad entre todos los hombres es algo deseable, algo a lo que debemos aspirar. Sin embargo, no todo vale. El Pontífice deja absolutamente prohibida la organización o participación en congresos, reuniones o conferencias de aquellos que rechazan la verdadera religión. Reitera que sólo hay una religión verdadera: la Católica, y que fuera de ella no hay salvación, sólo una Iglesia con una única cabeza, un mismo gobierno, magisterio, sacramentos, tradición y dogmas.
Sobre la pretendida unión de iglesias cristianas, Pío XI explica que, por un ejercicio de pura lógica, cualquiera podría pensar que esa unión no existe, pero esto es falso. Esa unidad ya está realizada y se da en la Iglesia Católica. Negar esto es relativizar a la Iglesia Católica. Los movimientos ecuménicos que pretenden establecer un mínimo común de doctrina, desechando todo lo en lo que discrepen, relativizan gravemente la fe auténtica.
Peligros del Falso Ecumenismo
El Papa advierte sobre el peligro de caer en el indiferentismo religioso y el modernismo, que pueden llevar a arruinar la integridad de la fe católica. Reitera que no es posible adulterar ni cambiar nada en pos de aquellos que se separaron. Hace un llamado a que vuelvan los hijos disidentes a la Sede Apostólica en Roma, no con la esperanza de que la Iglesia abdique de su fe, sino para someterse a su magisterio y gobierno.

Perspectivas Personales sobre el Ecumenismo
Hay quienes, aunque no sean teólogos, valoran el diálogo con otras confesiones cristianas. No ven el ecumenismo como el simple rebajar la verdad ni como indiferencia, sino como la oportunidad de tender puentes y mantener conversaciones que puedan atraer a otros hacia la verdad revelada en la Iglesia Católica. Se reconoce que el ecumenismo no consiste en buscar un punto medio entre la verdad y el error, sino en facilitar el paso de quienes desean incorporarse a la verdadera Iglesia.
Como ejemplo emotivo, se cita la visita del jefe de la Iglesia de Inglaterra a Roma, que representa un símbolo poderoso de la unidad anhelada: un asiento vacío junto al altar verdadero con la inscripción «Ut omnes unum sint» (“Que todos sean uno”), que es un mensaje de invitación, diálogo y esperanza para todos los cristianos.
El Marco del Concilio Vaticano II sobre el Ecumenismo
Una de las principales finalidades del Concilio Ecuménico Vaticano II es restablecer la unidad entre todos los cristianos. Cristo inició la Iglesia como una y única, pero la historia ha producido múltiples comunidades divididas y enfrentadas. Esta división es contraria a la voluntad del Señor, es un escándalo para el mundo y dificulta la evangelización.
El Concilio define el ecumenismo como los esfuerzos inspirados por el Espíritu Santo mediante oración, diálogo y acción para alcanzar la unidad plena que quiere Nuestro Señor Jesucristo. El ecumenismo evita caer en falso irenismo (un falso pacifismo religioso) o en proselitismo desleal. Se exhorta a todos los fieles católicos a participar activamente en esta tarea.
El movimiento ecuménico comenzó en el Congreso de Misiones de Edimburgo en 1910 y la Iglesia Católica se ha adherido a él a partir del Vaticano II, integrándose a un movimiento ya existente. Se trata de un deber de fidelidad a la voluntad de Cristo expresada en su oración por la unidad (Juan 17, 21).
No se trata de procurar el regreso forzado de las otras iglesias a la Iglesia católico-romana, sino de reencontrarse todos unidos en Cristo y su Evangelio, en una auténtica comunión a pesar de ritos y tradiciones diversas. El punto de partida es que ya existe una unidad en lo esencial, “es más lo que nos une que lo que nos separa”.

Ejemplos de Ecumenismo Local
En muchas diócesis católicas se han establecido Secretariados o Delegaciones de Ecumenismo desde el Concilio. Por ejemplo, en Girona, ya en tiempo del obispo Jubany, existía un Grupo Ecuménico que se reunía periódicamente, celebraba el Octavario por la unión de las Iglesias y el Día de Oriente Cristiano. Se mantenían relaciones con el Centro Ecuménico de Barcelona, invitando a pastores de otras confesiones para fomentar el diálogo y la cooperación.
Diferenciación entre Verdadero y Falso Ecumenismo
- Verdadero Ecumenismo: Nace del deseo de Cristo: “Que todos sean uno” (Juan 17,21). Es una unidad en la verdad y en la fe, fundada en la adhesión a Cristo y la plenitud de la verdad que Él confió a su Iglesia.
- Apoyo del Concilio Vaticano II: El Decreto Unitatis Redintegratio enseña que la reconciliación en la unidad de la única Iglesia de Cristo supera las fuerzas humanas y se apoya totalmente en la oración y la acción del Espíritu Santo.
- Implicancias del verdadero ecumenismo:
- Fidelidad a la verdad revelada: no se deben sacrificar ni silenciar aspectos esenciales de la fe.
- Conversión interior sincera: “No hay verdadero ecumenismo sin conversión interior” (UR 7).
- Oración y caridad mutua: la unidad se implora, se busca y se ora juntos.
- Diálogo doctrinal auténtico: no sólo afectivo, sino búsqueda clara de las verdades que separan.
- Búsqueda de plena comunión visible en la fe, sacramentos y gobierno apostólico.
- Apoyo papal reciente: El Papa Benedicto XVI enfatizó que la unidad es don del Espíritu, no fruto de compromisos humanos. La caridad sin verdad es falsa caridad. El Papa Francisco reafirma que el verdadero ecumenismo es vivir la caridad en la verdad.
Características del Falso Ecumenismo
- Relativiza la verdad de la fe.
- Coloca a todas las confesiones en un mismo nivel como si todas fueran igualmente verdaderas.
- Confunde respeto con indiferentismo religioso.
- Participa en actos religiosos conjuntos sin clara referencia a Cristo.
- Promueve una unidad sentimental sin conversión ni fidelidad doctrinal.
- Silencia el contenido católico para evitar incomodar o dividir.
- Restringe el ecumenismo a una fraternidad superficial sin avanzar hacia la unidad verdadera en la fe.
Verdadero y falso ecumenismo - P. Raúl Sánchez
En síntesis, el verdadero ecumenismo busca la unidad querida por Cristo, en la verdad y comunión plena con la Iglesia. Se fundamenta en oración, conversión y diálogo sincero. En cambio, el falso ecumenismo propone una unidad aparente basada en indiferencia doctrinal o silencio ante las verdades que distinguen la fe católica.