Queridos amigos lectores, hoy día tres de enero la Iglesia celebra la imposición del Nombre de Jesús, es una celebración de la que nuestra Orden de Predicadores, junto con otras, como nuestros hermanos Franciscanos, siempre han sido fieles custodios. El Dulce Nombre de Jesús no es solo una devoción del pasado, sino una fuente viva de consuelo y fortaleza espiritual para los fieles de hoy.
Raíces históricas y litúrgicas
La devoción al Santísimo Nombre de Jesús tiene raíces profundas en la tradición cristiana, remontándose a los primeros siglos del cristianismo. Desde sus inicios, los cristianos no solo veneraban el Nombre de Jesús con amor y respeto, sino que estaban dispuestos a confesar públicamente su fe y, en muchos casos, a sufrir el martirio por ella.
En la Iglesia oriental, esta devoción se vinculó íntimamente con la espiritualidad hesicástica, caracterizada por la contemplación profunda y el silencio interior. En el ámbito litúrgico, la devoción al Nombre de Jesús comenzó a ser formalizada en el siglo XIV. Los franciscanos introdujeron formularios litúrgicos específicos en 1530, mientras que los dominicos hicieron lo propio hacia finales del siglo XVII.
San Bernardino de Siena y sus discípulos fueron los grandes apóstoles que propagaron este culto a lo largo y ancho de Italia y de Europa. En 1530, Clemente VII concedió a la Orden Franciscana la celebración del Oficio del Santísimo Nombre de Jesús. Inocencio XIII, en el s. XVIII, hizo extensiva la fiesta a la Iglesia universal.
Intervenciones pontificias y difusión
Con una bula del 20 de septiembre del año 1274, encargó oficialmente a los frailes Predicadores la promoción de la alabanza y veneración del santísimo nombre de Jesús. A pesar de grandes devotos individuales no parece que la Orden en general hiciera mucho caso al Papa. No obstante, cuatro siglos más tarde, el papa Pío IV, +1665, tuvo que encargar de nuevo oficialmente a los dominicos la promoción del culto al santo nombre de Jesús.
Entre estas concesiones destacan las otorgadas por san Pío V a través de la bula Decet Romanum Pontificem, de 21 de junio de 1571, que confirmó y amplió las gracias espirituales vinculadas a la invocación reverente del Nombre de Jesús, a la corrección pública de la blasfemia y a la pertenencia activa a las cofradías erigidas bajo esta advocación.
A comienzos del siglo XVII, el papa Pablo V reforzó este patrimonio espiritual mediante la bula Cum certas unicuique confraternitatis, de 31 de octubre de 1606, concediendo indulgencia plenaria a los cofrades en tres momentos especialmente significativos: el día de su inscripción, el día de su muerte y el primer día del año, asistiendo al Oficio Divino propio de la Cofradía.
Las cofradías y la organización de la devoción
Como fruto de esta espiritualidad, surgieron las cofradías o confraternidades del Santísimo Nombre de Jesús. La primera fue fundada en Lisboa en 1432 y se extendió rápidamente por Europa y el mundo gracias a la predicación dominicana. La primera cofradía del Santísimo Nombre de Jesús es creación de los frailes dominicos. Se considera como primera la que fray Andrés Díaz fundó en Portugal el año 1423.
El culto al Nombre de Jesús constituye uno de los pilares fundacionales de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, tal como acredita la documentación más antigua conservada. El eje principal de su espiritualidad y de su vida corporativa quedó recogida en la Regla, aprobada en 1611, que articula esta devoción como eje de la vida cofrade.
| Acontecimiento | Fecha / Datos |
| Primera cofradía conocida | Lisboa, 1432 (fray Andrés Díaz, 1423 según algunas fuentes) |
| Bula encargando a dominicos | Gregorio X, 20 de septiembre de 1274 |
| Concesiones importantes | Pío V (1571), Pablo V (1606), confirmación en 1613 |
| Regla de la Cofradía | Aprobada en 1611 |
Expresiones litúrgicas y devocionales
Himnos como el Jesu, dulcis memoria y las Letanías del Santísimo Nombre de Jesús siguen siendo oraciones recomendadas, especialmente durante el mes de enero. Terminado el rezo del santo rosario antes de la Eucaristía, son rezadas estas letanías específicas de esta Festividad.
LETANIAS AL DULCE NOMBRE DE JESÚS: -Señor, ten piedad -Cristo, ten piedad -Señor, piedad -Cristo, óyenos -Cristo, escúchanos -Dios, Padre celestial, ten misericordia de nosotros -Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros -Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros - Trinidad Santa, un solo Dios, ten misericordia de nosotros -Jesús, Hijo de Dios vivo, ten misericordia de nosotros ... Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros Jesús.
ORACIÓN: Dios Padre Misericordioso te pedimos que quienes veneramos el Santísimo Nombre de Jesús podamos disfrutar en esta vida de la dulzura de su gracia y de su gozo eterno en el Cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.

El poder espiritual del Nombre: reflexiones teológicas y pastorales
Ninguna Orden religiosa se puede adjudicar la devoción al nombre de Jesús. Desde que San Pedro le dijo al tullido: No tengo oro ni plata pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesús, el Nazareno, echa a andar (Hch,3, 6), desde ese momento, la pronunciación del nombre de Jesús no es una devoción, es un kerigma. Tiene un poder especial, que las devociones más bien rebajan.
Jesús dijo: Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre os lo concederé para que el Padre sea glorificado en el Hijo (Juan 14, 13). Estamos, pues, a nivel de kerigma, es decir, de anuncio básico en el que se basa el Cristianismo. A mí el kerigma que más me llega sobre el nombre de Jesús es el de Pablo en la carta a los Filipenses 2, 9-11: Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que está sobre todo nombre, para que al oír el nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesús es Señor, para gloria de Dios Padre.
La palabra identitaria y base de un gran movimiento actual como es la Renovación carismática es: El Señor, es el Señor, que toda rodilla se doble y confiese que Jesús es el Señor. No hay otra palabra que produzca más Espíritu Santo, que más unción derrame sobre cualquiera que la oiga con oídos de sencillez. Ninguna otra frase nos produce más contacto con el Espíritu Santo que decir: Jesús es el Señor y yo me arrodillo ante él.
Efectos espirituales atribuidos al Nombre
Santo Tomás hace un análisis del poder del nombre de Jesús. En primer lugar dice que otorga el perdón de los pecados. Os escribo a vosotros hijos porque se os han perdonado los pecados por su nombre (1 Jn 2, 12). En segundo lugar da la gracia de la salud. Tu nombre, un ungüento que se vierte (Ct 1,3). En tercer lugar da la victoria a los que son tentados. El nombre del Señor es torre fuerte (Pr 18,10). Echarán demonios en mi nombre (Mc 16, 17).
En cuarto lugar nos da fuerza y confianza para pedir la salvación. Se dice: Si pedís algo al Padre en mi nombre os lo dará (Jn 16, 23). Jesús es salvador y no sólo lo es cuando nos concede lo que pedimos sino también cuando no lo hace: pues también nos salva cuando nos niega lo que él ve que pedimos contrario a nuestra salvación.
Devoción viva: experiencias personales y aplicación pastoral
Mi maestro de novicios, que era un gran devoto, nos hablaba con frecuencia de la devoción al dulce nombre de Jesús, sobre todo el 3 de enero que es el día en que tradicionalmente se viene celebrando la fiesta. Yo sentí mucho que despareciera después del Concilio en el calendario romano pero ha sido de nuevo reintroducida en la tercera edición del Misal romano actual.
El mayor aprecio y el descubrimiento vivencial de este nombre me han llegado vía monjas contemplativas donde he dado muchos ejercicios espirituales. En cierta ocasión me consultaba una sus ansiedades en este sentido. Su manera de conjurar el temor era repetir el nombre de Jesús. Me lo escenificó maravillosamente. Cuando estoy turbada repito rápido Jesús, Jesús, Jesús; cuando me voy calmando, lo hago más lento Jesús….. Jesús…… Jesús.
Esto que os cuento lo he visto en alguna persona y su mejor antídoto era pronunciar el nombre de Jesús. A veces me acuesto y lo digo lentamente y cuando me despierto todavía lo sigo diciendo. Me despierto con una placidez que no es mía… Este nombre maravilloso ha actuado dentro de mí.
Una de las cosas que más preocupa a los santos es no morir en gracia o, con otras palabras, endurecerse en los últimos momentos. Esto que os cuento lo he visto en alguna persona y su mejor antídoto era pronunciar el nombre de Jesús. Parece un contrasentido ya que, si toda la vida lo han deseado y lo han trabajado con violencia, como dice el evangelio, no van a fallar en la última hora. Sin embargo hay mucho en nosotros de bioquímica y nadie sabe hasta dónde podrá soportar sus dolores. Eso sin contar las asechanzas del demonio que se pueden recrudecer en esa hora.
Discernimiento espiritual: temor de Dios y don del Espíritu
La Biblia no ve mal el temor bueno e, incluso, dice que es el principio de la sabiduría. Es un temor-don infundido por el Espíritu Santo. Al suceder este don en nuestra psicología puede suscitar aprensión acerca del momento final. Suele ser un momento de gran purificación del espíritu para crecer en fe. El mejor antídoto es la pronunciación ungida del nombre de Jesús.
Situación actual y llamado pastoral
En los tiempos actuales hay menos fe; a la mayoría no les vale la catequesis sobre el nombre de Jesús. Lo consideran como parte de una cultura religiosa poco relacionada con la vida de ahora. Hoy, necesitamos otro profetismo, otros carismas del Espíritu que puedan llevar a la gente no a un convencimiento sino a un quebrantamiento. Hoy es el Espíritu quien tiene la palabra porque la cultura religiosa que tanto ayudaba a la fe se nos ha ido.
Vosotros los que lleguéis hasta aquí leyendo este artículo, seguro que deseáis de corazón experimentar el poder del nombre de Jesús. Pedidlo y lo disfrutaréis. Si no os interesa, no llegaréis hasta aquí. Si habéis llegado consideradlo una gracia. A mí me interesa mucho porque veo escondido en ese nombre un amor infinito.
Notas finales históricas
En la actualidad se celebra el día 3 de enero. En el Misal Romano de 1969 la fiesta desapareció y fue colocada como una misa votiva. Sin embargo, en la última versión del Misal Romano, que data de 2003, se ha restituido la Memoria del Dulce Nombre de Jesús, estableciéndose en la fecha del 3 de enero. La recuperación de la Memoria del Santísimo Nombre de Jesús en la editio typica tertia del Missale Romanum de 2002, y su posterior recepción en el ámbito de la Iglesia en España que entró en vigor el primer domingo de Cuaresma de 2017, ha permitido que nuestra Cofradía haya recuperado esta celebración, desde el año 2019.
El nombre de Jesús es el divino poema que expresa lo más sublime y lo más humilde que la sabiduría y la misericordia de Dios han podido inventar para salvar a la Humanidad decaída. Este nombre adorable, que primero pronunció el Ángel, y luego María y José impusieron al Verbo Encarnado, fue también pronunciado por Pilatos cuando leyó contra el Salvador la sentencia de muerte.