Halloween, Jesucristo y Burgos: origen y significado del Cristo de Burgos

La presencia del Cristo de Burgos en la devoción popular y su iconografía han generado a lo largo de los siglos múltiples leyendas, traslados y expresiones artísticas que lo sitúan entre las imágenes crucificadas más famosas del mundo cristiano. En Burgos existen dos Cristos con semejante título y leyenda: uno en la Catedral, en la capilla de Corpus Christi, y otro en la iglesia de San Gil Abad, conocido popularmente como el Cristo de las Gotas.

El Cristo de las Gotas: descripción y emplazamiento

Desde la posición del observador, la contemplación del Cristo de las Gotas estremece por la dureza de las heridas de su cuerpo. El rostro del crucificado denota el dolor sufrido, aunque su rictus deja entrever una cierta paz. Sus ojos entreabiertos y su boca, también entreabierta, dan la sensación de querer expresar su sentimiento. Su cuerpo, bien proporcionado, está cubierto con multitud de gotas que simulan sangre. Es el Cristo de las Gotas que podemos contemplar en la iglesia de San Gil Abad, en Burgos, una iglesia construida a finales del siglo XIII de estilo gótico sobre, según dice el pequeño tríptico que te entregan en la oficina de turismo, una iglesia anterior de 1163.

Interior iglesia de San Gil Abad y Cristo de las Gotas

La iglesia es impresionante y de una riqueza ornamental y artística importante, con sus varias capillas y su altar mayor. Dicen que hasta esta iglesia venía Santa Teresa de Jesús a orar cuando estaba en Burgos, concretamente a la Capilla de la Virgen de la Buena Mañana. Pero lo que atrae especialmente a esta iglesia es la imagen del Cristo Crucificado, llamado el Cristo de las Gotas, o tal vez deberíamos decir el Cristo de Burgos, tal y como reza en una losa que se encuentra ante él.

Dos Cristos y una rivalidad devocional

Para hablar de la leyenda del Cristo de Burgos, lo primero que hay que tener en cuenta es que no son uno, sino dos Cristos los que existen en la ciudad castellana y que se han disputado tal título, cada uno de ellos con su propia leyenda. El primero de ellos se encuentra en la catedral, como hemos dicho, en la capilla de Corpus Christi, mientras que el segundo se encuentra en la iglesia de San Gil Abad. Ambos muy venerados y ambos atraen a un gran número de visitantes que vienen desde tierras muy lejanas atraídos por el carácter milagroso de ambas imágenes.

La leyenda del milagro de las gotas (1366)

Según cuenta el Padre Flórez en su Historia Sagrada, el Cristo se hizo famoso por protagonizar un milagro en 1366, durante el asedio de la ciudad en la guerra entre el rey Pedro I el Cruel y Enrique de Trastámara. En una de las Capillas del Convento dedicada a la Magdalena se veneraba la imagen de este Cristo. Cuando se está procediendo a demoler la bóveda de la Capilla una de las piedras cayó sobre la cabeza del Cristo. En ese momento empiezan a brotar algunas gotas de sangre, que fueron cayendo por su cuerpo. María, testigo de este milagroso hecho, fue recogiendo con su toca las santas gotas evitando se desparramaran.

Durante los siguientes siglos, la orden de los Trinitarios y la de San Agustín pugnaron por la advocación de este Cristo para los suyos, y denominaban Cristo de Burgos a ambos. La polémica culminó en 1806, cuando el rey Carlos IV se lo concedió al Cristo de los Trinitarios, tal y como recuerda la placa de mármol existente en la iglesia de San Gil. En cuanto al Cristo de los Trinitarios, pocos años después, la invasión francesa obligó a trasladar al Cristo a la parroquia de San Gil, para protegerlo de posibles profanaciones o de su expoliación.

Iconografía y milagros asociados

La imagen del Cristo de las Gotas es sobrecogedora y destaca por la gran cantidad de heridas que presenta. Todo el cuerpo; torso, brazos y piernas está salpicado de pequeñas laceraciones de las que manan gotas de sangre. De la herida del costado brota un enorme chorro de sangre así como de manos y pies. El rostro también presenta heridas sangrantes en mejilla y nariz, pero a pesar de ello el rostro aparece dulce y tranquilo.

Los cuadros que se encuentran en las paredes de la capilla son testimonios históricos del hecho milagroso y de la devoción que se sentía por la imagen milagrosa del Santísimo Cristo. En uno de ellos recuerda el momento que de la cabeza de la Santa Imagen brotan algunas gotas de sangre y la religiosa antes citada recogiendo las 16 gotas en su toca. Otro cuenta que hacia el año 1693, en Cazorla, como peregrino se acerca a pedir limosna, encontrando un enfermo desahuciado, le invita a encomendarse al Cristo y obtiene la curación.

El Cristo de la Catedral: realismo y teatralidad

El Cristo de Burgos que se encuentra en la catedral nos ha sobrecogido, aunque no en la misma medida que el de San Gil. En contraste con el de San Gil, el cuerpo del Cristo de la catedral es sensiblemente más delgado, lo que le da un mayor dramatismo a su imagen. El faldellín sirve para ocultar buena parte de su cuerpo. Los tres huevos de avestruz son la principal característica del Cristo de Burgos de la catedral.

La leyenda del Cristo de Burgos existente en la catedral dice que la imagen es una donación de un comerciante burgalés al convento de los Agustinos, cuyas campanas empezaron a sonar solas cuando el Cristo entró en la iglesia. Esta imagen, de estilo gótico, está tallada en madera y está toda recubierta de piel de cordero, lo que acentúa su realismo. Tal es su realismo, que posee cabellos, cejas, pestañas y barba de pelo verdadero pelo.

Cristo de Burgos en la Catedral y huevos de avestruz

No cabe duda que la legitimidad otorgada al Cristo de la Catedral está relacionada con su realismo. Sin embargo, el cuerpo es una talla de madera de pino, finamente trabajada. La cabeza y las extremidades son piezas independientes adosadas al cuerpo mediante abrazaderas de hierro, de forma que el cuello, las piernas, los brazos y hasta los dedos de las manos se pueden mover. Las articulaciones están cubiertas de lana, cáñamo y piel. Una mano de pintura al óleo recubre toda la imagen, acentuando la sensación visual y táctil de que se trata de un cuerpo humano.

Escenografía litúrgica y ritos de veneración

La forma articulada del Cristo no es ninguna rareza. Durante la Edad Media eran frecuentes los Cristos articulados con fines litúrgicos y para escenificar la Pasión y Resurrección de Cristo. Los peregrinos y fieles que se postraban a sus pies tenían la sensación de hacerlo ante un Cristo real. La capilla del convento en la que se encontraba el Cristo era oscura y apenas estaba iluminada por candelabros, creando ese ambiente tétrico tan necesario. Tres cortinas, una tras otra, tapaban la imagen. Las dos primeras se abrían, mientras sonaban las campanas de la iglesia. La tercera cortina, transparente, nunca se abría. Esta ceremonia se realizaba normalmente el viernes, después de la misa, y provocaba en los fieles una gran devoción, no exenta de empujones por acercarse a ver la imagen.

El éxtasis ante la imagen del Cristo milagroso era total para todo aquel que conseguía acercarse a él. Algunos personajes importantes que consiguieron acercarse a la imagen quedaron profundamente conmocionados y sobrecogidos, como la mencionada reina Isabel o Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, quien, tal y como nos cuenta el Padre Flórez, también quiso subir a ver de cerca el santo crucifijo, y al acercarse y ver el realismo del rostro de aquel Cristo quedó tan sobrecogido que dijo: “No queramos tentar a Dios.

Orígenes legendarios: Nicodemo, la Legenda Aurea y hallazgos milagrosos

El origen de esta imagen es semejante al de otras imágenes. Como otros Cristos, se atribuye a Nicodemo su talla. Recordemos que Nicodemo era, según el Evangelio de San Juan, un rico fariseo miembro del Sanedrín y discípulo de Cristo. La Legenda Aurea de Santiago de la Vorágine recoge una tradición en la que en Beirut un cristiano olvidó un crucifijo en una casa; unos judíos lo pisotearon, uno de ellos traspasó con su lanza el costado de la imagen y, al instante, brotó de la herida en mucha abundancia una mezcla de agua y sangre. Los judíos acudieron entonces al obispo de la región y le contaron lo acontecido. Todos ellos se convirtieron y recibieron el bautismo.

El Padre Flórez cita otras leyendas en relación al origen del Cristo de Burgos, como la del mercader burgalés que regresando de Flandes halló en el mar un cajón que contenía una caja de vidrio con un crucifijo de tamaño natural; al llegar a Burgos, las campanas empezaron a sonar solas cuando la imagen fue llevada a la iglesia.

Difusión de la devoción y cambios históricos

Entre las imágenes de Cristo Crucificado que el arte ha hecho famosas, ocupa un lugar preeminente las representaciones del Santo Cristo de Burgos. Su devoción nace en el siglo XIV con la imagen que se veneraba en una capilla del Convento de San Agustín en Burgos, donde permaneció hasta enero de 1836, año en que los frailes agustinos fueron expulsados como consecuencia de la Desamortización. A raíz de tal suceso, la imagen pasa a pertenecer a la Catedral de Burgos, lugar donde empezó a ser refrendada por gentes venidas de todas partes por la fama de sus milagros, y por muchos peregrinos, al encontrarse la ciudad en la ruta del Camino de Santiago.

Fue visitada por peregrinos ilustres como los Reyes Católicos, Felipe II, Santa Teresa de Jesús, Carlos II o Felipe V. Desde la Edad Media, la talla tuvo una devoción muy importante que arraigó en la ciudad, pronto se extendió gracias a la difusión que le dieron los religiosos agustinos y que llegó a Sevilla. En Sevilla, a finales del siglo XIV y comienzos del XV, surge un auge popular al culto de la pasión de Cristo, el crucificado que despertó un fervor mas generalizado, es el “Cristo de San Agustín”, que se veneraba en el convento de San Agustín.

Iconografía: huevos de avestruz, faldellín y realismo

La presencia de los huevos tiene una lectura mucho más profunda que ha dado lugar a varias teorías. La teoría divulgada popularmente en la Catedral de Burgos no es otra que la ofrenda de un devoto por una gracia concedida. Según la leyenda del crucificado de Burgos, los huevos que hay a sus pies proceden de ofrendas de mercaderes burgaleses traídas de sus expediciones durante la baja Edad Media y comienzos de la Edad Moderna desde América. El faldellín sirve para ocultar buena parte de su cuerpo y, bajo él, el artista representó el cuerpo completo de Cristo, siendo uno de los pocos casos en donde el cuerpo de Cristo Crucificado ha sido representado en su integridad.

Adaptaciones, copias y devociones en otras ciudades

Una representación del Cristo de Burgos preside la Sacristía Mayor de la Catedral de Almería. El gran cuadro fue un regalo del Obispo, burgalés de nacimiento, don Antonio Ibarra, copia del que tenía la ciudad de Burgos. Diversos documentos apuntan que llegó a España en un barco y que el baúl que lo guardaba fue rescatado de una tempestad y traído hasta Burgos. En 1574, Juan Bautista Vázquez 'El Viejo' ejecuta un Cristo a imagen y semejanza para una capilla de la parroquia de San Pedro con el pelo natural y faldellín, continuando la senda estética del de Burgos.

En Sevilla, la devoción al Cristo de Burgos quedó patente en la fundación de hermandades y en la incorporación de la imagen en procesiones y estaciones de penitencia. La hermandad del Cristo de Burgos en la parroquia de San Pedro realizó su primera estación de penitencia en 1889 y mantuvo vínculos con Burgos hasta la actualidad, participando en los cultos celebrados en septiembre en honor del Cristo de Burgos de la catedral.

Tabla: Cronología resumida de hitos relacionados con el Cristo de Burgos

  • Siglos XIV-XV: Nacimiento de la devoción en Burgos y difusión por el Camino de Santiago.
  • 1366: Milagro de las gotas durante asedio en la guerra de Pedro I y Enrique de Trastámara (según Padre Flórez).
  • 1184 (tradición): Traslado legendario desde el puerto a la capilla de San Agustín.
  • 1574: Juan Bautista Vázquez ‘El Viejo’ realiza una copia para la parroquia de San Pedro.
  • 1806: Carlos IV concede la titularidad al Cristo de los Trinitarios.
  • 1808-1809: Traslado del Cristo de los Trinitarios a la Parroquia de San Gil por la invasión napoleónica.
  • 1835-1836: Desamortización y traslado definitivo a la Catedral/Parroquia según periodos.
  • 1997: Última restauración importante (mencionada en fuentes históricas).

Significado cultural y religioso

La imagen del Cristo de Burgos combina el realismo escultórico con la teatralidad litúrgica medieval, con un fuerte componente de milagro y devoción popular que explica su pervivencia y multiplicación de copias y adaptaciones. La mezcla de iconografía (faldellín, huevos, pelo natural en algunos casos) y las leyendas sobre su origen han alimentado una devoción que traspasa fronteras y se integra en la memoria religiosa y artística de numerosas ciudades españolas.

El atractivo del Cristo de Burgos radica tanto en su calidad artística como en las historias milagrosas que lo acompañan: relatos de sudor o sangrado, hallazgos marinos, conversiones tras ver el milagro y la participación de monarcas y personajes ilustres en su culto. Todo ello ha hecho que la imagen inspire fervor, misterio y a veces temor reverencial entre quienes la contemplan.

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